Elegancia, Brummell y Sinde

Hay una exposición en Santiago sobre el dandismo, con cuyo comisario contacté hace poco. Hablamos sobre Brummell, el hombre-dandi, el dandi por antonomasia, un tipo que consideraba obsceno trabajar, un tipo que heredó un fortunón de su padre, un tipo que frecuentaba los salones y vivía obsesionado por los nudos de corbata, un tipo que fue el precursor del traje moderno, un tipo al que llamaban 'le beau Brummell'.

Alguien que reubicó los patrones del ser elegante y que consideraba que eso, la elegancia, residía precisamente en que no se notara le intención de epatar a nadie. El difícil arte de pasar notoriamente inadvertido, o "conspicuosly incospicuous", como leo en la Wiki.

El jueves fui con Agus a la entrega de los Premios José María Forqué y me fijé en la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que salió a leer un largo y anodino discurso plagado de lugares comunes. Me fijé, cómo no hacerlo, en su llamativo y completamente antibrumelliano atuendo. Una cosa, habitual en ella, como de juego de cortinas rococó con patas, de figurante de un peplum de poco presupuesto, de participante en un concurso de disfraces a cada cual más cantoso. Ese traje suyo tirando a no sé, grecorromano vintage, dañaba el ojo seriamente, más aún sabiendo que quien lo porta es una ministra. Porque uno puede ser estrafalario (no diré aquí hortera o tener mal gusto) si es un artista de variedades varias, pero siendo ministro, ministra, esos velos vaporosos, ese deseo de atraer todas las miradas, ese gusto por parecerse más a un jarrón que a una persona, dice poco de alguien del que se presupone, como diría Javier Gomá, una ejemplaridad pública.
También en el vestir, mire usshté.

Comentarios

  1. Es fácil ser un dandi (o poder intentarlo) cuando uno es obscenamente rico.

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  2. Hombre, hay que reconocer que la mujer siempre ha sido muy estridente en sus atuendos. De todas formas es que hay cuerpos y cuerpos, momentos y momentos, en fin, no es lo mismo el uno ochenta de la Kidman que el uno cincuenta de la Patiño. No es lo mismo Pilar Rubio que Cristina Almeida, convendrá conmigo, y no es lo mismo la entrega de un premio de literatura que uno de cine, pero esta mujer es así, muy de cine, más que de ministerio. Quiero decir con esto que la elegancia nada tiene que ver con el dinero, a Paris Hilton me remito, o a la heredera de Onassis, pero sí mucho con la percha y el estilo. No es elegante quien quiere sino quien puede y sabe serlo. Un ejemplo de dandi español sería Álvaro de Marichalar: elegante, atractivo, ricachón y sin dar un palo (iba a decir al agua, pero será al agua a lo único que da algún que otro palo), con un estrés yate p'arriba yate p'abajo, y encima va de rebelde y de incomprendido por la sociedad. Un ejemplo de elegancia femenina podría ser Mª José Toledo. Antítesis de la elegancia, sin duda, Terelu Campos, siempre con el canalillo al aire y repretailla como una morcilla de cebolla, o éstas otras, al estilo de la Sinde, con volanteos, chorreras, pedrería y otras florituras a mansalva.
    En fin, muy "ranciote" y conservador me ha parecido en sus apreciaciones, no le pega.

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  3. Es usted un conservador y un ranciote: ¡¡El pulchrum ya lo defendían los griegos!! Ahora se lleva el feísmo.

    Parece mentira...

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  4. Lee a Auster, a AMM , le gustan ,y se mete con la ministra... por la ropa , no sé si querrá decir algo. Para gustos los disgustos pero a mí siempre me pareció que la elegancia es algo innato. Fijarse en la ropa y clasificarla según precio y marca o como le queda a alguien me parece propio de... no sé, se me ocurren muchas cosas : camelletes desocupados , niños de cole de pago , párrocos clasistas , periodistas de sociedad...lo siento hombre pero los que nos vestimos en ferreterías , mercadillos y saldos de grandes superficies estamos llenos de prejuicios. Dicho esto ; la Sinde ,con su aire de tontina superficial seriota , me tiene arrebatao.

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