31.8.09

El silencio visitante

Acabo de ver en el periódico una foto de Soldado, conocido en Pamplona como gudari, tras su paso por Osasuna. Se ve que le marcó tres goles al Rácing en su estadio, en el estadio de ellos (¿¡quién inventó el maldito su, tan malditamente equívoco?!), el Sardinero de Santander. Lo celebra el tipo sin disimulo, haciendo el avioncito, y si pica que se rasquen: tres roscos y a joderse.

Las primeras veces que fui a un estadio de fútbol, al Sadar de entonces, de pequeño, me llamó la atención el fenómeno de los goles visitantes. Frente al estruendo, griterío, profusión de abrazos y de euforias multicolores del gol local, los tantos visitantes pasaban como veloz pelotón ciclista. ¿Ya? Lo malo del directo es que no hay repetición y toda esa poesía del gol sobre la que se podrían escribir muchas valdanadas no dura un segundo.

El gol visitante es un jarro de agua fría, por usar el tópico, y como todas las cosas que joden más o menos, se acoge con un silencio nada teatrero. Que te deje tu novia, que te despidan, que se muera tu tía, que te cojas tal enfermedad rara... El silencio suele acompañar a esos amargos trances, un silencio que recuerda al silencio de los estadios vacios cuando el equipo visitante llega y hace lo que no estaba en el guión: amargar la tarde con un gol.

Se hace extraña esa alegría, esas piñas que forman los jugadores, entre las caras largas de los miles de seguidores del equipo local, que digieren en silencio esa representación del mal en forma de gol que se les acaba de colar por la escuadra.

28.8.09

Llegó

El final del verano, claro. Y tú partirás. Pues no lo sé. Hoy me ha venido esa mini depre estacionaria del final del verano, esas pocas ganas de enfrentarse a un septiembre que es siempre venirse a menos, tantos septiembres con su pequeña dosis de desasosiego, de vuelta a empezar unos cursos con matrícula un poco por los aires.

De pequeños, septiembre venía a nosotros, no teníamos que hacer nada, ir a por los libros de texto un día de finales de agosto y esperar que el sistema educativo lo hiciera todo por nosotros. Recuerdo ese día de ir a recoger los libros: mero entrar y salir del cole a toda prisa, no fuera que alguien nos retuviera. Primer aviso de que se acababa lo bueno. También, unas tibias e inconfesables ganas de enfrentarse a esos nuevos libros que daban su poco de miedo, sobre todo los de matemáticas.

Las noches ya no eran tan largas en aquellos finales de verano y el monte San Cristóbal y otros cuyo nombre nunca supe se oscurecían antes. Sabía que el verano tocaba a su fin por el sonido de los txistus que, religiosamente, anunciaban el fin del jolgorio desde su escenarillo del paseo Sarasate, a los pies de la estatua de los Fueros, y que llegaban hasta mi ventana.

Entonces uno se guiaba aún un poco por ciertas referencias. El montaje de la Tómbola indicaba que venía ese tiempo feliz de comuniones y luego vacaciones. Los txistus, en cambio, con su melancolía y toniquete machacón, nos anunciaban todo lo contrario: lluvias, uniforme, libros de texto, madrugones con cielo cárdeno o negro total, castañas y días repetidos.

Daban ganas de rebelarse contra ese txistu que presagiaba el orden y rutina venideros, pero ya sabíamos que era imposible y, al fin y al cabo, sólo era melancolía, y pasajera.

--
Dedicado a Miguel Sánchez-Ostiz.
--

27.8.09

Taxismo

Dice JJ Millás en Los objetos nos llaman que suele aprovechar sus viajes en transporte público para sus historias. Pienso que quizá el taxi, en un país como España, y para la gran clase media, se ha convertido en el último reducto de transacción humana entre desconocidos. La configuración espacial del taxi, un cubículo en el que el silencio parece hacer ruido, y el tiempo limitado del contacto, parecen propiciar esa charleta entre desconocidos que, opino, parece estar, desgraciadamente, en vías de extinción, y esto es carne para otro post.

