31.12.09

El último post

Si la anterior entrada era El último spot, alteremos un poco un par de letras para que salga El último post, palabra ésta que digo mucho, post, y que un amigo me reprocha a menudo. Yo le echo en cara lo mismo cada vez que pronuncia su palabra fetiche: CGPJ. No sé que es peor, ciertamente.
El último post, amigos. El último post, amigos Molusco, El Patio y Contenedor Amarillo, auténticos lectores fieles que dan sentido, último y primero, a esta barraca cibernética que va cogiendo años. ¿Envejece como el buen vino? No lo sé. Ultimo post del año, ¿último post del siglo?

Lo pensaba hace un rato, sentado en la taza del váter. ¿Y si canceláramos blog? Noooooo, dirán aquellos cuatro que me siguen. No pienso hacello, la verdad, algo me espolea a seguir, como me gusta decir, "pensando en blog". Desde que empecé en Blogger, enero de 2009, han sido 295 posts, no está mal.
Pero no sabe uno si gana o pierde con ello, porque en estos asuntos literarios no sabemos al final nada. ¿Compensa, no compensa? Te vuelve raro, te vuelve normal, feliz, infeliz. Ni zorra. Gracias al invento he conocido a gente, y hay gente que me ha conocido más como soy, o como debo de ser, si es que estas líneas reflejan realmente lo que es uno, que todo es muy absolutamente relativo. En cualquier caso, eso está bien.

Precisamente una de estas personas cuya relación se ha estrechado vía blog, me decía que me veía como un ser "apesadumbrado". No sé muy bien qué quería decir, si lo dijo en coña y si realmente es que esa imagen proyecto. Recuerdo un comentario de un conocido, en un restaurante chino, hace años: "Vosotros, los tristes". Como si tratara de una categoría especial: los ingenieros, los científicos, los jueces... y los tristes.

Desde luego, nunca me he sentido identificado en tan gruesa etiqueta. Discrepo. Coqueteé con los sentimientos trágicos de la vida, y con las rumias hoscas de tipo barojiano, pero siempre he intentado huir de esas derivas, de esas, me encanta esta palabra, derrotas. Tampoco diré lo contrario, "soy el tío más feliz del mundo". Tengo la receta, ojo al dato; basta con ponerse un día con las manos en farina. Otra cosa es que quiera.

Toma ya.

Pero volvamos a la pregunta retórica del principio: ¿el último post? ¿Cabe en esa receta de la felicidad, felicidad, por supuesto, sostenible, como me gusta decir ahora, en plan políticamente correzto, la literatura? Tiene mi hermano un libro en su biblioteca de título inquietante: Piensa menos, vive más, de un tal Pere Portero. El exceso de literatura, de lecturas, la hipertrofia cerebral, uhh, es jodida. Pero, ¿dónde está el equilibrio? Lo delicado del asunto literario es que a veces lo malo es bueno. Estar triste, apesadumbrado, melancólico, puntúa. Te predispone a escribir. Eso dice el tópico oficial, y puede ser cierto. Me dijo Andrés Trapiello, verano de 2007, que él necesitaba una melancolía moderada, sostenible, para escribir. Como una melancolía con un buen chorro de leche condensada. Es posible.

A mí me pasa que si no tengo una extraña fe en mí, en lo que leo, en lo que veo, en lo que soy y seré, no me sale ni una palabra. Si no hay una colisión de tipo entusiástica, aunque rodeada, si queréis, por moody waters varias, no sale nada. Pienso en José Luis Sampedro, activo a sus noventa y pico, y su Escribir es vivir, de título tan elocuente como el del Pere Portero. Y puede ser cierto, bien aplicado, lo de escribir es vivir. Huyendo del rollo agazapado, de la actitud espectadora, fisgona, culona, y del contar lo que hacen los otros como con el morbo de lo no vivido. "En el momento en que sólo fuera escritor, dejaría de ser escritor", dijo Camus, y yo digo óle.

Escribir nos hace vivir no una vez, sino dos veces. Cuando vives, y cuando revives sobre el papel, y eso es doblemente placentero. Un papel que bien podríamos llamar higiénico, el de la literatura vista así. [Si algún día me pagan por dar una conferencia chapa en cualquier caja de ahorros de provincias, la titularé así El papel higiénico de la literatura. Me buscaré a los de Scottex como espónsores.] Quizá no sea muy higiénico, como advierte Camus, pasarse todo el día entre papeles propios, contando tu vida y la de los demás, inmerso en ese oficio para algunos siniestro, para otros el más penoso del mundo, para otros domésticamente épico, que es escribir.

En la mesura está el éxito. Y a mí escribir me ha ayudado, por ejemplo, a meter las fauces en la sociedad cubana más profunda de un modo que sin el acicate del rollo escribiente jamás habría hecho. Eso me llevo, entre otras cosas, del 2009 que termina, viajes literarios como ése, cuyas impresiones aún ando a medio redactar. Pero escribir, y metamos ahora, por cubano, al amigo Pedro Juan, es una cosa que, aunque pringada de sentimientos, es demasiado racional, se hace finalmente con la cabeza. "Escribir cansa", pero, coño, también nos realiza, y nos da sentido a las cosas y todo eso. No el hecho de escribir, sino el hecho de hacer lo que creemos, humildemente, que debemos estar haciendo. "El fin último de cada ser humano es llegar a ser quien es", dice Nietzsche. Y según Contenedor Amarillo, todos somos entrenadores de fútbol y escritores, así que no se puede andar mareando la perdiz mucho tiempo.

Espinoso equilibrio, la verdad, éste, y vaya chapa que estoy soltando, pero es que acabo de tomarme un café (americano) y es el último post del año. Muchos de los que nos quieren intentan alejarnos, o no se matan por acercarnos, a lo de producir libros. Lo cierto es que no dan un puto duro, los libros, y ese sí que puede ser un motivo de desdicha, me temo. Otros, más osados, nos animan, al principio con la boca pequeña, luego ya más seguros, a seguir. Ambos comparten una cosa: no quieren nuestra amargura. Pero para evitarla, ay, toca pasar por el túnel de Nietzsche, e intentar ser quienes somos o al menos, quienes creemos que somos. ¿Somos realmente lo que somos? ¿Soy yo, realmente, el náuGrafo digital? Ceci n' est pas une pipe? ¿Cómo seré yo, cuando no sea yo, cuando el tiempo haya modificado mi estructura? (Á. Glez.)

¿Cómo seré yo cuando no sea yo, cómo serás tú, como seremos nosotros, ellos, ellas, los de aquí y aculla? ¿Creeré en los Beatles, en Buda, en Elvis, en Kennedy, en ti, en mí, en ,en Yoko and me? ¿Creeremos en el arrealismo? ¿Cómo seremos nosotros todos de 2010 a 2020, de los treinta a los cuarenta, en mi caso? ¿Felices, tristes, felizmente tristes, tristemente felices? Ser feliz todo el rato, como el tipo que me decía aquello en el chino, me parece bastante triste, por cierto.

