4.11.09

Bm

De nuevo, problemas con el sueño, y aquí estamos, 4am. Antes de dormir unas tres horas seguidas le metí una buena tacada a Aire nuestro, la última novela de Manuel Vilas, elogiada por aquí y por allá, que es como turbadora y excesiva (en el buen sentido). He visto al primer Felipe Benítez Reyes, el de El pensamiento de los monstruos y El novio del mundo, que tanto me gustaron en su día, en Aire Nuestro. Sobre todo en un detalle, los nombres. Berta Cooper: es muy de Benítez Reyes. Hay que ver cómo el escritor se va apropiando de los hallazgos de otros escritores. También me he fijado en la coña de poner títulos falsos de novelas que nunca existieron (El gran libro sobre los títulos falsos, por Vetusto Morlaz, ediciones Tulsa, Palma, 1987) y he pensado que, de no ser porque yo se lo copié a Borges, Manuel Vilas me lo había copiado a mí.

También el uso del pie de página con fines literarios, técnica esta que ya alcanzó su cénit en La noche del oráculo (2004), de Paul Auster.

Lo de introducir un personaje que es un álter ego femenino del autor, en este caso Manuela Vilas, no lo había visto, sinceramente, nunca.

He soñado que era un personaje de esa novela y he sentido un cierto desasosiego pessoyano, hasta que he descubierto que lo que tenía era grandes ganas de liberar la vejiga.

Entre que decidia a volver a dormir o si asumía mi estado insomne (demasiada cafeína, ayer) he pensado en los pijos. Sí, en por qué irritan tanto los pijos, sobre todo a los intransigentes con los pijos, cosa que no soy, pero que haberlos haylos y muchos. Los pijos irritan y molestan al no-pijo por su constante sensación de felicidad conquistada sin mucho esfuerzo y por sus no-ganas de abandonar ese estadío de tontuna y dogmatismo heredado que se apoya en cuatro lecturas en diagonal de Libertad Digital, cuando eso. Pero la irritación que el pijomari produce en el no-pijo se produce, creo yo, por otro factor: la sobreactuación.

El pijo, la pija, sobreactúa. Exagera la risa, sobrecarga la anécdota, redobla la sensación de interés por tu vida cuando ésta, en realidad, quizá le importe un pimiento. El pijo, la pija, se pone grave, demasiado grave, si analiza un tema de actualidad de tipo geopolítico y se pone guasón, demasiado guasón, cuando cuenta un chiste verde. En el escenario que es la vida, en este teatro vital, comedia humana, gran teatro del mundo, etc, en este gran show en el que habitamos, áspero a menudo, ese tipo de excesos en el registro no sólo cansan, sino que quitan poesía, estética, elegancia, autenticidad, al hecho de transitar por este valle de lágrimas y sonrisas.

--

Por cierto, no se pierdan la nueva y última entrega de El Retablo y su maestro orfebre virtual, Lorenzo Durruti, programada dentro de los fastos del quinto aniversario. La Universidad del Mal, de rabiosísima actualidad, no se la pierdan.

6 comentarios :

  1. Personalmente, no soporto a los pijos porque pienso que se piensan superiores en base a criterios muy pobres, lo económico. Algo de complejo de inferioridad hay, lo reconozco.

    ResponderEliminar
  2. Pues a mí me gustan los pijos, oiga, por esa transformación de la realidad en un mundo feliz, por esa manera de hacer lo vulgar extraordinario, de cambiar la palabrota por la simpatía del palabro, porque no existe el joder sino el jopeta, porque no existen las cosas cojonudas sino las guays o superguays; porque no van a la peluquería, van al estilista; porque ellos no mean, hacen pipi, porque flipan y se columpian; porque la cultura está en Cosmopólitan, en Vogue, en coches caros o en motos de agua; porque ellos no van a antros, van a salas de fiesta; porque ellos demuestran su sorpresa o admiración con un Qué fuerte, y su fastidio o inconformismo con un Jo tía, porque todo cuanto les rodea es maravilloso y divino, porque todos son gente guapa (y no es estereotipo, es una realidad, no hay más que oír y ver a nuestra pija nacional Tamara Falcó), sus seres queridos son fantásticos, sus amigos son tan guays como ellos, sus trabajos son un vínculo familiar, la vida les sonrie y ellos les devuelven la sonrisa a la vida aunque se cojan un berrinche porque se les corrieron los pantis al bajar de su audi o su BMV (las he visto abandonar el aula llorando porque se les rompió una uña). Para mí son un espectáculo, la salsa rosa de la vida... Y siempre que me topo con algun@ no dejo de acordarme de aquella canción ya vieja que creo que en alguna ocasión cantó Patxi Andion y que se titulaba La niña tonta de papá rico (La madre del cordero)y más que sátira creo que era envidia. Hoy por hoy la niña tonta de papá rico tiene miles y miles de imitadores, porque ser pijo no es sólo una manera de vestir o de hablar, es una actitud frente a la vida que tiene mucho adepto, tan respetable como el que se coloca rastas en el pelo y decide vagar de ciudad en ciudad comidito de mierda y con una mochila y una guitarra a su espalda.
    Su alteración sueño-vigilia empieza a ser preocupante, anda usted como los bebés cuando alteran o confunden su ritmo biológico de sueño... en fin, una valeriana.

