31.7.09

Tres acciones que aplaudiría el PPC



Como eterno candidato a la gestación de ese partido abocado a ser eterno proyecto, el PPC, voy practicando con el ejemplo. Hace poco me paró un tipo igualito Panoramix, asistente a todo acto cultureta que se celebre en Madrid, y me preguntó, por escrito, "cómo acabar con la hipocresia". Se ve que era mudo y yo le iba a contestar por escrito también, pero, me señaló que oír oía. "Siendo auténtico", le dije. Él más sabio, me escribió con lentitud que "que predicando con el ejemplo".

No sé si por el influjo de este neo-Panoramix o por mi compromiso con mi propio partido, creo es que es vital una puesta en práctica diaria, cotidiana, constante, para luchar contra las pequeñas batallas que tan grandes sinsabores nos crean. Algún día, sí, hermanos, pasaremos por cualquier bar de ciudades como Pamplona y en todos los bares se habrá instituido el modo de tirar cañas al estilo madrileño, y no ese modo obsceno, tosco, pobre, gélido y malencarado que se practica en la actualidad.

No me enrollo. Me fui a correr por el parque del Oeste, en Madrid, que es el mejor parque de esta ciudad, lo que se dice precioso, oye, y acometí dos pequeñas acciones. En una zona de descanso, un grupo de quinquis había dejado dos litronas de cerveza vacías sobre una de las mesas de madera. Me acerqué hasta la tal mesa, cogí los pringosos envases de vidrio y los tiré en una papelera que había a menos de metro y medio.

La segunda acción que os cuento sucedió segundos después. Vi que a lo lejos se me acercaba un tipo sudoroso, a torso descubierto. Si fuera homosexual, la imagen quizá me habría estimulado; tampoco, en mi afición genérica por las artes, me complacieron los paralelismos con los atletas griegos y demás. Aquel tipo era todo ostentación de músculo y a mí ver pechos masculinos gratuitamente no me fascina. Mi pequeña acción de protesta fue, cuando se acercaba el tipo a mi altura, poner la mano tapándome los ojos. Como no queriendo ver esa estampa urbana tan como que no. Hice como que me rascaba, por si el gesto quedaba demasiado belicoso o provocador: no quería llevarme ningún mamporro.

Fue entonces cuando me vino la idea de éste post y cúando pensé que no hay gesto inútil. Que todos podemos ser unos soldaditos proactivos capaces de luchar contra aquello que nos toca los pies o cojones. La tercera y última acción que aplaudiría el PPC tuvo lugar hace poco. Fue durante una comida con Thomas Bernhard, quicir, con la lectura de este autor, que todo el mundo sabe que murió en 1989. Ésta es la grandeza de la literatura: puedes comer con un tipo que murió hace veinte años y conocer sus historias como si estuviera allí delante. Todo habría sido maravilloso de no tener al lado a una pareja digna de insulto. La vi nada más sentarme, y dije "ay", pero enseguida fue demasiado tarde para cambiarse.

Decir embelesados es poco, uña y carne, trenza humana, columna salomónica corpórea, pegajosidad insoportable. Habría pasado por alto su espectáculo excesivo para un lugar como el Vip's de no haber sido por los ruidos. Fue entonces cuando deseé ser viejo. Un viejo sin escrúpulos, avinagrado y con potestad suficiente para decirles: "Iros a un hotel, coño".
Durante todas y cada una de las fases de mi lenta comida (en el Vip's a veces son extrañamente lentos) tuve que interrumpir mi lectura bernhardiana por sus muacks, chufs, mmmzsksscs, chchchchichthhchchch, y demás sonoridad íntima.

Así que procedí a soltar una serie de carraspeos que me dejaron la garganta bien caliente y al lanzamiento más o menos continuado de miradas asesinas sobre el tipo, que tenía por cierto bastante cara de tonto y luego un culo más bien gordo, como comprobé cuando por fin se fueron. Porque por fin se fueron y cuando pasaron por mi lado, cerca de la entrada, le sostuve la mirada al culograsa. No retando, pero se la sostuve. Tampoco mucho rato, pero sí unos segundos.

