Un sueño

Soy el primero que pongo pies en polvorosa cuando alguien trata de contarme un sueño. Los contadores de sueños, además, creen que son los únicos a los que les pasan cosas surrealistas en los sueños. Un sueño realista no sería un sueño, sería un pensamiento. Me revolví en mi butaca de placer cuando René Descartes (encarnado en Josep María Flotats) dijo algo parecido: "Nada tan aburrido como escuchar sueños ajenos". Por aquello de desdecirme un poco, hoy voy a contaros el sueño que he tenido. Lo pondré en cursiva, para contribuir al onirismo:

Me encontraba en un parque, sentado en un banco de piedra que de pronto se convertía en una mesa negra de Ikea con capacidad para freír pescado. Tenía hambre, así que ponía a freir un gran fletán blanco que se desbordaba como el huevo frito de Dalí en aquel cuadro famoso del huevo frito. No tenía aceite y el pescado se estaba medio pegando en aquella extraña superficie, así que decidí ir a casa, a mi cercana casa, en busca de aceite.

En el camino, pienso que me gusta mi casa, la zona en la que vivo, y veo que debo de vivir en las inmediaciones del parque de la Media Luna de Pamplona. Doy un giro de 360º para admirar toda esa belleza provinciana, que me pertenece, con un sol cobrizo que puede ser de primavera o de otoño. Qué suerte tengo.

Llego a la cocina, que está en un bajo, como un taller mecánico. Todo es nuevo para mí. Al entrar, un tío calvo me sigue, suspicaz, con la mirada. "Otro que no sabe dónde están las cosas", dice al verme abrir todos los cajones en busca del aceite que no encuentro. Abro un grifo para llenar un vaso de agua y sólo sale un agua del color del té de la que no me fío.
Salgo a la calle otra vez y aparezco en mi piso, un piso muy grande que comparto un viejo conocido de tiempos de la universidad. No está. Siento que es más su casa que la mía.

Estoy agobiado, porque intuyo que el pescado blanco, esté donde esté, andará más bien chamuscado. Entro en la cocina verdadera, donde hay una placa de vitrocerámica al rojo vivo y una sombra/mancha del tamaño del pescado escamoteado. Decido bajar a la calle, al banco de antes, no sin antes sorprenderme de lo grande que es esa casa, en la que debo de vivir, en esa ciudad, en la que debo de vivir. ¿En qué trabajo? ¿Dónde? ¿En Madrid o en Pamplona? Los fines de semana en Madrid, el resto en Pamplona. ¿O era al revés? ¿Estoy en un sueño?

Me meto en el ascensor, y el ascensor tiene la superficie de un piano de cola. Hay sillas como de los años setenta para sentarse. Noto que puedo estar en un sueño o en una broma pesada, una broma tipo The Game. No me gusta del todo. Llego abajo y estoy en una gran recepción de un hotel atemporal, como de los años setenta, como de un franquismo que va de moderno. Moqueta verde estilo inglés. En recepción, veo a Fernando Sánchez Dragó, pero en su versión de Muchachada Nui. Le habla al recepcionista de unas pastillas milagrosas.

El techo es muy alto y busco la salida, la calle. Me cruzo con unas señoronas que hablan de espectáculos, lo hacen en francés, pero en un francés malo. El suelo es endemoniado, hay como unas grecas de madera sobre las que debería haber un cristal para andar con fluidez, pero no lo hay. Hay que colocar el pie entre los huecos que forman las grecas y voy lento, me desespero. Poco a poco, se disipan las imágenes y le cojo al sueño de las solapas, me despierto.

Comentarios

  1. No sé cómo logras tener unos sueños con tanta literatura. Para empezar, el hecho concreto de que el pescao sea fletán.

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  2. Es que me he comprao fletán para cenar y he supuesto que he soñado con ese tipo de pescado. Te cité hace un par de post, por si no lo viste. salud

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  3. Yo no paro de tener sueños con casas desde que un día me echaron de la mía. ¿Me pasa algo, doctor?

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  4. Dos cosas aparecen claras. Una después de leer el post y la otra al despertar. La primera que Descartes/Flotats no siempre tiene razón. La segunda que Freeud la tenía a veces.

    Qué gusto leer estas reflexiones acerca del expatriado, de sus raíces, de su conciencia y sustento. Cada adjetivo en su sitio, el tempo bien marcado y el pescado blanco que ya se chamusca ahí fuera. ¿Y ese stop warning de la vitrocerámica?

