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"Para este músico, no hay distinción entre arte y vida", dice Carmen Pardo Salgado en el número 382 de cultura/s, dedicado al silencio sonoro de John Cage. Voy en el metro desde Tribunal a Atocha Renfe, a buscar a mi hermano. En el iPod, en la doPi, como decía Hikikomori para no hacer publicidad, escucho In a landscape, que es la única canción, o tema, o pieza, o lo que sea, de Juan Jaula que puedo decir que "me gusta". No conozco muchas, anyway. Pero la música de Cage no es para que nos guste o no nos guste, nos debe gustar o no gustar de otra manera, como nos gusta o no nos gusta un atardecer preprimaveral en la estación de Atocha, esperando a un hermano, con las vías del tren frente a nos, con la luz estirándose cual chicle estacional, con esas masas de gente que van y vienen, humanas, milagrosas, y que me hacen pensar en el único cuadro figurativo de Rothko que he visto, de 1939, creo, con peña entrando en un metro quizá de Chicago.

Me ha saludado, simpático, Julián Sánchez-Ostiz, que venía de Pamplona, y me ha hecho mucha ilusión.

Por la suar, con Cage también en la oreja, he ido a la farmacia por la muy pertinente calle de la Salud. He bajado Fuencarral, atravesado Gran Vía, pasado por la calle de GALDO, que no de Pérez Galdós, y comprado cosas en Preciados 13, o 14, no recuerdo. Un tipo bastante aborrecible (me encanta esa palabra) ha meado en la calle de la Salud —impagable la tienda de Discos Melocotón— y ha dejado un surco de orín que ha ido a desembocar, felizmente, en una boca de alcantarilla puesta ahí como por la providencia. He estado por hacerle una foto a la estampa, porque he descubierto de pronto una gran belleza cagiana en esa circunstancia, ese discurrir inteligente de la meada que ha ido a parar, ya digo, a esta esa boca saneadora.

He sentido luego más deseos de fotografiar un montón de cosas: a las putas de la Red de San Luis; a la sombra de una negraza que iba detrás de mí en el nuevo cruce de Gran Vía; al edificio de Telefónica; a unas maniquíes rojas, solitarias, bellas, de la tienda de Puma. Ah, y al tipo ese que se gana la vida disfrazado de hombre invisible, acurrucadico dentro de su abrigo, y al que me he quedado mirando hasta que me ha hecho el gesto de OK y me ha sacado una sonrisa pero no unas monedas, aunque quien sabe qué vale más.

Me he acordado también de un rato muerto que tuve este septiembre en San Sebastián, cuando lo del festival de cine, en que me metí en una galería de arte cualquiera a ver unos trabajos de un tipo que creo que se llamaba Arbizu, y que mostraba escaleras de esas domésticas en fotos de gran tamaño, y que me cabreó bastante porque no entendí qué era toda esa mierda catalogada, y vi que en aquel preciso lugar había todo menos arte, que era el lugar menos artístico de sobre la faz de la tierra, un lugar a-artístico, cero inspirador, secuestrador de emociones, de estímulos, de todo, y sentí que estaba perdiendo el tiempo, mucho, y que justo fuera de esa fulera galería se desplegaba un mundo mucho más rico, precioso, interesante, al que salí zumbando por cierto.

Entonces no sabía, y hoy sí, y me alegro por ello, de que un tipo como John Cage consideraba que no había distinción entre arte y vida, y entonces he vuelto a disfrutar de la idea de que todo es un museo quizá comisariado por un dios llamémosle equis, un gran centro de exposiciones que podemos acotar a nuestro antojo, con un poco de habilidad, un espectáculo, un gran show, la sociedad del espectáculo, para el que tenemos entrada vitalicia.

Comentarios

  1. No logro acostumbrarme a llevar el pinganillo en la oreja, debe de ser un desfase generacional al que no consigo encontrarle su aquel.
    Quedándome en la primera frase "Para este músico, no hay distinción entre arte y vida", puede que ese piano suene así precisamente por esa convicción.
    La vida es un museo, metafórica sala de exposiciones en donde todos somos espectadores de todos y de todo... Qué magnífica idea. Pero no dejaremos de encontrarnos con esas "salas" de las que nos gustaría salir corriendo.
    Entre la escritura y la vida tampoco hay distinción, basta convencerse de ello para que "el piano suene de esa manera".

    Buen post.

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  2. ¿Qué escuchabas de Cage: '4,33'? Je je... es lo que más encaja con el ambiente sonoro de la calle.

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  3. Nooooo, jajaja. Escuchaba la que he pegao arriba, In a landscape, mucho más 'escuchable'..

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  4. Yo llevo el pinganillo incrustado en la oreja todo el d´´ia, literal. Sin radio no puedo vivir, ni dormir.

    Te ha quedado de cojones esta entrada. Chuli, chuli. Redonda.

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