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Ayer (que mañana será anteayer cuando mañana pase a ser hoy) me compré, agotando mi presupuesto para libros del mes, un libro (y no me refiero a la obra de Marlo Brando). Aunque hoy me han enviado, amablemente, desde Santillana, un ejemplarón que dice Unamuno, así sin más, biografía del mismo y a ver qué hago con él. Por lo pronto, me ha servido para salir de la cama, con el timbre del señor cartero, nada mejor que te despiertes con libros. Me compré, decía, Conversaciones con Thomas Bernhard, de Kurt Hofmann.

El libro está interesante, aunque no sé si Bernhard da tanto para cambiar la vida de uno, como decía Miguel Sáenz en el prólogo de Relatos autobiográficos. El propio Bernhard le contradice en este libro: "Nadie cambia. El ser humano, ya de niño, es básicamente de una forma y, en ese sentido, yo nunca he cambiado".

Me he fijado en la foto de la portada, en la que confluyen escritor (Berhnard) y periodista (Hofmann). Me he proyectado en esa foto, al vislumbrar un muy vago parecido mío con el periodista y he pensado, ¿qué puesto me correspondería en esa foto? ¿Escritor, periodista, peritor, escritorista? Qué soy, qué seré, oh, oráculo de Delphos, atiéndeme que tengo el número 233 (ojo, son preguntas retóricas).

Y aunque tal oráculo me respondiera, y sobre esto reflexiona el propio Bernhard, no sería más que una etiqueta simplista, un rudimento para entenderse. Si te ganas la vida como escritor, pues a lo mejor sirva lo de que eres escritor, pero resulta que el propio Bernhard tenía grandes cualidades para la música, pero sus problemas de salud le impidieron hacer carrera como cantante lírico. Todo eso cuenta.

Supongo que uno es aquello que realiza con gusto y que, al hacerlo, no desería estar haciendo otra cosa. Que al hacer eso, siente que traza su camino. Y dice Bernhard, muy sabiamente:

La desgracia de los hombres es, precisamente, que no quieren seguir su camino, el propio, que siempre quieren seguir otro. Se esfuerzan por ser algo distinto de lo que son. Al fin y al cabo, todo el mundo es un gran personaje, tanto si pinta como si barre como si escribe. La gente quiere ser siempre algo distinto. Esa es la desgracia del mundo.

Comentarios

  1. Vengo de cenar y de tomar un par de copas con el hermano mayor de Bro, que es mi amigo desde los tres años, con dos cojones, 29... a ver quien supera eso, pese a que la vida nos lleva por extraños escalones a cada uno y nos encontramos en descansillos cada vez más extraños...

    Yo no quiero ser nada y no deseo ser nada... nunca lo he necesitado, y ahora mucho menos, pese esta tripa que crece, que sin que nadie la haya llamado se expande como la edad sobre una vida postrada, esperando que quiera ser espectador y nunca protagonista, que no quiero ponerme a régimen delante de nadie. Pudor o pereza, que siempre hay preguntas... y muchas.

    Oráculos... eso tiene que ser como el despertador que me saca de la cama todos los días y que ni tan siquiera es para mí.

    Sigo buscando una fuente de ingresos sin que me saque de mi sopor... pero no hay forma. La vida sigue siendo extraña... una semana más.

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  2. Dice Thomas Bernhard, precisamente, que los únicos amigos que el valora, a ciertas alturas de su vida, son aquellos que tiene desde los tres años (qué envidia). Pero que claro, que la relación se agosta también, ya que está demasiado basado en los "te acuerdas de...?", "cómo le irá a tal..."..

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  3. Innegable... pero me gusta creer que los te acuerdas son cimientos de lo que vamos construyendo, cada vez más en el aire, creo, y que aunque son más osados, también tienen más peligro de derribo inminente. La gravedad te perdona menos cosas.

    Si vieras lo que he hecho hoy... me he metido en el google earth y he buscado un colegio en una ciudad de Inglaterra: Bournemouth. Qué cosas más raras pasan las tardes de otoño, joder. Tú ya sabes... jajaja. Será la lluvia, que por fin ha llegado.

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  4. Coño, idea me has dado. Aquel espigón playero tan melancólica... Aun recuerdo la calle en que viví, St Lukes Road 46... La familia: X (lo olvidé), Angie, Steve, Samantha and James. Qué verano aquel, iniciación de tantas cosas.. diossss

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