Acotar

A raíz del post anterior, sobre aquello del viaje como acotación temporal de la vida, como relato corto dentro del relato largo ("cada uno lleva consigo, a cuestas, su propia novela", creo que dijo Galdós), he pedaleado algo sobre el concepto de acotar.

Acotar, poner coto a algo, delimitarlo, ubicarlo en lugar, en un tiempo, en un continente, en una forma, en unos procesos. Sin darnos cuenta, estamos todo el día acotando. Los artistas son los primeros que hacen de este concepto, el acotar, su principal recurso. Toman un fragmento de la realidad y lo enmarcan/acotan: esto es arte, te dicen. Y nosotros les agradecemos ese esfuerzo, aunque sea un mero atardecer cobrizo sobre el monasterio de los Jerónimos de Madrid. Hay arte ahí, y el paseante atento lo descubre, pero se agradece cuando ese arte, esa belleza, ha sido previamente acotada por alguien y colocado en un contexto, sala de exposición, otra acotación del arte, adecuado.

Acotar también es domesticar nuestras fuerzas, y ponerlas en un plato bonito. El escritor acota su pensamiento en la hoja de papel, en la pantalla del post, en el artículo del periódico. El hombre acota la proyección de su amor infinito en unas personas concretas, y no en todas. También acota su capacidad de hacer mal en tal guerra, tal atentado, tal crimen. Da forma y cultura al acto de hacer daño, delimita su crueldad.

También podemos acotar cosas que no surgen de nosotros, y aprovechar esa fuerza para nuestro beneficio. Acotar la fertilidad de la tierra en huertas: y aprovechar sus frutos. Acotar la fuerza del agua y crear energía hidráulica, acotar la fuerza del viento con torres eólicas, y así.

Hasta el flan que nos sirven en el menú del día llega a nosotros tras un complejo proceso de acotaciones adicionadas una sobre la otra. La fuerza láctea de las ubres de la vaca, la fuerza ponedora de la gallina, la fuerza dulcificadora del azúcar. Todo eso en un continente plástico que acoge a las mil maravillas ese contenido trémulo que se nos muestra hierático, respetable, cargado de presencia, bajo los límites del envase acotador.

El trabajo, si es digno, es otra sana forma de acotación, necesaria para no caer en la locura, en una muerte lenta. "Todo el que no está naciendo está muriendo", dijo Bob Dylan. Acotemos nuestras fuerzas, démosle la mejor forma posible, como el bailarín transforma la fuerza en gracia, y todo irá mejor.


Objetos acotados

Comentarios

  1. A ver si me voy licuando tras el puente, que ando un poco espeso (una vez oí de pequeño una de esas conversaciones de mayores en las que uno decía de otro que tenía la sangre espesa, en plan tiene lo peor de lo peor). Hasta las almas están acotadas, en los cántaros.

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  2. ¿Dhul acotado? ¡Qué va! Es una falsa impresión.
    No hay origen, ni final; siempre estamos a medio camino. Desorientados, pero a medio camino.

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  3. Es Danone, jamás compraría un flan llamado Dhul. Siempre a medio camino, cierto, pero esa acotación se parece más al fin, a un producto acabado, que cualquier otra cosa. Prueba a leer un libro con todas las letras desordenadas en un gigante flan Dhul.. p. ej.
    abrazos acotados

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  4. Cuánta razón tienes. Y cuánta filosofía hay detrás de tus observaciones. Lo cual es un palo al arte contemporáneo, que ha pretendido que el artista no tiene límites. Y, como decía Chesterton y ahora dices tú: "La esencia del arte son los límites" (la acotación).

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