Taxismo

Dice JJ Millás en Los objetos nos llaman que suele aprovechar sus viajes en transporte público para sus historias. Pienso que quizá el taxi, en un país como España, y para la gran clase media, se ha convertido en el último reducto de transacción humana entre desconocidos. La configuración espacial del taxi, un cubículo en el que el silencio parece hacer ruido, y el tiempo limitado del contacto, parecen propiciar esa charleta entre desconocidos que, opino, parece estar, desgraciadamente, en vías de extinción, y esto es carne para otro post.

Ayer me monté en uno, y aprendí algo de esa ciencia urbana que podríamos denominar Taxismo. Y ahora voy a soltar, así en bruto, las cosas que aprendí. Para empezar, muchos de los conductores no son dueños del vehículo, sino que lo alquilan a un empresario forradete dueño de una pequeña flotilla. El empresario forradete se lleva el 55% de la recaudación, paga la gasolina, pone el coche, paga las averías, y el taxista se lleva el 45%, entiendo que íntegros.

El carné de licencia, ese que suele descansar en el salpicadero, indica el tipo de contrato del taxi. Si el plastiquito es verde, es que es alquilado: el conductor conduce para el empresario. Si es azul, el propio taxista es dueño del vehículo.

El taxista, o al menos el que me llevó anoche, trabaja doce horas, de siete de la tarde a siete de la mañana. Ayer se apostó frente a un bingo, como suele hacer, para pillar a las jugadoras: "La mayoría son mujeres, cómo les va el juego. El problema es que son carreras cortas". Me comentó que llevaba una hora sin moverse, sin un solo cliente en kilómetros a la redonda, hacia las 2am en Manuel Becerra. El golpe de gracia es el cliente de Móstoles o cualquier otra ciudad de la periferia. Hay noches aciagas que se recaudan veinte escasos euros.


(Foto: Flickr)

Las letras. Cada taxi lleva uno en la parte trasera. L, M, X, J, V. Son los días que les corresponde librar, aparte del del fin de semana. Si un taxi trabaja en el día en que le toca librar, le puede caer multazo de 3.000 euros. Y los taxistas, por aquello de preservar sus habichuelas, no se cortan a la hora de denunciar esa trampilla de sus colegas.

El número de la licencia. 13.880. Si acaba en par, librarán el día del fin de semana que acaba en impar.

Skodas. La mayoría de los taxis en Madrid son Skoda. Basta pararse en un semáforo y fijarse: monotonía taxística que ni en Corea del Norte. Se ve que son fuertes, resistentes, baratos, me comenta el taxista.

Por último, el tema del taxímetro. Atascados en Gran Vía, comprobé que el cacharrito no paraba de avanzar, contraviniendo mi creencia de que era el movimiento el que movía los dígitos. Pues no; cuando el taxi se para, el taxímetro cobra por tiempo, y un pilotito con forma de reloj lo certifica. Cuando el coche se mueve, se cobra por movimiento, y el pilotito del reloj desaparece.

¿A qué viene este atasco, 2am más que pasadas, en plena Gran Vía y en pleno finales de agosto? "Cuando llegue a diez euros me bajo". "Pues aquí estamos". "Muchas gracias y que vaya bien la noche".

Comentarios

  1. Me gusta la palabra: ¡taxismo!
    Saludos postvacacionales, pollo.

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  2. Eso de aprovechar los viajes en transporte público para pensar historias también es muy cortazariano. Recuerdo que decía Cortázar que algunos de sus mejores cuentos se le ocurrían en los atiborrados autobuses urbanos de Buenos Aires.

    He tenido pocas experiencias con los taxis (no puedo evitar la sensación de que siempre me están timando con esa doble política del taxímetro que tú explicas), pero recuerdo un par de ellas. Las últimas fueron este verano en Santander. Allí tuve la ocasión de viajar en el taxi "regentado" por un amable señor que era - lo juro - la viva imagen de Allen Ginsberg, o al menos así me lo parecía. Luego viajé con otro que me metió casi 20 euros por ir de la UIMP al aeropuerto. Deo reconocer que el tipo era amable. Yo le dije como unas cuatro veces que no había sido un gran viaje: que no había visto la ciudad porque estaba en un curso y que encima, el curso habá sido bastante malo. Demostrando que no me escuchaba y que tenía una conversación modelo preconcebida, el tipo insistía en que lo mejor era que me llevaba un buen recuerdo del viaje y de la ciudad. En fin, que no son malos tipos, aunque a veces abusen un poco de la picaresca. Doy mi visto bueno a esa nuevo ciencia.

    Abrazo y buen fin de semana.

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  3. Me niego a comentar un post que empiece citando a JJ Millás. Es una cuestión de principios. Si lo citases en el último párrafo entonces sería una cuestión de finales.

    En lo referente a los taxistas, si no llevan puesta la COPE, no me fío.

    Abrazazo

    pd. me voy a escuchar a Miguel Poveda... in situ!!!!

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  4. Gracias a los tres. Poveda, ya lo vi ya lo vi, muy güeno. Ah, el flamenco, resulta que en su origen, en Cádiz, en Jerez, es mero refugio de cuatro frikis, ay, según me contaron los gaditanos.

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