Ayer me monté en uno, y aprendí algo de esa ciencia urbana que podríamos denominar Taxismo. Y ahora voy a soltar, así en bruto, las cosas que aprendí. Para empezar, muchos de los conductores no son dueños del vehículo, sino que lo alquilan a un empresario forradete dueño de una pequeña flotilla. El empresario forradete se lleva el 55% de la recaudación, paga la gasolina, pone el coche, paga las averías, y el taxista se lleva el 45%, entiendo que íntegros.

El carné de licencia, ese que suele descansar en el salpicadero, indica el tipo de contrato del taxi. Si el plastiquito es verde, es que es alquilado: el conductor conduce para el empresario. Si es azul, el propio taxista es dueño del vehículo.

El taxista, o al menos el que me llevó anoche, trabaja doce horas, de siete de la tarde a siete de la mañana. Ayer se apostó frente a un bingo, como suele hacer, para pillar a las jugadoras: "La mayoría son mujeres, cómo les va el juego. El problema es que son carreras cortas". Me comentó que llevaba una hora sin moverse, sin un solo cliente en kilómetros a la redonda, hacia las 2am en Manuel Becerra. El golpe de gracia es el cliente de Móstoles o cualquier otra ciudad de la periferia. Hay noches aciagas que se recaudan veinte escasos euros.


(Foto: Flickr)

Las letras. Cada taxi lleva uno en la parte trasera. L, M, X, J, V. Son los días que les corresponde librar, aparte del del fin de semana. Si un taxi trabaja en el día en que le toca librar, le puede caer multazo de 3.000 euros. Y los taxistas, por aquello de preservar sus habichuelas, no se cortan a la hora de denunciar esa trampilla de sus colegas.

El número de la licencia. 13.880. Si acaba en par, librarán el día del fin de semana que acaba en impar.

Skodas. La mayoría de los taxis en Madrid son Skoda. Basta pararse en un semáforo y fijarse: monotonía taxística que ni en Corea del Norte. Se ve que son fuertes, resistentes, baratos, me comenta el taxista.

Por último, el tema del taxímetro. Atascados en Gran Vía, comprobé que el cacharrito no paraba de avanzar, contraviniendo mi creencia de que era el movimiento el que movía los dígitos. Pues no; cuando el taxi se para, el taxímetro cobra por tiempo, y un pilotito con forma de reloj lo certifica. Cuando el coche se mueve, se cobra por movimiento, y el pilotito del reloj desaparece.

¿A qué viene este atasco, 2am más que pasadas, en plena Gran Vía y en pleno finales de agosto? "Cuando llegue a diez euros me bajo". "Pues aquí estamos". "Muchas gracias y que vaya bien la noche".

26.8.09

Jama y libertad

Me entero de que este miércoles 26 de agosto se lanza la campaña 'Jama y libertad', en protesta por la encarcelación del cubano Juan Carlos González Marco, alias Pánfilo, en La Habana. Su delito, pedir comida, jama, desorden público que le ha costado dos años en chirona.

Más información aquí, aquí y aquí. En este enlace, pueden ver el vídeo que le costó a Pánfilo su ingreso en prisión.

A sugerencia del Tinglado, el náuGrafo también se una a la campaña 'Jama y libertad'.

Cierto pensamiento de derechas

A veces, en verano, compro y leo el ABC, por ser periódico más cómodo que otros (qué imposible de leer y absurdo en su asabamiento anacrónico es The Herald Tribune!). A veces digo: coño, este periódico es sensato, presenta las informaciones con orden, jerarquía y hace un esfuerzo de imaginación al presentar, en las primeras páginas, un relato de la información atractivo, con fotos, destacados, recuadritos y pildoritas con jugo. Enfoque llaman a esa sección.

En una de esas páginas, encontré y recorté un recuadrito que sintetiza cierto pensamiento de derechas que hace que me quite de comprar ABC y diarios similares el resto del año. Es sólo una pildorita, pero una pildorita editorial, que irrita en cuanto que recuerda a cierto pensamiento de derechas que escuece los espíritus. Habla ese trocito de periódico de la decisión de Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad, de hacer efectiva la Ley Antitabaco y prohibir fumar en todos los lugares públicos:

"La sociedad está madura para prohibir fumar en todos los lugares públicos", dice Jiménez.