Sé que seguirá habiendo mierda en el suelo tras los botellones, horteras en los parques y parejas de besos a excesivos decibelios. Son fenómenos imparables. Habrá que resignarse a eso, pero no a mostrar nuestro más descarado desprecio ante quienes los cultiven.

29.7.09

All along the watchtower (3)







Gracias al ejercicio de sincronización fútil #255(3) de Carlos, el experimento cacofónico allalongthewatchtoweriano #164bis se ejecuta como pretendíamos.

Descubrí esta canción a principios de los noventa, en ese disco increíble que es Are you experienced? de The Jimi Hendrix Experience. Increíble haber grabado aquello hace casi cuarenta años, con esos sonidos que jamás pasarán de moda, en cambio sí pasa de moda un disco de Sabina de hace diez. Prueba de ello es que con la intro de esa canción, en la versión de Hendrix, rodaron un spot de coches hace poco. Nadie piensa que es una canción de los sesenta/setenta. Lo mismo pasa con The Who, CSI y el Who are you.

Tocamos la canción con un grupillo, junio del 95, quizá algún lector de este blog lo recuerde, en un instituto.Estoy viendo a mi amigo Manregg, líder con madera de estrella del rock, haciendo el slide con una taza que había traído de su casa, y ataviado con algunos pertechos extraños sacados del armario de su madre. Había en esa capacidad suya para apropiarse de los gestos de los genios las hechuras del genio, por cierto. Y yo escuchaba su acojonante punteo desde mi relajo del guitarra comparsa, dándole al Sim La Sol La, Sim La Sol La, Sim La Sol La, Sim La Sol La. Tengo una cinta vhs por ahí, en un garaje estellés, con el documento audiovisual.

Luego descubrí a Bob Dylan y vi que salía también aquella canción en el disco Unplugged, que adquirí en el verano del 95 (no he encontrado esa versión para colgarla en el post). Era uno de sus grandes clásicos.

Por aquel entonces íbamos a Los Portales, nuestra particular The Cavern, sin bandas en directo, y Juan, Pájaro, nos emborrachaba y ponía algunas buenas canciones. No faltaba en algún momento de la noche, después de Wonderwall, de Oasis, Mr. Jones de Counting Crowds, Beds are Burning de Midnight Oil, la versión de U2 the All along the watchtower.

El otro día me puse a canturrear la canción con la guitarrica y me salió una cosa nueva, nunca oída. Me sentí una suerte de trovador renovador del género, me dije "eh, qué versión más libre, qué autonomía de influencias, oh, qué libertad interpretativa la tuya". Luego caí que en mi cabeza, como un violín cubista, se superponían las tres versiones que más he escuchado del susodicho tema musical. Quizá también, todo ese derrotero biográfico de la canción que, de alguna manera, había tomado su poso on my mind, quién sabe.

Voy a escucharlas otra vez juntas, con el método de sincronía fútil #255(3) de Carlos.

Bomi Hendylono

27.7.09

Tramos de año: final de julio



Hay zonas del año que me gustan especialmente, como algún lector atento de este blog conocerá. Como sabrá que, con vocación de vecino de ascensor, hablar del tiempo y sus luces también es de mi agrado. Hay tramos del año, pues, en los que uno se balancea a gusto, logrando por momentos esa cosa de detener el tiempo a la que aspiramos todos todo el rato. Curiosamente, yo diría que hoy vivimos más rápido que nunca y se nos escapa el tiempo de las manos más que jamás: MAL.

Pues digo que estos días finales de julio son de mis favoritos del verano. Porque son verano sin dobleces y no otra cosa; no hay relativismos que valgan, es verano y al que no le gusta que se rasque, pero hace un delicioso y asfixiante calor que no conoce medias tintas. Verano en estado puro: vivir el verano, no su espera ni su nostalgia. Vivirlo sin ver que se esfuma ya, que es presente escurridizo, sino presente con su futurillo arenoso aún.

Decía el otro día Marta Rivera de la Cruz que a este mes le sobraban días. ¡No por cierto!

Luego llega agosto que su cosa algo vulgar, lánguida y un término que aprendí que es síntoma de la gripe A: letargia. Si me dices que agosto te deprime, como decía una prima mía, pues se entiende.

