Llegó

El final del verano, claro. Y tú partirás. Pues no lo sé. Hoy me ha venido esa mini depre estacionaria del final del verano, esas pocas ganas de enfrentarse a un septiembre que es siempre venirse a menos, tantos septiembres con su pequeña dosis de desasosiego, de vuelta a empezar unos cursos con matrícula un poco por los aires.

De pequeños, septiembre venía a nosotros, no teníamos que hacer nada, ir a por los libros de texto un día de finales de agosto y esperar que el sistema educativo lo hiciera todo por nosotros. Recuerdo ese día de ir a recoger los libros: mero entrar y salir del cole a toda prisa, no fuera que alguien nos retuviera. Primer aviso de que se acababa lo bueno. También, unas tibias e inconfesables ganas de enfrentarse a esos nuevos libros que daban su poco de miedo, sobre todo los de matemáticas.

Las noches ya no eran tan largas en aquellos finales de verano y el monte San Cristóbal y otros cuyo nombre nunca supe se oscurecían antes. Sabía que el verano tocaba a su fin por el sonido de los txistus que, religiosamente, anunciaban el fin del jolgorio desde su escenarillo del paseo Sarasate, a los pies de la estatua de los Fueros, y que llegaban hasta mi ventana.

Entonces uno se guiaba aún un poco por ciertas referencias. El montaje de la Tómbola indicaba que venía ese tiempo feliz de comuniones y luego vacaciones. Los txistus, en cambio, con su melancolía y toniquete machacón, nos anunciaban todo lo contrario: lluvias, uniforme, libros de texto, madrugones con cielo cárdeno o negro total, castañas y días repetidos.

Daban ganas de rebelarse contra ese txistu que presagiaba el orden y rutina venideros, pero ya sabíamos que era imposible y, al fin y al cabo, sólo era melancolía, y pasajera.

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Dedicado a Miguel Sánchez-Ostiz.
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Comentarios

  1. Venga que te voy a alegrar la tarde:

    Hacía poco que había llegado a Sevilla. Una tarde unos amigos de Ángeles nos invitaron a tomar una cervecita en su casa. Había diversas amistades de los anfitriones, interesados todos ellos en confraternizar con el catalán. En un momento dado salió la cosa futbolera y una cierta competencia por la belleza de los respectivos himnos. El bético y el palangana. Uno del Sevilla enchufó no sé que aparatejo del que salió una versión del Arrebato tipo rociero: es decir, con flauta aguda y tamboril. Voy y lo único que se me ocurre decir es lo siguiente: "¡Anda, si parece vasco! ¿No?"
    Mediante un silencio sepulcral me hicieron saber que allí estaba de más. No duré ni cinco minutos.
    Pa que te fies tú del txistu de los cojones!!!

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  2. ESO TE PASA POR SOCIALIZAR!!!!!

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  3. Supongo que serían las cornetas estas que usan también para las procesiones de Semana santa, que podria llegar a parecerse al txistu, aunque en agudeza no le gana nadie. Ahora que nadie nos oye, nunca me gustó mucho el txistu, tan agudín, pero luego los recuerdos lo edulcoran todo y se coge cariño a tó.

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