Bb

Llego a casa y me encuentro un poema, en el buzón virtual, que me envía Hasier Larretxea (Arráyoz, Navarra, 1982) y en el que veo/leo unos hiperlocalismos de sus mundos baztaneses de origen que me gustan mucho y me hacen pensar también en Francisco Javier Irazoki, un poeta que es capaz de ponerle el adjetivo vieja, a hormiga.
Por todo ello me he tomado la licencia (poética) de colgar aquí estos versos de la casa de Larra, Larretxea, sin consentimiento de su autor pero sí con su sentimiento. Que los disfruten:

Lo efímero de las almas
convertidas
en suave ceniza.


Humo que no ruge
bajo la neblina;
tirita de chimeneas.
Musgo en las grietas
de las paredes
donde se jugaba a la pelota
en la infancia.

Sirimiri en
pétalos de incertidumbre del castaño
que desprendió
su propio erizo;
apertura de los pinchos,
quemados en el pandoril de la abuela.

Cesta a la espera de la culpabilidad adquirida
por diez dedos curtidos
en hachazos y ampollas.

Cencerro de la única oveja tumbada
sin esquilar;
cuervo que sobrevuela la vida,
la ventana abierta,
el coche que pisa la raya continua,
charco en el andén,
ramos que recuerdan
el día concreto en el que jóvenes
valoraron la importancia de sus vidas
colisionándose en el castaño

Aún hoy la grieta es visible
en la forma que adquieren las gotas
en el asfalto.

El dolor en la corteza, que no se cierra.

Impacto frontal
que recuerdan las motas de ceniza
atravesando la ventana abierta
y la distancia entre la oveja y el cuervo

deshaciéndose en la ausencia sin límites
del cielo,
mar blanco
sin instantes
ni recuerdos.

Comentarios

Entradas populares