31.3.09

Mute days

Voy a escribir este post rápido que dentro de una hora quiero poner otra cosa. Mute days, días mudos. Acabo de leer un ensayo sobre la postpoética del amigo de Nocilla Experience y no puedo poner un títuto en castellanín paladino, como comprenderéis. Mute nos evoca a la cultura audiovisual, a los televisores, dvd's, vhs's, betamax's, Video2000 (¿era así, hay algún geek en la sala?), y nuestro poder para hacer callar al personal de la tele: mute, hostia! (pronunciese miut. Como pause se dice en realidad, pos, con ese suave. Nunca he sabido como se decía Fw, y mucho menos Rew, pero en mi cabeza decía reu). Véis, estoy de un postpoético subido. Me falta bajarme la discografía completa de Sr. Chinarro. Además, he tomado un café esta mañana, suave, he dormido poco, así que estoy verborréico. Y aún tengo que hacer la crítica del amigo Nocilla, y escribir ese otro post pasadas las doce, y empezar éste que aún no he empezado, con tanta blogorrea que me ha entrado, en este párrafo longo y coñazo, a todas luces, ya.

Hoy no he hablado con nadie. No creáis que lo hago a menudo, pero a veces pasa. Cero conversaciones con gente que me conoce o conozca yo. Si vale, algo por el msn, un sms con Bro, y poco más. Día yérmico total en lo social. A veces pasa, oiga, más que nada porque no se busca otra cosa.

En tomándome una cerveza en solitud en el Comercial, leyendo a Agustín Fdez. Mallo y su postpoética, me he dicho: "¿He abierto hoy la boca?". Creía que no había salido de mi fauz (cuál es el singular de fauces??) ni un sólo fonema, y me he asustado, quizá se atrofiara mi lengua, mi tongue, pero no. Algo he hablao. Y me he puesto a repasar las frases del día, que eran pocas, pero tampoco tan pocas. Tanpocas.

-El País.
-Ahora son 1,20?
-Uno veinte?? Joer!!

-Qué frío!! Un café con leche, suave.
-¿Corto de café?
-Sí, eso.
-Templadita la leche?
-Sí.
-Me cobras el café.
(...)
-1.35
-Gracias
-Hasta luego..

-Un gazpachito?
-Te gusta, eh?
-Estoy enganchado!

-400 gramos de pechuga de pollo, por favor.
-Sin por favor.
(...)
-Muchísimas gracias
-Gracias

-Una cerveza, de esas dobles.

-Gracias

-Tiene cambio?
-Aquí van cinco y ahora le traigo el resto.
-Gracias
-Gracias, buenas noches.
Coño, pues sí que he empleado palabras. Hay una página de obrilla teatral postpoética como mínimo. Como mínimos. Devuelvo máximos. Hasta luego.

*Para culminar todo esto, añado canción de los citados Sr. Chinarro, así de paso los conozco.

30.3.09

El tercer botón

Sé que el amigo Ángel Duarte, después de Soy gay e Intuición, se va a sorprender también con este nanopost. Pero estoy seguro de que él sí sabe cómo funciona el exiguo protocolo de una chaqueta americana, y que no necesita de ningún Josemi que se lo recuerde. Por lo visto, Javier Pons, director de RTVE, que posa antes de Tengo una pregunta para usted, sí. La cadena es líder de audiencia, también es verdad.

Pinchen en la foto para aumentar el tamaño. Pons, a la izquierda de la imagen. Los detalles sobre el programa, en la web de RTVE, información de Alberto Fernández.

28.3.09

Intuición

Hay un pasaje en Nocilla Experience, de Agustín Fdez. Mallo, en que se cuenta el caso de una estatua falsa, la imagen de un joven griego, por la que se pagaron 7.6 millones de euros. Pensaban que era auténtica. Estuvieron investigando con ella 14 meses, pero un buen día a alguien le picó la mosca y llamó a un experto, que dijo que era más falsa que un Judás. Nada más verla. Llamaron a más superexpertos, y notaban el falsete sin necesidad de pruebas de carbono 14. Uno llegó a sentir "repulsión intuitiva".

Recuerdo descubrir, en esas pelis de vaqueros de la infancia que yo creía que se rodaron, realmente, en los tiempos de los vaqueros, digo, recuerdo apreciar, la falsedad de ciertos decorados. Vamos, que eran maquetas. El fuerte de Fort Knox Gold era una réplica tamaño fuerte de los clicks. (Me venían preguntas extrañas, al asumir ese truco extraño. Quizá descubrí entonces la mentira del cine.) ¿Por qué algo matemáticamente idéntico, sólo que a escala menor, era tan descaradamente cutre e inverosímil? Ah...

Sigue el libro citado que "en nuestro cerebro se da un proceso subconsciente que mueve grandes cantidades de información y llega a conclusiones con sorprendente rapidez, incluso a los pocos segundos de ver algo".

La Razón, la Ilustración, y todo aquello, supuso grandes avances para la civilización. Como que desarrolló unos lenguajes y códigos que, aplicados a la ciencia, se acababan traduciendo en inventos. De modo racional, se inventa un coche, un barco a vapor, un tren. Está muy bien para el terreno práctico, la razón. Pero yo he dejado de creer en ella. Uso sus inventos, pero no me interesa descifrar su funcionamiento interno. No quiero saber cómo funciona una tele.

Me cansa la razón. Es dieciochesca. Muera la razón. No puedo razonar mucho para argumentar mis razones para su muerte, estoy cansado, pero deseo su extinción. Quería hacer un alegato a favor de la intuición, de esa intución que hace que tu mente invalide el discurso perfectamente hilvanado de uno de esos tertulianos que se ganan la vida en el tablero del parchís de la lógica. Como si se emplearan con un modo, un programa, un chip, un sistema, rudimentario, obsoleto, caduco. Como si fueran ajenos, y ni siquiera intuyeran, otro tipo de pensamiento, de percepción, de asociaciones de ideas e incluso de enunciados y formas de expresarse que aún están muy en bragas pero que alguien, no sé, Punset, debería investigar.

Intuyo que este post me ha quedado blandengue, y que la última frase, la de Punset, incurre en gravísimas contradicciones de fondo. ¿Cómo lo investiga, con la intuición o la razón? Pero véis, así es la razón, tan imperfecta como nosotros. ¡Toma! No obstante, se entiende lo que quiero decir. Sí, porque he empleado el método intuitivo-expositivo-arracional.

Me voy a la cama.

26.3.09

Soy gay

Sí, amigos, me he suscrito a Shangay y a Zero, estoy mirando pisos por Chueca y ahora me gusta Mónica Naranjo.
Perdón por estas pinceladas gruesas, a veces es difícil salirse del estereotipo. Pero sí, como todos fuimos José Couso, José Antonio Ortega Lara, Miguel Ángel Blanco, y todos fuimos Miguel Induráin, también vascos, ellos sí, ETA no. Y fuimos Jesús Neira, padres de Mariluz y ahora de Marta del Castillo, pues seamos gays, de una vez por todas.

Conocí el lunes a Roger Salas, cubano, especialista en artes escénicas. Gran conocedor, por ejemplo, de Miguel de Molina. La película Fresa y chocolate, con Jorge Perugorría, está inspirada en el último año de Roger Salas en la isla. Pero inspirada de aquella manera. Tanto, que Salas no pudo callarse más y acabó denunciando la "manipulación política" de la cinta, que quiere vender al espectador la Cuba como paraíso de las liberdades sociales y atraer al turista sexual. "Como que en Cuba se podía hacer de todo, vaya". Y no es así ni mucho menos. "Existe una ley peligrosidad social similar a la que había con Franco", me dijo el otro día. Se refería a la de Vagos y Maleantes, que existía en España desde 1933, pero a la que Franco añadió, en 1954, la siguiente modificación:

Artículo sexto.-Número segundo.- A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos o lisiados, se les aplicarán para que las cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:
a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás.
En Extremadura había dos internados, uno para activos y otro para pasivos.

A Miguel de Molina le pegaron un palizón de aquí te espero el 10 de noviembre de 1939, entre acto y acto de una función que representaba en el teatro Pavón, calle Embajadores, 9, Madrid. Le hicieron el paseíllo hasta los altos de la Castellana, pero no lo llegaron a matar. Quizá no querían otro Lorca, otro 'mártir'. Le patearon, cortaron el pelo a jirones y le dieron de beber aceite de ricino, que hace que te cagues y potes encima, con náuses y vértigos siniestros. Dicen que logró luego arrastrarse hasta la carretera, el maricón, el rojo, y pedir ayuda.

No conozco a fondo el caso de Roger Salas, pero es parecido en la raíz al del cantante de coplas. Homosexual para el que no hay sitio en la sociedad. "No entiendo como a un país en el corazón de Occidente, Cuba, se le permite aún esa discriminación, sin que nadie diga algo, ante la pasividad internacional". Se habla mucho de los países árabes, decía, pero el más represor con los gays es el caribeño.

Leo al día siguiente que en Marruecos van a endurecer la vigilancia (represora) con los homosexuales. No sé que diría de esto Juan Goytisolo, que suele relativizar la supuesta persecución al gay en aquel país. Así titulaba El País del martes:

Marruecos anuncia el fin de toda tolerancia con la homosexualidad
En la noticia, se lee que el reportaje sobre una boda gay en la revista Al Michaal, acabó con la paciencia de las autoridades marroquíes, y que se prepare la prensa que hace "apología" del mundo homo. Dice también que la homosexualidad está penada con seis meses y tres años de cárcel, pero que rara vez se condena a nadie por ello. Pero que sí que hay patente de corso para detener a gente por sus aspectos sospechosos, y amedrentar si es preciso. Cierra el artículo con que allí la situación es mucho más light que en Egipto, Arabia Saudí o Yemen.

