Verdades tolstoianas

Llevo casi siete años leyendo el primer tomo de los diarios de Tolstói (Diarios 1847-1894) que me regaló mi hermano en los Reyes de 2003 (niños, no leáis esto). Desde entonces, he dosificado su lectura como el niño que lame una piruleta gigante. Su fotografía de viejo barbudo y decimonónico me ha acompañado en mis diversas residencias desde entonces. Siempre ha estado cerca de mí, cerca de mi cama, de alguna manera ha velado por mí mientras dormía, mientras los demoños y las oscuridades amenazaban. Aún no lo he terminado, pero quizá es porque no quiero.

Quizá ese sea el poder de la literatura, ya lo he dicho alguna vez, esa capacidad de trascender, de sobrevivir, y de proveer un cierto amparo a los que te suceden. No es poca cosa.

En sus diarios, Tolstói no hace grandes ejercicios estilísticos. Son diarios contra el olvido, diarios desahogo, diarios para aclarar conceptos. A veces, anota un simple "me levante tarde", otras da cuenta de la esclavitud de las pasiones ("soy un lascivo"), otras ofrece apuntes literarios ("...la lectura de Schopenhauer sobre el arte. ¡Qué frivolidad y cuántas paparruchas!"). En otras, y de esas tengo unas cuantas subrayadas, Lev Tolstói se pone profundo y proclama grandes verdades al viento.

Ayer, subrayé una, en grande, en círculos, con exclamaciones, y me dormí con la placentera sensación de que alguien había dado forma, hace 120 años, a lo que entiendo que debería ser el ideal de una sociedad y su tendencia:

La organización más ventajosa de todas se obtendrá cuando el objetivo de cada uno no esa el provecho, el bienestar material; y eso se conseguirá sólo cuando el objetivo de cada uno sea el bien independientemente del bien material, cuando cada uno diga desde el fondo de su corazón: bienaventurados los pobres, bienaventurados los que son perseguidos. Sólo entonces, cuando las personas no busquen la felicidad terrenal porque estarán en la búsqueda de la felicidad espiritual (...), sólo entonces se alcanzará la felicidad suprema.

Comentarios

  1. Sí... esas frases son muy bonitas pero se olvida, minucias, de que el ser humano es un depredador por naturaleza. Si se llega a eso el ser humano ya no sería ser humano, sería otra cosa; supongo que mejor... pero otra cosa.


    Yo hace bastante que no aspiro a cambiar al ser humano, con controlarlo para que dañe lo menos posible es suficiente, y más realista.

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  2. ¿Leía usted a Tolstoi o El Evangelio?
    Lo que subrayó ayer ya lleva escrito más de mil años e influyendo en filósofos y pensadores durante siglos.
    Deacuerdo con que el hombre tiene un instinto depredador, uno de supervivencia, el otro de prevalencia, es decir, se da en muchos el instinto de dominio del grupo. Pero también está el instinto de "socibilidad o socialización" (me lo acabo de inventar), no hay más que observar a los niños de corta edad, libres de todo prejuicio, como tienden a buscarse los unos a los otros para compartir juegos. El ser humano necesitó caminar en grupo y la necesidad de asentarse, organizarse y convivir. Aún estamos en ello, buscando la fórmula mágica de la convivencia en armonía, partiendo de que en este mundo que nos ha tocado vivir los hay que apuestan por la transformación y el cambio por una sociedad más justa, y los hay hijos de puta que sacan provecho del "que se quede como está".

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  3. Lo siento querido Laporte, esta entrada es un tolstón. Escriba otro sueño para que pueda entretenerme con la interpretación jungiana. Recuerde que me quedan sólo tres días de vacaciones.
    Brt.

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  4. Será, en cualquier caso, un tolstoión... Qué poco te importa la felicidad suprema de la humanidad, chica..

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  5. El hombre nace malo y los demás le hacen peor... a ratos sucede que no , pero sólo a ratos y sólo nos frena la horca y la cobardía , y arsa , alegría pal cuerpo.

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  6. Eso de que el hombre nace malo está por ver. Se hizo malo cuando alguien le trató de robar las habichuelas, se hizo malo por miedo, se hizo malo por ignorancia, se hizo malo por defensa del terruño... Pero, ya digo, que venga aquí Eduard Punset y me diga que el hombre (y la mujer, que le pregunten a Lars Von Trier) es malo por naturaleza.

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  7. Sí, yo soy malo, malísimo. Venga, hombre, menos absolutismos, por favor. El hombre a veces es malo y a veces bueno, señor Jano. 'Semos asín'.

    Por otra parte, náuGrafo, me gusta... ¡Y es tan difícil!

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  8. Muy bueno señor Tolstoi. Muy utópico tambien.

    Otra frase de este tipo que oí por ahí decía algo así como que "como sociedad que formamos deberíamos pensar como tal, en términos globales, y no independientes".