Ante la falta de argumentos para una decisión que no gusta, se tira de la jeremiada, un recurso habitual en cierto pensamiento de derechas ("Se rompe España") y reproduzco del textito:

"...ya hay quien alerta de los serios perjuicios que sufrirán bares, restaurantes y locales de ocio nocturno e, incluso, pronostican problemas de orden público cuando cientos de personas, por ejemplo, tengan que salir de una discoteca a fumar a la calle. Es el peligro de las regulaciones excesivas y de las legislaciones extremas propias de este Gobierno, empeñado en no distinguir entre el respeto al no fumador y la persecución al fumador".

Es llamativa esta actitud de cierto pensamiento de derechas para relativizar y desprestigiar las leyes. Como su defensa sentimental e irracional del crucifijo en los centros educativos públicos (y laicos) o su pataleta contra una asignatura, EpC, que al menos en el manual de José Antonio Marina es la cosa más digna y saludable en términos morales que alguien se pueda echar a la cara.

Por suerte, este tipo de pensamiento, como ciertos animales prehistóricos, se extinguirá.

17.8.09

Conversaciones de carreteras

El otro día asistí, en calidad de oyente, a una Conferencia sobre la situación de las carreteras madrileñas, en la piscina del Canal de Isabel II. Los ponentes, con los torsos descubiertos, el tupper ware con la tortilla de patatas y sus refrescos veraniegos, ofrecieron una magnífica exposición de tan apasionante tema. Sin otro quehacer más que el de escuchar, puesto que leer novelas y comer a la vez es harto jodido, decidí escuchar, convertirme en oyente de esa animada charleta tocante a las infraestructuras.

Concluí entonces que hablar de carreteras es muy madrileño, y que algún día me animaré definir a esa cosa humana llamada 'el/la madrileño/a', y que se caracteriza, entre otras cosas, por ser capaz de hablar de carreteras durante horas. Y encontrar réplicas entre los interlocutores, ojo.

Ya hemos dicho más de una vez por aquí que, según González Ruano, el verano es la estación disociativa y el otoño la asociativa, ideal para escribir. Estoy de acuerdo: en verano la mente también pide su derecho a irse de vacaciones, y cualquier intento de juntar a unas cuantas neuronas para que produzcan una idea es poco menos que baldío.

Sin embargo, llega un momento que necesitamos asociar como el comer: o nos volvemos locos. Tal cual. Y bueno, hay ratos del día en que los seres humanos, madrileños o extremeños, necesitan ponerse un poco a asociar cosas, para salir de ese estado caótico que es el mundo si no se le da un poco de orden.

Entonces, es cuando surge la famosa conversación sobre las carreteras: que si está fatal el tramo de Mejorada con Algete, que por Colmenar Viejo es más rápido ir los domingos, para acceder a Peñalara y luego al desvío que hay que coger para ir a Pedriza, que ahora lo están acondicionando porque ha estado años que daba vergüenza solo de verlo, y es que ya era hora, y yo siempre que paso lo digo, pero vamos, peor está la circunvalación de Los Molinos, que parece aquello el Circuito del Jarama, y tú, Jaime, deberías tomar la radial para ir a ver a tu madre, que pareces tonto, quesque se llega mucho antes.

(Foto: Flickr)

Supongo que el conocimiento de algo tan abstracto, enjambroso y de nulo interés para este náuGrafo como el mapa de las carreteras de tu comunidad aporta algún tipo de beneficio o calma o atávica seguridad. ¿Por qué hablar de carreteras y no de exposiciones pictóricas? Ah, yo que sé. Pero lo que parece lógico es que hay una necesidad de aprehender toda esa información viaria, y que a mí me fascina y que no logro entender bien.

Decía Kafka que un escritor que no escribe es un monstruo merodeando la locura. Quizá un madrileño que no habla de carreteras sea un terrorista suicida en potencia, un maltratador de mujeres en potencia, un estafador piramidal en potencia o algo peor en potencia. Asi que, si se ven metidos en una conversación de ese tipo, les recomiendo que les sigan el rollo y hasta aporten algún dato.

-"Hay que ver qué mal está la entrada por Delicias".

- - - -

AVISO: ESTE BLOG CERRARÁ POR VACACIONES DISOCIATIVAS HASTA UNA FECHA IMPRECISA DE FINALES DE AGOSTO.
PARA EVITAR SORPRESAS DESAGRADABLES, SE HABILITA LA MODERACIÓN DE COMENTARIOS HASTA ENTONCES.
DISCULPEN LAS MOLESTIAS,
el náuG.