Esta sensación de celebración del verano la he sentido a menudo, pero la recuerdo intensamente en 2004, cuando me largué al sudoeste francés a dar forma a una primera novelilla mía algo demasiado cargada de pretensiones. Escuchaba de madrugada el disco El cantante, de Andrés Calamaro, y experimentaba pequeños placeres incompartibles que ahora trato de compartir con Vds.

24.7.09

Escalofrío editorial

Me gustó como abrió el redactor la fina columna del periódico, hace un par de días. "Un escalofrío recorre el espinazo de las editoriales literarias independientes". Se refería a la marcha, primero, de Javier Cercas de Tusquets a Random House Mondadori, y ahora a la de Enrique Vila-Matas a Seix Barral, y también a RHM, en la colección Debolsillo, que publicará obras pasadas.

Qué decir de todo esto. En el caso de Vila-Matas, pues que Seix Barral es una editorial de las de buen aroma, aunque de independiente no tenga nada, tras la absorción del gigante Planeta. Pero ahí está lo de Barral, que viene de Carlos Barral, un tipo cojonudo en general cuyos diarios me gustaría leer algún día y que dirigió la empresa Seix Barral, que fundaron sus padres en 1911. Pero fue la fusión, leo por ahí, de Victor Seix y de Carlos Barral la que la convirtió en una editorial de relumbrón. Fue parte fundamental en la difusión del boom latinoamericano y dio a conocer a autores como Juan Marsé, Vargas Llosa, Bryce Echenique o Julio Cortázar, confirmo por ahí. En 1982, qué lejos queda, la compró Planeta.

Random House se fusionó con Mondadori en 2001, dando lugar a una de las multinacionales del libro más poderosas del mundo. Y pagan mucho, claro. Por eso Cercas ha fichado por ellos.

Nunca entendí el fugaz paso de Vila-Matas por Alfaguara, donde publicó Desde la ciudad nerviosa. Pensé en su día que fichaba a saco por ellos, como lo ha hecho ahora Ray Loriga, que ve republicarse, para solaz de su bolsillo, sus títulos antiguos.

Me alegré cuando luego vi que volvía a publicar en Anagrama. Doctor Pasavento, Exploradores del abismo y Dietario Voluble, nada menos. Tres libros que pagué a tocateja y a los que voy a hacer una foto ahora mismo, para certificallo.


Es este un post un poco para comentar, sin ningún ápice de elementos conclusionadores. Hombre, que los grandes starwriters no son sordos a los cantos de sirena de los grupazos editoriales, con sus chequeras llenas de ceros. Y, hombre, que lo más bonito es la fidelidad a una casa, especialmente si te convirtió en quien hoy eres. Y, bueno, que tanto Cercas y Vila-Matas, con su decisión, siguen aumentando el gran tiburón blanco de las corporaciones editoriales que no nos caen del todo bien. ¿Deberíamos retirarles el saludo? Pues no sé, chico.

23.7.09

Lunas y supuestos pufos que no fueron tales

El pasado 20 de julio, cuarenta años de la primera visita del hombre a la Luna, echaron por la tele, ya de madrugada, un documental tan increíble que parecía de coña: Operación Luna, de William Karel.

Tanto mi tío Ivlivs como yo entramos a verlo ya empezado, y no pillamos el tufillo a parodia que desprendía el documental. Había momentos en que sí, parecía todo demasiado bonito para ser cierto, que si Kubrick había rodado las escenas del alunizaje, por si fallaba la transmisión de las imágenes. Que si la CIA se encargó de hacer desaparecer a todos los integrantes de aquel rodaje y que si mandaron a unos a la Conchinchina del Real, donde apenas pudieron disimular su americanismo porque comían todos los días hamburguesa y cocacola. Que si Kubrick no volvió jamás a salir de su residencia en Inglaterra, por temor a ser liquidado, y que si rodó todas sus películas en las inmediaciones de su casa.

Que si unos rusos dando por hecho que todo era un montaje, al menos lo de las imágenes suplantadoras, y que en la Luna no hay viento y que la luminosidad de las fotos es de focos de estudio descarado. El caso es que estos argumentos, lo del camelo fotográfico, parecía irrefutable. Ahora no sé qué pensar. Pienso que los yanquis llegaron a la Luna, pero no tengo tan claro si no hicieron acrobacias varias con fotos trucadas.

