31.8.09

El silencio visitante

Acabo de ver en el periódico una foto de Soldado, conocido en Pamplona como gudari, tras su paso por Osasuna. Se ve que le marcó tres goles al Rácing en su estadio, en el estadio de ellos (¿¡quién inventó el maldito su, tan malditamente equívoco?!), el Sardinero de Santander. Lo celebra el tipo sin disimulo, haciendo el avioncito, y si pica que se rasquen: tres roscos y a joderse.

Las primeras veces que fui a un estadio de fútbol, al Sadar de entonces, de pequeño, me llamó la atención el fenómeno de los goles visitantes. Frente al estruendo, griterío, profusión de abrazos y de euforias multicolores del gol local, los tantos visitantes pasaban como veloz pelotón ciclista. ¿Ya? Lo malo del directo es que no hay repetición y toda esa poesía del gol sobre la que se podrían escribir muchas valdanadas no dura un segundo.

El gol visitante es un jarro de agua fría, por usar el tópico, y como todas las cosas que joden más o menos, se acoge con un silencio nada teatrero. Que te deje tu novia, que te despidan, que se muera tu tía, que te cojas tal enfermedad rara... El silencio suele acompañar a esos amargos trances, un silencio que recuerda al silencio de los estadios vacios cuando el equipo visitante llega y hace lo que no estaba en el guión: amargar la tarde con un gol.

Se hace extraña esa alegría, esas piñas que forman los jugadores, entre las caras largas de los miles de seguidores del equipo local, que digieren en silencio esa representación del mal en forma de gol que se les acaba de colar por la escuadra.

1 comentario :

  1. El silencio es la primera de la reacciones. A renglón seguido, y si lo celebran de manera demasiado ostentosa, la hinchada se hincha, silba y llama hijos de puta a quienes han hecho tan bien lo que tenían que hacer que nos han marcado un gol. Es el momento del rechazo
    (la misma teoría, conocida como la del segundo instante, es aplicable al abandono de la novieta, al despido, a la enfermedad...)
    Finalmente, viene la negación. No ha pasado nada hay que seguir apoyando a los locales. La cosa es más difícil cuando el visitante va por el cuarto. Con todo, siempre se puede remontar.
    Lo jodido es llegar a casa después del partido. Solo. Derrotado.

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