2.2.10

La lentilla con suerte

Esta mañana, frente al espejo, se me cayó una lentilla cuando trataba de pegármela al ojo. Una de esas lentes de contacto finas como papel de fumar, que hay que tratar con delicadeza. Cayó al frío (y duro [y sucio]) suelo y no daba (yo) con ella. Me puse en cuclillas y la busqué durante largos minutos, cosa de media hora, así, exagerando. Mis ingles y demás músculos interiores no sufrieron tal sesión de estiramiento jamás. Pero había que encontrarla, porque perder una lentilla es perder dos; una sola no sirve de nada, como tampoco sirve de nada un esquí, un zapato, un gemelo.

Escruté desde mi ligera miopía el terreno, peiné casi literalmente aquellos baldosines en los que debía de estar. No se conocen, hasta la fecha, lentillas con patas, la tipa no podía haber ido muy lejos. Pero transcurrían los minutos y la jodida no aparecía. Pensé en dictaduras argentinas, pensé en el último libro de Unai Elorriaga (pueden leer mi crítica en Ojos de Papel), pensé en lo angustioso que es el paradero desconocido, cómo te somete a una impotencia crudérrima. Pensé en eso y más, y mis ingles me empezaban a escocer, así que comencé a asumir la realidad y barajé la posibilidad de cancelar la búsqueda, de poner fin a las labores de rastreo. Me pondría las gafas, y a correr.

Estaba en esas vi una cosilla replegada sobre si misma, azuloide, un plastiquito abandonado, como con ganas de llorar. Allí estaba, debajo de mis testículos, la tan deseada peliculilla Acuvue. La limpié con mimo, la cuidé y deje que reposara unos segundos, para que pasara el shock.

Al poco, me la coloqué en mi ojo (azul) derecho. Pensé en cuán contenta se habría puesto la lentilla, y cómo su destino cambió radicalmente en apenas unos segundos. Porque el destino de los objetos es así de duro e implacable: ahí tenemos esas vajillas inglesas condenadas al ostracismo de fondo de armario, y los casos que se os ocurran. En este, de haber perecido en aquel inhóspito suelo, a riesgo de ser pisoteada, mancillada, vituperada, puta por rastrojo, se pasó a la mejor de las suertes. Porque toda lentilla está llamada a cubrir un ojo, y a ver lo que éste ojo ve, de un modo mejorado. El resto, es muerte.

Ahora está aquí, conmigo, viendo como tecleo y escribo este posstt, viendo cómo pierdo el tiempo, en la Biblioteca Nacional. Ve, por ejemplo, los nombres ilustres que coronan la cúpula, y que dicen FEIJÓO, M. DE SANTILLANA, F. PÉREZ DE OLIVA, S. JUAN DE LA CRUZ, TIRSO, JOVELLANOS, BRETON, etc.

Durante las diez o doce horas restantes del día seguirá viendo cosas, las que yo vea, y se sentirá la lentilla más suertuda y feliz del mundo.

12 comentarios :

  1. Es "la pescadilla que se muerde la cola": sin lentilla no ves y al no encontrar la lentilla no la puedes buscar.

    Al final la lentilla se (te) muerde la cola... jeje

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  2. Me da que más bien será ella la que vea, dejándote las migajas de una realidad que se nos presenta como ella quiere. Lo digo porque yo uso las mismas jonson-an-jonson, pero con algo más de fortuna, porque como tengo la misma tara en un ojo que en el otro, nunca me quedo cojo, del ojo, digo. Jajaja. Que eso, que quien busca encuentra, aunque a veces lo encuentra cuando ya no lo buscaba.

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  3. Curiosamente, el único momento en que uno es incapaz de ver sus propias lentillas es cuando las lleva puestas.

    Jaté.

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  4. Eso es como la movida de cuál es el sitio más bonito de Paris: la torre Montparnasse. ¿Y por qué? Sencillo, es el único sitio desde el que no se ve la torre Montparnasse.

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  5. Quizá debería plantearse que su cuerpo le pide a gritos una puesta a punto...

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  6. Jajjaa, antes habia pensado en lo mismo, pero en la versión torre Eiffel, que es la que conocía yo.

    Por cierto, no sé si ha sido ataque de celos o qué, pero se me acaba de caer la lentilla izquierda, aqui en la BN. Por suerte, la he podido recolocar sin mucho aparato.

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  7. Anónimo, lamento defraudarle; mi cuerpo está perfectamente.

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  8. Por cierto, ¿alguien ha visto a El Patio?

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  9. No puedo aportar mucho a este post ya que no uso lentillas y nunca me han escocido las ingles...

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  10. Vaya, si ya sabía yo que soy como esa vecina puerta con puerta, que se hace tan omnipresente (y tan cansina) aunque sea para una gilipollez y que cuando no aparece uno se pregunta si es que le habrá pasado algo.
    Pero no le voy a decir nada de sus díscolas lentillas ni de la gran suerte de sus ojos (azules)... y de la gran suerte también de su bolsillo, por aquello de que una no sirve para nada y debería comprarse otras. Se lo voy a decir de sus ingles: Natusan, póngales usted Natusan, o el Bálsamo Bebé de toda la vida, pero no se confunda con la crema depilatoria cuando vaya a untársela.
    Ah, y deje de ir al gimnasio, total para lo que le sirve, para escocerse buscando una lentilla.
    Exageraoooo!!!

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  11. Dichosos los ojos doña Patio. Pensábamos que se le había tragado algún humedal, en el día de los humedales (ayer) por cierto fíjese usted.

    Aclaro: el tema ingles era una licencia hiperbólica literaria para dar al relato de algo más de pathos (más patético, vaya).

    Aclaro II: no voy al gym (fui un mes) ni a academias de inglés. Paso de pagar por cosas que puedes hacer gratis, en tu casa, a cualquier hora, y sin ver a gente fea.

    saludos cordiales

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  12. Jajaja...eres de los que hacen pilates en casa con vídeos bajados de torrents?

    Muy bueno lo de la gente de los gyms! Hay unos cuantos vigoréxicos que sólo deberían salir de noche y por calles con poca iluminación...

    Las lentes de contacto vuelan. Una vez perdí una de la misma forma y la encontré una semana más tarde en la esquina de la bañera detrás del gel Magno. Por supuesto ya no pudo ejercer la función para la que fue creada jamás.

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