Todo esto de la Luna es un misterio. ¿Por qué nunca nos han contado historietillas, por ejemplo, de la última expedición a la Luna? ¿Hay algo más poético, informativamente hablando, que la última expedición de un astronauta a la Luna? ¿Por qué nadie -que levante la mano el que lo conozca- conoce el nombre de Eugene Cernan, último ser humano que, hasta la fecha, ha pisado el vecino satélite?

Y estos datos interesantes, que cuenta la Wikipedia:

Esta misión batió varios récords: permanencia más prolongada en la Luna con un total de casi 75 horas; período más largo en la superficie lunar sin interrupción (7 horas y 37 minutos), así como máximo tiempo de exploración con 22 horas y 5 minutos.


Conocemos el árbol genealógico de Julián Contreras Junior, que oye, tiene su enjundia, pero no tanto de estas cuestiones, y yo lo lamento aquí, snif.


Eugene Cendran, el último que pisó la Luna.



Fotos que ofrece la NASA en su web.

21.7.09

Fechas y más Hemingway

Hoy hace 110 años nació Ernest Hemingway. No sé por qué Hemingway cae mal, supongo que porque hizo lo que se le puso en el cojoncillo duodenal toda su vida, y eso no es de fácil digestión. Quizá porque entraba un poco como elefante en cacharrería en una, pongamos, Pamplona mansurrona y eso a veces trastoca almas, calmas y órdenes varios.

Un tal Batista, vaya nombre, nos sopló en Finca Vigía el dato del nacimiento, jugoso dato para quienes somos de letras pero sentimos la nostalgia de la cifra. Me cae bien la gente que nace en verano; tienen pasión por la vida. No la dosifican, la consumen con vicio y avidez de bulímica acelerada. Es un defecto virtuoso y una virtud llena de defectos.

Hace cincuenta años vivió sus últimos Sanfermines en Pamplona y se largó con su troupe a Málaga, para celebrar su sesenta aniversario, tal día como hoy. Se fue con Valerie Danby-Smith, que luego se casaría con su hijo Greg, tipo curioso con extraña afición a vestirse de mujer, como cuenta Valerie en su recomendable biografía Correr con los toros.

En Málaga, en casa de unos amigos, celebraron que la vida es breve e intensa cuando se vive con intensidad. Dos años después, Valerie y la viuda Mary empaquetaban en la casa de La Habana los restos luctuosos del ya desaparecido escritor. Su última cifra fue un 2 de julio de 1961. Batista, el guía de Finca Vigía, nos dijo que se mató cuando vio que ya no podía hacer aquello que le gustaba: beber, cazar, pescar, follar, viajar, leer, escribir.

20.7.09

Que veinte años no es nada

Hace veinte años estaba sentado en una silla de esas de juez de línea, en la pista 2 del Club de Tenis de Pamplona, viendo un partido entre mi hermano y un amigo nuestro llamado Jack. Pensé que hacía veinte años que el hombre había pisado la Luna. De eso, hace veinte años. De lo otro cuarenta. Yo llevaba diez sobre el planeta Tierra.

14.7.09

Je me souviens sanferminero (2/2)

Concluyamos estos recuerdos minipatrios en tiempo oficial del periodo festivo. Hoy me enteré de la existencia de un Pobre de mí alternativo, un segundo Pobre de mí, que se celebra en la plaza del Consejo y que lidera, desde hace treinta años, un personaje conocido como 'El Guti'. Espontaneidad pura, que ni siquiera aparece en el programa, pero que tiene esa mezcla de surrealismo y alcohol que quizá sea buena parte de la esencia del ser navarro. Surrealismo y alcohol. Y recurrir al alcohol es fácil, pero cultivar el surrealismo, ese cierto humor inclasificable, no es tan sencillo.


'El Guti', en su salsa.