    La precipitación hacia la vigilia desde el ascensor hasta la calle de las señoronas merece diván.

    Saludos,

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  5. Freud y la interpretación de los sueños y sus teorías sobre tales siempre me ha fascinado. En los sueños hay ausencia de color, también de olores. Haga un pequeño ejercicio de abstracción y dígame si es capaz de recordar algún color o el olor a pescado requemado invadiendo, apestando, todos los espacios, los de Madrid y los de Pamplona. Sin embargo, los sueños reproducen perfectamente las sensaciones: angustia, miedo, vértigo, alegría, placer, felicidad, incluso el dolor físico. Uno sueña que le dan un puñetazo en el estómago y lo despierta un dolor intenso y agudo en el estómago para desaparecer en breves segundos, o una bofetada en la cara, o empapado en sudor... Es curioa e inquietante dicha somatización del subconsciente

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  6. Bueno, ya le digo que recuerdo los colores... Olores, no, la verdad. Y, por si alguien se mete a divanista con el material aquí provisto, diré que el sueño se produjo en la media tarde, y que el soñador anda aquejado de una "amigdalitis como un piano", según diagnóstico del doctor, y sometido a tratamiento antibiotiquil.

    Gracias por la paciencia a quienes han decidido contradecir a Descartes y por los enjundiosos comentarios.

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  7. Me resulta curioso el hecho, como aparece en su relato, de que en un sueño se pueda ser consciente de que se está soñando. No se donde leí una vez que tal situación se debe a la pequeña parte del cerebro que se mantiene alerta durante el proceso (que, al parecer, controla también la audición: por ello, dicen, los ruidos insólitos son los que más rápidamente nos despiertan). Algunos autores propugnan, incluso, estimular esta capacidad para extraer algún beneficio consciente de las ensoñaciones y, de hecho, afirman que los sueños (o sus fragmentos) en que se tiene esta sensación de “conciencia de estar soñando”, son la parte que mejor se recuerda en la vigilia. En este sentido, hace pocos días, tuve una sensación así que me causó cierta gracia al recordarla después: en uno de mis sueños aparecía un personaje femenino conocido mío, aunque un tanto insólito en mi vida habitual. Ella parecía angustiada por hallarse lejos de su casa y, en un momento determinado, yo la tranquilizaba diciéndole con desparpajo: “¡Bah..! No te preocupes por estar aquí; total: esto es un sueño y no está pasando de verdad”.

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  8. Los sueños que se producen fuera de la noche están más cerca de la vigilia y yo diría que por eso se recuerdan mejor se viven con más intensidad y sensación de ""realidad"".
    Carlos, creo haber adivinado a tu conocida insólita que entra en tu sueño ; )

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  9. Jajajaja... en el sueño "sabía" que era conocida, aunque su rostro no se definía con precisión. No obstante, al recordarlo después, creo que yo también tuve la misma corazonada que Vd.

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  10. Hay una clara diferencia entre un sueño y el producto de un síndrome febril por amigdalitis pulpácea, denominado delirio. El título de su post debería haber sido Un delirio, de ahí la explicación al protagonismo del fletán.

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  11. De delirio nada, que placas haylas pero fiebres no tanto. Malestar y apatía, sí. Qué raro no haber introducido en el sueño (que no delirio) a algún barco vasco secuestrado por somalíes.
    Anyway, cuando alguien tiene algún tipo de malestar, siempre se traslada al sueño: si le duelen las muelas soñará con Pol Pot y cosas así..

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  12. Banco de piedra: cómo te asientas, psicológicamente, en la vida, tus principios son sólidos, pétreos e inmóviles, necesitas algo de flexibilidad.
    Cocinar el pescado: transformar tu inconsciente (el pescado es un animal acuático, y el agua siempre corresponde con el inconsciente y las emociones en los sueños). Tus emociones se desbordan, aparecen, desaparecen…
    Aceite: se utiliza siempre en ritos religiosos, buscas tu espiritualidad, porque no la tienes contigo y la necesitas para tu “transformación” emocional.
    Casa: representa tu personalidad, a ti te gusta tu personalidad.
    Sol: buenas energías, buenas expectativas.
    Cocina/taller: significa tu capacidad de transformación. Cambio de actitudes y de patrones de conducta. No encuentras lo que buscas, te agobias pero lo intentas a tientas.

