El Rimbaud español (1/2)

Se habla estos días, completo reportaje en El Cultural, hace poco en Público, en El País, y hace algo más, con textos de Fernando Aramburu, en el Territorios de El Correo de Bilbao, de Félix Francisco Casanova, considerado por algunos el Rimbaud español.

Sin haber leído nada del poeta malogrado/maldito, muerto con apenas 20 años (1956-1976), me pregunto cuántos elementos paraliterarios influyen en la sacralización, más o menos tardía, de un autor equis. De entrada, tiendo a sospechar que este chaval, de look a lo Morrison, con ecos de Luna Miguel en chico, tenía ya estudiada su pose malditista. Como aquella breve recitación (¿recitación?) que abre el disco de Albert Pla, Supone Fonollosa: "Tengo ya estudiadas las respuestas, las inteligentes apreciaciones, blabla, solo me falta, pues, ponerme a escribir mi libro". Resumiendo, alguien con esas melenas leoninas, con esas poses provocadoras, transgresoras, con ese allure de enfant terrible y genialoide, tiene mucho de carne de cañon mitificadora. El chico tenía obra y pose: sólo le faltaba una muerte prematura. Y así pasó.


También pasó el tiempo, y el mito de Casanova (Félix Francisco) no llegaba a cuajar. A veces, un periodo de olvido es necesario en toda construcción de un mito, de un nuevo Rimbaud, un Rimbaud español, canario, para más señas. Pasadas unas décadas, ya podemos decir que tal autor estaba olvidado, qué fíjense qué mal, que cómo podía ser esto.

Sin haber leído una sola palabra suya, me pregunto: ¿Realmente tiene o tenía [tanto] talento el chico?

Esta es la primera cosa que quería comentar. La segunda tiene que ver con Rimbaud. Con esos neo-rimbauds que nos presentan, en su versión actualizada, efecinquizada. El otro día leí algo sobre la obra de un japonés que me pareció terrorífico: "...toda la tensión psicológica de un Dostoieviski pero tan ameno de leer como un Dan Brown". Uff, duro esto. La segunda cosa, digo, tiene que ver con Rimbaud, y si hemos leído tanto o lo suficiente al autor de Una temporada en el infierno como para meternos con el presunto Rimbaud patrio, el amigo Casanova.

Resumiendo, otra vez, que si el tal Casanova es tan bueno o era solo pose, y que si tenemos lo suficiente del Rimbaud verdadero como para acercanos a sus sucedáneos, por muy melenudos que fueran.



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Enlaces:

-Artículo en El País.
-Artículo en Público.
-Artículo en El Cultural.

Comentarios

  1. Una merluza a la emulsión de tomate y albahaca.

    Está muerto, como J. D. Salinger.

    Los poetas, dicen, son almendras tiernas en espuma.

    Qué cosas...

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  2. ¿Qué tiene más prestigio, ser un cadáver exquisito o el divulgador del mismo?

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  3. Tiene un aire a Camarón de la isla...

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  4. Me gusta el post. Lo fácil sería ahora sumarse a la corte de aduladores, lo sensato es opinar después de haberlo leído y mientras tanto mantener una distancia precautoria.
    He leído a Rimbaud, más que su lirismo, lo que me asombra de él es su portentosa lucidez y sabiduría vital siendo tan joven. Por otro lado también hay elementos que ayudan a comprender este hecho, Rimbaud no fue un extraterrestre: poseía un conocimiento amplio de los clásicos y tenía formación humanística, en su casa, su propio padre también cultivó la escritura. Las cosas (y más si son interesantes) no suelen surgir de la nada.
    Estoy contigo en que los "rimbauds" tienen muchos ingredientes mitificables para convertirles en productos comercialmente interesantes. No estoy prejuzgando.
    Como ya me extendí en demasía, sólo comentar que hace tiempo escribí un post sobre Arthur Rimbaud, publicado online dentro del libro "Crónica de un blog libertino", quien tenga interés en leerlo lo puede hacer de forma gratuita en http://albertpiodos.bubok.com
    Mi enhorabuena por tu blog.
    Saludos,
    Albert

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  5. Muy profundo el comentario. Debe ser difícil tener un don y que después te comparen con escritores que ya están muertos, es como si no tuvieras originalidad en nada de lo que haces, por eso yo le creo poemas a mis bicicletas. Creo que no hay nada de eso todavía.

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