Como también me he enterado de que hace treinta años, cuando yo tenía unos días, precisamente cuando al amigo Guti se le ocurrió lo de subirse a la fuente y hacer de las suyas, un tal Fernando Lizaur Gómez se disfrazó de Superman, película de éxito en aquel entonces, y 'voló' a lo largo y ancho de la Monumental de Pamplona. Surrelismo pamplonés, no sé si con o sin alcohol, pero ahí quedó eso. Aunque no era tan surrealistas las intenciones de la actuación, por el deseo de aligerar el tenso recuerdo de la muerte -asesinato- de Germán Rodríguez el 8 de julio del año anterior. Mis padres me contaron cómo salieron en plan Kosovo de la plaza de toros y cómo el piso de Sarasate se convirtió casi en un búnker o centro de refugiados en el que subía peña desconocida, desconcertada por la violencia desatada y en busca de abrigo humano. (Más info, véase el documental Sanfermines 78.)

En el caso de 'El Guti', y visto el éxito que tuvo la coña, se procedió a sacralizar la cosa y a convertirlo en tradición, que es algo muy tradicional por nuestras tierras. Si ya es surrealista asistir a una corrida de toros en la que los mocicos cantan el No hay tregua de Barricada, seguido de la canción del Equipo A o la Chica Ye-Ye de Conchita Velasco, mientras un tipo vestido de no sé sabe bien qué se juega el pellejo para reducir a un bicho de 600 kilos, imagínense a un Superman-Lizaur sobrevolando la plaza with a little help of his friends.



El 'Superman' sanferminero del 79.

También me he enterado de que Hemingway pasó sus últimas fiestas, hace medio siglo, en el número 7 de la calle San Fermín, coincidencia más casta imposible, y que lo de sus estancias en La Perla resulta que no fueron tantas o incluso ninguna, me cuenta Bro que dijo Valeri Hemingway hace unas pocas semanas en Pamplona.

Veo que no he puesto ningún recuerdo, ningún 'Je me souviens' perequiano. No hablé de las barracas, de las carreras de camellos, del frío muchas noches en los fuegos, de esos primeros fuegos que nos daban miedo hasta llorar, de las veces que nos invitaban a ver el encierro desde los balcones y no íbamos por dormir más, de cómo aquello, encierros, toros, desmadre, nos parecía, de niños, algo casi natural. O tan extraño como la propia vida a la que habíamos caído de pronto. Quizá es que me quede mucho por descubrir, y que tenga que poner ese chip tan necesario de turista, de viajero, en tu propia ciudad, en tu propio mundo. En ese ejercicio ando desde hace algunos meses, con esto y con todo.

Tienen algo de extraño, de magnético, los Sanfermines, algo de pura vida que fascinó al recitado escritor, como también tiene algo de pura vida La Habana, o África o el mar, y cualquier desprecio facilón y faltón no deja de tener ese punto de zurriagada que tanto hemos criticado desde siempre. Así que, con la boca pequeña y como quién no va conmigo la cosa, diré aquello de 'Ya falta menos'.

10.7.09

Je me souviens sanferminero (-)

Cuando llegan, cuando llegaban las fiestas de San Fermín, a mí me daba como unos nervios. Sensación parecida a la de estar tranquilo en tu casa y que de pronto llegue una fanfarria con trombones de varas y confetti. Cuando salí de Pamplona y hacía de persona que vuelve a su ciudad pero en calidad de semiforastero, también sentí un nervio parecido, quizá más acusado, porque era algo intencionado. Ir a San Fermín era buscarse problemas.

Porque hablan mucho del 'capotico' del santo patrono, pero luego pasan cosas. La de este viernes negro, sin ir más lejos, es una de ellas. He visto el encierro en directo, en la tele, y diré que antes sentía unos pálpitos extraños, de muerte. Porque San Fermín es vida, pero también es lo otro. Nos recuerda que estamos vivos, gracias a lo otro. Que no te pase a ti, claro. El caso es que sentía un presagio oscuro, quizá porque este fin de semana me sumerjo en la fiesta y Latinajo de Híspalis me dijo que quería correr el encierro. Visto lo que ha pasado hoy, ya no tendré que convencerle de que mejor otro día. Yo ya pasé mi peaje, año 2003, con una cobarde pero de facto inserción en el encierro, cerca de donde Mathew Peter Tassio, y ya cumplí.

