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Hoy siento un cierto vacío y viene a mi mente algo que pensé el otro día medio en broma medio en serio: hacerme catalán. Tener algo claro en la vida: mi catalanidad. Querer a una tierra y sentirse bien dentro de ella, sin complejos por formar parte de ella y decirlo a las claras: soy catalán. Y estar orgulloso de ello y colaborar activamente, en la medida de lo posible, a hacer más grande y rica esa condición (más allá por supuesto de gaitas separatistas y bigotes esquerrarrepublicanos de estrechas miras). Como hacen más grande a Cataluña Ferran Adrià o Pep Guardiola, mientras que tipos como Joan Laporta la empequeñecen. Como la hizo grande Josep Pla.

Por mi condición de medio francés, medio español, nunca me he llegado a sentir una cosa ni la otra. Menos aún navarro. ¿Ser navarro? ¿Qué es eso? Supongo que ser navarro es no ser otras cosas: no ser vasco, no ser maño, no ser riojano, no ser vasco-francés. Pensé el otro día, en términos prácticos, que quizá en Cataluña encontrara asiento para esa desubicación identitaria mía, ese nihilismo territorial mío, ya que Cataluña no acaba de ser España como tampoco acaba de ser Francia. No obstante, no es la primera vez que digo en público que soy un catalán frustrado.

Hacerme catalán, como quien se hace del Opus o del Real Madrid, como quien se casa, en plan para siempre. Elegir un pueblito, con mar a ser posible, aprender la lengua y fundar una familia de Marcs y Uriols. Reus no está mal. De Reus es Gaudí, de Reus creo que también lo fue Prim. De pequeños íbamos a veces, y la recuerdo como una ciudad con encanto. Bueno, esto está muy bien sobre el papel, pero luego hay otras cuestiones de tipo feng-shui territorial, y el clima, la presión atmosférica y tal, que acaban siendo fundamentales para el equilibrio de los humores. Hay algo melancólico, mucho, en ciertos inviernos catalanes. Y si es sábado por la tarde, por la suar, y no tienes plan, ni te digo.

Madrid tiene unas condiciones más favorables en ese sentido. Leyendo a Pla descubro que es una ciudad relativamente alta, 650 metros. Fijaos lo que dice al respecto, en Madrid, 1921. Un dietario : "Es un clima [el de Madrid] de montaña que no produce ni las depresiones, ni las jaquecas, ni los estados frenéticos de las tierras bajas".

Curioso.

Me voy a la cama. Con Antonio Tabucchi.

Comentarios

  1. buffff me parece que quieres tocar la fibra de los NAVARROS.
    Los Navarros de pura cepa, los Navarros que no necesitan sentirse nada más porque son Navarros, los Navarros leales, en los que se puede confiar. Somos claros, buena gente,... Y quieres ser CATALÁN???? bufff al final el picón voy a ser yo....

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  2. Siempre he echado de menos un poco (solo una pizca) de localismo madrileño. Pero no, Madrid y localismo son incompatibles. Es el precio que hay que pagar por ser cosmopolita. Y creo que se sale ganando...

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  3. Hola, Náugrafo.

    Prueba a hacerte nacionalista español, como yo, como tantos en Madrid, sin saberlo. Prueba a vivir el "nosotros, los españoles" como algo dramático, atacado, al estilo CiU-PNV, algo que se descompone, entre los nacionalistas por abajo y la Unión Europea y la globalización por arriba.

    Eso te dará un lugar claro en la historia y en el mundo, tan grandes, tan confusos.

    Me parece que si vives en Navarra lo tienes todavía más fácil que si vivieras en Madrid, ahí no tiene nada de ficción, creo.

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  4. Patgor jajaja, qué picón. Ser noble, leal y buena gente no es una identidad. No deja de ser un puñado de tópicos, por ciertos que sean. Creo que Navarra perdió su identidad en 1512. Luego somos una mezcla de muchas cosas, "una amalgama acojonante", como me dijo el director de aquel extinto diario 'La Estafeta de Navarra', zaragozano él. Pero 'lo navarro', per se, no existe. ¿El Amejoramiento del fuero? No lo veo.