Por aquí seguiremos publicando, posteando, a un ritmo que ya se verá. Escribir cansa, recuerda Pedro Juan, y también hay que ser un poco gato callejero, dejar el cerebro un poco en paz, un poco en barbecho, un poco a otra cosa. Es higiénico. Además, quizá no seamos tanto eso que creíamos ser. Quizá todo sea más complejo, a pesar de que a veces nos etiqueten, nos taguéen, zas, sin posibilidad de réplica, disensión ni matiz poliantropomórfico.

Yo de momento he vuelto a las lentillas. Aunque me he comprado otras gafas.

Feliz año y gracias por estar ahí y aguantar mis rollos.

29.12.09

El último spot

Si uno se pone a pensar, jamás hubiera imaginado que llegaría un día en que el clásico último anuncio del año sería el último anuncio de ¿una era? Los tiempos cambian, definitivamente. El histórico último anuncio será el Mastercard, con un spot diseñado para la ocasión, con unos personajes llamados 'comeuvas'. Se desconoce el pastizal que han pagado, pero también debe de ser histórico.

No habrá ya esos paisajes como de Van Gogh del anuncio de Koipesol, ni Coca-Cola, ni Vodafone, a partir del año que viene. Lo digo completamente alejado de cualquier tipo de nostalgia, la tele pública de ahora no tenía razón de ser. Celebro por todo lo alto esta nueva era, de servicio público, calidad y con cierta ambición de mantener un interés general. De no convertirse en un canal marginal.

Nadie daría la razón a quien, veinte, diez, cinco años atrás, hubiera vaticinado este fin de la publicidad convencional en el Ente público. Y menos aún, en tiempo de crisis. Ya veremos en qué queda todo, porque los ingresos que percibirá de los canales privados igual se revelan insuficientes, tal tal.
La cuestión es que se ha hecho. Y esto da qué pensar, hace pensar en no sé, oh, mundos mejores, reinos de la piruleta y terruños de lapislázuli. Lo digo en serio, dentro de la broma. ¿Por qué no pensar, no sé, en un siglo XXI muchos menos competitivo coñazo que el XX? ¿Por qué no pensar en la extinción de unos ciertos valores, los materialistas fules, y creer en una reinversión de los esfuerzos y los objetivos que se traduzca en una sociedad más, dios, lo voy a decir, sostenible?

En estas y otras cosas pensaré durante ese último anuncio, el último de una era. ¿Cuál será la siguiente, the age of Aquarius?

Manuel ¿González/Vantes? Aragón

La vida antes de marzo, de Manuel Gutiérrez Aragón, premio Herralde de Novela 2009, página 1:

..."Hace un rato era febrero en Estambul, pero quizá nos estemos acercando a un marzo en Madrid. En Londres están un poco jueves, pero estoy seguro de que aún llueve lunes en aquel pueblo de cuyo nombre no me acuerdo".

Ayer, de Ángel González, Áspero mundo (1955):

Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.

La vida antes de marzo, de Manuel Gutiérrez Aragón, premio Herralde de Novela 2009, página 1:
 "En Londres están un poco jueves, pero estoy seguro de que aún llueve lunes en aquel pueblo de cuyo nombre no me acuerdo".

Don Quijote de La Mancha, Miguel de Cervantes, página 1 (1606):

"En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...".
- -

Conclusión: qué mala es la envidia (la mía), jouojojjojojo.

Próximamente, la crítica en Ojos de Papel.

28.12.09

Domingo navideño y alguna iglesia

Había pensado en escribir sobre los domingos navideños, que son el paradigma de la calma. Tiempo detenido y todo eso. Recuerdo varios domingos navideños de la infancia, de ir con madre y tías de cafeterías, el chocolate de Delicias, y luego echar una peseta a un niño Jesús de la iglesia de los Carmelitas, c/Descalzos. No había en aquella excursión ningún pío gesto, tampoco ninguna secreta intención de apostolado en mi tía Té y menos en mi madre, sino la coñita de ver cómo el querubín daba las gracias a cada peseta, con una flexión de la cabeza. Había algo entre milagroso y cómico en todo aquello, y por una escasa pela, oiga.

No hablaré de esos domingos, o lo haré, precisamente, hablando de este domingo, uno de finales de 2009. El de hoy ha tenido paseo, con Molusco, porque pasear es lo mejor que se puede hacer en estos días blandos de Nöel.
En una iniciativa un tanto bizarra, nos hemos plantado en la trasera de Cristo Rey, con intención de ver los míticos belenes de la asociación de belenistas. Había un colón de escándalo, parecido al que había a la entrada del Ayuntamiento, ante el reclamo del belén municipal. Los belenes tiran, esta visto. Por supuesto, hemos pasado de largo.

Resumiré el paseo, por abreviar, y diré que hemos acabado en la iglesia del niño de la pela (no sin antes descubrir la sorprendente iglesia de Santo Domingo, calle del Mercado, que nos ha dejado boquiabiertos por su gran tamaño. Oculta entre casitas, una enorme bóveda se despliega dentro, para flipe del turista de su propia ciudad. Imprimía fuerza al asunto un monje con hábitos blancos, como rezando en silencio, místico total).

Ya en la iglesia de la calle Descalzos hemos notado bastante movimiento. Señoronas recitando pasajes de la Biblia y rezos varios a todo correr. "Misterio de tal tal tal". Nos ha parecido una iglesia como muy en forma, mantenida por esos viejicos del norte que con su desaparición agostarán también el pulso eclesiástico, digo yo así a ojo. Con tanto trajín de rezos y letanías, hemos optado por no buscar al niño de la pela, que probablemente no exista ya.

Hemos fisgado por unas dependencias perfectamente preparadas para el acto confesionil. Una gran cabina de madera oscura, como una elegante barraca de la expiación, ofrecía dos opciones: Con Rejilla o Cara a Cara. He pensado que pagaría por meterme ahí, a escondidas, a escuchar los pecados de estas asuncionesgoñis de la vida. El pecado, concepto que se me difumina. El pecado. Si me pusieran delante de un cura, en ese trance, no sabría qué decir. Mi pecado es no tener conciencia de tenerlo, o algo así.

También nos ha hecho gracia, en este turismo parroquial nuestro, una regleta metálica con timbrecitos y los nombres de los confesores. Padre Pascal, Padre Marino... ¿El Padre Marino de San Cernin? Quizá. En cualquier caso, esos timbres para la redención me han parecido muy divertidos. Como un Ticket to heaven, pero hacia el perdón. Ring al perdón, digamos.

A la salida, por sentir algo, he sentido una cierta envidia sana por estas gentes de cosmología tan precisa con un culturón de siglos y una hoja de ruta tan marcada. A Molusco, más pegado al terreno, la escena le ha parecido lindante con el fanatismo, un fanatismo suave, pero vamos. ¿Cómo se puede creer tanto en algo?, creo que ha dicho.