Van dos jóvenes que pierden la vida en esta extraña carrera en la que no todos llegan. Quince se quedaron en el recorrido y sería de ley que el Monumento al Encierro, el de la avenida de Roncesvalles, recordara sus nombres con una discreta inscripción.

- -

Quería hablar de otras cosas, pero no se puede. Hay muertes imposibles, y quizá la de este viernes, la de Daniel Jimeno, sea una de ellas. Dicen que esto va en el contrato, que quien se mete lo sabe, que es una actividad de riesgo. Que te puede tocar la bola negra. Una entre un millón, tiene que ser demasiada mala suerte. Pero te toca y eres tú el que tiene el asta de un toro entre tus costillas astillándote la vida y no puede ser posible.

Leí una novela de un noruego sobre los Sanfermines, pero no recuerdo el título. Un amigo suyo moría en el encierro. Así era la fiesta, decía. Extraña fiesta ésta. Quizá atraiga tanto porque es una vida en reconcentrado, donde hay jarana pero también hay lo otro. Descanse en paz.

8.7.09

Un pintor

Yendo de aquí para allá por la Red, he caído en la página de Flickr, de José Castiella, que resulta ser un pintor, de Pamplona, por cierto, cuyos cuadros uno colgaría muy alegremente en su pared. Es freudiano, lucienfreudiano a rabiar, y recuerda a Edward Hopper, Van Gogh, Sorolla en uno de una mujer con paraguas e incluso a Matisse en algunas brochazos que diremos fovistas y pondremos también a Cézanne por algunos retratos de pincelada ancha. Adjunto su enlace a su archivo pictórico, está interesante:

Enlace.

Y aquí va una selección de los que más me han gustado, pinchen en la foto para ampliar:







7.7.09

Je me souviens sanferminero (1/2)

Es imposible sustraerse, abstraerse o retraerse a los Sanfermines, cuando están omnipresentes en medios y redes sociales y, también, de alguna forma en la memoria. Quizá los Sanfermines se vivan mejor así, desde la distancia. Ayer día 6 una compañera añoraba 'chorrear tintorro por las coletas', tipo de cosa que a mí no me acaba de entusiasmar. Sobre la necesidad, casi terapéutica, de hacer el cafre de algunos se podría escribir mucho, si alguien tiene ganas. Yo no le acabo de ver la gracia a rebozarse en huevo, harina, kalimotxo y colacao de la abuela, puede que tenga un concepto muy rarito de la diversión, llámenme delicado.

Ayer, al ver en la tele, sin apreturas, el famoso Chupinazo, vinieron algunos 'Je me souviens', o pequeños recuerdos hipersonales (¡qué palabro!). Veíamos siempre el mágico momento en la tele del cuarto de estar, cuando de pronto llegaba el 6 de julio, San Fermín, y el niño veraniego empieza a sentir que el verano ha arrancado y que no lo hay quien lo pare. Que ojo con despistarse que esto se acaba en un tris. Recuerdo que el cohete sonaba primero en la tele, y luego en la realidad de nuestra ventana, allá por entre las torres de San Cernin y el monte San Cristóbal. Vivíamos, pues, un acontecimiento real que la tele se encargaba de deformar, o de contar a su manera. (La misma plaza del Ayuntamiento parece muy grande en la pantalla, y luego se sorprende el turista al ver que no lo es tanto.)

Aquellos Sanfermines de mi maricastaña eran como más gitanos y menos chundachunderos. Para mí tenían como más gracia, pero digo esto por ser un nostálgico irredento. Pero es cierto que no existían, digamos, metrosexuales, por ejemplo, ni había reaggeton, ni esa música negroide barata que no sé cómo se llama, y quizá el número de zurriagos y gandulfos por metro cuadrado era menor. Pero yo era un crío y no me enteraba de nada, así que no sé muy bien por qué digo todo esto.

Recuerdo también, en ese gitanismo gracioso que digo, cómo a lo largo del paseo Sarasate se disponían un hilera de tiendas o jaimas bereberes en las que vendían todo tipo de baratijas. Las vendían negros, que eran esas personas que sólo habíamos visto antes vendiendo relojes por las playas de Salou.