No me gusta lo de opción sexual, porque no creo que nadie eligiera, en pleno franquismo, por ejemplo, que le apalearan en la Castellana una noche de noviembre, o que se rieran de él en su puta cara día sí día también. O esos maricas de pueblo, que tuvieron que vivir acogotados toda su vida por miedo al rechazo social. Es medieval que se persiga, condene o rechace a alguien por esa forma de ser. Y los Obamas y Bankimunes deberían hacer algo. Alianza de Gays, seamos gays.

25.3.09

Semana Leonard Cohen en RTVE.es

Un día, una canción. En tiempo de la oferta torrencial a granel, se agradecen estas dosificaciones técnicamente artificiosas pero que, ya digo, sirven para no comerse toda la tarta a mordiscazos. Llego tarde, ya miércoles, pero no tanto. Every Body Knows. Interesante también el archivo coheniano que ponen a disposición.

Sincerely, L. Cohen

Kósovo, Kosovo, Kosovado

El fondo y la forma. Coherencia. No reconocimiento de la independencia. El PP lo exigía, ahora lo critica. Las formas, coño. Diplomacia. La OTAN. La NATO. Dar la nota. Revuelo originado. Autocrítica. Chacón y el mediatismo. Chascón defensivo. Ay, ¿qué dira Obama? Preguntas en el Senado y el Congreso. Tropas van, tropas vienen. Yo no me aclaro. Nadie lo hace. Ayer críticas hoy felicitaciones. Mañana críticas, pasado loas. Y todos los días con la carraca. ¿Y si nos calláramos todos un poco y hablamos cuando sepamos un poco realmente algo de qué va todo ésto? No, no, náuGrafo, primero es hablar, rellenar, tertuliar, luego ya, si eso, entender. Kosovo, Kósovo, Kosovado me quedo ya.

24.3.09

Tres gentes del metro

El jueves vi a un predicador, negro, recitando la palabra del Señor en el metro, e invitándonos a todos a arrepentirnos. "¡Arrepentíos!", exhortaba, y yo pensaba, hurgaba en mi interior, como pensando "¿de qué?". Era todo un poco violento, los vagones temblando, las paradas que llegaban, y el buen hombre intentando hacerse oír. "El Señor Jesucristo vino al mundo para salvarnos". Me lo imaginé en su casa, o residencia cristiana, donde viviera, preparando su speech, su monserga, su filípica, ante ese auditorio efímero. Se consolaría con la idea de que, al menos, Dios le escuchó y se sintió orgulloso de él, pues el personal del metro pasaba tres pueblos de su cara, si no era para reírse en silencio de su estrafalaria actuación.

Poco después, me crucé con el hombre paralizado. Me recordó al Dustin Hoffman de Rain Man, pinta de pardillo inteligente. Se vio con la masa encima, él iba en la dirección menos popular, y se quedó literalmente clavado en el sitio, una de esas encrucijadas de metro sin leyes peatonales, rendido ante la inmensidad humana. Verlo era todo un fotograma, y sentí que la vida es un gran cine que se despliega ante nosotros, con escenas impactantes que se proyectan a todas horas.

Este lunes he visto a tres tipas inquietantes. Ha sido entrar en el metro, sentarme, y descubrirlas a mi lado, extrañas. Eran jóvenes y peligrosas, jóvenes y viejas. Una de ellas tenía incluso arrugas en las ojeras, y la mirada perdida, absorta, pero no melancólica ni derrotada. Había algo de serenidad enigmática. Llevaban un carrito de la compra con sus cosas, eran más que perrofláuticas, jóvenes reclusas que acababan de lograr la libertad, o que huían de la Justicia como quien huye de una madre pesada. Eran feas, una no tanto, y se ajustaba el jersey y dejaba ver piel, casi el culillo, con una piel ajada, con manchas, que había sufrido lo suyo.
Se han puesto a comer pipas, y a tirar las cáscaras al suelo, sin complejos. Creaban un ambiente que no llegaba a apestar, pero que no era precisamente bienoliente. Eran como brujillas, lamiak, en tiempos menos democráticos las habrían quemado sin demora.

22.3.09

Fin

Hoy he puesto el fin a la novela. 22 de marzo, a las 19.24h, certificado de finalización, cinco meses y medio, 121.765 palabras. El 22 de marzo es un día especial, vi morirse a un tío, se llamaba Edu, y se tiró del puente de Segovia delante de mis narices. Descubrí entonces lo valioso de la vida, la vida que a aquel Edu, 18 años, se le acababa antes de empezar. Era un fin completo, un fin sin segundas partes. El fin que ponemos a la novelas es de otro tipo, es un final para el lector, pero un inicio para el escritor, un inicio de otras cosas, a saber cuáles, pero vida en suma.

Al mismo tiempo, el iraní Neko da la victoria a Osasuna en el minuto 92, y el equipo sale de la zona de descenso.

¿Se puede pedir más a un domingo, a la vida? Quizá sí, pero la cosa está en no hacerlo. De momento. Celebremos este 22 de marzo, yo al menos lo hago, con esa satisfacción que ya sentí alguna otra vez, y que tiene mucho de impagable, de pequeño triunfo que no nos cabe dentro y que queremos compartir. También de cierto acojone, sano acojone, porque se acaba un poco la coartada y hay que buscarse nuevas novelas, nuevas cosas.

21.3.09

Noche etíope



La noche de este viernes la podemos calificar de etíope. Hacia las seis de la tarde, me mandó un sms un amigo de Pamplona, M. Se iba 25 días a Etiopía, capital de irrecordable nombre, Addis Abeba (ya veréis, en un rato se os habrá olvidado). País del café, y de la hambruna, viven 75 millones de personas. En el sur, 30. En el sur no hay carreteras. Me acaba de llamar, desde la capital Addis Abeba, porque se ve que cobertura haberla hayla. El taxista le ha mostrado todos los putis de la ciudad, como trofeos turísticos que el hombre blanco no reusaría rechazar. En fin.

Todo comenzó por una consigna, y unos horarios. La de Atocha Renfe, que cierra a las 22.20h, se me quedó grabado el dato, por si alguna vez me veo en el brete. Él llegó como a las once, a por sus maletas, pero ya estaba todo cerrado. Que abrían a las 6.30. Y su vuelo salía a las 5.50h. Cagada. Ni siquiera había empezado el viaje y ya se veía en un marrón. Me recordó a la escapada o evasión que hace Patxi Irurzun de Manila en Atrapados en el paraíso, libro de viajes muy recomendable y que recomiendo ahora.
Problemas ya en la pudiente Europa no eran buen síntoma para uno de esos viajes a los que se va con bastante canguelos en la maleta.

Llevaba además, un cargamento solidario para una ONG, como no puede ser de otra manera. No era plan que se quedara en Tierra.

Así que me pidió que me plantara en Atocha como a las cinco y que suplicara al factor, gran nombre este, factor de la estación, que me dejara acceder a la consigna para coger las cosas. Para mi sorpresa, le llamé al móvil y me atendió amablemente. Un par de minutos después me acompañó al consignódromo, no sin antes hacerse un poco el duro, por no crear precedente y tal.

Fue una noche curiosa. Estar a las 4.45 en los bajos de Atocha, con esos cuantos clochards nada moribundos que esperaban a que a las cinco se abrieran las puertas para estar más calentitos. Me senté debajo de una farola enorme, con el libro de Agustín Fdez. Mallo recién comprado, Nocilla Experience, que era muy ad hoc para la ocasión. La noche, el no dormir, el silencio, agudiza también la receptividad. Nos vemos como personajes de película.

Conseguí las maletas, las solidarias y las necesarias, y pillé el primer taxi que pude. M estaba razonablemente tenso, tenía al avión esperando por él. Le dije al taxista que pisara fuerte, y vaya que sí piso, cómplice de esta pequeña aventura. En la tercera puerta de la T2 esperaba, ansioso, M, y fue vernos llegar y coger la mochila grande sin decir ni hola ni adiós, con la violencia de la prisa. Pagué al taxista, le felicité por la carrera, y me colé un colón para intentar colocar la maleta solidaria, antes que cerraran las bodegas. Coló.

No sé por qué, sabía que todo saldría bien. Bueno, ahora le quedan 25 días en la soledad etíope y espero que todo vaya también así.
Me pagué luego un desayuno, haciendo tiempo hasta que abrieran el metro y leyendo el libro de la Nocilla. Noche de no-lugares, sentí que todo acaba siendo un no-lugar, excepto nuestra propia mente, que es al final el único lugar más o menos estable en el que encontramos acomodo, y no siempre. Pensé, también, en lo bueno que es, de vez en cuando, hacerle un favor a un amigo, sacarle de un apuro. "Me habría quedado sin vacaciones", me ha dicho antes.

Precalentamiento de motores cubanos

20.3.09

Nuevos lugares viejos

Este jueves vi La ley del deseo, que Almodóvar dirigió en 1986. La peli, como me pasa con muchas de Almodóvar, me dejó un poco ni fu ni fa, y hasta me eché una cabecita estilo Abraham Simpson en el momento clave del flín, cuando Banderas se carga a Miky Molina.

Hay un plano que me hizo gracia, en que se ve la plaza de los Cubos, con unos Cubos que ya está allí y, de fondo, difuminado, unas letras antiquísimas del Burger King, que ya estaba allí en 1986. La película, de tan hortera que resulta su estética, esa estética imposible de los ochenta, nos hace pensar que se filmó en las profundidades ochenteras, un 82 u 83. No hay más que ver los coches de policía que aparecen al final, tan analógicos y medievales, cutres, españoles, inverosímiles hoy día.

Por la noche, desde el TempoClub, pude re-ver esa localización, la de los Cubos, paradigma de la modernidad en su día, Umbral posó allí sobre una moto en plan hortera, y me puse reflexivo.