No ha estado mal, el domingo.

23.12.09

Acqua alta



Un hombre muestra un pez que ha atrapado con sus propias manos en la plaza de San Marcos, Venecia, que este año también sufre su húmedo síndrome de 'acqua alta'.

Visto en La Vanguardia.

PD: Veo que me repito más que las canciones de Kiss Fm. Hace un año y pico escribía sobre lo mismo. Este blog es un eterno retorno, un eterno bucle, una cosa centrípeta, eriziana, total. Eso sí, las fotos de entonces, chulísimas.

22.12.09

Palabras de Sam Savage

Me reenvían desde la editorial (Seix Barral) las palabras de Sam Savage a propósito de la repepción del I Premio náuGrafo de Literatura, (probablemente) el único premio no amañado y que se ajusta a sus bases, a sus valores, del panorama literario actual. Comparto con vosotros las palabras del bueno de Sam, a quien mando desde aquí un caluroso abrazo y mi agradecimiento:

Dear Eduardo,
 
Thank you for your kind words and your generous review of my book. 
I am honored to be the first recipient of your award.
Please send it to me in care of xxxx xxxxxx at Seix Barral.
 
Best wishes,
 
Sam Savage

Modas y décadas

Cuando uno ve una peli de tipo biopic (perdón por el palabro) como Toro salvaje, se da cuenta de lo efímero de modas y décadas. La vida es eso, ir dejando atrás modas y décadas. Pienso ahora en Luis Buñuel o en Picasso. Vivieron los felices años veinte, como Hemingway, bailaron el fox trot y el charlestón, pero luego superaron, se sumergieron en otras modas, en otras décadas. Tendemos a pensar que hubo gente, no sé, instalada de por vida en los años sesenta, como Kennedy, o en los setenta, como Frank Zappa, o en los ochenta, como Margaret Thatcher, o en los noventa, como... ¿Pete Sampras? o en los dosmil (vamos a llamar los dosmil a esta década que, en términos digitales no así de los otros, termina) como Britney Spears (no se me ocurre otra a estas horas de la mañana...).

Quienes no llevamos más de tres décadas a nuestras espaldas quizá no sepamos eso, que pasaremos por muchos estadíos cronológicos, con sus avalorios estéticos correspondientes, con su modulación en los valores, con su tal.
A mí, me ha dado por jugar a sentir décadas anteriores a mi existencia. Décadas y modas que estaban antes de que yo naciera y en mis lugares más próximos. Es un ejercicio extraño, como de espeleología meta-autobiográfica, pero tiene su gracia. Pensemos, por ejemplo, en los setenta, en un evento concreto.... Sí, los Encuentros de Pamplona de 1972, lo han adivinado. Acumulemos información, hablemos con sus actores, veamos fotografías, exposiciones, documentos, leamos las noticias de entonces... Reunamos materiales parecidos a los que usamos hoy para entender el día en que vivimos... Conoceremos entonces nuestro pasado casi mejor que nuestro presente, pues con del pasado hay siempre más informacíón y perspectiva.

Dice mi tio Ivlivs que el retrovisor sólo hay que usarlo para adelantar. Bueno, está claro que no se puede vivir con el retrovisor puesto, pero también que jugar a historiador de andar por casa, a historiador de juguete que de pronto siente que ha vivido décadas, modas, en las que ni siquiera él mismo era un proyecto, una mera idea, es estimulante. Claro que a fuerza de acumular épocas en las que no se ha vivido, podemos convertirnos en una extraña raza de viejos treintañeros.




Foto cedida por el MNCARS

20.12.09

Luc Ferrari y el silencio cagiano

De Luc Ferrari (1929-2005), uno o dos días antes de los Encuentros 72, fue la idea, en el restaurante Las Pocholas del paseo Sarasate de Pamplona, junto con los Huarte, de Pablo, Alexanco, John Cage y otros, de colocar los espectadores de espectadores del Equipo Crónica en su concierto, y no en los bancos del citado paseo y de la plaza del Castillo. "A los Crónica la idea les pareció cojonuda", recuerda José Luis Alexanco.

Mil espectadores en aquel frontón, un martes 27 de junio, y cien espectadores de espectadores. A uno por cada diez. Luego volarían por los aires y tendrían un destino funesto, más o menos el deseado por el Equipo Crónica. Pero a punto estuvo de detenerse el sarao, todo el sarao, en ese hermoso y fascinante momento de los muñecos al estamparse contra el duro suelo del Labrit. "¿Paramos esto, o qué!?". "No, no, es normal, no pasa nada".

Y mientras, sonaba una música como esta que adjunto, de Luc Ferrari (la actuación real fue Allô, ici la terre). Disfrutad de ella, y ya me diréis. En una experiencia de posteo vanguardiasta, cagiana, sin precedentes, voy a subir una música sin escucharla. Mis altavoces fueron felizmente prestados y a mí me llega una extraña sordera tecnológica. Interesante.



A la lectora del mes

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Me ha parecido muy bonita la página web de Luc.

17.12.09

Noticia de un secuestro (de hace 37 años)

El jueves me reuní con José Luis Alexanco, uno de los organizadores de Encuentros de Pamplona 1972 (junto con el compositor Luis de Pablo). Fue emocionante para mí conocer a esa parte tan responsable de aquella suerte de woodstock del arte que sucedió en mi ciudad natal y de la que no tuve noticia alguna hasta este 2009. Reunirme con él, en aquel bar de barrio algo anodino del norte de Madrid, fue como viajar, en parte, al pasado, fue como vivir, de soslayo, aquellos Encuentros. A veces, a ratos, el ejercicio del Periodismo le convierte a uno en un ser privilegiado.

Hablamos de muchas cosas, durante cincuenta minutos. Me gustó escuchar su versión de las cosas, templada, ni melancólica, ni ostentosa, ni criticona. Ni falsamente humilde, ni grandilocuente. Me gustó escuchar cómo, según él, la pamplonidad acogió de buen grado aquel inesperado y descomunal tinglado. Hubo desaprensivos, como aquel que rajó la carpa hinchable de De Prada Poole (una vez hubieron cumplido su función), hubo quien no entendió la cosa y quiso malmeter pero, en general, según Alexanco, el público siguió con interés aquella insólita e inusitada programación. Todo aquel arte conceptual de entonces era un arte conceptual en bruto, en vena, a palo seco. Y allí estuvieron: espectadores de excepción de aquel capítulo sobresaliente de la historia cultural reciente. Excepcionales espectadores de espectadores de espectadores.

Por supuesto que habría palurdismo y risotada, uhh, dicen lo que estuvieron, pero permítanme que me quede con la versión amable de las cosas.