    Vamos, un poco de menos egoísmo y capacidad de ver las cosas desde "fuera"... También bastante utópico.

    De momento seguiremos a hostias.

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  9. A poco que mires, la crueldad y el sadismo que se ve en un crío pequeño da miedo. Luego te vas haciendo mayor y te reprimes, ya no matas hormigas a saltos sobre el hormiguero.

    Me acuerdo de aquello del Yo, del Superyo y del Ello... pero no del todo bien como para introducirlo en mi argumentación. Seguro que algún estudioso de Freud, como se ha visto recientemente interpretando los sueños, podrá aportar algo de rigor sobre esos conceptos.

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  10. Los niños son esponjas y actúan por imitación. Un bebé no es ni malo ni bueno.. Pero en cuatno ven a su primo hacer putaditas, pillan rápido el rollo. En fin, corremos el riesgo (al menos yo) de hacer antropología barata, pero vamos, yo no tengo tan claro eso de hijoputez innata en el humano.

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  11. Supongo que entre Thomas Hobbes y Rousseau existirá el termino medio. Si el ser humano malo, o bueno, nace o se hace daría aquí para mucha teoría de antropología barata, como bien dice el señor Laporte. Sí creo que hay determinantes sociales, culturales, políticos y religiosos que tristemente son capaces de convertir a inocentes en verdaderos monstruos.
    Lo confieso, yo también he pisoteado hormigueros, sólo para contemplar aquella inmediata capacidad de respuesta, de organización y de trabajo, que hacía que en pocas horas volviese a aparecer de nuevo su pequeño crater, y sus moradoras entrando y saliendo como si tal cosa, como si nadie hubiese atentado contra su torre de arena... Brutal la lección que nos da la naturaleza.

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  12. De eso se trataba, de la polaridad Hobbes-Rousseau. Ha dao Vd. en el clavo, sra Patio. Si es que este blog está lleno de rousseuanianos, por mucho que lo neguéis, jeje.

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  13. Oye, que entro para avisarte. Que hay follón con Mr. Nocilla y Montero Glez.

    Yo soy de tó la vida de Montero Glez, que lo sepas.

    Te aviso por aquí que es más rápido que abrir un correo...

    Ah, todo aquí: http://www.bestiario.com/trinchera/d.php

    Y en el blog del Mallo.

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  14. Sí hay que posicionarse, yo soy más de Mallo. Veré lo que me comentas, moltas gracias.

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  15. Por ahí tengo el libro de Mallo, uno, ni sé cual... pone nocilla, pero creo que como todos, que no consigue arrancar ni a empujones, pero me simpatiza porque me recuerda a Mortadelo, el de los Portales. Cada día el detector de filias y fobias me funciona peor, será la edad.

    Montero Gonpollez escribe bien, pero es un canso, un pesado... “Sed de champán” le sirvió para que Reverte le recomendara, como los sindicalistas de la volkswagen en landaben a sus vástagos porreros, que hay que ver cómo sufren los del departamento de calidad todos los veranos... y con lo extremadamente bien que pagan los germanos. Tiene cojones el actual proletariado. Al tal montero, al que vi una vez en una caseta de la feria del libro madrileñense, un poco guay y poca cosa más... cortado, y con bastante menos dignidad de escritor maldito que los retratos que le hacía el Arturito académico en el semanal XL, desde que le leí en su blog, y me engañó, ensalzando como obra cumbre de la literatura universal un libro de un colega suyo, un tal de Paz, “el documento Saldaña” creo que tenía por título, malo como un dolor de muelas justo en el mismo momento en el que las hemorroides te dicen que también quieren pasar a escena, no le tengo el más mínimo respeto. Puto mentiroso de los cojones... y eso que “Polvora negra”, su novela del atentado contra la boda de Alfonso XII me gustó mucho. Primer y único libro que he conseguido terminar, aviso, por si acaso, que “Cuando la noche obliga” también se quedó con marca páginas incrustado en el estante de los libros que duermen el sueño de los injustos.

    Ay, montero, montero... otro hortera burgués, macarra de cartón piedra, que se piensa que por escribir tres chorradas y media de fútbol, mira que me jode que se frivolice con él, en legra muy gorda, porque ha tocado el pelo del éxito, ya se piensa que merece una dignidad de bisagrazo incondicional. Menudo fantoche, joooodeer.

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  16. El patio, ha muerto Luis Aguilé. A ese sí que le conocía. Juanita Bananaaaaaaaaa...

    Que descanse en paz.

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  17. Y yo mientras en Faunia y viendo a Peter Pan en La Latina, en fin, contenedor, descanse en paz, con su Juanita Banana y su Cuando salí de Cuba y sus cientos y cientos de corbatas de colores. No sé si lo conocía tan bien como para saber que fue finalista del premio Planeta on la Guerra nunca aclarada, en 1989, o sea, que era un polifacético artista.
    Mire, yo que venía tan contenta con mi viaje a los madriles... menuda congoja.

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