La última generación analógica



El sábado nos reunimos unas gentes de finales de los setenta principios de los ochenta y nos sentamos, sexos mezclados, en torno a una mesa de la calle Argumosa. Es un hecho ya descrito en Teoría y práctica de la cohesión por sexos en las reuniones sociales, del catedrático de Física, emérito, Gastón Austero Torralba, que en ciertos encuentros entre humanos, sin la urgencia del cortejo, los machos tienden a juntarse con los machos y las hembras con las hembras.

Contraviniendo las teorías de Austero, nuestra disposición fue intercalada. Después de una serie de anécdotas de tipo 'gore', una conversación sobre los parques de atracciones y unos párrafos orales sobre destinos vacacionales, se llegó a ese momento ya clásico en toda reunión de la generación de Naranjito: los dibujos animados y series de nuestra infancia.

Todo empezó porque alguien dijo que nunca había ido al circo, que sus padres no le habían llevado nunca. Tenía una espinita clavada. Yo no. Conté, orgulloso, cómo mi padre nos llevó a mí a mi hermano a un circo en Pamplona, y cómo a la salida, cuándo ya no había nadie y sólo sillas de madera sin público, charlamos con Teresa Rabal y le compramos un disco que nos firmó. La sola mención de ese nombre, Teresa Rabal, fue muy celebrada y dio paso a la imparable y, algo cansina ya, charleta de tipo nostálgico-audiovisual.

No repasaré ahora los títulos que se citaron, de esto se podría escribir largo y tendido, pero sí diré que siempre aparece una serie que no habíamos evocado en la memoria jamás, y al reaparecer ilumina una zona de nuestro cerebro que llevaba años apagada. En mi caso fue Un médico precoz. Pero bueno, sí que hubo una disección bastante aguda de Barrio Sésamo y se citaron incluso estudios académicos de la versión americana, Plaza Sésamo, y de ciertos mensajes moralizantes que, según sostiene un profesor marxista, introducían los comprados guionistas.

Comentando la jugada con Latinajo de Híspalis, llegamos a la siguiente conclusión: la última generación analógica. A veces, todo esto asusta. Recuerdo un cuadro de un pintor indio, Kanishka Raja, titulado: 'En el futuro, la gente no tendrá pasado'. No estoy tan seguro, pero desde luego, a don Pimpón, Espinete, Julián, Chema, Ana, Roberto, Supercoco, el reportero Gustavo y cía no les sobrevivirá ya más nadie.

Comentarios

  1. Grandioso 1 de agosto.

    Ahora que te decuplicas... ¿Hay que comentar en el blog y también en Facebook?

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  2. Un, dos, tres, cuatro, cincoseissieteochooo, nueve, diez, once, doce... oh, oh, oh, oh, ohhh...

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  3. Hombre, por eso de discrepar, diré que como 'última generació analógica', en plan sanota y natural entiendo, dejamos mucho que desear.

    Nuestros recuerdos son de series de televisión y nos pasamos nuestras buenas horas delante de las Nintendos, Segas, Plays y cuando nos daba por ir a la calle, íbamos a jugar a las maquinitas.

    Quicir, que sí, que quizás seamos menos 'digitales' que las siguiente generación, pero mucho más que la anterior. Y si la novedad no son los ordenadores será otra cosa, y así generación tras generación será,en este sentido, distinta a su siguiente y a su anterior.

    Nos vemos por Facebook ;)

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  4. Qué cosas... "Veinte años no es nada" le leía yo hace unos días por ahí, posteando sobre la luna y tal... Mi generación, la del 67, la década del baby boom. La diferencia entre las generaciones que crecíamos en el campo y las de las ciudades era un abismo, aunque todos crecimos con Marco y Heidi y una feísima niña, sosa y con dos amiguitos más sosos todavía, llamada Pipi Calzaslargas. Nada de móviles, nada de play, nada de nintendos... Cuando en mi pueblo nos paseábamos por la avenida de Madrid y en la discoteca sonaban las Grecas y Los Chichos y su "Carmen, Carmen, voy a tener que emborracharme...", en Madrid se le dislocaba el fémur a una tal Alaska, y Mecano se colaba en las fiestas, o se iba a Venus con un barco. Todos los que en el verano venían de los madriles, traían a nuestro pueblo un aire transgresor y de modernidad que nosotros acogíamos tímidamente y con desconfianza... esos pelos de colores, ¿quién se iba a tomar en serio a alguien con esos pelos de punta y multicolor? Nosotros, la generación perdida, que nos define Emilio Calatayud, habíamos nacido en dictadura, habíamos sido testigos de la transición, sonaba por doquier la palabra DEMOCRACIA y se hablaba de CAMBIO, pero todo era lo mismo que décadas atrás: el campo, la miseria y el hermetismo cultural.
    Ahora no hay diferencias culturales, salvo en grupos marginales, las generaciones son más homogéneas y las nuevas tecnologías están al alcance de todos, lo cual no sé si es mejor o peor que lo que se ha vivido hace apenas treinta años, pero sí los identifica por igual. Ustedes coinciden en llamarse la última generación analógica... No sé cómo llamar a la mía... creo que somos una auténtica generación de supervivientes ante ese gran esfuerzo de adaptación a una nueva maera de ver el mundo, y casi sin darnos tiempo tuvimos que adaptarnos a la vorágine de las nuevas tecnologías en el trabajo y en casa, a las demandas de nuestros inquisidores y caprichosos hijos, a ese luchar contra corriente entre nuestros valores y esos otros que despuntan culturalmente pero no nos convencen... Sí, somos unos auténticos supervivientes (sin el menosprecio y con el permiso de las generaciones de nuestros padres, ellos si son un auténtico ejemplo de superación)... En fin, que me he puesto yo muy melancólica, y me he extendido demasiado, pero ahí queda.