Con algún matiz, se podría decir que los Encuentros fueron un éxito. De hecho, los mecenas Huarte, esa familia yo diría que ejemplar en su relación con el arte, les propusieron repetir los Encuentros en 1974, a modo de bienal. Y eso, después de haber invertido lo que invirtieron, un presupuesto que se multiplicó por cuatro de su estimación original. Y eran muchos millones para la época. De Pablo y Alexanco se pusieron a trabajar ya en la siguiente edición de los Encuentros, pero llego ETA y jodió la marrana. Otras consecuencias del terrorismo, no menos graves, como el asesinato de las ganas de hacer cosas, de implicarse. A principios del 73 secuestraron a uno de los Huarte, Felipe. Pidieron nada menos que 50 millones del hala. Ignoro los detalles de aquel secuestro, pero lo cierto es que a los Huarte se les quitaron las ganas de organizar más nada, y se entiende perfectamente. ETA porcularizando como sería ya tradición desde entonces y sumiendo a la gente del norte en esa discreción obligada, en ese vivir de tapadillo y con la boca pequeña, en esa actitud en que llamar la atención, alzar la voz, hacer algo, es visto casi como una provocación.

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Me envía Passy un muy completo artículo sobre los Encuentros:
Enlace al artículo.

Grupo en Facebook sobre Encuentros 72.


16.12.09

Fallo del I Premio náuGrafo de Literatura

El jurado de este blog ha decidido por unanimidad (como no podía ser de otra forma) conceder el I Premio náuGrafo de Literatura, por la calidad literaria de su obra, el desparpajo, la audacia creadora, el completo y descarado desmarque de modas y tendencias y la bonhomía que rezuman sus páginas a:

Sam Savage por El lamento del perezoso (Seix-Barral, 2009)


Enhorabuena, Sam. Pronto recibirás la prometida dotación*.

*Va en serio, como que me llamo náuGrafo, que el bueno de Sam recibirá su premio. Esperamos ampliar la dotación en sucesivas ediciones, con el apoyo, quien sabe, de las instituciones culturales que quieran participar en uno de los pocos premios no amañados del panorama literario que valoran la literatura y unas ciertas cualidades humanas.

I Premio náuGrafo de Literatura

Este miércoles 16 de diciembre de 2009 se comunicará el fallo del I Premio náuGrafo de Literatura, que nace con el objeto de destacar una obra de creación literaria publicada en el año que termina, en formato editorial analógico (en papel, vaya). Se valorará la calidad literaria, el desparpajo, la audacia creadora, el completo y descarado desmarque de modas y tendencias y la bonhomía que rezume el autor/autora.

El fallo se hará público, en ausencia de notario, a las 22 horas.

Atentamente,
END*, jurado único del Premio.

*el náuGrafo digital

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PD: La dotación del Premio consistirá en una palmadita en la espalda, un estrechón apretón de manos virtual y el envío, a portes pagados, de un ejemplar de postales del náufrago digital, libro que, por otra parte, puede adquirir cualquier lector de este blog tan solo pinchando aquí. Un buen regalo, qué duda cabe, para estas Navidades.
Aquí, aquí.

Caso Tertsch: la violencia (y el alcohol) engrenda violencia

He visto en Telemadrid, en falso directo, el insólito editorial televisado de Hermann Tertsch desde la cama de un hospital madrileño, donde se recupera del presunto patadón que le dieron hace unos días en un bar de la calle Almirante, y que le produjo rotura de costillas, encharcamiento de pulmón y edema en un costado. Lo cierto es que con ese parte de lesiones, el paciente se encontraba en muy buen estado, a juzgar por las imágenes que hemos visto. Espero que se recupere pronto y lamento el triste suceso.

He visto con algo de morbo malsano el editorial, que constantemente 'vendía' Ernesto Sáenz de Buruaga en Madrid opina. Me ha sorprendido ver el escaso o imperceptible síndrome post-agresión con el que ha aparecido Tertsch, que se ha mostrado tan incisivo, apocalíptico y faltón con el Gobierno como siempre. No digo que tras una paliza tan lamentable y condenable como la que sufrió uno tenga que atemperarse, pero es humano y lógico que eso suceda. En el caso de Tertsch, la mala bilis habitual no sólo no se había mitigado, si no que me ha parecido incluso más cruda de lo acostumbrado.

No he podido retener, medio flu que ando, las frases aceradas del convalenciente Tertsch, que hablaba con ínfulas de presidente de república inventada en el discurso de Navidad. Pero, vamos, la violencia contenida en cada una de sus frases, en esa garganta desgastada por los malos hábitos, era palmaria.

La violencia (y el alcohol) engrendra violencia. Aunque no sea causa indirecta ni esté probada, la violencia que rezumaba la parodia del programa de Wyoming, ridiculizando las tristes declaraciones de Hermann Tertsch en las que se ofrecía a matar a diez o quince miembros de Al Qaeda por liberar a los cooperantes secuestrados, esa violencia de El intermedio, digo, puede haber desencadenado el patético patadón del garito de la calle Almirante. Wyoming debería pedir algún tipo de disculpas, opino.

La violencia que transmite cada noche Terstsch, desde su tribuna pública, ha provocado, me temo, esa violencia que ahora le tiene en el hospital.

Los excesivos hábitos nocturnos de Tertsch (yo mismo le he visto en bares como La Fábrica de Pan y hace pocos días unos amigos se chuzaron de lo lindo en su compañía, hay fotos del feliz momento) le provocan, opino, una violencia verbal que se traduce en ese sesgo tan vitriólico que cada día ofrece la cadena pública en Diario de la noche. La violencia (y el alcohol) engendran violencia, y no me parece sano que una cadena pública como Telemadrid dé pábulo a esas conductas. Le recomiendo a Tertsch o a algún directivo de la cadena madrileña la lectura de Ejemplaridad pública, el reciente ensayo del filósofo Javier Gomá.

"Volveré en enero", ha dicho Tertsch desde su cama, en actitud retadora, desafiante, completamente chulesca. Miedo me da.

14.12.09

Feng shui territorial

Este tema da para mucho. Se podrían incluso escribir tesis, ensayos, tratados de todo tipo. Estudios varios sobre la capacidad del terruño en el que vivimos para provocarnos tal o cual sensación. La capacidad de nuestra ubicación en la tierra para moldear nuestros estados de ánimo, más bien al margen de la climatología. Teniendo sólo en cuenta la perspectiva espacial, los elementos que tenemos alrededor, nuestra posición, vaya.

Las dos veces que he estado en Praga he sentido un cierto bienestar en ese aspecto, el del feng shui territorial, pero también una leve presión geográfica: demasiado país, demasiada tierra, alrededor. Es una dulce presión, de todas formas. Parecida a esa presión humana de un bar de copas ingeridas alguna que otra: la gente nos mece, nos acompaña, llena el lugar. Praga me pareció acogedora por eso, si bien una estancia prolongada podría resultar levemente asfixiante.

Francia, por ejemplo. Tiene algo de país de paso, de gran Castilla-La Mancha entre el norte y el sur de Europa. De corazón de Europa pasa a ser también columna vertebral por la que circulan, en verano, caravanas y caravanas de magrebíes que vuelven a casa por vacaciones.