13.8.09

Nubes jodepiscinas

Esta tarde de agosto he experimentado ese chasco infantil de comprobar que las nubes se apoderaban del cielo y se jodió lo que se dio. En caso de pagar entrada, como me ha ocurrido, opino (el PPC está planteando elaborar un informe al respezto), los clubes de ocio y asueto públicos deberían devolver parte de la misma, al no haberse podido disfrutar de la tarde de sol y piscina por la que se pagó.

A veces, en verano, en ese agosto que era ya un asentarse en la rutina de unas vacaciones escolares que parecía no terminarían nunca, el día se daba por terminado prematuramente. Llegaban unas nubes con mal aspecto, y al poco les seguían otras, hasta formar una mara violenta y malencarada dispuesta a amargar por unas horas la felicidad infantil.

No sabía muy bien uno qué hacer entonces; se metían las ropas en esa mochila con tufillo a bocadillo recalentado y entonces había que recomponer todo un poco. En pocos minutos, las instalaciones piscineras se habían vaciado, y sólo quedaban algunos chavales sueltos haciendo el gamberro. Parecía un tímido simulacro del fin del mundo, de ese fin del mundo que retrata Cormac McCarthy en La carretera. Era toda una experiencia bañarse en las piscinas vacías, de un azul triste como el del cielo, pero de una calma acojonante y mística.

Y si se ponía a llover, tenía su gracia también meterse en la piscina y tentar a los rayos: la perspectiva de que uno cayera y electrocutara a los bañistas era muy excitante. Mojarse con el agua aséptica de la piscina y con el agua real del exterior nos gustaba. Soplaba al salir un vientecillo tibio que ponía las tetillas duras como puntas de peonza.

Con el pelo doblemente mojado, usábamos nuestras monedas para comprarnos un pastelito o un SuperChoc y hacíamos el gamba hasta cansarnos de una felicidad que ninguna nube conseguía nublar.

11.8.09

Hace diez años que no fue el fin del mundo

Me acabo de acordar. La siniestra fecha se había fijado, o al menos así lo proclamaba el modisto metido a visionario Francisco Rabanera, más conocido como Paco Rabanne, para el 11 de agosto de 1999. Hace diez años (diez años un día si lee Vd. esto mañana, diez años y dos días si al siguiente, y así sucesivamente).

Me enteré de la noticia en julio, en un El País que me salió a doblón, tomando un café que me salió a tres cuartos de lo mismo, a orillas del Sena, cerca del Chatêlet, en aquel mes en que estuve en París inscrito en el curso Iniciación en el flaneurismo I, de método autodidacta. No conocía hace diez años a todos esos escritores que hacían la literatura con la que yo empezaba a juguetear, sin saber que existía siquiera, y me conformaba con Hemingway y Camus, en sus más breves entregas.

Pero estábamos con el fin del mundo, que no llegó. Me daba pena perdérmelo, ya que abandonaría París antes del 11 de agosto, fecha en la que Rabanne advertía que una nave de la estación espacial MIR caería sobre las cabezas parisinas, y luego provocaría una hecatombe de mil pares.

Llegó aquel 11 de agosto, voy a buscar algún enlace, y el mundo siguió girando, con la misma precisión y exactitud como no sucede otra cosa en el Universo, asunto del que hablaremos un día por aquí.

Y Rabanne hizo un ridículo de los gordos.

10.8.09

La Francia fea

El aire acondicionado, criminal, de la compañía PLM Autocares me ha dejado la cabeza llena de un malestar que me podrían haber ahorrado de hacer un uso sensato de sistema enfriador. Y eso que llevaba chaquetica, que de esto ya me sé mucho. En este estado, vamos a ver si desempolvamos un poco ésto.

La imagen del país vecino siempre se asocia a grandeur, en ocasiones; y a pequeños detalles, que es un poco lo contrario, en otras ocasiones. Mitterrand y Amélie Poulain, amos. Pero también está François Pignon, arquetipo de la Francia medio-chana, un Torrente que desayuna cruasán en vez de porras, pero que es tan cutre y dominguero como el que más, por muy francés que sea y etc.

