Feng shui territorial

Este tema da para mucho. Se podrían incluso escribir tesis, ensayos, tratados de todo tipo. Estudios varios sobre la capacidad del terruño en el que vivimos para provocarnos tal o cual sensación. La capacidad de nuestra ubicación en la tierra para moldear nuestros estados de ánimo, más bien al margen de la climatología. Teniendo sólo en cuenta la perspectiva espacial, los elementos que tenemos alrededor, nuestra posición, vaya.

Las dos veces que he estado en Praga he sentido un cierto bienestar en ese aspecto, el del feng shui territorial, pero también una leve presión geográfica: demasiado país, demasiada tierra, alrededor. Es una dulce presión, de todas formas. Parecida a esa presión humana de un bar de copas ingeridas alguna que otra: la gente nos mece, nos acompaña, llena el lugar. Praga me pareció acogedora por eso, si bien una estancia prolongada podría resultar levemente asfixiante.

Francia, por ejemplo. Tiene algo de país de paso, de gran Castilla-La Mancha entre el norte y el sur de Europa. De corazón de Europa pasa a ser también columna vertebral por la que circulan, en verano, caravanas y caravanas de magrebíes que vuelven a casa por vacaciones.

Gran Bretaña, en cambio, pese a insularidad, me parece más acogedora. Acogedora y melancólica, como pasa con las islas, que son terrenos desgajados del resto, y quizá por eso, con una mayor cohesión interna de su gente.

Hay ciudades, en España, que propician esa armonía del ánimo, sin que sepamos muy bien por qué. San Sebastián me parece húmeda, hay la sensación de que una gran ola sobrepasará la isla de Santa Clara y nos anegará por completo. Me atrevería a decir que las ciudades con mar y, además, playa, restan puntos en la clasificación mundial por el feng shui topográfico. En el otro extremo, Almería, tampoco me produjo, las veces que la visité, esa calma de los humores que dan otras ciudades. Ciudades quizá menos agraciadas pero con el discreto encanto de lo acogedor: Ciudad Real.

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El feng shui de Barcelona no lo tengo claro. Luz, mucha luz. Inviernos de raro frío, no sé. Las estadísticas hablan de una de las ciudades en que la gente es más feliz, por su suave clima, su orientación al mar, etc. Para mí Barcelona siempre ha tenido un punto, perdónenme, tétrico. Pero creo que es por culpa de Gaudí, cuyos edificios calaverescos me impresionaban de pequeño.

No me convence el Mediterráneo, el levante en general. No viviría allí en invierno, a merced de esos diluvios, esas inundaciones inesperadas.

Es complicado, de todas formas, dilucidar en qué lugares ese presunto feng shui territorial se hace más patente. ¿Grandes capitales o provincias? Parece que la vida es más nítida, más aprehensible en provincias. Esa 'nebulosa' de la que hablaba Gómez de la Serna parece que se disipa en las ciudades pequeñas. Pequeñas y de interior. Siempre que volvíamos a casa, de alguna ciudad costera, a nuestra Pamplona-refugio, sentía como mi cabeza encontraba su acomodo.

En fin, el tema da para mucho. Y es curioso pensar como vivimos donde sea, hale, sin plantearnos si aquel lugar será apto para nuestros organismos del alma. Hacemos tantas cosas, importantes, sin el más mínimo estudio del asunto y, en cambio, otras nimias ocupan nuestros mayores esfuerzos mentales.

Uno puede pasarse toda la vida presa de una extraña incomodidad. Hasta que le venga un tío y le diga que la cama mirando a la puerta da mal rollo.

Comentarios

  1. Yo necesito ciudades desde las que se vea una montaña. Las llanuras me abruman.

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  2. Pero sin pasarse, como pasa un poco en Bilbao/el botxo.

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  3. Joder... es que Bilbao es directamente el extremo, demasiado, sí. Jajaja... Bilbao me da sensación de claustrofobia, como esperando a un alud. Siempre como al acecho. Jaja.

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  4. ¿Coño, has vuelto a meter en la lista de blogs al Fernández Mallo?

    Lo pincho, y leo que ha escrito un post en el que pone que la revista quimera le ha nombrado a su Nocilla Dream como cuarta mejor novela de la década. ¿Producto del calentamiento global? Supongo...

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  5. Creí que era el de él cuando comentaste que habías eliminado alguno. Chorradas míaas entonces.

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  6. Los dos tenemos razón, no te preocupes.
    abrazos

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  7. El sentimiento que despiertan las ciudades de paso, en mi caso de diez o quince días de vacaciones en las que no da tiempo a deshacer la maleta, no tiene nada que ver con los que genera residir en tal ciudad y en tal país durante meses, o años. Cuando nos sabemos de paso es como si voluntariamente inhibiésemos nuestra capacidad de adaptación, de acomodo. Es como dormir en el sofá del salón de un amigo por una noche, si duermes bien eso que te encuentras pero si no pegas ojo da igual, uno sabe que al día siguiente dormirá en su cama.
    Lo que tengo claro es que mi ánimo se encuentra más cómodo en ciudades de interior, sobrias, comedidas.
    Y ese acomodo de la cabbeza del que habla usted al llegar a su Pamplona-refugio, aún lo siento yo, después de veinte años viviendo en Ciudad Real, cada vez que entro por la puerta de la que siempre será mi casa (la paterna), en un pequeño e insignificante pueblo de La Mancha... Vamos, que me pasa lo que a ET.

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  8. Luego están las ciudades en las que uno padece una cierta forma de síndrome de Stendhal. Florencia, por supuesto, y más cerca Salamanca, Toledo, Santiago de Compostela...