Gran Bretaña, en cambio, pese a insularidad, me parece más acogedora. Acogedora y melancólica, como pasa con las islas, que son terrenos desgajados del resto, y quizá por eso, con una mayor cohesión interna de su gente.

Hay ciudades, en España, que propician esa armonía del ánimo, sin que sepamos muy bien por qué. San Sebastián me parece húmeda, hay la sensación de que una gran ola sobrepasará la isla de Santa Clara y nos anegará por completo. Me atrevería a decir que las ciudades con mar y, además, playa, restan puntos en la clasificación mundial por el feng shui topográfico. En el otro extremo, Almería, tampoco me produjo, las veces que la visité, esa calma de los humores que dan otras ciudades. Ciudades quizá menos agraciadas pero con el discreto encanto de lo acogedor: Ciudad Real.

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El feng shui de Barcelona no lo tengo claro. Luz, mucha luz. Inviernos de raro frío, no sé. Las estadísticas hablan de una de las ciudades en que la gente es más feliz, por su suave clima, su orientación al mar, etc. Para mí Barcelona siempre ha tenido un punto, perdónenme, tétrico. Pero creo que es por culpa de Gaudí, cuyos edificios calaverescos me impresionaban de pequeño.

No me convence el Mediterráneo, el levante en general. No viviría allí en invierno, a merced de esos diluvios, esas inundaciones inesperadas.

Es complicado, de todas formas, dilucidar en qué lugares ese presunto feng shui territorial se hace más patente. ¿Grandes capitales o provincias? Parece que la vida es más nítida, más aprehensible en provincias. Esa 'nebulosa' de la que hablaba Gómez de la Serna parece que se disipa en las ciudades pequeñas. Pequeñas y de interior. Siempre que volvíamos a casa, de alguna ciudad costera, a nuestra Pamplona-refugio, sentía como mi cabeza encontraba su acomodo.

En fin, el tema da para mucho. Y es curioso pensar como vivimos donde sea, hale, sin plantearnos si aquel lugar será apto para nuestros organismos del alma. Hacemos tantas cosas, importantes, sin el más mínimo estudio del asunto y, en cambio, otras nimias ocupan nuestros mayores esfuerzos mentales.

Uno puede pasarse toda la vida presa de una extraña incomodidad. Hasta que le venga un tío y le diga que la cama mirando a la puerta da mal rollo.

13.12.09

¿CalentaMiento?

Noto aún un cierto escepticismo, en mí, sobre el tema del cambio climático. Un escepticismo que se disipó cuando el científico Santiago Grisolía, con sus porte ayalesco y longevo, me dijo que sí, que era probado que el cambio climático era una realidad, que no se discutían ya sus efectos. Esto fue en una entrevista que le hice en 2007 y, ahora, no sé, no veo todo tan claro.

Porque pasa el tiempo y ese cambio climático se manifiesta y no se manifiesta. El deshielo en los casquetes polares, el derrumbe de estructuras gélidas como la del Perito Moreno, vale. Hay pruebas, pero tampoco tantas y también hay pruebas manipuladas, véase todo el asunto Climagate. En todo el follón climatológico, abundan comentarios vagos como éste, que copio íntegro de un artículo cualquiera:

La prueba de que los humanos están elevando la temperatura global es cada vez más fuerte, desde el encogimiento del hielo en el Ártico al calentamiento del Océano Indico, según dicen muchos expertos.
Pero no quiero hablar aquí de calentamiento sí, calentamiento no, sino de la posibilidad de que nuestros hijos/nietos se rían de nosotros a la cara. Claro que también podría pasar lo contrario, que nos echen la gran bronca por no haber frenado lo que parecía una evidencia, núcleo éste de la campaña de comunicación con los líderes mundiales envejecidos y lamentándose por no haber hecho nada. Líderes reunidos en Copenhague bajo la presión mundial/ecológica/greenpeaciana de salvar un planeta que, ¿se hunde?



Veo por la tele masivas manifestaciones de gente exigiendo con rabia que se reduzcan las emisiones, evitemos la catástrofe, frenemos la crecida de los mares, la desapareción de Venecia, la virulencia de huracanes que asolarán ciudades ricas y ciudades pobres, inviernos sin lluvia, veranos secos que no aguantarán ni las lagartijas de Écija, árboles con esquizofrenias perennes y bonsais con crisis de identidad. THERE IS NOT PLANET B, PLEASE, STOP!!

Reduzcamos las emisiones, vale. ¿Pero qué significa reducir las emisiones? Producir menos, generar menos, despedir a la mitad de la plantilla, digo yo, un poco sin mucho fundamento. ¿Se van a prestar a ello, a emitir un 20, un 30% de emisiones menos, empresas con el agua al cuello, por un fenómeno del que aún no se poseen datos terminantes y concluyentes?

Porque luego uno lee cosas por ahí, en foros libres de toda sospecha de histerismo y tendencia a la superchería medieval, y entonces ya no sabe qué pensar. No sabe qué pensar ante las ridículas por no decir insignificantes gráficas que apenas sí demuestran una crecida de las temperaturas. Entonces, uno se acuerda de toda esa gente manifestándose ante ese minúsculo aumentito térmico, y se llega a plantear si no nos hemos vuelto todos locos y somos una panda de cretinos integrales pasto de risotadas para las generaciones venideras.



Gráfico actualizado a 8 de marzo de 2009 que muestra las temperaturas medias anuales, de verano y de invierno desde 1650 en la región central de Inglaterra, basado en series de datos históricos que, en conjunto, conforman el registro instrumental de datos meteorológicos más extenso cronológicamente que se conoce. (Vía Tecnología Obsoleta)

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Y aquí adjunto el MEGAPOST sobre el cambio climático y sus tramoyas. Muy recomendable. Vía Tecnología Obsoleta)

11.12.09

Auster en León

Debería estar con mis reportajes efímeros y aquí estoy, blogueando. En fin. Leo que Paul Auster visitará España, concretamente León, el próximo 28 de diciembre. ¿Será una inocentada? Acude a esa ciudad para recibir un premio, el Premio Leteo, que entrega una comunidad de jóvenes autores. Así, a priori, suena a premio de tercera regional. Y va el tío, y lo recoge. Luego hay quien, pienso en Bob Dylan, no te recoge ni un premio ni bajo amenazas.

Desde que entregaron a Auster el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, en mi opinión, rebajando su listón premiador, aunque me guste mucho Auster, puede que el escritor haya establecido cierta relación con España. Como le pasó a Woody Allen con parecido premio, que luego se puso a rodar en Barcelona.

¿Ubicará Auster sus próximas novelas no ya en París, Brooklyn o Manhattan sino en Albacete? Oh, eso sí que sería audacia literaria. Un personaje austeriano vagabundeando, roaming, por Ciudad Real, por Getafe, por Monterrubio de la Serena (Badajoz). ¿Por Pamplona? Bueno, Robinson Crusoe pasó por aquella ciudad en el literario año de 1688 y no quedó nada mal. Se encontró una ciudad nevada, en octubre.