La fealdad en lo francés se ve, a menudo, en ciertos mobiliarios urbanos. Ciertos edificios horripilantes que son como los comunistas de la RDA, pero en un si es no es coquetizado, lo que acaba por ser muy deprimente al oeil. En la périf, que es como se llama en Francia a la periferia, se pueden ver esas construcciones postpoéticas con un barniz de querer abonitar que acaba por joder el cuadro totalmente. Porque las viviendas comunistas del Berlín Este era deprimentes, pero lo eran de verdad. Querer adecentar lo que en ningún modo quiso agradar a la estética es un atentado contra la misma: lo mismo pasa en ciertos barrios madrileños, un Legazpi, con la petulancia infame que vemos en tanto pomo dorado.


La feo en Francia llama más la atención, ya que uno cree o piensa o ha asumido que está en el país de la vanguardia, el buen gusto y todo lo demás. Pero el horterismo alcanza paroxismos varios allí, y a veces uno piensa que la moda se ha detenido y los franceses no ven la tele o los diseñadores están en huelga de diseños. Lo mismo se podría decir de algunas peluquerías. Los rinoplastas, o rinoplásticos, tampoco parecen estar desbordados. Más de algún mozalbete parece haberse quedado en los noventa, de cuando Kurt Kobain en el rock, Kelly Slater en el surf y Tony Hawk en el sk8 y en el Carrefour vemos a familiar nutrir sus armarios con la ropa allí servida.

Chándals, culottes, bicicletas con mucho colorín y shancletas de todos los tipos están a la orden del día y nadie se lleva las manos a la cabeza.

En muchos bares, los que no son chics ni ameliescos, hay gente obesa o muy obesa consumiendo bebidas servidas sin arte en vasos manchados de publicidad: Orangina, Perrier, Cocacola, Gini, etc. También, ceniceros de plástico y moquetas que supuran humo de décadas.

En el metro, asientos oblongos en las que francesas feas con bolsos feos, de piel mala y falsa, esperan con rostro arrugado un vagón que parece sacado del ocaso comunista soviético más que de la ciudad de la luz.

En la autoroute, aún perviven cientos de renoles Twingo, que es el coche más feo que parió fábrica alguna.

Sólo la luz, una luz como de cebada, se mece por los paisajes de agosto y reconcilia a unas pupilas un poco contrariadas.

4.8.09

Guinea Ecuatorial

Este lunes me fui a la piscina, para empezar bien la semana, y leí en el periódico un reportaje sobre Guinea Ecuatorial y los treinta años de presidencia dictatorial de Teodoro Obiang.

Entre los rayos virulentos del sol madrileño (feliz rencuentro con la piscina pública madrileña, muy por cierto), me he enterado de cosas. Porque nos dicen Guinea Ecuatorial, nos dicen Obiang, y pasa un poco como que sabemos y no sabemos. Así que he leido como diciendo: ¡vamos a saber, coño!

Y sí, fue colonia española, hasta el 12 de octubre de 1968. No sé porque se ha dicho siempre eso de que en el 1898 "perdimos Cuba y Filipinas, las últimas colonias". ¿Y Guinea Ecuatorial? ¿Y el Sáhara occidental? Se supone que fueron también colonias y que en tiempos de Franco como se optó por un quitárnoslas de encima, así, sin mucho ruido. Colonias, vayan saliendo por la puerta de atrás y en silencio. Se barajó la opción de hacerlas unas provincias más, cual Ceuta y Melilla.

Según lo que he leído y lo he leído en ABC porque no había otros periódicos, Obiang es un tiranillo importante. Supresión de derechos humanos varios. Luego dice algo, alguien, en el reportaje, que da que pensar: "¿Implantar una democracia aquí a lo Occidental? ¡Qué locura!". A ver. Es cierto que la educación democrática no llega de la noche a la mañana, pero lo del amigo Obiang es de Rep. Bananera de libro, por lo visto. Que el tío tiene una fortuna de 470 millones de euros, tan sólo superada por la de la reina Isabel II de Inglaterra.

