San Blas

Hoy es ayer fue San Blas. En San Blas, plis-plas, decíamos en el cole, frase que iba acompañada del correspondiente par de sopapos: ¡plis-plas! Esta era, es, una fiesta local, hiperlocal, que no sé yo si se celebra en otros lugares del mundo fuera de esa Pamplona que casi que sólo sirve como proyector de recuerdos infantiles y poco más. San Blas, un zoco loco de pirulís, escribí un día en un sitio, y me hizo gracia, tanta que lo repito. San Blas: zoco loco de pirulís.

Por las mañanas, antes de ir al cole, veíamos desde la ventana el jaleíllo de los puestos que en breve se llenarían de figuritas de caramelo rojo. Quizá ahí residía uno de los encantos de esta extraña fiesta de lo dulce, las figuritas rojas, que no eran de otro color sino rojo, había un minimalismo cromático chulo en todo eso. Los martillos, pirulís y una especie de gallinas subidas a una base que chupábamos hasta perder casi el sentido del sabor. A modo de provisión, solía guardarme dos o tres pirulacos en un cajón de la mesilla de noche, y rara vez los atacaba. La gracia estaba en tomarlos en San Blas, como pasa con otros productos fijados a una fecha, huesos de santo y demás.

En San Blas tuve mi primera y creo que última experiencia de tipo ladronzuelo. Me dijo mi prima que se había mangado un martillo de esos que costarían como cien o cientocincuenta pelas. Me animé también a mangonear y cogí tranquilamente el martillo de la vergüenza de un puestito en los soportales de San Nicolás (que por extrañas razones permanecían cerrados el resto del año). Dando por concluido mi pequeño robo, sentí que me estrangulaban, y que mi aún inexistente nuez estaba a punto de partirse en dos. Una tipa me estiró del jersey con una fuerza tremebunda y, joder, qué susto me dio la hijadeputa. Devolví el martillico, claro, y sólo me faltó, no sé, darle mis manos para que me las cortara, qué celo represor, madre.

Salíamos de clase contentos para sumergirnos en el maremoto de apreturas humanas, en aquel mercadillo propio de un pequeño El Cairo que hacía de Pamplona, en la sosez de febrero, algo más divertido. Aunque fuera un día. Llegaba luego la hora de volver al cole, y tratábamos de convencer a madres y tías para hacer "calva", como decía Té. Era una dura negociación, pero a veces lo conseguíamos. Aquel sabor a libertad, aquella pequeña burla al sistema establecido, aquel escapismo del orden colegial era, con un martillo en la boca (recuerdo perfectamente el sabor de la madera del palo, ya esponjosa, ya blandita de babas), algo acojonante.

Por todo ello, esta tarde no iré ayer no fui a clase.

Comentarios

  1. Por aquí decimos 'por San Blas la cigüeña verás'. Y ahí están todas, en esos ocho nidos de ese árbol a pie de carretera que cruzo a diario y que permanecían vacíos hasta hace una semana, en el tejado de Unicaja y en la torre de la iglesia, con su incesante crotoreo. Claro, esto es Cabañeros.
    En la Plaza Mayor de la capital hay dos o tres puestecillos ambulantes de dulces, tortas de San Blas, creo que hay también una procesión por este motivo (¡cómo no!, en Ciudad Real cualquier acontecimiento tiene procesión). Pero San Blas y febrero es ir ganando minutos de luz, es ese paulatino "escapismo" del día acotado en el invierno, son los primeros brotes despuntando en las ramas de las higueras, y los prematuros olores a tardes de primavera.
    Yo también recuerdo el sabor de la madera, blandita de babas, intentando sorberle hasta el tuétano para que me las devolviera junto con ese resto de sabor a fresa empalagosa, pero eso cuando llegaba Santa Quiteria, en mi pueblo natal.

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  2. No pongo en duda lo dicho, pero no deja de extrañarme que la cigüeña -siendo un ave migratoria- pueda ser vista durante nuestro gélido febrero.

    Feliz San Blas. Con caramelillos o sin ellos.

    *

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  3. Pero anónimo, cómo puede extrañarle tal cosa. Le aseguro que el refrán existe antes de que se hablara del cambio climático, y ellas llegan unas semanitas antes, o sea, que a mediados de enero las tiene por aquí revoloteando y emparejándose.
    Por su anonimato no puedo ni enviarle la foto de ese árbol, la que prueba evidente, cachin diez, digna de ser contemplada. Pero créaselo, créaselo.

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  4. Lo cierto es que a mí también me resulta familiar ver cigüenas en invierno... Mandemela a mi, Patio, que me ha creado curiosidad el asunto.

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  5. Se la enviaré a la tarde, que el archivo con tales fotos lo tengo en casa, y están hechas a finales de enero, se dará cuenta por el paisaje y por el árbol, está pelado, no tiene ni una hoja, salvo ramas, nidos y cigüeñas asomando la cabeza o emprendiendo vuelo.

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  6. que recuerdos... entre tu árticulo de san blas y ciertos acontecimientos familiares estoy a punto de ponerme a llorar (y no exagero nada)...

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  7. Insisto, no lo pongo en duda. Pero extraño es, ya que santa wikipedia me confirma que las cigüeñas habitan en las regiones más cálidas del mundo.

    De todas formas, he encontrado el dicho completo. Dice así:
    "Por san Blas la cigüeña verás, y si no la vieres: año de nieves».
    Y, también en la línea de lo que Patio comentaba, éste otro: "Por san Blas, hora y media más".

    Por mi parte queda zanjado el tema cigüeñil.

    *

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  8. Me gustan los martillos de caramelo rojo, y los chupetes de ídem, y los pirulís. Y las rosquillas cubiertas de esa costra blanca que supongo que es azúcar. Y que el invierno se empiece a ir a tomar viento ya, coño, pesado, joder, que puto frío y que manera de oscurecer las tardes con tanta prisa. Y sí, las cigüeñas vienen por estas fechas y empiezan a meter ese ruido desde los altos como de martillo neumático contra acera en buen estado que hay que levantar para cobrar la subvención del plan E. Ca-c-ca-ca-ca-ca-ca-ca... machaca que te machaca.

    A mi lo que me gustan más que las cigüeñas son son los cigüeñales. Qué bicho más feo y desagradable, la virgen.

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  9. Me parece muy acertado el mantener esa tradición... me refiero a la de no ir a clase o al trabajo una tarde de San Blas.

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  10. Los martillos de caramelo, y el pirulí de La Habana, que se come sin gana (en La Habana vi unos enormes, pero dudo que los nativos los compraran con frecuencia), y los barquillos. Eduardo, nos llevas a la infancia. San Blas es una buena disculpa.

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  11. Pues las cigüeñas están aquí, que hasta las ha sacado La Tribuna en portada hoy.

    Siempre he odiado los martillos, manzanas, chupetes y demás cosas de caramelo.

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  12. ¿Y el algodón de azucar? Siempre he flipado al ver cómo lo hacen. Eso, ¿cómo lo hacen?

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  13. Pues en tal caso tendrá que cambiar la fecha a 4 de febrero.

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  14. Me encantan los tachones del día después.

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