Conversaciones de carreteras

El otro día asistí, en calidad de oyente, a una Conferencia sobre la situación de las carreteras madrileñas, en la piscina del Canal de Isabel II. Los ponentes, con los torsos descubiertos, el tupper ware con la tortilla de patatas y sus refrescos veraniegos, ofrecieron una magnífica exposición de tan apasionante tema. Sin otro quehacer más que el de escuchar, puesto que leer novelas y comer a la vez es harto jodido, decidí escuchar, convertirme en oyente de esa animada charleta tocante a las infraestructuras.

Concluí entonces que hablar de carreteras es muy madrileño, y que algún día me animaré definir a esa cosa humana llamada 'el/la madrileño/a', y que se caracteriza, entre otras cosas, por ser capaz de hablar de carreteras durante horas. Y encontrar réplicas entre los interlocutores, ojo.

Ya hemos dicho más de una vez por aquí que, según González Ruano, el verano es la estación disociativa y el otoño la asociativa, ideal para escribir. Estoy de acuerdo: en verano la mente también pide su derecho a irse de vacaciones, y cualquier intento de juntar a unas cuantas neuronas para que produzcan una idea es poco menos que baldío.

Sin embargo, llega un momento que necesitamos asociar como el comer: o nos volvemos locos. Tal cual. Y bueno, hay ratos del día en que los seres humanos, madrileños o extremeños, necesitan ponerse un poco a asociar cosas, para salir de ese estado caótico que es el mundo si no se le da un poco de orden.

Entonces, es cuando surge la famosa conversación sobre las carreteras: que si está fatal el tramo de Mejorada con Algete, que por Colmenar Viejo es más rápido ir los domingos, para acceder a Peñalara y luego al desvío que hay que coger para ir a Pedriza, que ahora lo están acondicionando porque ha estado años que daba vergüenza solo de verlo, y es que ya era hora, y yo siempre que paso lo digo, pero vamos, peor está la circunvalación de Los Molinos, que parece aquello el Circuito del Jarama, y tú, Jaime, deberías tomar la radial para ir a ver a tu madre, que pareces tonto, quesque se llega mucho antes.

(Foto: Flickr)

Supongo que el conocimiento de algo tan abstracto, enjambroso y de nulo interés para este náuGrafo como el mapa de las carreteras de tu comunidad aporta algún tipo de beneficio o calma o atávica seguridad. ¿Por qué hablar de carreteras y no de exposiciones pictóricas? Ah, yo que sé. Pero lo que parece lógico es que hay una necesidad de aprehender toda esa información viaria, y que a mí me fascina y que no logro entender bien.

Decía Kafka que un escritor que no escribe es un monstruo merodeando la locura. Quizá un madrileño que no habla de carreteras sea un terrorista suicida en potencia, un maltratador de mujeres en potencia, un estafador piramidal en potencia o algo peor en potencia. Asi que, si se ven metidos en una conversación de ese tipo, les recomiendo que les sigan el rollo y hasta aporten algún dato.

-"Hay que ver qué mal está la entrada por Delicias".

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Comentarios

  1. Pues a mí lo que más me llama la atención de estas "minietnias" no son sus sesudas conversaciones (tengo que decir que suelo asistir más a un concierto de ronquidos, porque el ciudadrealeño se pega unos siestorros en las tumbonas que da envidia), me pregunto cómo coño ha podido llevarse media casa a la piscina: la tumbona de la abuela, dos o tres taburetes plegables, una minimesa, dos o tres neveras portátiles, el carrito del niño chico incluida la mosquitera, la cubertería y el menaje de platos y vasos desechables, etc, etc, etc... vamos, la república independiente (aunque de Ikea) de tu casa trasladada por un día al césped de la piscina... Y cuando terminan de recoger los bártulos, dejan el mismo rastro que el caballo de Atila... ¡qué barbaridad!
    Buen descanso y disculpadas las molestias.
    Saludos.

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  2. Sin duda, un tema fascinante donde los haya para mañana piscinera ¿No?

    En fin... dicen que cuando el diablo no tienen nada que hacer, con el rabo mata moscas.

    Eso sí, como madrieña tengo que ponerme las pilas, no vaya a ser que me curtan en cualquier momento al salir la conversación de marras jeje

    Disfruta de tus vacaciones.

    Un saludo.

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  3. Jajaja, como buen madrileño te digo que es cierto. Existe casi una necesidad vital de conocer las carreteras y sus puntos engorrosos, más que nada porque cuando trabajas y tienes que salir de casa cada mañana a pelearte con el asfalto y sus otros moradores no hay nada mejor que pensar en exposiciones pictóricas en las que podrías estar.

    Supongo que somos gente de contrastes jejeje.

    Un saludo y disfruta las vacaciones. Nos vemos a tu vuelta.

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  4. Lo que más me jode es cuando vas por la A-6 el sábado por la mañana, dirección a Villalba, y tienes que comerte a los capullos que se creen que porque tengan un Audi, un BMW o un Mercedes deben ir por el carril de la izquierda aunque sea a 130 kms/h cuando los que vienen por detrás van a 150. Siesque...

    Supongo que lo de la obsesión asfáltica del madrileño es un poco por cosmopolitismo, ¿no? Nosotros no podemos decir que quedamos en la Quinta con Lexington Avenue (si eso es posible), péro tenemos el orgullo, es un ejemplo, de nuestra M-607, "la de Colmenar", camino a La Pedriza, con su carril-bici y todo (y sus buenos ciclistas muertos que costó).

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  5. Siempre busqué la playa en la carretera de la playa... pero ni por esas. Hay que tener humor para ciertas cosas, y pocos complejos.

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  6. madre santa, qué miedo de carretera! ¿es real? Yo a veces he tenido sueños muy feos y salían carreteras parecidas a esa.

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