Antes de ponerme con reflexiones de corte más o menos sesudo o sentimental, me ha apetecido colgar una pequeña croniquilla del acto de esta mañana de miércoles en la Academia de Cine de Madrid. ¿El motivo? La presentación del libro (libraco) que conmemora los 25 años del estreno de
Tasio, quizá la mejor película navarra de todos los tiempos (subvencionada eso sí, por el Gobierno vasco). Quizá por ese 'no estar' de Navarra en esa producción, vengan ahora estos ricos fastos que hacen justicia a esta hermosa peli (que acabo de ver íntegra, por primera vez). Sea por lo que sea, el reconocimiento me parece justo y necesario.
Lanzaré a continuación dos aplausos. El primero, a los responsables del libro/libraco, que es donde
entra Navarra, vía Consejería de Cultura y Institución Príncipe de Viana. Hay, o eso parece, al menos en el ámbito audiovisual, un intento de ponerse las pilas, que ya era hora, con organismos como la recién creada Navarra Film Comission. Porque como ha dicho el consejero
Corpas, Navarra fue una tierra machacada a principios de siglo, escenario de mil y una guerras que frenaron desarrollos varios (industrial, comercial, económico en general, y por tanto,
cultural). Pero de eso se pasó, como ha apuntado Corpas, a la siguiente situación: "La comunidad más próspera y moderna de España". Datos que no se corresponden, opino, con un paralelismo cultural que vaya a la par de esa prosperidad de la que tan orgullosos nos sentimos. Como muestra, la
MANI-FIESTA-ACCIÓN del otro día por las calles de Pamplona, en ese cruzada en la que deberíamos estar todos para que la P de Pamplona nos nos parezca tantas veces una R. O el cachondeíto reinante sobre lo de Pamplona Capital Cultural en 2016, según hoy me han comentado. ¿
Pensamiento y
navarro? Pues eso.
Aplaudo, pues, desde este pequeño islote autofinanciado, a los autores de esa monumental obra editorial que descansa en mi poder y que no sólo incluye el cedé con la peli, sino el guión literario, el guión gráfica, la foto fija y un montón de detallitos curiosos como las fichas de rodaje, críticas de la época y hasta facturas.
El segundo aplauso es para la Delegación del Gobierno de Navarra en Madrid, con
Salvador Estébanez a la cabeza, por estar creando una suerte de comunidad de navarros en Madrid, con posibilidad de interacción. No veo nada de nacionalismo, terruñismo ni aldeanada rancia en todo ello. Tener un origen implica unas vinculaciones (afectivas, personales, profesionales, familiares) con unas gentes varias: fomentar el encuentro entre ellas me parece algo fantástico. Porque
Tasio será todo lo historia universal que se quiera, pero uno se emociona más al ver la peli si es de la zona, que otro que no. Cosas de los afectos, las cercanías, nuestros abuelos del pueblo, qué queréis. Pequeñas grandes cosas. Eso no es nacionalismo, regionalismo, ni aldeanada ni mucho menos. Son raíces.
Neorrealismo italiano a la navarra
Y vamos con la crónica, que me estoy poniendo como muy estupendo. ¿Quién acudió a los 25 años de
Tasio? Por supuesto, el padre de la criatura,
Montxo Armendariz, del que todos coincidimos en que era el único que no había cambiado desde entonces. Como si se hubiera congelado en el tiempo: un pelo mucho más cano, pero el resto casi igual. También
José Mari Asin, al que no he podido evitar hacer una alusión al pelo que lucía en la película, y que ya no. Ha cambiado, pero desde que lo conozco sigue igual. Lo conocí, precisamente, hace diez años cuando le hice una entrevista para el profesor
Carlos Bassas, que también estaba allí y que ha acudido en su condición de coordinador del volumen.
Imposible no fijarse en ese aventurero foral de formidables hechuras,
Telmo Aldaz, que con ese nombre no podía ser otra cosa que aventurero. Si te llamas Saturnino Garcioscoz estás abocado a ser bibliotecario, pero Telmo Aldaz, no. Estaba el escritor
Julio Llamazares, o uno que se le parecía mucho, aunque creo que debe de haber muchas afinidadas entre Armendariz y Llamazares. No he leído
La lluvia amarilla pero intuyo y mucho que a Armendariz le gustó bastante ese libro.
También vimos a los actores
Juan Diego Botto y
Álvaro de Luna, y algún otro cuyo nombre desconozco, y a
Koldo Lasa, capitán de la Navarra Film Comission y que en
Tasio hizo de regidor. Y a
José Luis López-Linares, el foto-fija, al que en su día apodaron
López-Li, por sus trucos chinos antes de apretar el disparador.
Estaba
Susana Serrano, del ICAA, que disfrutó con unos pimientos del piquillo que le evocaron su Navarra natal, el alto cineasta
Félix Viscarret, el guionista
Natxo López, que trabaja en el próximo Falcon Crest a la española,
Gran Reserva (TVE) y
Nacho Manubens, instalado ya en Madrid dispuesto a matar algún que otro ninja. Y muchos más que me dejo.
Una feliz mañana de navarros universales en Madrid, como se puede ver. No faltaron los espárragos.
Cojonudos.
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*Me olvidé del escritor y periodista
Manuel Hidalgo. También vino Manuel Hidalgo.
**Joer, y
Elías Querejeta, claro. ¡Qué mal!