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  5. ¡Sexos mezclados! A ver, qué significa eso!!!! Y encima hablando de Barrio Sésamo!!! No sé dónde iremos a parar con tanta perversión:-)

    Menos mal que yo siempre he sido digital. Quiero decir que le debo muchísimo a mi dedo:-)

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  6. Uep. Juraría que estaba en el Blog de Ángel Duarte y ahora veo que no. En fin. Disculpen la broma. Saludos!

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  7. Coño, Juan Planas, acabo de leer (un poco por encima, lo confieso) una reseña sobre Juan Planas en el blog de Paco Fuster. Qué cosas. Bienvenido por aquí, aunque yo no sea Àngel Duarte.

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  8. Gracias, Eduardo. Me gustó tu post. Y me dije, pero qué desenvuelto que anda hoy Ángel, y me alegré, claro:-)

    A veces pasan cosas realmente extraordinarias:-P

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  9. Jajjaj, sí. De todas formas, creo cuando Espinete platicaba con don Pimpón, Ángel ya leía a Herodoto y leía cuentos -históricos- a su incipiente prole.

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  10. Bueno, bueno, bueno... yo a las niñas siempre les tuve mucho respeto, pero, efectivamente me acerqué a ellas mucho antes de que llegase Barrio Sésamo. En cualquier caso, todo fue empezar. Sigo ahí, en el empeño.
    Abrazos

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  11. ElPatio, bueno, jejej, supervivientes también fueron los nacidos en los años 10-20 del pasado siglo.... no?
    Gracias por el comentarión. salu2

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  12. Comparto lo de que somos (aunque soy de una quinta diferente a la que citas) las últimas generaciones analógicas. Pero yo he descubierto ahora (quiero dedicarle un post en mi blog, quizá el próximo) una nueva forma de nostalgia: la TDT. En esos segundos y terceros canales de Tele5 y Antena 3, se pasan el día repitiendo series de mi tierna infancia y adolescencia. No deja de ser una paradoja que el futuro que nos vendían con la TDT, ese mundo por descubrir (yo escuchaba lo de Antena 3 Neox y creía que era algo tipo Matrix) resultan ser las reposiciones de series que te recuerdan a diario que ya no eres un niño. El PPC debaría hacer algo al respecto...

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  13. Yo, unos años más joven que el autor del blog, jugaba a las chapas y también jugué al juego que revolucionó el mundo de la simulación del fútbol: el FIFA 98 (el de la canción de Blur). Si la tuya fue la última 'generación analógica', entonces la mía fue la 'generación bisagra', una generación entre las chapas y la PlayStation...

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  14. Bueno, Wesley, quizá no fuiemos, en puridad, la última, lo cual desmorona toda la argumentación anterior. Ya en mi quinto cumpleaños recibí una maquinita naranja Nintendo, que cabía a duras penas en el bolsillo del pantalón, y luego vendrían la Game Boy, la Game Gear, las distintas versiones de la Nintendo, desde la NES (Nintendo Entertainement Sistem), la SuperNintendo, la Nintendo64 y la Play Station 2.

    O sea, que de analógico, analógico... Pues... güeno, se podría apurar el término. Nacimos en un mundo analógico, eso sí. Y luego nos vino cayendo la digitalización poco a poco...

    saludos

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  15. Esto ya nos lo enseñaban en la uni... que no te acuestas un día analógico y te levantas al siguiente digital!!! jajaja...


    De todas formas, yo también creía que éramos más analógicos... pero luego pensando, pensando he llegado al recuerdo de mi primer reloj:un casio (con ese botón que encendía la luz tan chula), el reloj digital por antonomasia. jajaja.


    ¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos?

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  16. No somos nadie, desde que ya no es necesario dar cuerda al reloj por la noche al irnos a la cama no somos nadie, las horas siguen pasando sin que seamos conscientes, sin esa breve reflexión de lo efímero mientras le damos rienda para otras veinticuatro horas más (menos)... Una pena, oiga, una pena.
    Señor Laporte, dije en mi "comentarión" que con el permiso de nuestros padres (antepasados en general). Evidentemente hay circunstancias históricas que convierten en supervivientes a quienes les tocó vivirlas, ea... Pero vamos, aquí lo importante es la capacidad de adaptación, y le aseguro que mi generación ha tenido que hacer grandes esfuerzos contra reloj. Un tremendo shock emocional comparable al que sufrieron las generaciones de Leticia Sabater.
    No sé yo qué pasaría si de la noche a la mañana hubiese que volver a las "reposiciones". Creo que algunos no sabrían vivir sin su ipod, o sin su móvil, sin sus agendas ni ordenadores, o sin su wii... Una realidad vacía de esas cosas... Una utopía, claro está.

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  17. Yo me quedo con Veronica Mengod.

    Esto de renunciar, desde el presente, tiene trampa. Parece que nos hace más inútiles, o peores, pero dile al primero que compró una cosechadora que volviera a deslomarse con guadaña, a ver que cara pone. Y las cosechadoras ya tienen años, ya... o mejor, un tractor, que es más antiguo.

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  18. Solo espero poder mantenerme actualizado, mi sobrina de seis años aprendió más rápido que mi madre -de 60- a usar el internet.

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  19. Martín, es fácil... te vas bajando las actualizaciones, pero por por orden .1, .2, .3, ...

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  20. qué pesimista, el Patio. Que por dar cuerda a un reloj no eres más consciente del tiempo. Quizá ahora lo seamos más, incluso. O quizá no, quiá, dependerá.

    Ni el progreso tecnológico es el apocalipsis ni es tampoco la panacea contra la infelicidad. Sólo son eso, avances tecnológicos.

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