    Agua turbia en el vaso: emociones estancadas en tu corazón y en tu mente (recipientes).
    Amigo de la universidad: compartes de conducta con él, es decir, en ocasiones piensas con los mismos patrones que cuando ibas a la universidad.

    El fuego de la vitrocerámica significa transformación, pero en sentido negativo, destrucción. Estás destruyendo o coartando tus emociones (pescado).

    Ascensor/piano de cola/ sillas retro: Tienes que hacer buen uso de tus capacidades para conseguir mantener cierta armonía en tu vida (piano), pero los patrones de pensamiento donde te asientas (sillas) están obsoletos.
    Hotel: es tu capacidad de ocio, y no estás del todo satisfecho. No te diviertes, además volvemos a la decoración retro y antigua. Necesitas evolucionar en este aspecto. Dejar atrás el pasado.
    Sánchez Dragó: Se supone que cuando sueñas con alguien es porque compartes ciertos patrones de pensamiento o actitudes con él.
    Techo alto: protección. Supongo que es un mandato, que te protejas.
    Dudas sobre tu trabajo (interno) y de la ciudad donde estás, una ciudad es una estructura mental, no sabes si funcionas con la de Pamplona o con la de Madrid.
    Suelo: representa tus creencias, y te tambaleas sobre ellas. Eso marca otra vez que tienes que romper con el pasado y transformar tu inconsciente, tus emociones y tus patrones de pensamiento, renovarlos ayudándote con tu espiritualidad (aceite) para que no se destruyan (pescado quemado).
    Mujeres: tendencia emocional. Tu tendencia emocional se comunica contigo en un idioma que conoces pero no entiendes bien y además, hablan de espectáculos, que significa creatividad. Como si tu creatividad estuviera ahora mismo balbuceando, atolondrada.

    Brt.

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  13. Menos mal que del aceite no has sacado otras conclusiones, jaja, que sería el colmo, juasss.

    Oye, Anónimo/Brt., enhorabuena, tienes madera de jungueriana analítica y una carrera alternativa en el mundo visionario vario. Móntate una consulta y déjate de leches. Y, sí, comparto patrones con la máscara del Dragó de Muchachada, jaja.

    Es cierto de las ciudades: las ciudades son estructuras, y pertenecer mentalmente a dos te aboca a una cierta esquizofrenia, bi-esquizofrenia más bien cojonera. Interesante lo del "no te diviertes". Pensaré sobre ello. Me divierto, pero quizá las diversiones actuales no me diviertan.

    Dejar atrás el pasado, renovarse, despertar la creatividad alelada, ser más flexible... Joder, si lo sé no sueño!
    ; )

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  14. Una cosa curiosa con la me quedé después de la tira de años que hice que leí el tochazo de Freud sobre los sueños, es que las imágenes que aparecen en ellos, unas pertenecen a la vida consciente inmediata al sueño (el fletán en este caso) y otras son símbolos de deseos inconscientes profundos. Estos símbolos nunca son universales para desgracia de los interpretadores amateurs, y además muchos de ellos vienen determinados por el lenguaje: a veces se sueña con objetos o personas cuyo nombre tiene similitud fonética o semántica con algo o alguien al que nuestro inconsciente quiere dar protagonismo. De ahí que, en diferentes idiomas (o culturas), los símbolos sean muy distintos, e incluso que la asociación esté mediatizada por algo estrictamente personal, por lo que cada uno podemos tener nuestro propio juego de símbolos (que, por otra parte, en la mayoría de los casos, maldita la gracia que te hace descubrir: estas cosas mejor no meneallas inútilmente).

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  15. Siempre he pensado que las conclusiones que se pueden sacar de los sueños son más pedestres y domésticas que lo que el comentarista Anónimo/Brt expone. Pero a veces se pueden dar datos reveladores y entre tanta cosa medio azarosa e indescifrable se puede encontrar alguna clave de asuntos que el sueño trata de sacar a la luz, de poner en limpio.

    Porque el sueño tiene algo de ordenación de los asuntos propios.

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  16. ¿ Ha iniciado usted algún tipo de régimen ?

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  17. De tipo alimenticio, ninguno. Bueno, en parte. Una cierta operación bikini otoñal, pero nada radical.

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