El forastero

Este fin de semana lo pasé, con dos buenos amigos, en un pueblo de Badajoz, Monterrubio de la Serena. Por la noche, acudimos al bar Oliver, uno de los dos bares que copan la vida nocturna de esta localidad de 2.724 habitantes. Uno de esos pubs de pueblo, tan característicos. Quieren imitar a los locales de las grandes ciudades, pero no les sale. Lo hacen con timidez, con las fuerzas justas, y siempre queda algo deslabazado, una modernería de medio pelo. Y además hay un momento en que colocan una de esas canciones, cómo definirlas, con lo peor del reguetón, del techno, del bakalao, de la música de feriante gitano que le acercan a uno al síndrome anti-Stendhal más absoluto. Luego te tomas dos copas a 3,5 euros, en vaso ancho y libre de cualquier garrafoning y se mitiga todo y el local se empieza a parecer al veneciano Harry's Bar, poco menos.

En ese bar tan acogedor pero tan poco, como decirlo, evocador de nada, aparece de pronto un forastero. Un forastero distinto a nosotros, a los que también se nos caló como de ciudad. "Nada más entrar se os notaba", nos dijo una autóctona. Quise averigüar las causas de esos juicios y me contestó que "no sé, por el peinado, la forma de mirar, de andar...". Curioso.

Lo cierto es que hay algo, no en los de ciudad, sino en los que no son del pueblo, que se nota. Una cierta desubicación espacial, para empezar. El del lugar conoce aquello, pisa terreno conocido, es su casa. El de fuera no.
Como a aquel tipo, en el aquel bar Oliver, al que se le notaba a la legua su condición de forastero. Unas patillacas triangulares que, para empezar, no casaban con la moda pacense del momento. Un polo de pijo italiano, siciliano para más señas, con la inscripción de Palermo nosequé que también llamaba la atención.
La sola presencia de aquel extranjero en el bar le dotaba de una cierta universalidad. La localidad pasaba de pueblo más o menos perdido de Badajoz a lugar en el mundo que había sido consultado por italianos. Italianos que lo habían elegido para sus vacaciones, como otros de países varios, para actividades relacionadas con la caza. "Los cazabichos", los llamaba uno que llevaba el hotel principal del pueblo.

Una ciudad, un pueblo, un lugar, sin forasteros, sin la posibilidad de que vengan forasteros, es un erial, un pueblo fantasma, una rotonda en Siberia. Aquel siciliano en Monterrubio de la Serena, con su sola presencia, hacía del pueblo menos pueblo.


Dehesa extremeña

Comentarios

  1. Cuánta razón lleva ese último párrafo... oiga, que lo cantaba el Perales: "Silencio, que está mi pueblo muriendo de soledad, silencio, que está lloviendo y el viento dormido está en los aleros..." Ay, qué tristeza de canción.
    Pero luego había otra de María Ostiz que decía: "Un pueblo es, un pueblo es, un pueblo eeeeeesss abrir una ventana en la mañana y respirar la sonrisa del aire en cada esquina..." Esa era como un canto al turismo rural, oiga.
    Pero lleva usted mucha razón en ese último párrafo que me ha puesto a mí de un triste que no vea, porque mi pueblo, cuatro veces más grande que el pueblo donde trabajo, ya es un pueblo fantasma donde no hay más forastero que el inmigrante al que se le mira con desconfianza y no con curiosidad e interés.
    En la ciudad es difícil que le calen a uno si es o no de otra ciudad, nadie repara en nadie. Pero los de pueblo, entre quienes me incluyo, sabemos reconocer muy bien a quienes no son de nuestra especie. El forastero es como una novedad, algo que contar mañana.

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  2. Lo iba a comentar en el post en sí. La riqueza del forastero no está en el forastero en sí (este era un tanto hortera), sino que la presencia del forastero implica una actividad, un valor, un activo, un algo, que hace que un tío se venga desde sus lejanas tierras a tu recóndito pueblo.

    Siento haberle llevado tristeza con mi último párrafo.. Organice Vd. un festival de algo no sé. Festival de cata de queso manchego 2.0 o algo asín..

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  3. En "El árbol de la ciencia", Baroja/Andrés Hurtado es el extranjero citadino que llega al pueblo (Alcolea del Campo) donde todo el mundo le hace el vacío. Él tampoco es que haga mucho por adaptarse. La frase con la que Baroja abre el capítulo en el que explica su vicisitud es demoledora: "Las costumbres de Alcolea eran españolas puras, es decir, de un absurdo completo". Espero que no te hayas sentido así en tierras pacenses. Ah! Y que conste que yo soy de pueblo; un pueblo cada vez más grande, pero pueblo al fin y al cabo.

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  4. La verdad es que en dos días, y en mi calidad de turista ocioso y degustador de gastronomías locales, no me dio tiempo a sentir ninguna sensación de tipo melancólico/barojiana. Tampoco dio tiempo a apreciar el modus vivendi de esas buenas gentes, pero noté sobre mis hombros el peso de un aburrimiento letal que flotaba en el ambiente. Casas cerradas a cal y canto, nadie por las calles, tristeza apabullante a esa hora criminal del sábado por la tarde, en la que compramos unos churros a un portugués bastante apocado.

    "Las costumbres de Alcolea eran españolas puras, es decir, de un absurdo completo", qué gran frase barojiana.

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  5. Ese bar que dices que quiere imitar a uno de ciudad pero no le sale...creo que te confundes querido forastero. Ese bar lleva 30 años abierto, tiene su esencia, y su propia inspiración.
    Estamos hartas las personas de pueblo de llevar a cuesta la lacra de las ciudades. No son mejores querido forastero, ni nos morimos por imitarlas, porque para nada las consideramos superiores a nuestras localidades.
    Para mi que al tomarte esas copas alli, tenias la cabeza en otro sitio porque es la primera vez en mi vida que escucho o leo algo asi de ese bar...
    Date cuando puedas otra vueltecita y quitate los prejuicios con los que fuiste, porque para nada es un pueblo perdido en ninguna rotonda.
    La rotonda es la que se pasa viniendo de Madrisss o de Barcelonass.

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  6. la palabra forastero sólo la he oído en las pelis de vaqueros y en los pueblos. Es sonora y tal, y por los pueblos de Navarra que frecuento incluso te la tiran a la cara como un reproche, ¿qué forastero, no? No, no... yo soy el nieto del sobrino del amigo del de la tía Petra. Ah bueno, ¿de los de la pieza al lado del río, no? (en los pueblos de Navarra a las parcelas de tierra de cultivar se les llama así, piezas). ESOS MISMOS.

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