Pisé mi primer McDonalds en 1984, Madrid, Centro Comercial La Vaguada. Comí un Happy Meal, por supuesto, y me sentí feliz, como quería Ronald McDonalds. Hoy, de mayor, sigo empapuzándome de vez en cuando con esas hamburguesas que tiene algo sospechosamente adictivo. Glutamato monosódico, quizás, como la sopa agripicante del chino.

Pero a lo que iba, quizá vaya siendo el momento de que nazca un nuevo José Joaquín Arazuri* de nuestros días. Me encantaría que alguien editara un libro en ese plan suyo, sobre aquellos espacios que ya son antiguos, porque empieza a haber llovido mucho, si nos ponemos. También si uno tiene memoria, porque yo era un canijo, pero viví los ochenta, a mí manera, como un niño que está en el mundo, que no es poco.
Esa estética de Café Niza, de Casino Eslava, de ciertos carteles de SanFermín tan eso, los tupés de Ana Torroja que imitaban mis primas, Madonna, Bruce Springsteen, y todos esos grupos españoles que yo odiaba cuando salían por la radio o en Tocata: La Unión, Radio Futura, Nacha Pop. Nacha Pop, vaya nombrecito.

No nos desviemos. Esos lugares que un día fueron nuevos son ya viejos, carnaza de nostálgicos, y a mí me gustaría verlos en soporte fotográfico. Como todas esas cafeterías que irrumpieron entonces y que Almodóvar rescata precisamente en esta peli que comento. Cafetería Manila, en Gran Vía, con esos camareros con chaqueta blanca, y las cocacolas, que siempre han estado allí.

En Pamplona, recuerdo varias de ese tipo, algunas sobreviven, y su denominación daría para un capítulo sobre técnicas extrañas de branding: la Jamaica de Ppe. de Viana, la Miami de Avda. Baja Navarra, las múltiples Floridas... En Madrid, ahí sigue la colosal RíoFrío. Y Nebraska, California (de la que mi tía Gloria era fan) y alguna otra que me dejo fuera. O esas Delicias, de Pamplona, también, que pasaron a mejor vida. La de la calle Mayor con San Francisco es hoy una tienda de alimentación chinesca.

*Cronista hiperlocal que se dedicaba a recopilar y comentar fotos antiguas de Pamplona, autor de libros de referencia como Pamplona, antaño o Pamplona, belle époque. N. del B.

18.3.09

Dos ideas sobre redes sociales

Este martes vi en la tele un reportaje sobre el poder de los facebook, tuentis, linkedIns y demás. Voy a comentar dos ideas que me parecieron interesantes, bueno, en realidad tres. Aquí va la tercera, y me la quito ya de encima: el ostracismo digital. Si no estás en las redes sociales, en la plazoleta digital, poco menos que no existes. Quien libremente decide no participar de esa socialización en teoría naíf pero llena de riesgos para la intimidad, se queda un poco fuera de la fiesta. Ojo.

Aparte de eso, me llamó la atención el concepto Think before you pose, que dicho en inglés toma categoría de algo especificado, tipificado y coditipifiquizilogicado. Lo dijo un especialista español que da charlas en institutos educando a jóvenes en el uso de estas nuevas redes. Hay mucho depredador sexual, por otra parte. Y mucha ingenuidad en los jóvenes. Al margen de esos riesgos para la seguridad pública de nuestros futuros hijos, es cierto que la fotografía es hoy todo menos inocente.

Cuento ahora la anécdota de una amiga que dijo en el trabajo que aún no se encontraba recuperada de una baja médica, y se largó a Londres con un amiguete. Gentes comunes hicieron fotos, gentes comunes a los jefes de mi amiga. Al día siguiente se vio bailoteando en una sala londinense con pletórica salud, en el álbum de una red social a la que no pertenece. Marronazo. Por suerte, pudo identificar a la autora de las fotos y decirle que retirara aquellas en las que aparecía. Si no hubiera estado rápida, le habrían cazado. Así que una cosa es el ostracismo social de quien prefiere no correr esos riesgos y, otra, que todos estemos expuestos a aparecer en las redes ajenas, en correrías quizá no lícitas pero también personales y libérrimas, lo que cambia, en suma, nuestra manera de vivir. Y a los adúlteros les aumenta la paranoia.

La otra ideilla del reportaje la enunció el creador de Wamba, que es una red social que nació en Palma de Mallorca, con pocas pretensiones, pero que parece se está consolidando. "Tenemos más ingresos que gastos", dijo el creador, que me pareció un tipo con pinta de cabal y sensato, Enrique Dubois. Listo en el buen sentido del término. Le preguntaron sobre el futuro de todo ésto y se refirió a la conectividad total. Dentro de unos años, miraremos con nostalgia y casi risa eso de ir a un ordenador "y conectarnos", porque estaremos siempre en la red. No estarlo incluso cabreará a los demás, como pasa hoy cuando nos llaman a un móvil y no contestamos. Internet y sus redes sociales formarán tanto parte de nuestras vidas, que no podremos vivir sin una acceso permanente a él. Las blackberrys y otros dispositivos similares se convertirán en nuevos apéndices que nos acompañarán a todas partes.

Da que pensar si esto no creará una brecha social, entre quienes accedan a esa hiperconexión y los que no, y se condene al ostracismo a quien no acate, por gusto o por imposibilidad, esa nueva metodología del vivir y relacionarse.

17.3.09

Eterno descanso

A Braulio lo despidieron en enero de Lucigás, una empresa privada de lectores a domicilio de luz y gas. Mañana y tarde, se pateaba los barrios que le asignaban semanalmente: Orcasititas, Valdebernoso, Canijetas, Parque de los Apósteles... No era un trabajo horrible, entraba en las casas y como Braulio era de natural fisgón, husmeaba en cada una de ellas en los pocos segundos que había entre cruzar la puerta, lectura, y volver a la puerta. Las tardes, eso sí, eran más deprimentes, sin que hubiera una razón clara.

La empresa, subcontratada por la Comunidad de Madrid, no estaba del tono saneada. Su contratación fue un mero conchaveo entre el consejero de Limpieza y la presidenta de turno. Tenía más deudas que El jugador de Dostoievski y le dieron la patadita en el culo un miércoles, por la tarde, al asumir que había que recortar gastos.

Los primeros días de descanso fueron felices. Es cierto que Braulio tenía la retina ya cansada, de ver tantas casas y casas; cuando llegaba a la suya muchas veces no sabía ni dónde estaba. Gozó de la ausencia de horarios que fijaban su jornada, y se entregó con regodeo a las antiguas maquetas navales, que tenía abandonadas. En un mes, se montó La Pinta, La Niña y la Santa María. Con un par. Luego acometió la construcción de Nuestra Señora de las Mercedes, pero aquella tardó más. La ociosidad no era tan "fetén" cómo le habían dicho. Se encontraba con su sombra a todas horas, las 24 horas del día, y no había manera de escapar de ella, ni de su reflejo en el espejo. "Ojalá fuera Drácula", se decía a sí mismo, poniendo dientes de vampiro.

Descansar le cansaba, así que para descansar de ese cansancio que le producía el descanso, se metía en la cama a las cinco de la tarde. Se levantaba a las once de la noche, completamente cansado. Colocaba una ficha o dos de la fragata, lo más complicado era el velamen, cenaba dos croquetas sin ni siquiera descongelarlas, y se volvía a la cama, con el estómago pesado, por cierto. Se levantaba tarde, con el cuerpo dolorido. Tan cansado se levantaba, que tras hacer de vientre sentía que debía recostarse otra vez, cual Oblomov perpetuo.

Del INEM no sabía ni la hora y nadie le rescató de ese descanso eterno que tanto le cansaba. Era un muerto en vida, hasta que un día llamaron al timbre. Era el revisor de la luz y el gas. Su fatiga era tan crónica, que sólo llegó a pensar en pegarle un golpazo con una llave inglesa y suplantar su identidad. Quedó en pensamiento, porque ni siquiera abrió la puerta. Ya deliraba, se hacía pis y caca en la cama y había acabado ya con todas las croquetas congeladas. Al no pagar sus facturas, le cortaron todos los suministros. Pronto las cucarachas se convirtieron en inquilinas y hasta a alguna de ellas se la llevó a la boca, pero le resultaron amargas.

Un día de marzo, puso el despertador con la idea en firme de que su vida debía de tomar nuevos rumbos. A las nueve. Un vecino del sexto, desesperado por el soniquete constante, derribó la puerta y se encontró con la dantesca escena. Braulio, cubierto de cucarachas negras como zapatos, descansaba ya eternamente.

16.3.09

Vida y muerte de un despertador

Murió de noche, una parada cardíaca. Noche de domingo, José Luis había puesto el despertador, como siempre, a las 9 de la mañana, pero aquella mañana no se levantó: cadáver en cama. Huérfana, la maquinita siguió sonando días y días, sin nadie que la apagara, en la casa aislada de gentes y oídos.

Comprobó el despertador que él también podía vivir, ahora que había muerto el viejo. Cada mañana frustraba su canto electrónico con un manotazo, era peor que el padre de Kafka, aquello sí que era castrador. Casio, número de referencia W948379, fue entonces el despertador más feliz, pocos tuvieron esa existencia plena como él, aquel prolongado canto del cisne, que se fundió un buen día de marzo, cuando las pilas se agotaron y con ellas, esa vida realizada y sonora.

Los audiovisuales

Este domingo fui a La enana marrón, a sugerencia del amigo Antonóvich, que siempre está enteradillo de los últimos planes culturetiles. Había un ciclo de cine francés, documental, titulado Vive la marge! (Viva el margen) sobre tendencias audiovisuales algo orilladas pero interesantes. Todo ello medio pergeñado desde los servicios culturales de la Embajada francesa, algo serio. Curioso lugar éste, entre cine alternativo y familiar, al que volveré.