También andaba por ahí el mítico Donan Pher, enigmático personaje que combinaba una imagen de aventurero cazaserpientes con la de vendebolis, que de tan antagónica dejaba al niño como rechiflado. "El boli, el mejor amigo del hombre", y otras leyendas de ese tipo rodeaban su casetilla. Y ahí estaba Donan Pher (Fer-nan-do), que un día descubrí por la matrícula de su Citröen que venía de Oviedo, siempre con su indumentaria de Safari, con bermudillas caquis y Salacot. También llevaba un micro pegado a la nuez, por el que soltaba sus márketings, pero pienso ahora que también porque era un poco afónico o escaso de voz, puede ser.

5.7.09

Odio a este Real Madrid

Lo he decidido. Bueno, los odios no se deciden, afloran. Quizá este odio mío sea una excepción, y haya algo de cosa racional en él, pero toda razón viene motivada por una pasión, por un cúmulo de subjetividades, así que lo puedo decir sin tapujos: "Odio al Real Madrid". No soy de odios, odio odiar. Pero me apetece odiar, será éste un odio platónico, un odio moral, un odio pacífico, un odio cerebral.

Al menos, a este nuevo Real Madrid de los Kakás y Ronaldos.

Lo constaté ayer, cuando vi a un tipejo por la calle Fuencarral, porque eso es lo que era, un tipejo, un tufarro, un cuarentón ataviado con el chándal oficial, Bwin, y varios avalorios colgando, cadenas, pulseras..., parecía una parodia de Oroz. Gafas de sol baratas y pinta de chungalí elevado al cubo. Me dio la medida de quién sigue al Madrid y por qué.

Me hizo pensar en qué kitsch desprende este Real Madrid (para entender el concepto de kitsch, leáse La insoportable levedad del ser), qué tipo de dirección estética, ética, moral, vital, política, representa. La misma que esos rusos chancleteros que lo mismo te sacan una recortada que una chequera con la que pagar cuatro putas de lujo en un hotelazo de Mallorca. Ese conjunto de motivaciones morales, estéticas, políticas, que el bueno de Roberto Saviano ha puesto al descubierto en Gomorra. La mafia no son unos tipos elegantes y con valores, con su particular visión del mundo: son chusma subhumana, violenta, con chanclas y sin camiseta, capaces de matar, extorsionar, torturar y lo que haga falta por comprarse una mansión con jacuzzi y un pantallón de plasma.

No olvidemos cómo un presidente de equipo de fútbol se permite establecer un presupuesto de 300 millones de euros en fichajes, para esta temporada (que no comprende las fichas de los jugadores). Pues gracias a los negocios inmobiliarios a los que se ha dedicado Pérez a lo largo de su trayectoria. Y negocio inmobiliario en España es sinónimo de especulación, sinónimo de excesos crematísticos hasta que el sistema pete, pero que a mí me pille a bolsillos llenos.

Esto es lo que significa para mí, hoy, el Real Madrid. Un equipo de corte imperialista, altivo, obsceno, cuyo nuevo estandarte, Cristiano Ronaldo, con esos aires metrosexuales que se sitúan en las antípodas de la elegancia, resume en su rostro toda la chulería ilimitada con la que hoy se actúa. ¡Si hasta a Paris Hilton le pareció un niñato! Este lunes será presentado como el gran héroe del siglo XXI. Atentos.

Me alegro, pues, de la Liga, Copa y Copa de Campeones del Barça y me alegraré, por todo lo anterior, si vuelve a repetir una gesta similar, con la camiseta de Unicef bien alta.

4.7.09

Experimento putrefacto / La belleza postpoética de lo podrido

Era consciente de que aquel envase de crema de calabaza llevaba demasiado tiempo, semiabierto, en la nevera. Que en su interior se estarían gestando las peores conspiraciones bacteriológicas que uno imaginara. Pero no hice nada. Había algo de 'work in progress' que me frenaba a la hora de tirar aquel asqueroso recipiente al fondo de la basura.

Una noche, se apoderó de mí el espíritu de Flipy, el de El Hormiguero, y descubrí que aquella demora higiénica había tenido su razón de ser. Diseccionaría el cartón, a ver qué me encontraba. A ver qué tipo de proceso putrefacto se había operado en su interior, qué tipo de invasión bacteriológica se había ido apropiando de la inocente crema de calabaza.

