Agitadoras de alfombras

El otro día, a través de la ventana del despacho de mi jefa, me llamó la atención una señora que agitaba una alfombra amarillenta, color huevo podrido, dejando caer una polvareda de uñas y pelos al vacío del patio. ¿Quién barre toda la mierda que acumula esos lugares tan no-lugares como los patios de vecinos? ¿Quién elimina las migas que escondemos bajo esas mismas alfombras, los mocos pegados debajo de las butacas, los restos de excrecencia que se quedan pegorruteados en las escobillas de medio mundo? No lo sé.

Pero me llamó la atención aquella señorona, desde mi perspectiva de tipo encerrado en un edificio de oficinas, en calidad de empleado, es decir, privado de la libertad para estirar la hora del café hasta la de comer. Automáticamente, la mañana era nublada, sentí envidia por la libertad de esa ama de casa que manifestaba su entera libertad agitando su pesada alfombra al viento y ofreciendo, con desprecio y soberbia, toda su costra doméstica al universo.

Mi mente puso la opción flash-back y me acordé de todas esas amas de casa que se llamarían Mirentxu o Asun, Goñi o Navascues de apellido, quizá tambien Suescun o Mugueta, de todas aquellas señoras, digo, que veía con envidia desde mi pupitre de colegio/zulo. Aquellas señoras estaban fuera, y no tenían que aguantar el coñazo de ninguna profesora, ningún discurso lleno de poquedad y exceso cosas como dios manda. Aquellas señoras no eran guapas ni feas, tenían varices y hacía años que no hacían el amor con su marido gordinflón de nombre Fermín, Patxi, Satur o simplemente Javier. Quizá los próximos Sanfermines.

Aquellas señoras llevaban una vida de barrio feo como la calle Azpilicueta de Pamplona o el barrio Delicias de Madrid (imposible mayor petulencia que esa madrileña de bautizar Delicias a un barrio como Delicias), de visitas a la madre y charlas vagas con el carnicero, vida de día nublado y poco más. Pero eran libres, agitaban sus alfombras con polvillos de la torta de txantxigorri y daban envidia al niño encerrado en ese colegio de tintes penitenciarios. El niño crecería y, las llevaría, sin darse cuenta, alojadas en cierta parte del cerebro como peculiar símbolo de libertad.

Comentarios

  1. Curioso símbolo de libertad, digno de un estudio psicológico, aunque ese retrotaerse a su infancia sea una explicación. Digno de igual estudio, la conclusión de la vida sexual de las susodichas. A mí, sin embargo, además de parecerme una imagen muy urbana la de la señora con la bata de guatiné y los rulos puestos, asomada en la ventana y sacudiendo el trapo como si pidiera el rabo y las dos orejas, siempre me ha parecido una auténtica guarrada. En los pueblos, los trapos sucios se lavan, se echan en agua con un chorrito de lejía, joer, y a las alfombras se les da una "somanza" en el corral o en el patio. Sacudir la alfombra en la calle o en un patio interior, encima de las sábanas limpias de la vecina, además de una cerdada, es tener unas ganas de liarla... En fin, esos paisajes tan evocadores de las junglas de hormigón.

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  2. Entiendo que este tema le resulte especialmente sensible, teniendo el cuenta el seudónimo que utiliza. No había caígo hasta ahora...
    saludetes

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  3. Pues ya puede apuntarlo usted en su causas perdidas de ese partido del que no recuerdo las siglas. Anote: Prohibido sacudir trapos, alfombras o felpudos por las ventanas, pegar mocos bajo las sillas, ni chicles en la lata de coca-cola mientras se come para después volvérselo a meter en la boca... ¡qué asco!

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  4. Borota, borota, borota... vivan las borotas libertarias!!!

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  5. Joé, edu, tío, por alusiones. Podías haber elegido un barrio más paradójico tipo esperanza, Prosperidad, Vista Alegre o así. Que conste que a mi particularmente Delicias me parece un barrio simpático, bien comunicado, urbano pero sin rascacielos, sencillo pero no cutre ni soso. No es el cielo, pero creo que siempre es mejor vivir a una manzana del paraíso. Ya sabes, blanco y negro

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  6. Delicias es un barrio que tienes muchas cosas buenas, y que yo me plantería para vivir por eso que comentas... Pero estéticamente.., recuerda aquello que dijiste, que en Madrid uno se "dejaba" visto un poco lo que había alrededor..
    Y, bueno, hablo de ciertas partes de Delicias, que luego hay zonas que son "normales", esto es, ni feas ni bonitas, hasta agradables. Ay..

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