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  9. Tengo un recuerdo muy deprimente, el de un pueblo mediterráneo fuera de temporada, con todas esas construcciones de pasillos exteriores vacías, los bares de paellas chuscas cerrados, la playa a medio recoger y el viento soplando sin obstáculo. Pueblos fantasma, pueblos desolados, sin chancletas con calcetines blancos, sin olor a sobaco de camiseta de tirantes de colores, raída y tensa, cubriendo una barriga, mostrando unos hombros peludos y rojos. Sin nada de todo eso pero como con su olor flotando por las aceras.

    Yo, a la hora de elegir piso sí que me he dejado llevar por las sensaciones. Hay casas que parece que lo tienen todo y no sabes muy bien por qué, da un mal rollo increíble estar en ellas. Otras, en cambio, desde el primer momento te transmiten tranquilidad, aunque tengan supuestos inconvenientes objetivos.

    Tengo buenas sensaciones de Segovia, de Toledo. De Ávila algo más inquietantes, de Soria algo más deprimentes. De Santander decepcionantes. De León tengo una sensación como de estar lejos de todo, una especie de efecto isla interior, algo claustrofóbico, parecido a lo que me pasó en Chichón, por cierto.
    Pamplona es gris, muy gris… quizás por eso me gusta, por hacer juego con ella o por algo tan prosaico como porque soy de aquí. Sin más explicación. A ratos se me hace diminuta, sobre todo cuando la paseo, y estrecha, porque siempre te cruzas con caras que ya has visto. Es una ciudad en la que te sientes observado porque tú observas.

    Y por tener, tengo hasta una cuenta pendiente, con Ciudad Real, que como por aquí hay gente de por allí o que la aprecian mucho, y aun sabiendo que me voy a llevar más palos que una estera contaré lo sucedido. Volvía hacia Madrid de Almagro, de su corral y su museo del teatro, y decidí entrar a la ciudad porque no había estado nunca. Entré, di una vuelta con el coche, no pude aparcar y me fui porque me dio la sensación de que todo era nuevo, pero no nuevo de nuevo, actual, sino como nuevo de los setenta, de los ochenta, como un nuevo pasado, demasiado ligero. Algo extraño. Prometo esforzarme más la próxima vez, asumiendo y pidiendo disculpas por lo injusto de mi única visita.

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  10. Es buena esa aproximación. CR es como un gran San Juan (de pamplona), solo que, si te das cuenta, esos barrios que nos parecían tan nuevos empiezan a ser ya viejunos, a lucir la pátina del tiempo. La 'parte vieja' de Ciudad Real se limita a unas casas bajas más bien humildes, con un ligero encanto... Pero más allá de la belleza o no belleza, tiene su feng shui, curiosamente. Recuerdo que en mi estancia allí escribí una especie de diario sobre la ciudad y mis andanzas (¡a mano, a ver qué hago con él!) y lo comparaba con el salón de la casa de nuestras abuelas. Y en esos salones, de tiempo detenido, siempre estaba uno como plácidamente.

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  11. Sí que se ha quedado viejuno el barrio de San Juan. No sé si has visto la travesía de Bayona, que la han reformado con coloricos chillones chillones, joder... pero muy chillones.

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  12. La 'trave' siempre me pareció de los rincones más tristes de Pamplona. Quizá por eso la hayan enchillonado.. me fijaré.

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  13. Aquí dejo unos recortes para quien quiera acercarse al hiperlocalismo pamplonés. Sin más.


    Rehabitilación de los edificios de la Travesía de Bayona

    A ras de calle hay unos respiraodres de los garajes con los mismos colores que la fachada.

    Si pasas el puntero por encima de la foto verás uno de esos, en verde.

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  14. Que va, contenedor, lo que se lleva usted, al menos por mi parte, es una invitación formal, hombre, cuando decida volver hágamelo saber, que yo le dejo una plaza en mi cochera.
    Tengo por ahí un post en el que vengo a decir lo mismo que usted. http://suturasysegundasintenciones.blogspot.com/search/label/Ciudad%20Real

    Pero, sinceramente, en CR sólo echo en falta un buen teatro y poco más.

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  15. joer, señor Laporte, ande, le puedo dejar otra a usted, o vengan ambos juntitos en el mismo vehículo, qué se yo. Usted ya residió aquí, ¿no?, pues sírvale de guía a nuestro amigo Contenedor y enséñele el acogedor salón de su abuela que es esta ciudad.

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  16. Coño, El patio, pues muchas gracias.

    Jajaja... hala, hágale una carantoña al náuGrafo que como buen escritor es un acaparador. Jajajaja...

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  17. Zaragoza parece una opción equilibrada, ni muy grande ni muy pequeña, no muy lejos del mar ni de la nieve, gente maja y además siempre he oído que hay más tías que tíos, así que no parece un mal lugar para los solteros. También tienen unas buenas fiestas, aunque he de admitir que nunca he estado. A pesar de todo ello, es una ciudad que no me llama nada... no sé, sigo pensando que le falta algo.

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  18. Contenedor , yo soy , y vivo , de uno de esos pueblos fantasmas. Se está muy bien , en vez de pensar que eres un ermitaño chiflado puedes creer que estalló la bomba h , que son todos unos desertores cobardes o que eres el último mohicano . Luego llegan los navarros a navarrear y los maños a mañear y si hay suerte y ganas se puede optar por el apareamiento estacional o la fuga.
    Zaragoza no está mal pero su burguesía opusdeiana mete tanto miedo como la navarra.

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