    ResponderEliminar
  3. Yo es que pienso que el pijo no es de una ideología, sino de todas. Pijos de derecha e izquierda vamos.
    De los primeros el paradigma es Juan Costa, que es para prohibirle hablar en publico. Joder, ¿es necesario ese tono gangoso? No lo soporto. Soraya... otra. Gallardón, que me recuerda al niño mimado, hijo único, que daba para atrás en el colegio. Cuando se pone a hacer pucheritos, es para mandarlo a escarbar patatas, por mendrugo.

    De los pijos de izquierda está lleno el gobierno: Salgado, Aído, Chacón, la ministra de ciencia que nunca recuerdo cómo se llama, la vicepresidenta de la Vega. Otro que es un pijazo de este gremio, de los de izquierda, y que no lo soporto es el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza. Madre mía, de manual. Incluso Zapatero, que con lo agropecuario que era cuando llegó a la moqueta, ahora se le ve con un aire que es para meterse los dedos hasta la campanilla. Pijazo, pijazo y pijazo.

    ResponderEliminar
  4. Sobre el pijo se ha escrito mucho, tanto que hasta se ha devaluado el término. Pijo para mí es perlas en el orejón, medallón rociero, fulard decimonónico, amor fervoroso por todo lo que huela a procesión y a incienso, sevillanía, sevillanas, cercanía opusianil, lectura familiar del ABC o La Razón, pelo estilo lengüetazo de vaca, jersey anudado al hombro. Vamos, el estereotipo. Ricardo Costa más aún que Juan Costa, lo cumple bastante bien.

    Luego están los pijos de izqu, tipo C. Alborch, que yo llamaría más bien 'gauche divine', para no mezclar términos. Que es otra forma de ser pijo, quicir, también es verdad: si nos atenemos a aquello de la sobreactuación.

    Creo que al final no he dicho nada coherente, sorry.

    ResponderEliminar
  5. Coherente dices, pues anda que yo jajaja... Ricardo Costa quería decir, Ricardo, cardo, cardo. Cosa que no quita para que su hermano Juan, ahora que lo dices, pues también.

    ResponderEliminar
  6. Hay otra categoría de pijos, entendiendo en toda su amplitud el conceto de pijo, que viene siendo el de cosmopijo de provincias, y que me voy a permitir referir aquí, a fuerapost.

    El cosmopijo de provincias ha nacido en ciudades con equipo de fútbol normalmente en segunda. A saber: Burgos, León, Logroño, Ciudad Real, Guadalajara y pondremos también La Coruña, aunque este tenga un buen equipo de fúrrrbol.

    El cosmopijo de provincias siente un gran complejo de inferioridad española, castellana, de interior. Recia. Entonces, para remediar ese sufrir, embadurna su personalidad, externa e internamente, de todo lo que no sea castellanidad recia. El y la cosmopijo/a de provincias se declarará seguidor incondicional de todo lo que tenga un vago tufillo a francés, desde una baguette, a un cruasán o los discos de Jane Birkin. También se hará fan inconditional de toda la cultura anglosajona presidida por los Lou Reed, Dylan, Bowie y más tarde el brit pop de Oasis, Pete Doherty, Placebo y Coldplay.

    El cosmopijo de provincias acudirá a Madrid en cuanto tenga ocasión, o las ciudades más cercanas que tengan festivales alternativos de lo que sea: cine, música, moda y hasta poesía. Consumirá todo ello superficialmente, no así las drogas que pille a su alcance, pero se irá tejiendo una biografía cool digna de Serge Gainsbourg o de Rufus Wainwright.

    Asimismo, el/la cosmopijo/a de provincias hará concesiones al casticismo, y mezclará su falda estilo Audrey Hepburn con una rebeca zurcida por su abuela la del pueblo. En su despensa acogerá tanto migas con tomate de su madre como recetas de cous-cous afgano, rúcula hindú, microtomates biológicos que cultiva un amigo actor (más o menos gay) y un buen perolo con lentejas.

    Este/a cosmopijo no será tal sino acude a las ciudades/templo. Así como el musulmán tiene que visitar, al menos una vez en la vida, la Meca, el y la cosmopijo/a deben visitar (y a ser posible) residir en Londres o Nueva York. París ya está demodé, pero puede valer. Trabajarán en tiendas de moda o lo que caiga, y no aprenderán una miaja de la lengua autóctona, pero comprarán muchos discos viejos y visitarán cuanto mercadillo de segunda mano les salga al paso.

    Se sentirán modern@s, únicos y especiales y olvidarán por un momento, sus a-glamourosos lugares de origen.

    ResponderEliminar

Instagram

Archivo del blog

Google+

Sígueme en FB

Sigue mis entradas por email

Naugrafianos

Colabora con este blog

HABANA 2009

HABANA 2009
YA A LA VENTA

Secciones

el origen de todo esto, disponible aquí.

HAZTE ESCRITOR

Lista de blogs