El tipo que se había encargado de organizar la selección de piezas habló antes y después de las proyecciones. Simpático, francés, trató de dar una pátina teórica a esa antología suya, que reconoció que tenía un orden y una razón de ser pero que quizá sólo entendía él. Tras el visionado, alguien del público le preguntó por esa lógica interna y el tipo respondió con unas enrolladas evasivas. Y bueno sí, el significado de esto son "cosas que están en el aire", que si el miedo, el temor al terrorismo, la estupidez de la televisión, y luego la confusión en la que nos movemos.

Ay, los audiovisuales. Como son. Proyectos de genios que se quedaron en la G, pero que no renunciaron a su vocación. Alguien debería advertir, quizá el Ministerio de Sanidad y Consumo, o algún ente de mayor calado, de rango europeo, de la cantidad de vacuidad pretenciosa teñida de estética molona que nos hacen tragar los audiovisuales con su habitual y callada soberbia cool. Ay, los videoartistas. Qué peligro tienen. Los videocreadores.

Que sí, que hubo algún video que estuvo decente, como Supermârché, aire de pique-nique o Undo, pero con la grosura metafórica acostumbrada. No sé que pasa con el género audiovisual, qué parece que congrega a todas aquellas gentes sin talento que quieren figurar en algún tipo de título de crédito. Y luego está el espectador para sufrirlo. Porque en el momento en que lo que pasa dentro de tu propia cabeza es más estimulante o enriquecedor que lo que te ofrece la pantalla es que algo falla. Es la evasión de la evasión, ponerte a pensar en tus cosas, en tus propias películas, para evadirte de un producto que quería reclamar tu atención y que sólo provoca escapismos mentales, y también siestas.

Es éste un post vago, de tres de la mañana de domingo/lunes, poco elaborado y espontáneo. Una crítica con pocos fundamentos, la verdad, algo cojonera, también, hacia ese hacer visual tan mediocrón y topicoide. Que habrá muchas joyas, sí, pero a mí sólo me llega la basurilla. Sonidos guayses e imágenes urbanas, montajes frenéticos y alienación del ser humano, todo más visto que el tebeo. Y todo ello adobado de un baño teórico tan genérico como vacuo, que si todo es caos y contrastes y crisol de culturas. La imagen es la adolescencia del conocimiento, toma ya.

14.3.09

El blog de MSO

La blogosfera literaria celebra una buena noticia, un nuevo alumbramiento, parto feliz, criatura eugenésica. El escritor Miguel Sánchez-Ostiz ha abierto un blog. Vivir de buena gana. Pinche aquí. O aquí. Alta literatura. Gran noticia, y tanto que sí.

13.3.09

Las últimas caladas del Che

La película de Soderbergh sobre el Che, dividida en dos partes, está basada en los escritos de Ernesto Guevara sobre su incursión en la selva boliviana. Guerrilla que duró cosa de un año, con sus muchos días y muchas noches, y que pretendía ser una segunda parte en buena de la revolución cubana. De la del Caribe se cumplen ahora cincuenta años; la boliviana nunca existió. Si acaso ahora, con Evo Morales haciendo cosas por mejorar la calidad de vida de unas gentes que, pese a hablar idiomas raros y pintar sus casas con colores vivos y llamativos, también tenían derecho a derechos.

(Ando viajando últimamente, en forma de libros, Cuaderno boliviano, Atrapados en el paraíso (Filipinas y Papúa-Nueva Guinea) y ahora Viaje a la Alcarria.)

En ese cuaderno de notas de los avances del Che y sus hombres por la maleza boliviana, ese avance de la revolución II de la que yo no tenía mucha idea hasta ayer, que vi la peli, en ese cuaderno, digo, protomoleskine bélico, apuntó detalles sobre sus incursiones, internadas y demás lances revolucionarios.

Lo que no apuntó, porque no pudo, son los últimos instantes de su vida. Nadie puede escribir sobre el hecho de estar muriéndose: ese último post te lo tiene que redactar otro, porque el que muere está más pendiente de ver luces anaranjas y flash-backs vitales apelmazados que escribir más nada.

Así que las últimas escenas del Che, que Soderbergh filma con el habitual tono documental-objetivo-lírico, son muy intensas, bellas, incluso. El tío está preso en un chamizo de un poblado de cuatro casuchas. Su aspecto es ripioso (él mismo lo advierte antes: "Se va a convertir en ripios humanos") y recuerda a un mujik echado a perder, que vuelve a casa tras superar cuatro años de trabajos forzados en Siberia. Porque Benicio del Toro tiene unos rasgos rusoides, casi esquimales.

Sabe que al día siguiente le matarán. Es un Santiago Nasar con una muerte ya anunciada para mañana. A Ernesto/Ramón se le acabaron las batallas. Quizá su destino fuera ese, morir para que su mensaje calara. ¿Qué mensaje nos ha llegado de él? Esto daría para ulteriores posts.

Volvamos a la escena. Un chaval, militarcillo, le custodia. No entiende bien quién es, pero sabe que está ante un mito. Y que es su última noche. Me llamó la atención el personaje y me dije: aquí hay un post. Luego le pregunta el Che: "¿Cómo te llamas?". "Eduardo". Vaya. Eduardo le pregunta que si quiere fumar, y el Che le dice que "sí", sin malditismos ni poses. Es un "sí" lleno de bondad. Sobre la autoridad del Che también se podría hablar en futuros posts: era capaz de meterle una bala en la mollera a uno de los suyos que caía en alguna indisciplina, pero también daba directrices sin alterarse, sin llenarse la boca de autoridad. Así al menos lo retrata Soderbergh, que aborda al personaje desde una perspectiva a mi juicio bien madura y ancha de miras. Los críticos le han reprochado su "neutralidad"; a veces parecen buitres en busca de carnaza. Ver estas dos pelis es ser testigo de primera fila en dos acontecimientos históricos sin parangón en la historia reciente, sin maniqueísmos ni sesgos flús, y hay gente que se queja, que rezonga, que no le gusta. Allá ellos. Miel en boca de asno.

Esas últimas caladas que el Che recibe del cigarrillo de Eduardo, que éste coloca un segundo en la boca del preso, son cine de altura. ¿Fue así realmente ese momento? ¿Existió el tal Eduardo? ¿Qué marca de cigarrillos fumaba? ¿Se le han hecho entrevistas? ¿Vive? ¿Me concedería una?

Se acaba el cigarrillo y el soldado pide el relevo. "Anda, entra tú", le dice a un compañero. El Che le había pedido antes que le soltara, que le cortara la soga de las manos. No se había rendido.

12.3.09

Propuestas del PPC (1)

1. Obligar a los/las teleoperadores/as a que den los prefijos de la comunidades libres de números adicionales. Es decir, si dan un número de la Comunidad de Madrid, que digan 91, y no 913, por ejemplo, si el siguiente número es un tres. Se da por hecho ese 91, con lo que la mente está preparada para la serie de números ignotos que llega, siete. De la forma errónea, son nueve y hay algunas cabezas que se atoran.

2. Campaña de concienciación sobre el uso de los baños públicos. Sanción de tres años y un día tomando cerveza sin alcohol para los que no tiren de la cadena en los ya pestilentes de por sí aseos de bares y restaurantes de la piel de toro. Condena adicional a la lectura del libro España, ese país de maleducados con complejo de inferioridad (que se joda y que tire el siguiente), Mario Guembe, Ediciones Cainitas, Sabadell, 2004.

3. Prohibición del uso de la fuente Comic Sans, excepto en los carteles de los locutorios del barrio de Embajadores de Madrid, zona de Delicias y Legazpi, mayormente. (Por darlo por imposible, más que nada.)

4. Abolición de la expresión "ambos dos". Condena a la lectura y relectura de las obras completas de Mario Moliner, en edición manuscrita y sin las correcciones de su sobrino Damián.

5. Campaña social por una moderación en el uso de preguntas incómodas y de una generalidad abisal encabezadas por la expresión "¿Qué tal te va todo?".

6. Creación de un gabinete de asesoría en el uso del móvil. Por la erradicación de la parquedad afectiva en las respuestas en los sms. No pasa nada por añadir "un beso" o un "hasta la próxima". Punto éste de aplicación rigurosa en casos como "Me pasas el número de X?". Artículo abierto a múltiples ampliaciones.

7. Plataforma de presión, o lobby, para incluir como ordenanza municipal la inclusión, por defecto, de una garrafita de agua en la totalidad de las mesas de los restaurantes del conjunto del Estado español y sus 17 comunidades, inclusas Ceuta y Melilla.

8. Creación de un número 017 para descargar ira tras deglutir alimentos junto a un comensal que, normalmente, suele ser amigo de la víctima y que traga hamburguesas o cualquier clase tipo de comida basura o no basura profiriendo todo tipo de ruidos, ruiditos, ruidazos y demás jerigonza bucal que provoca asco generalizado y decepción en el ser humano en quien sufre estos ataques auditivos. Este teléfono actuará como canalizador de iras de quien sufre semejante ataque a su integridad e implementará el envío de una brigada de especialistas que orientarán al infame tragador gutural de comida en plan cerdo de cómo comer una puta BigMac sin parece un hombre de las cavernas, joooodeeeer.
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9. Recluir en un reservado a todos aquellos/as que al tomar la sopa o similares (cremas) dan un recital de de soplos, resoplos y sorbos.

10. Retirar el título de periodismo a todos aquellos del "han habido"

11. Un mes de prestación social limpiando retretes de discoantros a aquellos señores que les pone hacer su pis con la puerta de par en par en dichos lugares.

Por El patio
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12. Sacar del mercado esos zapatos con suela de goma marrón. Si sales de copas con ellos 12, puestos, se pone negra y no hay Dios que la limpie.

Por Kafkiano
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13. Habilitación de un teléfono 018 para que en él pudieran desahogarse los simpatizantes de organizaciones solidarias que mitigan a sus compañeros de piso con el relato continuo de propuestas y planes de acción cooperativos recitando de memoria un formulario lleno de oraciones subordinadas previamente aprendido que no le importa a nadie.

