25.3.10

Cp

Hablé ayer con Andreu Teixidor, en una entrevista dos por uno en la que pasamos de Josep Pla al universo Bubok, del que es responsable editorial. Me dijo algo sobre Pla que me gustó. Sobre su padre, el de Teixidor no el de Pla (¿por qué el posesivo su es tan poco posesivo?), que fue fundador de Ediciones Destino y creador del premio Nadal. Decía este señor que viajaba a menudo en coche con Pla, por ejemplo para lo de la guía de Cataluña, pueblo a pueblo, acompañados por el fotógrafo, y que el escritor se fijaba en todas las cosas como si fuera una Cañon CoolPix de 10.4 megapíxeles. "Tenía una asombrosa memoria fotográfica, con esos ojos de chino", dice Andreu. Y que pasado el pueblo, recitaba: a la derecha había un banco, más allá un bar, al frente el casino, luego una panadería, taltal.

Esto a propósito de la exposición en el Centro Blanquerna sobre Pla y Madrid, que ha programado un ciclo de conferencias en el que el propio Teixidor participa el próximo 5 de abril. Estuve este miércoles y, bueno, abarrotado no estaba el salón de actos, cosa un poco pena porque la doble charla estuvo muy bien.

De Pla pasamos a Bubok, que es una plataforma que me empieza a tentar y en la que cabría preguntarse si Josep Pla, de haber nacido en esta época, se habría atrevido a apostar por. Hablamos de varias cosas, pero me hizo gracia una en concreto, que es sobre la que quería escribir y al final me he enrollado y más que podría hacerlo pero paso porque hoy no tengo ganas de teclear y acabo ya esta frase completamente inútil y tediosa. Comentamos que sí, que los libros en papel no morirán, como no lo ha hecho la radio o el mismísimo vinilo, que vuelve con cierta fuerza en los últimos tiempos. "¡Y la vela!", añadió Teixidor. Al principio pensé que se refería a las velas de cera, que también han sobrevivido a las iberdrolas y endesas, pero él me hablaba de las velas de los barcos a ídem. Que hasta que llegó el motor de explosión (¿o el vapor?), todas las embarcaciones navegaban por mundo y medio a través de las rutas comerciales sirviéndose del viento y las velas. Cuando dejaron de emplearse para esas labores, se pensó que jamás nadie utilizaría un velero para nada. Pues bien, dice Teixidor, que si contáramos hoy los metros cuadrados dedicados a las velas de barcos que hay en el mundo, nos encontraríamos una cantidad cientos de veces mayor de la que había cuando eran de uso cotidiano.

Tú, lector de 2110, di algo. ¿Cómo leeremos en el maldito siglo XXII? ¿Se leerá? ¿El libro será objeto de culto de los neodandis (una tribu urbana, exquisita, que florecerá a finales del XXI)? ¿Las editoriales trabajarán bajo demanda, y sólo se imprimirán los ejemplares exactos de tal libro? ¿Habrá librerías para autores buboks, distintas a las de los autores tradicionales? ¿Se popularizará tanto la lectura que habrá escritores de culto, leídos en formatos digitales o en impresiones de estas tipo Bubok, que sean comparables en fama e influencia a The Beatles?
Lector de 2110, abre la puta boca y sácanos de estas incógnitas.

Instagram

Archivo del blog

Google+

Sígueme en FB

Sigue mis entradas por email

Naugrafianos

Colabora con este blog

HABANA 2009

HABANA 2009
YA A LA VENTA

Secciones

el origen de todo esto, disponible aquí.

HAZTE ESCRITOR

Lista de blogs