Unas gotas de negrura

Hoy he descubierto, mirándome en el espejo, un pelo en la ceja, un cejipelo, del tamaño del bigote de un langostino. Claro y delgadísimo, me lo he recortado con la navaja suiza que llevo de llavero. Ya que estaba, he limpiado unos pelillos, imperceptibles, situados en el entrecejo y un poco la periferia de ambas cejas.

Me he fijado después en unas ojeras, proyecto de bolsas, esa piel que de pronto es ¡azul!, bajo los ojos. Me he preocupado, señales de alarma han sonado en mi interior. Me he visto, en un futuro no muy lejano, como el tío ese tirando a repelente de la serie The Office.

Hace un año me salió una cana en el centro del pecho que, por cierto, no se ha vuelto a reproducir; fue como una extravagancia capilar. Pero yo me lo tomé como un aviso, un serio aviso de que, ojo, aquí envejecemos todos. Palmamos todos.

Esta noche he sonado, en cambio, que pasaba algo inverso a ese proceso natural. Estábamos mis hermanos y mi tío Ivlivs, que lucía un pelazo negro como de anuncio de potingue anticanas. Se le veía fresco, enérgico, entusiasta, gallardo. No digo que ahora no lo sea, pero en el sueño lo era más. Hacíamos una reunión familiar y venían muchos amigos nuevos y extraños, gente interesante. Había como una felicidad rara en el ambiente, una felicidad distinta a la que podemos gestionar hoy, que la sabemos finita, caduca, perecedera, que se agosta con el tiempo. Era una felicidad, ya digo, nueva. En ese sueño vivíamos ajenos a la idea de que por mucho que evolucionemos, por mucho que limemos nuestras torpezas, por mucho que aprendamos a no caer en contumaces errores, al final nos hacemos viejos, complejos, suspicaces, frágiles y el tiempo se nos acaba. No sólo el nuestro, que eso es lo de menos, sino también el de los demás, que eso sí que jode.

Esta tarde de domingo me estremecieron unas palabras de César González-Ruano. Es la última entrada de su Diario íntimo, que anotó en el hospital, poco antes de morir: 
"El terror es blanco, la soledad es blanca".
Perdonadme estas gotas de negrura en un mar, ojo, de optimismo oscilante.

Comentarios

  1. http://suturasysegundasintenciones.blogspot.com/2008/11/monlogos-desde-el-divn-ii-le-asusta-la.html

    También escribí algo parecido en un día de negrura (sin haber leído nunca nada de este señor, es más, sin saber de la existencia de tal, aunque supongo que experiencias similares pueden arrancar sentimientos y expresiones similares), y le robo la expresión de "un mar (océano) de optimismo oscilante", que me ha gustado.
    Vaya perra que ha cogido usted con este otro calvo, que tengo que cerrar los ojos para poder disfrutar de su cálida voz y no ver al doble de los chusma Matamoros, a los que se da cierto aire y me hace cogerle un poco de manía sin que el pobre tenga culpa ninguna.

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