14. Ingreso en prisión a la gente que te abre conversaciones de messenger sin saludar y escribe párrafos y párrafos antes de que puedas contestarle, pasando por alto que quizá no te interese una mierda. Al final de todo eso y por puro compromiso, estos siempre suelen preguntar: ¿cómo estás?

Por Violetera
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15. No comentar dos veces seguidas a un mismo post. ;) Y no usar emoticonos. (Esto tiene más gracia leyendo los comentarios de abajo. Nota del bloguer, N. del B.)

Por Molusco
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16. Declarar “hijo non grato” (y a ser posible su destierro) a todo aquel que escupe sobre el adoquinado de la acera, calle o cualquier superficie susceptible de ser pisada, ya sea producto viscoso y transparente procedente de glándulas salivales, como doblemente viscoso y amarilloverdoso procedente de las profundidades del árbol bronquial. Sólo con escribirlo ya me están dando arcadas.

Por El patio
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17. Creación de una comisión rectora y correctora, sobre todo, de las cartas y menús del sector servicios. Hacia el ideal universal de ¡Errata Cero!

18. Desarrollo de un comité que proponga una incorporación gradual del armario femenino de primavera/verano a los cuerpos mujeriles, en solidaridad con los miembros de la Obra de Dios, los recién enviudados y los poco duchos en gral. en las artes amatorias.

19. Creación de un grupo de orientadores para la moderación oral en conversaciones referidas al sector inmobiliario, relacionadas con pisos, hipotecas, alquileres, caseras, inquilinos, contratos y letra pequeña.

20. Eliminación de la cromática chillona del metro de Madrid y apuesta firme por unos tonos menos chirriantes para la pupila común.

21. Secuestro de los elementos dorados del mobiliario urbano madrileño, especialmente en portales, soportales y portalones.

22. Campaña de Educación en Modales Básicos (EeMB) para las señoronas del barrio de Salamanca.

Por náuGrafo
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23. Curso intensivo (de 8:00 a 13:30 y de 16:00 a 20:00 todos los días durante un semestre) de "conducta y educación básica" para esos vecinos cabrones que cuando les das los buenos días no responden o se limitan a emitir un "mmm..." de conformidad.

Por Iban
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24. Supresión de expresiones de tipo familiar en madres jóvenes del tipo "vermuteo con el peque". Asimismo, implantación de un horario y unas limitaciones para que "los críos" puedan permanecer en locales de hostelería un máximo de veinte minutos por semana.

25. Propuesta no de Ley para que los periodistas deportivos eviten realizar pronósticos deportivos con su habitual soberbia futurible, con ese tono de sentencia senequiana tan absurdo como a la postre fallido: Madrid - Liverpool: 2-1.

26. Establecimiento de unos baremos temporales que circunscriban y limiten la duración idónea de La Anécdota. Superar los tres minutos de exposición acarrearía sanción y trabajos comunitarios en barrios marginales de Manila.

por náuGrapho
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27. Propuesta de sanción: contacto ininterrumpido de la lengua a los polos de una pila de petaca durante diez minutos, para cualquiera que utilice el adverbio"evidentemente" en un medio de comunicación.

Por Passy


Envía tus propuestas para el PPC (Partido de las Pequeñas Cosas) a eduardolaporte@gmail.com y serán aquí ubicadas (siempre que sintonicen con la filosofía del partido, que es amplia pero concreta a la vez).



11.3.09

Z

Lo que no me ha pasado en las 28 ó 29 letras que tiene el abecedario éste que hoy terminamos (en un sentido muy relativo lo de terminar; terminar a empezar, más bien), me ha pasado hoy, cuando acometía la zeta de Z. Se me fue Internet a la mierda, temporalmente, eso sí. Para cuando volvió en sí, mis tres o cuatro párrafos, agudos, inspirados, bajo los efectos del café con leche, habían pasado a mejor vida. Y qué extraño es rehacer lo andado, en cuanto a cosas literarias nos referimos. Porque normalmente escribo en la plantilla de Blogger, y luego voy guardando, volcando, en una nota del blocs de notas cutre pero práctica, tranquilizadora, pero ésta vez estuve lento, y la tecnología me pilló en bragas.

Hace poco me pasó lo mismo con el Word, o su versión wannabe de OpenOffice. Petó. Y yo sin guardar, Save As, y con estos pelos. Fueron unas dos mil palabras, que se dice pronto, y eran casi las doce y me jodió básicamente todo el día. Era como coger un día y tirarlo entero a la papelera de reciclaje. Y no sólo eso, sino saber lo que allí depositado se diluiría en las turbias aguas del pensamiento, de nuestro extraño depósito de cosas por contar. En vez de retirarme a cumplir con mis placenteros deberes conyugales, decidí recuperar esas dos mil palabras, una a una. Fue curioso, cómo si aún mantuviera su reflejo en alguna placa mental. Al ir escribiéndolas de nuevo, me sentí una especie de médium, de medio médium, que va hablando como mecánicamente, siendo mero transmisor de mensajes que le vienen dados. Aproveché que estaba fresca esa memoria reciente y fui clavando, párrafo a párrafo, las ideas o ideillas que había puesto por escrito antes de la pequeña catástrofe ofimática.

Tomo precauciones, amigos y amigas, ya con esos temas. Compadezco a JM de Prada, que perdió no sé qué manuscrito en un aeropuerto y a todos aquellos que sufrieron desgracias parecidas, no se me ocurre ahora ninguna. Una vez dejé una libreta gorda, diarística, en un cajón de una mesilla de noche que cedí a los Traperos de Emaús. Me desperté por la noche, con una cosa en mente que no me dejaba dormir y al ir a escribirla en esa moleskine de hule, me di cuenta, azorado, que ya no permanecía a mi lado, sino próxima a las fauces trituradoras de ese colectivo reciclador. Me sentí como si me hubieran secuestrado al hijo que no tengo, con mucha menos angustia, pero en parecido. Qué rabia. Me levanté a las siete y llamé a uno de los traperos, me contestaron, esperé dos horas en un sitio que finalmente no era, volví a llamar, me dijeron que fuera al polígono, fui, me recibió un tío, le lloré, y pocos segundos después vino con mi libretita azul. Le di cinco euros de propina. Y le habría dado cincuenta si los tuviera, aunque tampoco era el caso.

Desde entonces no me fío de los continentes reales, y me valgo de cuentas de correo de gran capacidad, como lo son todas, para ubicar mis archivos. El día que una de esas cuentas se venga al carajo, puedo darme por jodido. Pero da seguridad. No me veo escritor de los años cincuenta, con gabardina y pitillito blanco a lo Camus, con la incertidumbre de llevar tu gavilla de textos en un frágil maletín, sin otra réplica que la de tu propia memoria. Quizá tener un hijo sea eso, lanzar al Universo a una frágil criatura, con el agobio constante de que no hay dobles, réplicas, ni copias de seguridad. Tampoco antivirus, filtros antiSpam, carcasas protectoras ni garantía diez años. Y los niños mueren, aunque las estadísticas lo nieguen. Si algún día me nace un hijo, le colocaré automáticamente un casco en la cabeza. Los golpes que se los dé en las rodillas, en los brazos, en zonas no letales. Las caricias ya vendrán solas.

Decía en mi otro arranque, antes de que Internet y sus fisuras me la jugara, que lo primero era cobrarme mi particular y sana vendetta, sacarla de esa remota pero fresca área cerebral en la que guardamos las venganzas para servirlas en blog frío. Copio y pego, del comentario ubicado en la letra B, con fecha 11 de febrero de 2009, esto es, hace un mes:

Se han colado también briznas de lirismo en el post, me gusta. Me apuesto un mojito en el Floridita que no llega a la N. Prescindir de los títulos es como parir escritos calvos.

Me temo que me he ganado ese mojito en el Floridita, amigo con el que no me ensañaré, y me temo también que no sabes muy bien con quién te aventuras al viaje cubano, ese de compartir muchas horas de vuelo y de estancia caribeña en compañía más o menos obligada/deseada. Te diré, compañero, que me he quedado plenamente a gusto cobrándome lo que es mío.

Y no sólo eso, porque hemos culminado la Z, este abecedario, este Macropost, Post in progress, Post en marcha, Salón de los posts perdidos, postalón del náufrago-náuGrafo digital, sin apenas despeinarnos, diré, oh, soberbio. Un mes, un mes y un día. Y ya. Misión cumplida, plas, plas. Pensé que esto sería más travesía en el desierto, aguas procelosas, Joseph Conrad en una embarcación hacia destinos con mucha humedad y mosquitos, callejón sin salida, inexorable blancura de la pantalla en blanco, y no.

Seguirá este Macropost, pero en la cadencia y ritmos que el náuGrafo decida, quizá vengan bien unas vacaciones, algún post vacío, invisible. Quizá se repliegue un tiempo, para volver, porque ya dijimos que éste era un proyecto vitalicio, perecedero como lo es toda vida. Qué emoción imaginarse en el lecho mortuorio, publicando el último y definitivo post, el post pre rigor mortis, darle al Send y estirar la pata.

Pensé en inaugurar una serie de transición, basada en La première gorgée de biere, et autres plaisirs minuscules, de Philippe Delerm, a riesgo de parecer una versión atrofiada y masculina de Amélie Poulain. O un Je me souviens perequiano también kilómétrico y tendiente al infinito, porque tender a menos es quedarse en casa en zapatillas.

He descargado toda esa metaliteratura metabloguera de la que he intentado huir a lo largo de esta serie, pero hoy he claudicado. Hablar de literatura, de proyectos literarios, de lo que uno ha escrito y quiere escribir también es literatura, de valor relativo, me temo, pero un tipo de literatura. Siempre que haya vibración, intensidad, algún tipo de salsa vital que impregne cada palabra, claro. Porque si no hay ese magma, ese esperma vitalista y vehicular, no se vive nada, no se escribe de nada, ni de yo, ni de tú, ni de él, nosotros, vosotros, ellos, ellas, ella. Hasta pronto.

