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Me gusta el juego de ver lo antiguo como moderno. Todo lo antiguo fue un derroche de modernidad, en algún momento. Pero lo recibimos viejuno, anticuado, demodé, en blanco y negro, con las suaves asperezas del vinilo, demasiado barroco, demasiado racional. Pienso también, a veces, que ser moderno ha dejado de ser moderno. Los modernos de hoy sólo se pavonean por cuatro garitos de Malasaña, van a festivales de música más o menos moderna en verano y sacan dinero en los cajeros automáticos. Poco más.

Creo que el sentimiento de lo moderno, así, con cursiva, lo moderno, se ha diluido o se empieza a diluir. Quizá lo verdaderamente modenno, como dije hace varios post, sea no serlo, estar al margen del tiempo en su sentido lineal, y ser atemporal, de todos los tiempos y ninguno. En cualquier caso, es divertido apreciar la modernidad en, no sé, las iglesias góticas. Porque toda erección arquitectónica y cultural de ese tipo quiso dejar atrás algo que consideraba infecto y putrefacto, y bajo el manto de la modernidad quiso, de algún modo, alcanzar cotas jamás conquistadas.

Paseando la avenida Carlos III de Pamplona, al anochecer, me fijé en los edificios de esa arteria de aires fascistas que, pelada de árboles, casi que hasta que asusta. Es curioso tratar de leer la ciudad como los geólogos hacen cuando salen al campo. Las rocas, los distintos niveles de erosión, los tipos de minerales y etc., les dan una información locuaz que el resto ignoramos. En mi paseo divagatorio por esa rala y fantasmagórica Carlos III, con los cielos bien cárdenos, me fijé en esos edificios que siempre me habían parecido muebles viejos, con otros ojos. Su relativa sobriedad los distinguía de los recoletos y algo almibarados edificios burgueses del XIX. Había un nuevo manto de lo moderno, un viaje a lo sobrio y funcional, casi a lo estatalista, que hizo que movimientos tan antagónicos como el fascismo y el comunismo se tocaran los dedos, como en el famoso cuadro fresco de Miguel Ángel.

Pensé, en las traseras del monumento a los caídos del bando nacional que, tras treinta años de estancia en el mundo, por fin empezaba a comprender éste, como si hasta ahora no hubiera habido más que una asunción espacio-temporal, un acomodarse en la butaca ante esa peli caótica y abigarrada que es la vida.

Comentarios

  1. Lo moderno. El gótico se llama así por los godos, como desprestigio, como asociación a lo bárbaro. Curiosidades.

    Las ruinas clásicas, que hoy las vemos blancas, la mayoría estuvieron pintadas con colores chillones. Imaginar el Partenón pintado como un travelo tiene su coña, pero así era. Las portadas de las catedrales también tenían coloricos. Más curiosidades

    Qué sería hoy lo moderno... una vez pasado "lo moderno" de moda como está ocurriendo. Algo extremo, los frikis de las tecnologías o los agricultores que se resisten a desaparecer, atrincherados en campos con máquinas del siglo XXI. Subirse en una cosechadora es como hacerlo a una nave espacial. Qué modernidades y comodidades.

    Creo que era Pérez-Reverte el que escribía algo así en no sé dónde refiriéndose a otros tiempos, y me gustó: Vivían una época en la que el mundo antiguo había muerto y el nuevo aún no había triunfado. (más o menos sic). Algo de eso nos pasa ahora, hay una época que ha echado la persiana y otra que aún está en canicas y gateando, y entre eso vivimos, nos movemos, medio desorientados porque no sabemos cómo actuar ni por qué apostar. Después de una carrera desaforada de gigas, podríamos aumentarlas más, pero ya no tiene sentido, hemos llegado a esa meta. exhaustos, resoplamos y esperamos un nuevo libro de ruta que nos muestre la siguiente etapa. Por ahora, ni Steve Jobs ha acertado, hasta el Ipad ha sido un fiasco.

    Hay algo en este descontrol que me atrae, que me gusta. Pero hay peligros, claro, porque el fascismo, comunismo y muchísimo más el nazismo, en su época fueron considerados, arquitectónicamente, por ejemplo, el colmo de la modernidad y el desarrollo, la punta de lanza del progreso.

    Me gusta cómo está la avenida Carlos III ahora, incluso el tramo que termina en la plaza de Conde de Rodezno, ya no me parece el sitio más deprimente de Pamplona, cuando era un sitio barrido por los desconchados y el abandono, cuando nadie quería acercarse.