    Wesley, tienes razón, y los localismos son necesarios para la salud mental, para la sociabilidad, para la charleta amena. Para fijar la realidad.

    Fernando, gracias por tu comentario y bienvenido por aquí. Ser lo que sea, pero hacerlo sin victimismos, sin plañiderías, sin histrionismos, sin crispaciones, sin agresividades, sin mensajes simplones, sin imposiciones, sin estridencias.

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  5. Si hay algo medio español y medio francés es navarra, que tuvo reyes que liego lo fueron de Francia, y Pamplona, un tercio de ella era un barrio poblado por gabachos, que es el con el que más me identifico, San Cernin, burgués y cosmopolita. No me desagrada la idea de ser navarro, pero yo ya sólo milito en el anti nacionalismos llorones y expansivos. No puedo con ellos.

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  6. Me declaro San Cerninés, que es al colegio al que fuimos, por cierto, bien afrancesado por cierto también, conocido al principio como Centro de Cultura Francesa.

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  7. Yo de crío sentía una curiosa atracción por Irlanda... en cierto modo deseaba haber nacido allí. No os puedo dar una razón de peso para explicar aquella fijación por lo celta, pero ahí quedó eso en mi infancia. Aún hoy en día me quedan restos de aquel sentimiento: me molan los apellidos que empiezan por Mc (aunque soy nadalista, mi tenista favorito fue McEnroe), me encanta el verde de los Celtics y de la selección irlandesa, disfruto cuando Irlanda gana a Francia o Inglaterra en rugby, escucho U2, me impactó "El clan de los irlandeses" con Sean Penn y "En el nombre del padre" me emocionó, de vez en cuando cae una Guinness y Belfast, a pesar de no ser la ciudad más bella de Europa, tiene un encanto especial para mí.

    Por último, he de decir que envidio a los países que tienen un desarrollado sentimiento de pertenencia; quizás por ello me encanta el 6 Naciones de rugby... el momento de los himnos me pone los pelos de punta.

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  8. Querido náuGrafo NAVARRO,

    ¿Le recuerdo dónde estaba usted el 26 de diciembre de 2005 a las 20:00h? Sentado cual pajarilio en una butaca del Sadar animando a la selección Navarra de fútbol, que defendía sus colores ante China. 1-0. 6000 espectadores. Lamentable (todo, en general).

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  9. Gran partidazo, amigo Franziskano. Rasmia navarra en estado puro frente al combinado oriental: nos los comimos como a un rollito de primavera.

    Interesante lo que dices, Fernando. Un sentimiento natural y sano, que no ofende a nadie, y que es producto de un derrotero histórico más o menos cohesionado. A veces pienso que España tampoco existe. Y me acuerdo de un libro del corresponsal de ABC, JP Quiñonero, titulado 'De la inexistencia de España'. Habrá que leerlo algún día.

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  10. Hola, he llegado a este blog un poco de casualidad.

    No puedo evitar decir mi opinión sobre España: hoy por hoy, lo es, pero dentro de tres siglos, ¿quién sabe? No es una realidad inmutable.

    Por otra parte, mi experiencia sobre el sentimiento de pertenecia a un sitio es que se conforma muchas veces cuando estás lejos de él durante un tiempo prolongado y a cierta distancia.

    Aunque siempre hay naufragos a la deriva en busca de un hogar... pero no sé si será tu caso.

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  11. Gracias Ela por el comentario, y bienvenida. Anyway, no me hagáis mucho caso. No es más que literatura de domingo resacoso. abrazos

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  12. A los de Reus les llaman los de Tarragona ganxets , que no llegan a Gabatxets , y estos a los de Tarragona pelacanyes , algo así como muertosdehambre. A mí lo que me gustaría es hacerme invisible, a voluntad, claro. Pla tenía razón , ver el mar ayuda mucho , pero aquí el aire chifla a cualquiera.

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