10.3.09

Y

No me gusta que me mangoneen pasta. Estaba de más o menos buen humor hasta que se me ha ocurrido solicitar una tarjetas de visita vía on-line. Acabo de mandar un mensaje fulminante a la empresa, y les daré un margen de tiempo antes de publicar su nombre denunciando sus malas artes.
Un colega me pasó hace poco una tarjeta en cuyo anverso se leía: Tarjetas de visita gratis aquí.com. Me dijo que sólo cobraban los gastos de envío, pues vale. Mejor que los 24 euros que piden en WorkCenter. Y es que hay que tener una tarjeta de visita propia, porque nunca las necesitas hasta que las necesitas, y ya van unas cuantas.

La verdad es que la oferta de esta página no estaba nada mal: 250 tarjetas, gratis, por el precio de los gastos de envío, unos seis euros. Luego, eso sí, te intentaban encasquetar cualquier tipo de producto de oficina con tu nombre impreso: sellos de caucho, notas adhesivas con tu nombre, tarjeteros ad hoc, y así. Me han dado pena, joder, 250 tarjetas con por seis euros, así que les he comprado, sin mucha convicción, un lote de notas adhesivas con mi nombre e e-mail sobreimpreso. 3'75, costaban. Del tiempo de envío he elegido el más lento, 21 días, porque hoy me he levantado rácano. Por dos euros menos las tenía en diez días, pero no quería, oiga, no quería, joder.

Después de sortear con dificultades un sinfín de ofertas de artículos de coña, y de una opacidad sobre tu pedido destacable, parece que he culminado con éxito mi objetivo, agenciarme unas malditas tarjetas de visita. Nada de Javier Mariscal, mero texto más o menos decente. Venga, vamos allá, y mi número de cuenta por en el ciberespacio. Total, algo más diez euros. Me he ido a tomar un café contento con la compra y satisfecho con el cosmos.

Me olvido, pero al rato entro en el correo, y veo esto:

064-001Tarjetas de Visita500* € 3,22
023-001Opción de Acabado Metalizado-*INCLUIDO
833-001Matte Finish -*INCLUIDO
331-001Notas Adhesivas 2 € 5,67
Subtotal:€ 8,89

Gastos de envío y tramitación: € 5,25
IVA:€ 2,27
Total:€ 16,41

Las palabras que saltan en mi cerebro son "panda de hijos de puta". Sí, esa ha sido mi reacción, violenta en su cocción interior. Luego me vendrán, si es que responden a mi reclamo en el formulario de atención al cliente, con que todo se trata de un error informático. Una tal María López figura como cabeza visible del citado departamento. Todos sabemos que esos nombres son más falsos que la sonrisa de la Pantoja y, por supuesto, ningún teléfono de contacto, ningún 803 sacacuartos, aunque sea. Me parecen baratos ahora los 24 euros del WorkCenter, además te las llevabas a casa puestas, que eso siempre hace ilusión.

Pedí 250 tarjetas, las gratis, no las 500, coño. ¿Qué hago yo ahora, dentro de 21 días, con 500 tarjetas, se dice pronto, con mi nombre? ¿Y si cambio de dirección o número de móvil? No sé, me dedicaré a entregarlas por la calle, como uno de esos hombre-anuncio, a ver si al menos hago amigos. ¡Y tampoco pedí dos paquetazos de notas autoadhesivas, pedí UNA!

Sí, son seis ridículos euros, pero seis simbólicos euros también. No sólo he perdido seis euros, sino que he sido (presuntamente, pero ya me sé yo) estafado por una empresa que, como cada vez que alguien es estafado, ha oradado la capacidad de confiar en los demás, la capacidad de creer en el buenhacer de los demás y de hacer bien las jodidas cosas. Y de creer en el comercio en Internet. Y me han cabreado la tarde. Y como no me contestan, pues ahí va su nombre y mi anti-recomendación: XXXX.

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Me llega ahora el siguiente mensaje:

064-001Tarjetas de Visita 250GRATIS
023-001Opción de Acabado Metalizado
-INCLUIDO
833-001Matte Finish
-INCLUIDO
331-001Notas Adhesivas1GRATIS
Subtotal:€ 0,00
Gastos de envío y tramitación: GRATIS
IVA:€ 0,00
Total:GRATIS

Y esto: Importe del Crédito de Mercancías: 4,52 €. Ya no sé cuánto tengo que pagar, ni si han tenido efecto mis pataletas, pero les concedo un estrecho beneficio de la duda.

9.3.09

X

Despejemos la incógnita. Por cierto que pronto sé de alguien que tendrá que comerse con patatas paja sus malos augurios sobre la continuidad de este macropost abecedárico, él ya se da por aludido, jeje, veré si hago leña del árbol, bonsai mejor dicho, caído.

Tengo junto al teclado tres ejemplares de la hora de nico, con cuyo responsable, Asustao, coincidí el viernes pasado, tomando un licor de guindas. Sí, me lo encontré en el Teatro La Guindalera, que es un Teatro que me gusta mucho. No sé muy bien qué hacía allí, pasar miedo, supongo, pero suele merodear bastante por ahí. Quizá porque ofrecen licor de guindas después de cada función. Se crea un corrillo cálido entre espectadores y actores, tras cada obra. Los actores aparecen ahí, con su raya negra en los ojos, el pote color media ya restregado por la cara y esos modales tan de actor que tienen los actores cuando se quitan los personajes de encima. Me recuerdan a aquel 'hombre sin personalidad' que era Manel Fuentes cuando Crónicas marcianas era un programa cándido y para toda la familia, que nació para competir contra la telebasura. Para acabar convirtiéndose en el paradigma de ella. La mejor telebasura que se ha hecho nunca, también es verdad.

Actores, decía, como María Pastor, que se forjó en ese teatro, bajo la dirección de su padre, y que ahora ha dado el salto al CDN, y que estrena Platonov, de Chéjov. Hoy he visto su nombre en un cartel del metro, y me ha hecho gracia. Ejemplo de éxito en carrera interpretativa.

Vimos Peer Gynt, un delirio de Henrik Ibsen que para mí que escribió bajo los efectos de algún psicotrópico de la época, o en su defecto absenta. Quizá no sea la mejor obra que allí he visto, pero estuvo bien.

Hoy me he enfundado por primera vez en lo que va de año la cazadora de 'entretiempo'. Hurgando en los bolsillos, he encontrado dos entradas de teatro viejas. Ah, las entradas de cine y teatro, que se enroscan como lenguas de mariposa entre las profundidades de nuestros bolsillos. El juego de Yalta, 5 de octubre de 2008. Teatro La Guindalera. Iba andando por la calle Ruiz, después de leer a Patxi Irurzun en el café Ajenjo, que creo que es de los mejores cafés de Madrid para leer un libro un domingo por la tarde (pese a la luz tenue), cuando he descubierto esos tickets to the past. Fui a ver esa adaptación de Chéjov con V. Lo que más recuerdo es una nube de humo que se quedó estática en el escenario, a media altura, tras el pitillito del actor. Se creó lo que se dice una atmósfera, atmósfera levemente nebulosa, ahí es nada.

Pero sí, hay que dejar que los bolsillos hagan su trabajo y guardar las cosas para luego olvidarlas y, al tiempo, recordarlas.

Me acuerdo ahora que Asustao me entregó este viernes su revistita, la hora de nico, y mientras esperaba a Cotión Durruti, leí un texto sobre los pijos. Y leí cosas tan interesantes como ésta, sobre el pijomundi:

La generación de los niños pijos que te cagas que juegan al padel
Que todavía no sé qué coño es
(esto es muy de Asustao)
Que van a clase de tenis
El tenis es un deporte que se juega contra otro pijo o contra otro pijo y su amante pija
Y si te da la pelota en los huevos te duele porque eres un pijo de mierda que no aguantas ni un pelotazo en los huevos.
Me temo que soy un pijo, de pequeño jugaba al tenis y, lo que es peor, nunca me dieron con la pelota en los huevos, con lo que enseña eso en la vida. "Gracias por tus caricias y por tus golpes", le dice el alocado Peer Gynt a su madre recién muerta, en esa última y emotiva escena. Hilo ésto con unos comentarios que se vertieron después de esa obra, ya con Holzer y ARZ, sobre los niños estadounidense y el abuso de todo tipo de fármacos psicopsiquiátricos: el 25% los toma. Que el niño está triste: farmacón. Que el niño no se concentra y suspende porque es un poco hiperactivo: anfetaminas. Que sí. Datos comprobables y verídicos. Como que la Iglesia de la Cienciología tiene prohibídisimo que sus miembros (y miembras) tomen cualquier tipo de medicamento psicopsiquiátrico. De ahí la conocida expresión de "macho, tienes más peligro que un esquizofrénico de la Cienciología".

Los golpes enseñan a vivir, témome. Cuidado con vivir en permanente susto, Asustao. El exceso de golpes es excesivo. Diez caricias, un golpe, creo que es buena proporción. Y un golpe de estos en la rodilla, que se pasan a los dos minutos. Hay otros que duran más, y que pueden ser hasta crónicos, como ese cancerito que llevaba a cuestas el abuelete protagonista de La sonrisa etrusca, de Sampedro, que de vez en cuando se despertaba con saña para darle caña. "Me he acostumbrado a él", algo así decía, "en realidad me gusta su compañía, me recuerda que estoy aquí, que aún no estoy muerto".

