Mujeres

Llevo cuatro años y medio leyendo (no todos los días, se entiende, ja-já) este libro de Bukowski, Mujeres, que me regalaron Latinajo de Híspalis y María Cáceres en nuestros felices días de Bilbao. Es un libro que se puede leer a cualquier hora y en cualquier momento, en cualquier estado de ánimo, en cualquier estado mental. Como los donuts. Lo coges por cualquier página y enseguida entras en ese universo en que alcohol, mujeres y un indefinible algo más componen la prosa charlesbukowskianiana y que, de alguna manera, te atrae. A la manera de un Agus, voy a colar hoy aquí unas citas que me han parecido bastante inspiradas, casi femeninas, del amigo Henri Chinaski:

Podía inventarme personajes masculinos, porque yo era uno, pero las mujeres para mí eran casi imposibles de ficcionalizar sin antes conocerlas.
--
Yo era sentimental respecto a muchas cosas: unos zapatos de mujer bajo la cama; unas horquillas olvidadas; la manera como decían "Voy a hacer pipí"...; cintas de pelo; pasear por el bulevar con ellas a la una y media de la tarde, sólo dos personas caminando juntas; las largas noches bebiendo y fumando, hablando; comer juntos y sentirse bien; las bromas, la risa saliendo de ninguna parte; sentir milagros en el aire; estar juntos en un coche aparcado; comparar pasados amores a las tres de la madrugada; que te dijeran que roncabas, oírlas roncar; (...) tus flirteos, sus flirteos; sus píldoras; tus polvos con otras personas y ella haciendo lo mismo; dormir juntos...

Mujeres, de Charles Bukowski, 1979. Decimotercera edición en Compactos, Anagrama, marzo 2005


Comentarios

  1. La foto, ¿de dónde ha sacado esa foto? ¿es portada del libro? No tiene desperdicio: un cenicero rebosante de colillas; una mujer desnuda, de risa enajenada, mientras el de la camisa hawuiana le clava literalmente los dedos en su gluteo; ese puro, intuyo sempiterno entre los labios entreabiertos por la desidia; esas barbas; esa cabeza dejándose vencer contra la pared y su mano como si fuese lo único que impidiese caer al suelo y rodar; esos ojos cerrados no queriendo ver; esa mesa caótica... El olor, es que puedo respirar hasta el nauseabundo olor de la escena.

    ResponderEliminar
  2. "De modo que Alicia se encaminó a visitar a la Liebre de Marzo. ¡Y por el camino se encontró otra vez al Gato! Y le dijo que no le gustaba verle aparecer y desaparecer tan deprisa.

    Así que esta vez el Gato desapareció lentamente, empezando por el rabo y terminando por la sonrisa. Eso sí que es una cosa rara, una sonrisa sin Gato."

    Alicia en el país de las maravillas. Lewis Carroll.

    No le pasará lo mismo al blog de El Náugrafo Digital. Hace unos días empezó a difuminarse su cabecera por el rabo, se veía borroso digital.

    Hoy ya, la cabecera, apenas se ve.

    ¿Desaparecerá mañana totalmente quedando sólo su sonrisa?

    ResponderEliminar
  3. Así que felices días de Bilbao...

    ResponderEliminar
  4. Jajjaa, ya sabes, César, que la memoria todo lo edulcora, jaj. Pero, sí, lo fueron, lo fueron, felices días de Bilbao.

    Tranquilo, Ivlivs, que aquí no piensa desaparecer nadie, con o sin sonrisa. Pero gracias por el interés y por el precioso pasaje de Alicia.

    ElPatio, la foto es de Google, de las primeras que ofrecían. Luego vi otras bastante más subiditas de tono. Lo más gráfico de la foto, de todas formas, me parece el ceniceraco rebosante de colillas.

    ResponderEliminar
  5. Jaja, al modo Agus, dice. Ni que yo fuera el primero en espigar citas. ;) Pero gracias.

    ResponderEliminar
  6. Joer, ¿y qué palabra (o palabras) pone uno el google para que salga esta imagen? qué cosasssss...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares