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El domingo por la tarde es un buen momento para ir a la FNAC. Sobre todo porque está abierto, y su apertura se valora más aún en un momento en que todo está chapado. Pasear por sus rinconzuelos plagados de libros con autores más o menos amigos, con esa hipersensibidad que te da la ingesta de garrafón, no tiene precio. También mirarse en los espejos de las escaleras mecánicas: momento narcisista que es todo un rito ya en estos ritos madrileños que vamos fabricando en este Madrid inasible que intentamos asir como sea.

Una forma de asir, no ya Madrid, sino el universo mundo en su conjunto, es comprar libros. Libros de verdad, de papel, que son una experiencia real y no virtual ni fantasmal, como puede ser leer este post. Y no quiero entrar en el cansino debate e-book/libro en papel. La pantalla nos crea confusión, la pantalla es espectáculo. El libro es vida, es experiencia, es realidad. Sobre pantallas y espectáculo ha reflexionado mucho el artista Carlos Irijalba, un proyecto que llamó Outside comes first, y que voy a intentar colocar por aquí.

Fui a la FNAC de Kellog's en busca de un libro, Nuestro GG en La Habana, de Pedro Juan (Gutiérrez) que relata las andanzas de Graham Greene en la capital cubana, año 1955, antes del radical cambio de paradigma que se impondría en la isla, transformando por completo la vida de sus habitantes. En pocos casos la vida cotidiana de la gente ha sido tan determinada por la política, por tantos años, como en Cuba. Quizá en la URSS. Interesante ver aquella ciudad cuando el hotel Inglaterra era el hotel Inglaterra, y no lo que es ahora, una antigualla arrealista, de otro tiempo, como todo en La Habana es de otro tiempo, excepto el reaggeton y los blogs de los ciberactivistas.

Lunes bastante lunes éste, en el mejor sentido de la palabra que un lunes pueda tener; vuelta a esa cierta libertad, que produce su cuota de angustia y vértigos pero también de estímulo. El otoño empieza ahora, de verdad, porque octubre no es sino un mes telonero, y los lunes deberían significar lo que no significan, esto es, ganas de hacer cosas, ilusión, fidelidad entre lo que uno hace y lo que uno es. Yo no me puedo quejar, creo.


Objeto artístico de Carlos Irijalba (de Outside comes first)

Comentarios

  1. Oiga, ¿no era usted quien me contradecía un día alabando las ventajas de leer todo libro en un ipod última generación? Ay, si en el fondo es usted un sentimental, y donde esté el mundo que se despliega en cada hoja, ese chuparse el índice, ese olor a papel impreso y ese color sepía que confiere a veces el habitar en la necrópolis de los libros olvidados, que diría Daniel Sempere, que se quite todo intento de comprimir tal encanto en la pantallita de un aparatajo.
    Joer, he tenido que entrar en internet para saber qué era eso de FNAC, y he llegado a la conclusión de que quiero algo parecido en Ciudad Real que las escaleras mecánicas del Eroski duran muy poco.

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  2. Alabar yo el acto de leer Los Miserables, pongamos, en el iPod?? Voto a bríos!! No era yo el autor de semejante bravata!!

    Necrópolis de libros olvidados Daniel Sempere? No es Ruiz Zafón en su sombra del viento?

    Ciudad Real y FNAC, me va a permitir usted, son términos incompatibles..
    saludos

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  3. Lleva usted razón, no era usted, era un tal Julio Pascual que se empeñaba en llevar la biblioteca nacional e internacional (en inglés) en su ipod y me tachaba de "poco puesta al día", acorde con Ciudad Real, ni qué decir tiene.
    http://elnaufragodigital.wordpress.com/2008/12/29/mi-primer-ipod-chispas/
    Y sí, Zafón y su cementerio de libros olvidados de La sombra del viento, lugar de idénticas características que vuelve a recrear en El juego del Ángel, allí donde podrían tener su insigne lugar esos libros de autores más o menos amigos... Fascinante.
    Hombre, tanto como incompatibles, señor Laporte, no nos subetime, que tenemos hasta aeropuerto, en quiebra pero aeropuerto, pensado para uno de esos delirios de grandeza de los políticos y que iba a llamarse El reino de Don Quijote, que no era la FNCA pero iba a ser Las Vegas europeas (ahí es na), mire usted, pero aunque en quiebra, nos pone en Baleares en un abrir y cerrar de ojos; y una estación de Ave que nos une con ese Madrid cosmopolita, de contrastes y horteradas, y con la FNAC, en tres cuartos de hora... pero todo es empeñarse, que por escaleras mecánicas largas y espejos en los que si no te miras te miran, que no quede.

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  4. Si, estuve al tanto de esos proyectos aeroportuarios seguidos de megacomplejos destinados al juego, de la mano de los mismos de Harraths, es decir, los dueños de Las Vegas, ahí es ná. Me temo que se quedó todo un poco en dique seco, como a este paso las pobres Tablas de Daimiel.

    Por cierto, ese "tal" Julio Pascual es tio de este humilde náuGrafo, y ferviente defensor de todo lo que tenga botoncitos, en este caso e-books. El se aplica el cuento, y se lee sus cosas en el iPhone, aunque creo que sólo lo hace cuando estoy yo delante... jejeje.

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