7.3.09

W

Voy a intentar la gesta (gestita) de escribir dos posts seguidos. Ya llevo uno, en el otro blog. Vamos allá, que es sábado por la tarde y hay que llenar el vacío de alguna manera. Terapia de blog, ahí es ná. Por cierto que en el otro blog me he dado una vuelta por las yérmicas estadísticas y me he encontrado este sugerente criterio de búsqueda:

pajinas de xexso cibernetico
Ayer me volví a encontrar con la cantarina casera de Olmos, voy a empezar por ahí. Pienso que esa muchacha, a la que acompañaba el conocido como Nombre9, debe de ser algún tipo de extraña musa de los blogueros, que va dejándose caer por ahí con tal de que la saquen. Iba ya inmersiéndome (neologismo) en mi tarde social, con mi nanowalkman, cuando me sacaron de esa nebulosa musical, a la altura de la plaza de San Ildefonso, y el encuentro me descolocó por unos segundos, joer, acababa de sacarla en el anterior post, coñas metaliterarias que sólo uno entiende y comparte consigo mismo.

Me dice Holzer que, leyendo estos textos, parece estar ante lo que se considera un escritor. Y que a ver si va a ser que al final lo soy. Pues mira. Y me pone el ejemplo de un paciente suyo que sufre sus buenas paranoias, sus clásicos delirios, sus trastornitos, "pero mire, doctor, que lo cierto es que no estoy loco". Quizá no, macho, pero tienes todos los síntomas, cabrón. Me falta el obrón, ya puede haber mucho contexto y mucho momento oportuno en el lugar adecuado, que si no hay lo que tiene que haber no hay nada. De momento, van 110.036 palabras, y no quedan muchas por añadirse.

Eso me recuerda a un textito incluido en el disco Supone Fonollosa, de Albert Pla, en que una voz que creo que es Eugenio dice:

Tengo ya preparadas las respuestas para las entrevistas periodísticas que me harán en la prensa, radio y tele. Querrán saber qué opino y cómo soy. Me mostraré ingenioso y espontáneo.

Tengo ya preparadas unas listas de personalidades importantes e incluso redactados ya los textos, muy agudos, de las dedicatorias.

Tengo ya preparadas las metáforas que servirán como brillante ejemplo o síntesis que aclare lo que exponga. Saldrán como galaxias de las páginas.

Y tengo preparada mi postura al sentarme o de pie, tono de voz, expresión de los ojos y la boca.

Todo está preparado. Todo a punto.

Puedo empezar, pues, a escribir mi libro.
Mañana hablaré del Asustao, al que vi ayer, del Teatro La Guindalera, y de otras maravillosas y apasionantes naderías que usted no debería perderse.

(Y sí, la gestita ha quedado en gestitita.)

6.3.09

V

Complicada letra, ésta, probablemente la más evocadora del abecedario. Ayer salí de casa, gracias a Latinajo de Híspalis, funcionario televisivo él, que me propuso un plan ultrafetén, que diría el esquiador dadaísta. Los premios Miradas 2, (mal)organizados por RTVE. Digo mal(organizados) porque se petó el aforo y se formó un corrillo de gente ansiosa, incluidos nos, a la puerta y eso que estábamos en "la lista". Parecíamos niños de posguerra a la espera de un mendrugo de pan, sólo que en con pinta de pijos y en esa zona quieroynopuedo señorial de Cuzco y alrededores. Ese Madrid de marisquerías horteras y cafeterías de nombres marinos, con nudos y salvavidas de palo, ciertamente lamentables. Como el Melia Castilla, esplendoroso en sus años setenta, de vergüenza ajena hoy. Si alguien pasa por ahí, de noche, que lo compruebe él mismo, por favor.

En esta cola redonda de la puerta de entrada me encontré con el fotógrafo artístico Luismi (nombre ficticio) y con la cantarina casera de Alberto Olmos, cuyo nombre también conozco pero que omitiré. Nos vimos y me dije: "¿De qué coño me suena éste tío?". Y caí rápido, justo para estrecharle la mano. "¿Qué tal Luismi?". "Bien, estoooo". "Eduardo, Eduardo". Soy bueno para los nombres, qué coño, y disfruté con esa supremacía nominal mía, me regodeé incluso. Y eso que el nombre real de Luismi es raro de huevos, quizá por eso lo memoricé. Aunque también me sabía el de la cantarina casera, que es como de gotitas en las hojas por la mañana en Andalucía.

Tras una caña en el bar El Zoquito, por fin entramos en el fiestojo. Desde el guardarropa, a dos euros la prenda, avisté a Agustín Fernández Mallo, cuyo blog acabo de descubrir y que enlazo aquí. Este escritor me parece a mí un escritor de ciencias, pensé, al verlo entrevistado por una cámara, cigarrillo apagado en mano, recién premiado por Miradas 2.

Entramos en la fiesta y vimos muchos tipos modernos por metro cuadrado. Tipas explosivas, quién sabe si contradas por la organización, porque ese local es capaz de eso y cosas peores, y flequillos imposibles, estéticas andróginas de un tiempo situado en el más allá de lo moderno, tanto que podía resultar déjà vu, a pesar de no haber visto nunca nada igual. Y las copas, eso sí, a once euros. Me pedí un whisky naranja que paladée trago a trago, y además el camarero, que parecía llevar un césped negro en la cabeza, espeso y puntiagudo, se permitía ademanes soberbios e insolentes. Le desprecié con mi simpatía, que es actitud que suelo practicar en ese tipo de situaciones, por desarbolar un poco más que nada.

Los premios habían sido dados, Amaral habían tocado, todo el pescado estaba poco menos que vendido. Por eso abrieron las puertas con tanta generosidad, quiá. Aunque aún quedaba la actuación del grupo de moda, Vetusta Morla. Recuerdo haberlos visto una vez en los conciertos de Radio3, en La2, sobre la 1 de la mañana, y haber memorizado su nombre. "Esta gente parece buena", me dije, jugando a Brian Epstein. Y, joer, ahí están, ganando el premio Miradas Dos y triunfando lo suyo. Aunque la basca pasaba bastante de ellos, y el murmullo conversacional se confundía con sus sentidas canciones. Al terminar la actuación el líder dijo "a los que habéis escuchado, gracias". Soberbios, como el camarero, sin apenas haber salido del cascarón. Cuidado.

Renuente (odio esa palabra) a pagar otros once eurazos por una copita en estrecho vaso de tubo, me hice con una pulserita de esas azul VIP, que proveía copas gratis a discreción. Así, me interné en los más VIP de la zona VIP, la VIPPEST, con V de Vip, Vip, Vip, hurra!, y me encontré con un camarero ésta vez con pinta de matón. A pocos metros, en ese rinconcito selecto con cortinas negras a la entrada, estaban los exitosos Vetusta Morla. Ése era el éxito, una sala VIP y bebida gratis, aunque el camarero era lento y el guitarrista cogía las Heineken (odio esa cerveza) directamente de la cámara. "Son unos niños de papá de Tres Cantos", me había informado previamente Latinajo. Su ex compañero de piso, un rockero con canas en las patillas, abonado al fracaso, los conocía y les ayudaba a descargar la batería. "Nunca llegarán a nada", decía. Y ahí estaban, en ese rincón del éxito, soberbios, creyéndose señores de algo, estrellitas del rock. Recuerdo una cita de Bro: "Hace años tener un grupo era algo guay; hoy, da casi pena". Si te premia Miradas 2 no tanto, Bro.

Observando la fama y sus formas, un tipo me pidió que le pidiera una copa. Había visto el poder de mi pulsera azul. Cómo no. Le dije si era del grupo o algo así, y me contestó que era "el que les suministraba el vino". Joder, esperaba cualquier respuesta menos esa, y al poco estuvimos charlando sobre vinos navarros, Castillo de Monjardín ("es muy bueno"), y el tinto Campanas, que era el que llevaba él. Le sugerí Guelbenzu, que me pareció rico hace poco que lo probé. Él trabajaba para Bodegas Domecq, me dijo. Le dejé con los vetustos y salí de nuevo al festén-fetén. Me encontré con Luismi (nombre falso) y su hermana, la cantarina casera de Olmos, que estaba poco menos que escandalizada. "Nos largamos. No me gusta nada cómo mira la gente. ¿Pero tú has visto eso?". Qué candidez, qué incorruptez, qué admirable.

Luego la cosa languideció con unos dj's que pinchaban música para que una tipa en transparentoso camisón, o algo así, hiciera unas contorsiones entre niña del exorcista y Jane Birkin (por poner algo) y optamos por coger, tomar, como se diga, el último metro, dando la noche por bien empleada.

5.3.09

U

A veces entiendo a Eduardo Mendoza o Ray Loriga, cuando en su día no los entendía e incluso despreciaba con la boca pequeña. Escritores que se dieron de baja como escritores/columnistas del diario El País. El primero, de su columnita semanal de los lunes, en la última página, que ahora ocupa la Grandes; el segundo, de las páginas de la edición de Madrid, creo que los sábados. Que no siempre había temas, decía, que muchas veces se escribía por escribir, por salir del trance, forzado, y eso es una prostitución de la literatura como hay pocas. Mendoza argüía que era una presión semanal eso de estar pensando qué coño escribir en la columnita de marras y que se cansó, vaya. Les entiendo, aunque no los comparto. Una columna semanal, tampoco es tanto.

Pero una columna no es un blog, porque el blog es como la taberna de las columnas, la rebotica de las columnas, la tramoya del periodismo o la literatura. A veces es una literatura wanna be que, en esa indefinición y suya y falta de presión de ningún tipo brota como brotan las fresas for ever. Juan José Millás es las antípodas de estos Mendoza y Loriga, archipresente en cualquier publicación periódica que requiera sus servicios. No sólo es la columnita sagrada del viernes del medio arriba citado, a veces te lo encuentras en diarios como el de Navarra, en revistas de mujeres, luego en la radio, con sus relatitos, microcuentos, minimeces y siempre parece pletórico. Dudo que alguien trabaje más que ese tipo, buscando materia para su macropost que divide y vence en sus diversas publicaciones. Pero le pagan, ah, perro, y qué grato trabajo el de observar y que te paguen. Quiero ser JJ Millás, pero en más animado y con las egues siendo erres. Tiene un libro ahora, Los objetos nos llaman, que me llama.