Estos fueron los resultados:

El envase, antes de la disección.

La sorpresa putrefacta del interior.

Detalle hediondo. Pulse en las fotos para apreciar, no obstante, esa cierta belleza postpoética de la putrefacción.

3.7.09

Google y RAMÓN

Hoy he visto en Google una de esas ilustraciones con las que a veces adornan su sobria cabecera. Lo cierto es suelen ser dibujos tirando a horterillas, como diseñados por alguna asociación de gente con algún tipo de problema.

Hoy me ha sorprendido ver a un tipo que me recordaba Ramón Gómez de la Serna, RAMÓN, y en efecto, era él. He entrado en Wikipedia para ver si es que hoy era su centenario o similar y bueno, simplemente es su aniversario. Nació tal día como hoy en 1888, hace 121 años.

Interesante rescate este googleniano, que choca con la banalización de referentes a los que estamos ya acostumbrados. Gómez de la Serna en Google. Óle. Cabría preguntarse, en plan masoca, cuánta gente conoce al padre de las greguerías. Pero no entremos en esas dinámicas de las que no se saca nada bueno y celebremos el acierto de Google con una greguería ramoniana:

Las pirámides son las jorobas del desierto.

2.7.09

El bar Facebook

En la ducha, se me ha ocurrido una idea super guachipilongui y singular. He pensado un poco en mis tareas que tendré que acometer, y me he acordado de algo que leí sobre Anthony Burgess (no confundir con Antonio Burgos) sobre que escribía cinco páginas al día y luego ya, caía la noche, se dejaba mecer al abrigo de los pubs. Hacía cuentas y no le daba mal la aritmética: 5 x 365 = más que 16.000 páginas literarias al año. A nada que le publicaran una cuarta parte de lo escrito, podría vivir de sus escritos.

He pensado en lo bien diseñados que están los pubs británicos, y en cómo los pubs que se exportado aquí no dejan de tener esa cosa de PortAventura hostelera. Los cafés españoles, el clásico Fornos, Teide, Gijón, Montaña, taltal, ya no existen, o se han convertido en meros lugares para tomar café, y no esa cosa que por lo visto fueron, me gustaría ver para creer, de encuentros humanos, tertulias y escritores escribiendo sus grandes obras.

He pensado que esta noche me gustaría no tener que llamar a nadie, ni ser llamado tampoco, y dejarme caer por tal o cual sitio, y encontrar gente más o menos afín, más o menos conocida. Hay una frase muy sabia del tío éste de Dr. en Alaska, el que quiere ser director de cine y tiene cara de medio indio: "Es muy agradable estar con gente". O algo así. En ese jodido pueblo de cuatro casas y frío helador, tienen un bar, no recuerdo el nombre, pero ahí está ese nucleo social para cuando uno quiere sociedad.

¿Cuántos bares hay en Madrid? ¿Cuántos son todos más de lo mismo? Gente que toma consumiciones.


La idea puede sonar hortera, pero creo que sería rentable en términos comercialiempresariales. Un bar bajo la marca Facebook. Sería hortera, porque seguramente lo llenarían de mugs, chai tea lattes, doble pini winies y pósters de bebés besándose. Pero quizá no. Lo indudable es que tendría un aspecto global, como lo que hablábamos de las franquicias el otro día. Con conexión wifi, of course.

Desde luego, suena plastico y forzado. Lo dejo como idea de negocio, por si alguien andaba buscando una justo hoy. Partiendo de esto, se podría proponer, vía red social, el bar, el pub, el café de la Montaña, el Cheers, el Pellizquito (repelente nombre del bar de Menudo es mi padre), bares, qué lugares, tan gratos para conversar. Porque lo de la red social, sí, muy bien, tal, te conoces las vacaciones de tus ex compañeros de Facultad, pero tampoco va más allá. La verdadera revolución social, toma ya, será cuando volvamos a las actidudes hosteleras de principios del siglo pasado, curiosa paradoja de la modernidad ésta.

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Por cierto, sigue el catarro veraniego, que cobra forma de gripe A, o B, o C...
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