Que, por lo visto, hay petróleo, y hay pasta. Leo en el periódico que la renta per cápita es de unos 22.000 euros. No me lo creo, y leo en Wikipedia que sí, que de unos 30.000 dólares. O sea, que en un país supuestamente bananero cualquier hijo de vecino gana más pasta que yo al año. Aquello me ha inquietado, y he dado un par de desasosegantes vueltas sobre mi toalla. Pero la corrupción es alta, y el futuro económico inestable, y mal repartido y nadie asegura estabilidad de ningún tipo, y Ghana, en cambio, es modelo y ejemplo para los países africanos, me entero también. Nigeria, por el contrario, es ejemplo de pésima gestión, pese a los recursos.

Obiang entró a dictatoriear (se toma casi con orgullo lo de dictador: "¿Qué debe de hacer un dirigante a su nación? Dictar lo que debe de hacer", dice) cuando este náuGrafo contaba con un mes y pico de edad, en agosto de 1979. Pero se ve que antes de Guatemala hubo un Guatepeor: Francisco Macías, que estuvo jodiendo a placer unos doce años. Su nombre real, leo en Wiki, era Mez-m Ngueme. ¿Por qué esa castellanización de tan africano nombre?

Pasa que cuando uno empieza a saber de algo, surgen dudas y ganas de conocer más. ¿Hablarán español en Guinea? Sí. Un país, en el centro de África, como escondido entre los pliegues de África, en el que se habla la lengua de José Luis López Vázquez. Cuando aumente un poco mi renta per cápita, voy.

Pinchen en el mapa para ampliarlo.

2.8.09

La última generación analógica



El sábado nos reunimos unas gentes de finales de los setenta principios de los ochenta y nos sentamos, sexos mezclados, en torno a una mesa de la calle Argumosa. Es un hecho ya descrito en Teoría y práctica de la cohesión por sexos en las reuniones sociales, del catedrático de Física, emérito, Gastón Austero Torralba, que en ciertos encuentros entre humanos, sin la urgencia del cortejo, los machos tienden a juntarse con los machos y las hembras con las hembras.

Contraviniendo las teorías de Austero, nuestra disposición fue intercalada. Después de una serie de anécdotas de tipo 'gore', una conversación sobre los parques de atracciones y unos párrafos orales sobre destinos vacacionales, se llegó a ese momento ya clásico en toda reunión de la generación de Naranjito: los dibujos animados y series de nuestra infancia.

Todo empezó porque alguien dijo que nunca había ido al circo, que sus padres no le habían llevado nunca. Tenía una espinita clavada. Yo no. Conté, orgulloso, cómo mi padre nos llevó a mí a mi hermano a un circo en Pamplona, y cómo a la salida, cuándo ya no había nadie y sólo sillas de madera sin público, charlamos con Teresa Rabal y le compramos un disco que nos firmó. La sola mención de ese nombre, Teresa Rabal, fue muy celebrada y dio paso a la imparable y, algo cansina ya, charleta de tipo nostálgico-audiovisual.

No repasaré ahora los títulos que se citaron, de esto se podría escribir largo y tendido, pero sí diré que siempre aparece una serie que no habíamos evocado en la memoria jamás, y al reaparecer ilumina una zona de nuestro cerebro que llevaba años apagada. En mi caso fue Un médico precoz. Pero bueno, sí que hubo una disección bastante aguda de Barrio Sésamo y se citaron incluso estudios académicos de la versión americana, Plaza Sésamo, y de ciertos mensajes moralizantes que, según sostiene un profesor marxista, introducían los comprados guionistas.

Comentando la jugada con Latinajo de Híspalis, llegamos a la siguiente conclusión: la última generación analógica. A veces, todo esto asusta. Recuerdo un cuadro de un pintor indio, Kanishka Raja, titulado: 'En el futuro, la gente no tendrá pasado'. No estoy tan seguro, pero desde luego, a don Pimpón, Espinete, Julián, Chema, Ana, Roberto, Supercoco, el reportero Gustavo y cía no les sobrevivirá ya más nadie.

Instagram

Archivo del blog

Google+

Sígueme en FB

El náuGrafo

Sigue mis entradas por email

Naugrafianos

Colabora con este blog

HABANA 2009

HABANA 2009
YA A LA VENTA

el origen de todo esto, disponible aquí.

HAZTE ESCRITOR

Lista de blogs