Por cierto que en la foto de la solapa de su último libro, Invisible [observaciones críticas, aquí], creo que aparece en Barcelona, sentado sobre un banco gaudiano.

Pero yo no quería escribir sobre esto. Si no de las sensaciones de un Paul Auster, en plenas Navidades, perdido en León con unos jóvenes que él no conoce, unos jóvenes que le idolatran y que tartamudearán al dirigirse a él, en un inglés macarrónico. Se harán fotos todos juntos.
Supongo que llegará en avión a Madrid, y luego le trasladarán en tren o en coche privado a León. No podrá evitar la visión de esos paisajes hoscos de las entradas a ciertas ciudades españolas, con sus letreros lamentables, su feísmo en barbecho, sus casas al borde de las autopistas y vías del tren, tan deprimentes. Ni postpoéticas, ni arrealistas, deprimentes.

¿No sentirá Auster una melancolía sin parangón en un día cómo ese? ¿Sentirá que se ha equivocado al aceptar ese premio, y que debería haberse quedado en su casa, en el incestuoso ejercicio de escuchar los discos de su hermosa hija Sophie?

Lo cierto es que ni Auster ni nadie está libre de sufrir una implacable melancolía, cosa que no sé si reconforta o todo lo contrario. Poniéndome en su pellejo, no es descabellado que quiera pensar que ese día, 28 de diciembre en León, con un frío de mil demonios, no ha sido más que una broma pesada.

Le quedará el consuelo, como a todo escritor, que al menos podrá sacar algo en términos literarios en el futuro, de aquel extraño día.


10.12.09

Praga suar y Josef Sudek

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No era el puente de Carlos, en Praga, sino otro, más discreto, que conduce desde el imponente pero acogedor Café Savoy hasta el Teatro Nacional (de kafkianas reminiscencias) cuando le hablé a Bro, de Josef Sudek. El fotógrafo Josef Sudek, cuyas obras pude ver hace unos meses en el madrileño CBA. El fotógrafo Sudek, que perdió el brazo derecho en la Primera guerra mundial y que adquirió su maestría con la izquierda, dotando de un cierto deje, un deje zurdo, a sus fotos, según me matizó Bro.

Me acordé de ciertas fotos de Sudek en el CBA, fotos de la zona por la que andábamos. El río Moldava y sus accesorios, una isleta por aquí, un bosquecillo por allá. No he encontrado en internet la foto que tengo en mente. No era una foto especial, era bonita, pero me llamó la atención que era una foto nocturna, como muchas suyas, pero fijaba la hora: Praga, seis de la tarde. Algo así.

Me pareció poética la noche cuando es de noche a las seis de la tarde. Un fenómeno habitual en el otoño/invierno, pero que no deja de tener su magia. Aquella foto, con la precisión temporal, horaria, convertía la noche en otra noche. En esa tarde/noche que no tiene una palabra precisa en español, y que por aquí llamamos suar (del francés soir).

Y es que en la República Checa saben mucho de tardes/noches. Al llegar de nuevo a Madrid me sentí casi en primavera, al notar ese luzarrón de las cinco de la tarde. Debo reconocer que me sobresalté, hasta pensar en algún tipo de conspiración judeo-relojífera, en Malá Strana, cuando vi que mis manecillas marcaban las 16.52 y era noche cerrada. "Las 16, las cuatro, no puede ser noche", pensé, asustado. Al día siguiente, por el elegante barrio judío, me fijé que a las 16.24 ya era todo noche, y el fantasma de Sudek podía salir a fotografíar esa negrura de ala de murciélago.

Siempre queremos, o casi siempre, ansiamos lo que no tenemos. Y ahora me he encaprichado con esa vida dual, bicolor, blanquinegra como una nocilla ídem de las largas tardenoches praguesas. Una oscuridad que, por suerte, es finita, y que se disipa con la primavera. Hay algo en esas noches interminables, que comienzan tan pronto, que nos hacen vivir el tiempo más despacio. La noche es un tiempo congelado, más denso, interior.

Me pareció vulgar y excesiva la luz que recibí al volver a España. Supongo que, también, si viviera en Praga, estaría hasta las cejas de toda esa noche/suar de la que Sudek, Josef, se preocupó de codificar sus variables. No puedo asegurarlo. Lo que sí aseguro es que no es lo mismo la noche de las seis de la tarde, que la de las cuatro de la mañana, aunque sobre el negativo aparezcan idénticamente iguales.
En fin, fascinantes obviedades no tan obvias.

9.12.09

Hiperlocal, arrealismo

El gran Molusco me manda un mail así titulado 'Hiperlocal' y el siguiente enlace a la noticia. Dice esto en el cuerpo del texto:

ya te han robado el hiperlocalismo. Haz algo antes de que te quiten el arrealismo!!

Pronto el arrealismo será un concepto en boca de todos y vanos y ridículos mis intentos por reclamar mi paternidad. Tengo que hacer algo. 

Cierro este nanopost con el último sencillo de Battiato, Inneres Auge. Nuevo disco de Battiato, a quien me gustaria proponer como co-autor del manifiesto arrealista, un manifiesto para el que las mentes del siglo XXI aún no estamos preparados:

Ay, Praga, Praga, Praga

Acotar

A raíz del post anterior, sobre aquello del viaje como acotación temporal de la vida, como relato corto dentro del relato largo ("cada uno lleva consigo, a cuestas, su propia novela", creo que dijo Galdós), he pedaleado algo sobre el concepto de acotar.

Acotar, poner coto a algo, delimitarlo, ubicarlo en lugar, en un tiempo, en un continente, en una forma, en unos procesos. Sin darnos cuenta, estamos todo el día acotando. Los artistas son los primeros que hacen de este concepto, el acotar, su principal recurso. Toman un fragmento de la realidad y lo enmarcan/acotan: esto es arte, te dicen. Y nosotros les agradecemos ese esfuerzo, aunque sea un mero atardecer cobrizo sobre el monasterio de los Jerónimos de Madrid. Hay arte ahí, y el paseante atento lo descubre, pero se agradece cuando ese arte, esa belleza, ha sido previamente acotada por alguien y colocado en un contexto, sala de exposición, otra acotación del arte, adecuado.

Acotar también es domesticar nuestras fuerzas, y ponerlas en un plato bonito. El escritor acota su pensamiento en la hoja de papel, en la pantalla del post, en el artículo del periódico. El hombre acota la proyección de su amor infinito en unas personas concretas, y no en todas. También acota su capacidad de hacer mal en tal guerra, tal atentado, tal crimen. Da forma y cultura al acto de hacer daño, delimita su crueldad.

También podemos acotar cosas que no surgen de nosotros, y aprovechar esa fuerza para nuestro beneficio. Acotar la fertilidad de la tierra en huertas: y aprovechar sus frutos. Acotar la fuerza del agua y crear energía hidráulica, acotar la fuerza del viento con torres eólicas, y así.

