12.1.10

Leopoldo Abadía, la sensatez y el 'safety car'

Este martes, la Gran Vía me ha parecido más Gran Vía que nunca. Me llamó un amigo para que por fin nos viéramos, con el pretexto de la presentación de La hora de los sensatos, de Leopoldo Abadía, cuyo hijo Gonzalo, su manager, es amigo común de andanzas universitarias y grupetos bitelianos. Así que fui, para ver a estas gentes, y para hacer un poco de clá, que no le vino mal a Leopoldo. A pesar de haber vendido más de 150.000 copias con La crisis ninja, lo cierto es que en la sala estábamos un grupo selecto pero no masivo. Estaba Efe, eso sí, que con eso basta y sobra. Una Efe que, confesiones aquí en plan corrillo, ha reconocido, al término de la rueda de prensa: "¡No sé qué teletipo poner!". Y es que Abadía, Leopoldo, a sus 76 años, es así. Un hombre que da muchos titulares o ninguno.

"¡No pongáis que propongo a Alfredo Sáenz como presidente de España!", ha dicho, Leopoldo, en un momento dado.

Lo ha dicho porque, conociéndo a los periodistas, éstos son/somos capaces. Porque la idea central que ha defendido el presentador (de La hora de los sensatos) es que se necesita otra manera de gobernar (ergo, otro gobierno y, ojo, otra oposición). Algo que él define como un safety car, quicir, un coche/líder que dirija, que no gobierne, al país en estos momentos de zozobra hasta que se recupere la normalidad. Y que en ese tiempo no haya lo de siempre, favores políticos, ratos/cajamadrises, espiches hueros, negociaciones de cara a la gallery y asín. Que alguien coja el timón, libre de toda corruptela, y que arregle el desaguisado.

Me ha parecido, cuando menos, sensato. Oiga.



Y quiénes serían los encargados de dirigir este país a bordo del safety car gubernamental. "Gente honrada", ha dicho, como norma básica, no sin antes añadir que eso se presupone a un político (como que a un futbolista que ficha por el R. Madrid se le presupone que sepa jugar al fútbol). Y ya, más en detalle, directivos. Que no empresarios. Un empresario es el que arranca una empresa, se juega su capital personal, su pellejo, su pelo, pero no siempre la gestiona, él, con sus propias manos. Delega en directivos. Emilio Botín delega en Alfredo Sáenz. Alguien de este pelaje, pues, como candidato a conducir España en tiempos de marejada.

"¡Pero no pongáis que propongo a Alfredo Sáenz como presidente de España!".

Entiendo que, además, de directivos, se refería a expertos de diversas áreas de la economía. Gente así. También ha añadido que en una empresa, a diferencia de un país, siempre se conocen las cuentas, los balances, el estado de la tesorería y los riesgos de meterse en una aventura crediticia. Y que no se puede, pues no se puede. Bueno, también hay empresas que cierran, muchas, a pesar de que se conozcan bien sus números. ¿Gestionar el país como una empresa? Ahí queda eso. Con limpieza, honradez, pulcritud, manos blancas. Pero, ¿un país se puede equiparar a una empresa? Ahí queda esa duda, ya digo. Paradójicamente, los países comunistas, Cuba, sin ir más lejos, me parece que reúnen todos los atributos de una empresa. Todos los cubanos trabajan para esa Cuba Inc., dirigida por un consejero delegado llamado Fidel Castro. Otra cosa, en el caso de la empresa cubana, es que tengan recursos, productividad, y rentabilidad suficientes.

Abadía ha estado gracioso como siempre, con un tipo de humor poco común por estos pagos: inteligente. Ha dicho varias veces "no tengo ni idea", lo que implica que rezuma una cierta sabiduría o que, realmente, no tiene ni idea, que también puede ser, jajá. Y ha hablado de dos figuras, presentes en el libro, que me parecen magníficas, perfectamente sensatas y que, opino, ya justifican la publicación del legajo:

- El Ministro Ama de Casa.
- El Ministro de Relaciones con la Gente.

Después de unas preguntas, nos hemos dispersado alegremente. Antes he hecho una foto de los bártulos de Gonzalo Abadía, que me han parecido completamente urculianos. Afuera, en la Gran Vía, más Gran Vía que nunca, llovía una lluvia gris, como el gris Gran Vía, y he notado que mis lentillas, en cambio, me ofrecían destellos amarillos.


3 comentarios :

  1. Creo haber oído hablar a Leopoldo Abadía sólo una vez, en el programa de Buenfuente, ¿puede ser? Era la primera vez que escuchaba a este señor, y me pregunté dónde coño andan metidos estos señores con tal clarividencia de ideas, inteligencia, oratoria y humor cuando la acritud chabacana, la estulticia y demás ineptitudes, inconmesurables por confluir todas a un tiempo, se hacen presentes en la política de un país (gobierno y oposición al unísono) que nos llevan a la deriva irremediablemente.
    Esa frase de apoyo suya, "no tengo ni idea", la pronunció en varias ocasiones y es inevitable la carcajada, creo que la usa pasa tomar aliento neuronal, o como decir "mire usted, yo tengo muchas respuestas pero no todas"... jajaja...
    ¿Un país se puede equiparar a una empresa? Pues yo creo que sí, como un hogar es equiparable a la empresa, en donde se es La ministra ama de casa, La ministra de economía, técnico de mantenimiento, encargado de suministros, la ministra de igualdad, el ministro de educación... no falta ni una sola cartera y se reparten en función de aptitudes, que no actitudes. Otras se comparten, claro está, pero todo tiene un objetivo común, que la empresa funcione de la mejor manera posible y siempre con visión de futuro. Lo malo es cuando se quiere poner en gestión económica a "el Dioni", o relaciones públicas a quien sólo vale para celador.
    Yo, sinceramente, estoy acojonada... como no surja por ahí alguien alto, rubio y guapo (metafóricamente hablando) con un mensaje de esperanza creíble, mucho carisma y muchos cojones para que no tiemble la mano en muchas cuestiones dejadas de la mano de dios, me temo que las opciones son de lo más chungas. En fin, voy de desengaño en desengaño con la chusma "politiquil" de este país.

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  2. Gente sensata y honrada... pues sí de eso hace falta en el gobierno. Sin embargo con esos sueldos que tienen, los que luchan para alcanzar esos puestos no se yo si son sensatos y honrados.

    Un amigo, en un arranque un poco dicatorial propuso el gobierno utópico como: 'un único partido formado por gente que trabaje de formadesinteresad, que sea no egoísta y muy inteligente'. Quién sabe, quizás algún día lo consigamos y nos gobiernen los ordenadores (aunque en cierta medida, ya lo hacen).

    Yo mantengo que los sueldos de los parlamentarios tendrían que ser más bajos, y sólo gente de vocación e interesada por llevar bien un país se interesaría por el puesto.

    Por cierto, a Leopoldo Abadía, como siempre, chapó.

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  3. ¿Grupeto biteliano? ¿Escapados , fugados , admiradores de los Beatles? El señor Abadía es un cráneo privilegiado , pero la idea del safetycar recuerda a la dictadura romana o primorriverista o mussoliniana
    .Una clase política ¿ qué es eso por cierto ? verdaderamente ética y dedicada a la gestión del bien común, la política sin forofismos ni servidumbres...soñar despierto.Hay muchas bajas pasiones ; en nosotros mismos, incapaces de verlas. Que si "rompen España " , " yo también lo haría". Herencias de la corrupción franquista y el veneno que nos inoculó.

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