Pero este hombre puede sufrir algún día algún bloqueo, algún colapso, algún trauma que abotargue su filón cerebral. ¿Tendrá columnitas en nevera, metiendo caña a Rouco Varela, por si eso sucede? Temas atemporales, sobre mosquitos atrapados en ámbar que ya eran homosexuales, o sobre el descubrimiento y desarrollo de los agujeritos del alfiler y su contribución al florecimiento de la industria textil?

Yo mismo me he apeado de esa escritura temática que en su día practiqué, y la suelto con cuentagotas en el otro blog. Porque ando un poco con el ojo vago, y hasta dañado por una venita que explotó y lo riego con suero fisiológico, treinta botellitas como treinta turbinas que me costaron 3,80. "¿No tiene algo más pequeño, joder? ¡Es agua con sal!" (No fui tan borde). "Ya, pero agua con sal en la medida correcta, exacta y sirve también para la congestión nasal". "Ah, bueno, tome". Y dígame cuál es la puta medida exacta, señor farmacéutico, que ya me lo hago yo en casa. Esto ni siquiera lo pensé, lo confieso.

Practico ahora el post-río, que es más relajado y abierto. Todo el mundo cabe en uno de estos posts, en este macropost vitalicio, desordenado, porque ordenar el mundo también cansa, y a los bloggers no nos pagan, más allá de esos comentarios-recompensa, así que uno dice, a veces, pues que lo ordenen otros. Como me pasa, sí, estiremos la cosa, con los calcetines.

4.3.09

Observación

Curiosa paradoja me sucede. No escribo, y aumentan las visitas. Reflexionaré al respecto.

3.3.09

T

Buscando entre la maraña de calcetines desparejados me sorprendí ayer con un hecho insólito. No sólo atrapé dos de la misma clase, sino que ambos eran Monday. Hay una pareja para cada día de la semana, Monday, Tuesday, Friday, pero rara vez casan. Lo mejor serían tener todo calcetines negros y a correr, en fin. Y ayer, zas, me encontré a dos mondays que lucí durante todo el día lunes. Pero, ¿alguien se fija en los calcetines ajenos?

Quise ver en ello un buen presagio de la semana que comenzaba, pero no fue así. Si este texto lo escribiera en papel, y aunque fuera a ser publicado, no dejaría mutilada la verdad, aquella en que se me aguaron los buenos augurios porque no encontré calzoncillos (qué palabra tan íntima) limpios. Al escribir aquí en Internet, da más cosa soltar este tipo de confesiones de puertas adentro. Esa es la diferencia, me temo, entre la escritura más o menos personal en Internet o en el papel. Rodeándola de palabrería, eso si, la confesíon ya confesa queda como oculta e inaccesible, menos impúdica. Puse una lavadora acto seguido.

El día se disipó cuando, al conectar de nuevo el móvil a la batería (siempre olvidamos cargadores en nuestros viajes: en las tiendas de chinos sólo valen cinco euros) recibí el aviso de la presentación de un libro. El libro de una periodista y poetisa amiga, o poeta, y siempre es grato ir a presentaciones de libros de gente que te cae bien y hasta admiras. Ya lo he dicho alguna vez, mis selecciones literarias van cada vez más por esos tiros, autores que me caen bien. "Entonces reducirás al mínimo los libros que lees", me dijo ayer David González T, que acaba de estrenar su rutilante television literaria en Internet. "Hombre, no...". Hay mucha gente maja, de la que sacar algo valioso. Los buenos escritores suelen serlo, lo malos son unos hijos de puta. Me temo que en el futuro solo leéremos a nuestros amigos. Antonio Gómez Rufo lo sabe, y por eso se ha abierto un perfil en Facebook donde tiene más de mil amigos. Y le saca tajada a esa amistad.

Como Antonia Cortés, que presentó El día en que callamos las palabras en la biblioteca histórica de Marqués de Valdecilla, otro de esos tentáculos que la Complutense despliega en el Madrid céntrico. Gran poder de convocatoria, para mí lo quisiera, en ese momento delicado de presentarte a ti mismo, que es toda presentación de un libro que uno ha parido. Y figurones: el rector Berzosa y el poeta y hombre de cultura Luis Alberto de Cuenca. Me gustó una frase de Berzosa, atribuida a José Luis Sampedro: "Una cosa, difícil, es lograr la libertad de expresión. Y otra, quizá más complicada, es lograr la libertad de impresión". Porque uno puede ser todo lo que escritor que quiera, que si no le publican no le creerá nadie. Ahí estaba un editor de Tomelloso, parte de ese discreto pero activo lobby manchego, para poner papel a esas palabras.

Mantuvo Antonia la altura requerida y leyó unas emotivas hojas, y todos con la lagrimilla en el canto del ojo. Me gustó lo que dijo que dijo Félix Grande, sobre sus etapas de agrafía poética. "Domino la técnica, pero no basta para sentarse a escribir y abrir ese espacio para la poesía". Algo así. ¿Cuándo escriben sus versos los poetas? Imaginarlos agazapados sobre el papel, en ese acto religioso de buscar las palabras que les salven, es uno de los misterios del ser humano. Tiene algo de trogloditas pintando búfalos en las cavernas.

En la hora del imprescindible vino, me presentaron a MT, que prepara su fastuoso y rompedor medio de comunicación on-line. Otro más. Quizá son pocos para los que están por llegar. Quizá estemos en los albores de los albores y se nos esté pasando el tren a quienes no montamos nada más que un blog con escasos aunque fieles lectores. Como en la revolución industrial, nos movemos en el tiempo en que nada está aún inventando y da como cosa quedarse de brazos cruzados. La Wikipedia se inventó hace tan sólo cinco años. YouTube hace tres... MT me contó sobre su medio y sus guiños al audiovisual, pero con una nueva forma de hacer tele. La tele en Internet no puede ser como la tele en la tele. Se citó a La Comuna, que se suben a esa nueva forma de hacer televisión.
"Pero bueno", dijo M, "aquí estamos nosotros haciéndonos estas pajas mentales cuando dentro de veinte o treinta años todo esto estará ya superadísimo y sabremos cómo es una tele en Internet, para que sirve ésto lo otro, los medios de toda la vida, los nuevos, etc". Entonces será demasiado tarde para encontrar un hueco, hoy todo parece posible, crisis inclusive.

Pero encontrar calcetines iguales sigue siendo igual de jodido que siempre.

2.3.09

Sólo un muerto más

Última novela de Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923). Lea la crítica en Ojos de papel.

S

Euskadi acaba con 29 años
de mayoría nacionalista


Este era el titular que ha escrito Latinajo de Híspalis en www.rtve.es/noticias pero que yo he interpretado malamente, con el consiguiente pálpito en el corazón.

Euskadi acaba con 29 ESCaños
de mayoría nacionalista


Vamos, que finalmente, por asuntos de escrutinios, recuentos y papeletas atrasadas el nacionalismo peneuvil seguía otros cuatro y otros treinta, gobernando en monocromo. Eso he pensado. Y quién sabe si será, aunque una voz del más allá me confirma que no.

Escuché hace poco una cuña de propaganda del PSE, que era algo así: "Tengo treinta años y he sido testigo de la muerte del VHS, del fracaso del Betamax, de la irrupción de la pizza a domicilio, de las conversaciones por maquinita entre desconocidos, de los teléfonos en el bolsillo... pero los nacionalistas siempre han gobernado, es lo único que no ha cambiado". Bueno, la culpa, si es que la tiene alguien, no es del PNV, sino de quienes le votan. Todo cambio es bueno. "El cambio es estar de vacaciones", leí en alguna parte. Es una cosa higiénica, no le vendría mal tampoco a Andalucía.

Y yo me alegro. Pero mi amigo Iker María me mandó un mensaje de estos de Facebook en el que decía:

"Buff... al final creo que va a pasar lo de siempre. Qué desastrico. Maldito último escaño"

Y he entrado en la web estatal y encuentro el titular arriba firmado, y no sé, me vino encima esa sensación como de que la realidad es inmutable, tozuda, coñazo, y resulta que no. Poetas como el comunistón empleado de banca Gregorio San Juan estarían contentos en una jornada como hoy. No es por la derrota de unos, sino por el triunfo de otros. Contenedor Amarillo acaba de dejarme un comentario, que le voy a pedir que vuelva a remitir a esta entrada, cosa que haré yo si él dormita ya.

En el siglo XXI ya no estamos pegados a los transistores, esos que escuchaban los europeos en la Segunda Guerra Mundial para conocer las incursiones enemigas. Esos que en la España franquista sólo servían para la evasión y, a lo sumo, para sintozinar alguna emisora que escapara, vía hertziana, los férreos controles de la censura de siempre. No hubo noches electorales en el franquismo. Sí con la muerte de quien dio nombre a tan ominoso -ismo, y entonces se veían por la tele, en los informativos con luz por la ventana de la primavera, cuando la primavera es tiempo de elecciones. Ahora parece que la moda es adelantarlas a marzo, y no es mal mes, uno de esos meses que necesita de ciertas efemérides, para coger cuerpo.

Hace casi un año del otro marzo electoral, que yo viví en una redacción en teoría imparcial. Recuerdo el silencio tenso de cuando ganaron "los malos" y cómo no estaba la cosa para bromas. Imagino similares atmósferas en, no sé, la redacción del Deia.

Pero quería decir que esta jornada electoral, como lo serán las del futuro, las vivimos ya con el culo pegado a la silla. Pinchando en éste y otro diarios digitales, con esa materia informativa que devoramos como los moros devoran el cuscús cuando cae la noche de Ramadán. Con la excitación de que Obama es posible, y que López también es posible, Yes We Can, como dicen los osasunistas del próximo partido contra el Rácing, y Bilbao, en el Domine de Mariscal, era una fiesta, y yo me alegro.
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