Hasta el flan que nos sirven en el menú del día llega a nosotros tras un complejo proceso de acotaciones adicionadas una sobre la otra. La fuerza láctea de las ubres de la vaca, la fuerza ponedora de la gallina, la fuerza dulcificadora del azúcar. Todo eso en un continente plástico que acoge a las mil maravillas ese contenido trémulo que se nos muestra hierático, respetable, cargado de presencia, bajo los límites del envase acotador.

El trabajo, si es digno, es otra sana forma de acotación, necesaria para no caer en la locura, en una muerte lenta. "Todo el que no está naciendo está muriendo", dijo Bob Dylan. Acotemos nuestras fuerzas, démosle la mejor forma posible, como el bailarín transforma la fuerza en gracia, y todo irá mejor.


Objetos acotados

8.12.09

Libros de viaje

No me refiero a la literatura de viajes, a Los anillos de Saturno de W.G. Sebald, ni a La isla de Juan Fernández, de MSO. Tampoco a Atrapados en el paraíso, de Patxi Irurzun, ni a Habana 2009, título provisional, que estoy escribiendo. Me refiero a los libros que uno lee cuando está de viaje.

Los libros que uno lee cuando está de viaje son libros que te apartan del viaje. Son viajes dentro del viaje, un doble viaje, y eso es un doble placer. No así la doble ficción, esto es, cuando un amigo te cuenta un sueño (relato ficticio de otro relato) o cuando en una novela (ficción) te cuentan una peli (ficción), cosa cansina ésta hasta el extremo.

Hay que leer durante los viajes, aunque sean cuatro páginas al día. La lectura durante el viaje te separa, un rato, del viaje. Olvidas que estás en tal sitio y cuando cierras el libro, recuerdas que estás en tal sitio. El viaje es acotación del tiempo, de la vida, un paréntesis sagrado en unas coordenadas espacio-temporales determinadas; un viaje es como una novela, un relato, una ficción. Tiene principio y final, tiene un escenario, unos personajes. Tiene complicaciones, sorpresas, puntos de giro, grados de intensidad. Un libro, lo mismo. Leer es viajar, viajar es escribir la propia vida (para luego leerla). Por eso, leer durante el viaje es una experiencia muy interesante.

En estos recientes días en Praga leí Invisible de Paul Auster. Me metí un rato en un bar, alejado un rato de mi familia viajera, pagué 33 eslotis checos (euro y poco) por una pinta de cerveza y me puse a leer esas guarradas austerianas de Adam Walker tirándose a su hermana Gwyn Walker, en 1967. Otra vez que estuve en Praga, leí Mis amigos, de Emmanuel Bove, ese Walser afrancesado. En Bruselas, La última estación, de Jay Parini, sobre los últimos días de Lev Tolstoi, huyendo de su histérica esposa y abrazando la austeridad en la cabañuela de Astopovo, Rusia. En Croacia me metí en el mundo sobrio, tenue, triste, robinsoniano, de Coetzee en Vida y época de Michael K. Otro día, en un camarote de barco mediterráneo, leí Insomnio de Fernando Chivite. En el París de mis veinte años, leí París era una fiesta, de Hem, y L'étranger, de Camus.

Los libros, como complementos a la vida, al viaje de la vida. Para eso están.

3.12.09

Publipost: Pagos de Araiz

Hace unas semanas recibí un mail de tipo publicitario de las bodegas navarras Pagos de Aráiz, enclavadas en la capital del vino foral, Olite. Acepté esa pequeña intromisión en la privacidad de mi inbox a cambio de que me enviaran una muestra de ese vino. Como el pacto me parecía excesivo a mi favor, les prometí un breve comentario en mi blog y aquí estoy. Día de Navarra, hablando de un buen vino navarro, Pagos de Araiz, qué nivel.

Recibí el caldo en cuestión perfectamente embalado en mi casa de Madrid, un Pagos de Araiz 2006, nuevo vino 'singular'. Aprovechando que el fin de semana me iba a un pueblo de Extremadura con unos amigos, me lo llevé conmigo. El sábado-suar, es decir, en esa hora algo nostálgica, porque sabe algo a domingo, de las ocho/nueve de la tarde, preparamos una barbacoa casera y rural, en chimenea: panceta, costillas de cerdo y alguna que otra carnaza. Descorchamos antes la botella de Pagos de Araiz 2006, tinto, de cuya etiqueta leí antes lo siguiente:

En cata, Pagos de Araiz 2006, se muestra como un vino aromático, elegante, de caractar sedoso y aterciopelado y redondo en el paladar.



Lo corroboramos. Aquel vino se bebía sólo. Tenía presencia, pero no era pesado; tenía sabor, pero no era dulzón, quizá un lejanísimo recuerdo a mantequilla, quizá una remotísima evocación a bayas. En general, una armonía de sensaciones. Tanto como "elegante" no sé, pero lo que sí me pareció fue un vino que se podía beber solo. No me refiero a beber en soledad, el vino sabe mejor en compañía, sino a que su consumo no urgía a acompañarlo de viandas varias para darle sentido. Se podría uno arreglar la botella entera sin darse cuenta. No pasa eso con cualquier vino, ni con muchos de supuesta solera.

Ah, y lo de "sedoso y aterciopelado", ya digo, no me pareció ninguna hipérbole del catador. Si tengo un baremo básico para medir la calidad del vino, dentro de mis rudimentarios conocimientos sobre el tema, es que no rasque gargantas. Quizá no fuera un vino complejo, eso sí, pero tampoco estaba exento de matices. Un vino agradecido, también, con el que acertar como anfitrión en una reunión de paladares heterogéneos.

Leo que esta joven bodega, que empezó con sus cultivos en 2000, practica lo que ellos llaman "enología del siglo XXI", con tecnología puntera al servicio del vino. Tecnología capaz de desarrollar, ojo al hermoso palabro, bazuqueadores automáticos, amén de otros muchos adelantos como, atención, "depósitos en acero inoxidable autovaciantes de doble compartimento dotados de bombas de remontado continuo y camisas refrigerantes". 

Leo también que practican la dendrometría, una disciplina de última generación para conocer el estado de la viña a partir de tres variables: la planta, el clima y el suelo.

Veo en cualquier caso, un talante moderno a la hora de hacer vino que luego se nota en el paladar.

Esperaba que el vino me gustara porque poner a caldo un ídem que amablemente te han obsequiado; por suerte, no ha tenido que ser así. Lo recomiendo vivamente.


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Más información:

http://www.bodegaspagosdearaiz.com/
info@bodegaspagosdearaiz.com

Tfno: 948 399 182
Fax: 948 399 192

2.12.09

Carta de un usuario (por Navidad) a los medios digitales

Quedan aún más de tres semanas para, voy a  usar un tópico ahora que dicen mucho los futbolistas y los periodistas de medios con pocos medios, medios de pueblo, ahí va el tópico: que nos comamos el turrón. Tres semanas para las Navidad, vamos. Puede parecer pronto para que envíe esta carta eleztrónica, aunque lo cierto es que la configuración de los calendarios navideños, con sus libranzas y demás, se está haciendo ahora si es que no se ha hecho ya.

