El Rimbaud español (2/2)

Un ligero sentimiento de culpa, muy ligero, pesó sobre mí a ciertas horas de la noche, por haber puesto en tela de juicio el talento o no talento, lo rimbodiano o no rimbodiano, de nuestro amigo Félix Francisco Casanova, fallecido en extrañas circunstancias, en la bañera de su casa, inhalación de gas, el 14 de enero de 1976.
Este microsentimiento de desazón, se agravó, un poquito, cuando recibí un mail, recién llegado desde París, del poeta Francisco Javier Irazoki, del que tengo el gusto de considerarme su amigo desde que un día de 2007 me ofreciera su amistad, que yo acepté sin pestañear. En ese correo, Irazoki, sin ánimo reprendedor de ningún tipo, me animaba a revisar la obra de Casanova, de quien tanto él como Fernando Aramburu no tienen duda ninguna sobre su valía.

Me mandó Irazoki unas declaraciones, en versión extendida, que su amigo Aramburu realizó al respecto del rescate de El don de Vorace, la 'novela' que Casanova entregó deprisa y corriendo a un premio literario canario y que escribió en 43 días, cuatro meses antes de morir. ¿Ambicionaba ese El don de Vorace convertirse en una suerte de Una temporada en el infierno español? A Aramburu no le tiembla el pulso al equipararlo con el poeta francés. Elementos similares, según Fernando Aramburu:

Por ejemplo, la circunstancia de que ambos escribieran textos sumamente valiosos a edad temprana. Por ejemplo, que los dos se saltaran el proceso habitual de iniciarse en la literatura mediante la imitación y, por ejemplo, que introdujeran en sus mundos particulares ocurrencias luminosas, imágenes enigmáticas, episodios oníricos y lo demoníaco. El hecho de que Casanova no sea tan conocido ni estudiado en España como Rimbaud en Francia no es un problema de Casanova.


Por la noche, me acosté con El Cultural cuya portada dedican este semana a Casanova. Azuzado por el mail de Irazoki, leí con atención el reportaje de Blanca Berasategui en el que el propio Irazoki reflexionaba sobre el poeta maldito, al que sigue el rastro desde los años setenta. Dice Irazoki en El Cultural:

Los primeros poemas que Félix Francisco escribió eran de una impresionante exuberancia verbal.

Leo los textos que incluye el suplemento cultural y coincido con otras apreciaciones de Aramburu, apreciaciones que me parecen muy apreciables en la literatura, tan proclive a la putrefacción, una literatura convencional de la que el propio Casanova intentó huir:

Todo lo que puedo decir al respecto es que, durante la lectura de la novela, uno percibe alegría creativa, entusiasmo propenso a las bromas literarias, sin duda exaltación, cierto gusto por la crueldad humorística; en definitiva, la inventiva desenfada de un muchacho que jugaba con fuego.

Entonces leo un poema que me gusta, y que me guste un poema, así, enterito, no es algo habitual, y pienso que quizá Irazoki y Aramburu tengan razón. ¿Rimbaud español? Digamos, mejor, Félix Francisco Casanova. Lo edita Demipage. Si alguien quiere hacerme un regalo, ehehé, ya sabe.

- -

A veces cuando
la noche me aprisiona
suelo sentarme frente a una cabina
telefónica
y contemplo las bocas que hablan
para lejanos oídos.
Y cuando el hielo de la soledad
me ha desvenado, los barrenderos moros
canturrean tristemente
y las estrellas ocupan su lugar,
yo acaricio el teléfono
y le susurro sin usar monedas.

(enero de 75)

Comentarios

  1. Efectivamente. Irazoki y Aramburu son de lo mejorcito que se pasea por las letras de este país.

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  2. María! Tuve un descalabro en la lista de blogs y se me cayó el tuyo. ¡Vuelvo a ponerlo!!

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  3. Pues duerme tranquilo esta noche, que al menos has conseguido que este inculto lector de tu blog sepa quién es Félix Francisco Casanova...

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  4. Ya sabes que no tengo personalidad...

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