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  2. No sé definir qué es la modernidad ni quienes son modernos: ¿Es moderno el que viste con las últimas tendencias, o lo es el que marca un estilo personal? ¿Es moderno el que coloca una palangana de porcelana en un tocador como el de la bisabuela en el rincón de su dormitorio, o lo es el que decora toda una pared de su salón con un póster gigante de Kate Moss despatarrada en plana calle y esnifando coca? (al famoso decorador de interiores cuyo salón acoge semejante estampa le dedicaba Pérez-Reverte su firma hace tiempo en XLsemanal. Últimamente me tiene muy confundida el término modernidad, no sé si es desempolvar lo de antes y volver a buscarle un sitio, no sé si es pavonearse por Malasaña (y que no encuentro equivalente en CR, como no sean esos que van al teatro alternativo del Callejón de Las Monjas y se lían unos porros con Manolito).
    Los modernos y las modernas siempre me han parecido gente sin personalidad. Lo moderno a veces me parece un atentado contra lo perdurable. En muchas ocasiones, en favor de la modernidad, hemos sacrificado lo bello, aunque viejuno, por la mediocridad.
    En fin, es un privilegio que tras treinta años en el mundo haya usted empezado a comprender. Yo también he creído comprender a veces, pero luego me desengaño y llego a la conclusión de que cada día comprendo menos, será tal vez que no hallo la manera de levantarme de esta butaca en la que me dejé caer y no tengo más perpestiva que la que mi vista alcanza y ésa, en apariencia, guarda un equilibrio perfecto. Supongo que es un espejismo al que todos estamos expuesto.

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  3. Eduardo:
    He estado en Pamplona esta mañana, sólo unas horas, para una tesis en la Universidad. He cruzado la ciudad en coche, bajo una fina lluvia cuando me iba. Avenidas amplias y un tanto impersonales, como de cualquier lugar. Me da la impresión de que es el futuro de nuestras ciudades. Y no me gusta. Por eso, cuando voy de turista a algún lugar, cada vez salgo menos de los cascos antiguos. Los nuevos, salvo excepciones, los conozco sin haber estado allí antes.

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  4. La modernidad es cambio constante, y como dices, hoy estar al margen es precisamente lo moderno.

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  5. Gracias por vuestros comentarios.

    ElPatio, en CR hay un reducto malasañero concentrado en el bar EL PERRO.

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  6. Sí, es un sentimiento curioso, entre excitante y estremecedor. Pero a mí me suele acometer más con las situaciones que con los edificios o las cosas. A veces intento ponerme en la piel “contemporánea” de alguien del pasado: ¿Qué habrá sentido alguien (ilustrado) del siglo XV al recibir noticias del descubrimiento de América? o ¿Qué sensación de novedad y conocimiento puntero tendría alguien en el s. XIII leyendo un libro (básicamente erróneo) de Ptolomeo? ¿Qué hubiera pensado yo (sin el conocimiento posterior, of course) esa tarde de domingo del 19 de julio de 1936, que nos cuenta Muñoz Molina?: “¡Bah, no será nada, hombre…!”, o algo así imagino. Y, claro, la consecuencia lógica inmediata de todo ello: ¿Qué elemento vital se me está escapando de lo que pasa ahora?, ¿De qué coño no me estoy enterando ahora de la misa la media…?


    P.S.: por cierto, que lo de los dedos de Miguel Ángel es un fresco, no un cuadro.

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  7. jajaja, me está usted "obligando" a ir, y no me va a quedar más remedio que contar la experiencia.

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  8. Coño, qué revertinos nos hemos puesto. JAjaJAjaJA.

    Por cierto, me he comprado el novelón de Reverte.

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  9. Yo me quedo con lo moderno. LLámame innovador y no conformista...

    Sin embargo no me interesa la moda ni las marcas, ni los bares "cool" jeje

    saludics

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  10. ¿Algún problema con mí comentario a este post? Juraría que le dí al "Publicar" y salio eso de "el comentario deberá ser aprobado". Lo digo más que por saber a que atenerme en futuras ocasiones.

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  11. Estimado Carlos,
    Anda este blog algo desatendido últimamente y por ello, su comentario quedó en el limbo de los comentarios, pero por despiste de este náuGrafo y no por otra cosa. Mis disculpas.

    Y lo del fresco/cuadro, tiene vd. razón. Lo pensé al rato, pero ya se me olvidó cambiarlo.

    saludos

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  12. OK. No hay problema, gajes del oficio blogista... jejejeje

    Un abrazo

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