A los medios digitales, excepto El País, El Mundo y rtve.es/noticias, a todos esos medios digitales que están en la batalla pero no precisament en el frente, sino en posiciones de considerable retaguardia en términos de clicks (factual.eslainformacion.com, adn.es, elimparcial.es, publico.es, larazon.esabc.es, eleconomista.es, ecodiario.es, elplural.es, libertaddigital.com, etc.) les diría yo hagan lo mismo que va a hacer la Universidad Complutense de Madrid:

CERRAR POR VACACIONES

En el caso de la Universidad, lo hacen por ahorro energético y, por tanto, económico. Las facturas, que ascienden a millones de euros, no las sufraga el Estado, y la ciudad universitaria complutense es más grande, al menos en extensión, que toda Ciudad Real, digo yo a ojo. Mantener todo eso en ON es un gasto ingente, y hacerlo en Navidad, tiempo en la que tan solo acuden cuatro empollones a la biblioteca, un gasto quizá absurdo. Universidad sostenible, ea!

En el caso de los medios, el gasto es humano. No digo que cierren sus ediciones digitales del 24 al 6, no, en términos publicitarios sería un suicidio, pero cierren los días 25 y 26, 1 y 6 de enero, por ejemplo. Los usuarios, los lectores habituales de esos diarios lo comprenderemos. No pasaría nada. Ya tenemos mil y una maneras de acceder a una información que, por otra parte, en Navidad quizá nos interese menos que en otros días del año. No castiguen a sus precarios trabajadores con la obligación de quedarse de guardia en Nochebuena o Navidad para subir la noticia de la muerte de tal poeta checo. Ya está la web del ente público, rtve.es/noticias, y bueno, en último extremo, las cabeceras de los diarios más importantes del país, en los que depositamos, con toda paz, ese marrón de la constante información, para suministrar esa información que parece siempre tan urgente.

Señores directores de los diarios.com, sean buenos y no amarguen las Navidades a esos pobres plumillas tecnológicos, que la comunidad lectora no les guardará rencor. No les impidan volver a casa por Navidad, no sean crueles. Ya harán el cortaypega otros; bastaría, ya digo, con que lo hiciera el portal del Estado, que para eso lo pagamos. Si ese día les da por manipular, pues tampoco pasa nada, ya nos desmanipularemos al día siguiente con el resto de corta y pegas de la Agencia Efe que nos ofrezca todo el abanico digital español.

Felices fiestas


Bob Dylan se pasa al villancico en 2009

1.12.09

Pintores y escritores y un cierto hartazgo

No digo que sea más fácil tender a ser Velázquez que Cervantes, pero a lo mejor sí. Creo que fue Antonio Orejudo el que hablaba de "la épica del escritor", ese tío que se levanta y que, en pijama mismo, se sienta a la mesa y se pone a emborronar páginas. A veces, con el apoyo de alguien que quiere que le entregue ese trabajo, para darle una forma, para colocarlo; otras veces, como el Bukowski que vimos en Factotum, lo hará a ciegas, a tumba abierta. Se pone a emborronar páginas porque cree que es lo que debe hacer, porque siente que haciendo otras cosas está perdiendo el tiempo, no está en su sitio. Su sitio es ese, su escritorio, un día nublado de otoño, de invierno, en pijama, legañoso, con el pelo quizá graso, al margen de todo, de todos, menos de los márgenes de su página.

El día que entrevisté a Eduardo Arroyo, me confesó que lo de pintar no era tampoco ninguna tontería. Que era un oficio sufrido, "desazonador". No sé por qué, le entendí perfectamente. Ya podía estar uno de farra el día anterior, que a las siete de la mañana se ponía frente al caballete. Y esa es otra épica, la del tío, también en pijama o en los amplios gayumbos que usaba Picasso para pintar El Guernica, solo en su casa, en su estudio, al margen de todo, de todos, menos de los límites de su lienzo.

Sin embargo, parece como que al pintor se le entiende más, se le perdona más. "Está pintando". "Ah". Es como si el pintar, por el hecho de ser más físico, más tangible, más material, pareciera más oficio, más con fundamento, menos secreto, menos pufo, que lo de escribir. El artista tiene ya el beneplácito social, el artista está con sus lienzos, sus exposiciones o no, sus óleos y sus trementinas. El escritor, con su teclado, está más desamparado. El escritor, cuando pinta, lo hace para descansar. Como aquella anécdota que se cuenta de que un día vieron a Valle-Inclán, en el campo, con una azada. "Qué, don Ramon, ¿trabajando?". "¡Qué va! ¡Descansando!". Lo decía Pedro Juan en la entrevista que colgué el otro día. Escribir es algo cerebral, escribir cansa. La pintura es otra cosa, al menos para él. La mente fluye, vuela, se destensa, se desovilla.


Matt Dillon como Charles Bukowski en Factotum

Al escritor que escribe, porque eso es lo que tiene que hacer el escritor y no gaitas varias, se le mira raro. Acecha sobre él la sombra del ocioso, del parásito, de vividor del cuento, del jetas, del inadaptado. Él, el escritor, está feliz con su épica pijamil. Es lo que ha elegido, ve pasar sus jornadas a menudo tremendamente monótonas, con miles de pequeños matices que quizá sólo aprecia él, y sabe que eso, a la larga, es una losa. Pero eso es lo que ha elegido porque, cuando tiene algo que escribir, sabe que lo que tiene que hacer es escribirlo y no andar por ahí haciendo el pajas, aunque esté mejor visto. No siempre tendrá el escritor algo de lo que escribir. Porque un escritor no debe ser alguien que se fuerza a escribir, sino alguien que está forzado a escribir.

Ese escritor elige ese camino algo tortuoso, pero con la dicha, ya digo, de que es el suyo, al menos por un tiempo, y a sabiendas de que le tocará alguna que otra penalidad. De entrada, ese silencioso (o no tanto) desprecio social. Después, la miserable remuneración de esa actividad, triste vocación la suya que rara vez se paga bien. Extraña vocación que no cotiza en la Seguridad Social y para la que apenas el Estado o las instituciones privadas ofrecen becas. Sí, en cambio, para el pintor, para el creador audiovisual, para el teatrero, para el empresario de lo que sea.

El escritor, que escribe sin encargo, sin amparo editorial de ningún tipo, sólo movido por una extraña fe que mueve montañas, acepta su derrotero sin dramatismos ni alharacas. Ya entrará en el sistema cuando toque, no se preocupen. Quizá cuando no le quede otra, cuando asuma que aquella carrera no estaba hecha para él. Lo acepta, ya digo, pero a veces no puede evitar que se le hinchen, puntualmente, sus literarios cojoncillos.
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