Pequeñas molestias del trato humano



Hoy me he acordado de aquel libro de Juan Crisóstomo de Olóriz (1711-1783), intitulado Molestias del trato humano, que algún día leeré. Reflexiona De Olóriz, en el siglo de las pelucas, sobre el placer de estar solo y el riesgo de esta actividad en un tiempo de sacralización de lo social.

No hablaré yo de molestias, pero sí de pequeñas molestias del trato humano. Pequeñas molestias que pican con gusto, porque antes de abordar este post aclararé que nada mejor que estar con gente, como decía el indio de Dr. en Alaska, "nada mejor que estar con gente". Con amigos, o familia, a poder ser. De acuerdo. Pero el problema de estar con gente es que impide estar con uno mismo, y sólo estando uno con uno mismo es uno mismo, y a veces nos apetece estar con unos mismos pero no se puede estar todo el rato con uno mismo y tal. Aunque uno quisiera. Bien, aparte de eso, de nuestra animalidad social se derivan dos pequeñas molestias que paso a glosar, a riesgo de quedar como un maniático y un gilipollas, advierto de antemano.

1ª pequeña molestia: la sacralización del alcohol
A principios del siglo XXI, hacer vida social y no beber es considerado un exotismo que no se puede permitir. Como el grueso de la masa social es bebedor, no tolera que alguien no practique, ni siquiera muy puntualmente, el noble arte de empinar el codo, ya sea de noche, de aperitivo, de comida o de mojitos dominicales por La Latina o Lavapiés. El individuo que por alguna (extraña y estrambótica) razón decide no beber, es sometido a toda clase de juicios, miramientos, presiones, lobbys gays, maledidencias, males de ojos, conjeturas, dimesydiretes, imcomprensiones y conatos de marginalización o abandono del grupo. Al sujeto abstemio, sin duda un provocador, no le queda más remedio que explicar las razones de su atrevida y asocial conducta. "Coño, que estoy con antibióticos". Si puede mostrar la prueba de la excusa, mejor que mejor. No obstante, cada vez que pida una consumición no alcohólica, y pese haber demostrado su imposibilidad de mezclar espirituosos con la medicación, será sometido a miradas poco menos que de desprecio por parte del resto del grupo.

2ª pequeña molestia: la cohesión grupal
La vida social, ese estar con gente, es la sal de la vida. Pero, ¿por qué dilatar ese estar con gente más que el horario de un Seven Eleven? Es decir, ¿no sería maravilloso verse un rato, no sé, un par de horas, tres, incluso, y luego cada cual a su casa y Dios en la de todos? Esta circunstancia se sobrelleva perfectamente con la ingesta alcohólica. En caso contrario, en la excepción abstémica, el individuo sobrio puede experimentar un cierto deseo de irse a su puta casa en un momento dado, pero encontrará un muro imposible de franquear que es del decir, "oye, que me voy". Cualquier comentario en esa dirección, la del abandono del grupo, será repelido con todas las fuerzas del mismo, hasta conseguir minimizar las intenciones libertarias del individuo. "¿Cómo que te vas? "¿Ahora? "¿A dónde?" "¿Qué tienes que hacer?". Al sujeto sobrio, ante la falta de ninguna excusa de peso, le quedarán dos opciones: o tragarse sus intenciones y pasar el resto del día tomando cocacolas, o realizar un Houdini en toda regla, que viene siendo hacer una despedida a la francesa, mutis por el foro o largarse cuando nadie te ve. Técnica ésta eficaz, pero que deja un considerable regusto amargo en quien la práctica.

Dos molestias, dos, pequeñas, sí, quizá exclusivas del ser ibérico, y ante las que el PPC ha elaborado un boceto con soluciones:

-Ante la primera: no decir nada si uno pide lo que le sale de los güevos.
-Ante la segunda: despedirse con cariño y con un hasta pronto y que lo pases bien y sin preguntar mucho.

Comentarios

  1. Brillante. El clímax del PPC se plasma perfectamente en estas propuestas.

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  2. Jajajaja. Hasta tienes razón y todo, ñe. Y te lo dice un animal social nada exótico: bebo y soy de los que pregunta: "¿ya te vas?". Aunque a veces soy de los que dice: "muchachada, que me voy". También depende.

    Yo tengo un amigo que para irse siempre hace mutis por el foro. Y siempre se lo solemos echar en cara. Realmente, debo ser un ser socialmente molesto... Jeje.

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  3. Como mujer, tengo una única excusa multiusos: "Tengo la regla".

    1. ¿No bebes? Es que tengo la regla.
    2. ¿Te vas? Es que tengo la regla.
    3. ¿No dices nada? Es que tengo la regla.

    Y así sucesivamente.

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  4. Tener la regla es una putada orgánica, pero tiene sus cosas buenas que las mujeres sagaces sabéis utilizar. Recuerdo una compañera algo malota de la universidad que introdujo sustancias estupefacientes en su sujetador, para pasar los controles del aeropuerto. Los perros husmeadores se lanzaron sobre ella. Ante las miradas inquisitivas de la Policia, dijo que tenía la regla y que por eso los perros se pusieron así, y salió airosa del trance.

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  5. Las dos propuestas del PPC no están mal, pero no evitarán esas pequñas molestias, es decir, que le miren como a un bicho raro y que siempre haya alguien que le entone el Por qué te vas de Jeanette. Esas dos pequeñas molestias (de single, si me lo permite) desaparecen con la edad; en una década, más o menos, lo tiene usted sulucionado, bien por retirada paulatina del personal, o porque las transaminasas se encargan de hacer un barrido la mar de eficaz. Luego aparecerán otras propias del paso de los años compartiendo sólo las manías de uno mismo con uno mismo, que va marcando un árido caracter con un ligero toque antisocial que hace que no se soporte ni uno mismo a uno mismo, cuanto menos a los demás.
    Pero eso no es nada comparado con otras molestias de trato humano más generales y propias de todo ser humano que vive en sociedad: la típica mosca cojonera en el trabajo, o en el bloque de vecinos, o esas manías de la pareja, o ese maltrato de esos tiranos liliputienses a los que llamanos niños... en fin, todos somos unos maltratadores sociales y unos maltratados de la sociedad, sin duda. De ahí la imperiosa necesidad de sentirse a solas con uno mismo, de "incursionar" hacia los adentros de vez en cuando y aislarse del resto del mundo. Tenía usted por ahí un post sobre los adentros, no recuerdo el título, que estaba muy bien.

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  6. Muchas gracias por el comentario, El Patio, con el que concrepo en todos sus puntos. Con ese tema he dado bastante el coñazo, pero creo que era 'Abrirse de alma'
    (http://elnaugrafodigital.blogspot.com/2009/04/abrirse-de-alma.html)
    salut

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  7. No es lo peor que a uno le puede pasar, pero es cierto que tampoco cuesta tanto eludir el trago. Y si nos consideran raros, pero para ellos.

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  8. Qué bueno esto.
    Estuve leyendo.
    Estuve pasando un buen rato.
    Saludos de
    Dillinger.

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  9. Cierto César. Como dice un tío mío, "qué cosas tan raras hacen los 'normales'.

    Dios mío, la revelación mismita de la blogosfera en mi site, yeshhh. Gracias, Dillinger, por el comentario. Estoy pensando en plagiarte un 'He visto', pero últimamente no veo mucho. La farmacia Deleuze sí, que cae cerca de mi casa y en la que compro a veces.

    salutos

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  10. Qué melancólico me has puesto con la canción de Moustakis, ¡cabrón!

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  11. Jajja, lo siento.. La puse para crear un efecto extraño en el conjunto de este polémico post.

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