26.3.10

Cq

Esta tarde, a las tres y poco, mientras comía una rosca de estas que metes en el horno y a la que he añadido crema de queso Cheddar y tomates en rodajas, he visto el telediario. He visto la clásica pero, supongo, necesaria matraca con las operaciones salidas, cientos de desplazamientos, Pere Navarro por ahí, con sus gafas de Savater y su aire a Gurruchaga soltando el espich de rigor, y todo así.

He pensado entonces que, ahora que uno ha dado 30 vueltas alrededor del sol montado en la Tierra, quicir, que ya las cosas no te pillan tan de nuevas como hace diez, todo empieza a ser levemente repetitivo. Y no me importa del todo, porque así puedes comparar, y mola acordarse de que este invierno ha sido el tercero más lluvioso desde 1947, y recuerdas entonces el de 2007, que también llovió una jartá, y todas las procesiones habidas y por haber de las semanas santas varias se quedaron en sus garitas sin poder salir y la peña llorando y taltal.

He pensado, entonces, en la aterradora idea de no ya un Día de la Marmota, sino en una Vida de la Marmota en la que viviéramos atrapados. Y que no disfrutásemos con la comparación, sino que la existencia pura se convirtiera en algo predecible y machacón: Semana Santa, operación salida, Anselmo el de la DGT con sus partes de la tráfico tirando a deprimentes (no por él, que lo hace muy bien, sino por el mero hecho de imaginarse su vida, todo el día hablando de vehículos y retenciones), la primavera y las alergias, que si aumenta la serotonina y el deseo sexual, y más con el desvelo textil de las mujeres, procesiones, palios, pasos, nazarenos, cabildos, luego San Isidro, el verano, la noche de San Juan, las lágrimas de San Lorenzo, septiembre y otra operación salida y luego retorno y otra vez Anselmo, que poco antes habló de la Operación paso del Estrecho, y Ana Blanco todo el año calentando silla, y otro año que empieza la Liga y otro fichaje millonario y otro artículo de Enrique Vila-Matas sobre el Barça y los videos que se ha tragado en verano, y luego el otoño y la depresión estacional, el cambio de hora, noviembre y su luz, diciembre y sus puentes, Navidad, Año Nuevo, Planeta Agostini, febrero y marzo que son dos meses un poco como para dar de comer aparte y así vamos haciendo años, vida, y la marmota se hace vieja con nosotros, y hace honor a su nombre y prefiere dormir a estar por ahí haciendo el ganso con el frío que hace.
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