Tres acciones que aplaudiría el PPC



Como eterno candidato a la gestación de ese partido abocado a ser eterno proyecto, el PPC, voy practicando con el ejemplo. Hace poco me paró un tipo igualito Panoramix, asistente a todo acto cultureta que se celebre en Madrid, y me preguntó, por escrito, "cómo acabar con la hipocresia". Se ve que era mudo y yo le iba a contestar por escrito también, pero, me señaló que oír oía. "Siendo auténtico", le dije. Él más sabio, me escribió con lentitud que "que predicando con el ejemplo".

No sé si por el influjo de este neo-Panoramix o por mi compromiso con mi propio partido, creo es que es vital una puesta en práctica diaria, cotidiana, constante, para luchar contra las pequeñas batallas que tan grandes sinsabores nos crean. Algún día, sí, hermanos, pasaremos por cualquier bar de ciudades como Pamplona y en todos los bares se habrá instituido el modo de tirar cañas al estilo madrileño, y no ese modo obsceno, tosco, pobre, gélido y malencarado que se practica en la actualidad.

No me enrollo. Me fui a correr por el parque del Oeste, en Madrid, que es el mejor parque de esta ciudad, lo que se dice precioso, oye, y acometí dos pequeñas acciones. En una zona de descanso, un grupo de quinquis había dejado dos litronas de cerveza vacías sobre una de las mesas de madera. Me acerqué hasta la tal mesa, cogí los pringosos envases de vidrio y los tiré en una papelera que había a menos de metro y medio.

La segunda acción que os cuento sucedió segundos después. Vi que a lo lejos se me acercaba un tipo sudoroso, a torso descubierto. Si fuera homosexual, la imagen quizá me habría estimulado; tampoco, en mi afición genérica por las artes, me complacieron los paralelismos con los atletas griegos y demás. Aquel tipo era todo ostentación de músculo y a mí ver pechos masculinos gratuitamente no me fascina. Mi pequeña acción de protesta fue, cuando se acercaba el tipo a mi altura, poner la mano tapándome los ojos. Como no queriendo ver esa estampa urbana tan como que no. Hice como que me rascaba, por si el gesto quedaba demasiado belicoso o provocador: no quería llevarme ningún mamporro.

Fue entonces cuando me vino la idea de éste post y cúando pensé que no hay gesto inútil. Que todos podemos ser unos soldaditos proactivos capaces de luchar contra aquello que nos toca los pies o cojones. La tercera y última acción que aplaudiría el PPC tuvo lugar hace poco. Fue durante una comida con Thomas Bernhard, quicir, con la lectura de este autor, que todo el mundo sabe que murió en 1989. Ésta es la grandeza de la literatura: puedes comer con un tipo que murió hace veinte años y conocer sus historias como si estuviera allí delante. Todo habría sido maravilloso de no tener al lado a una pareja digna de insulto. La vi nada más sentarme, y dije "ay", pero enseguida fue demasiado tarde para cambiarse.

Decir embelesados es poco, uña y carne, trenza humana, columna salomónica corpórea, pegajosidad insoportable. Habría pasado por alto su espectáculo excesivo para un lugar como el Vip's de no haber sido por los ruidos. Fue entonces cuando deseé ser viejo. Un viejo sin escrúpulos, avinagrado y con potestad suficiente para decirles: "Iros a un hotel, coño".
Durante todas y cada una de las fases de mi lenta comida (en el Vip's a veces son extrañamente lentos) tuve que interrumpir mi lectura bernhardiana por sus muacks, chufs, mmmzsksscs, chchchchichthhchchch, y demás sonoridad íntima.

Así que procedí a soltar una serie de carraspeos que me dejaron la garganta bien caliente y al lanzamiento más o menos continuado de miradas asesinas sobre el tipo, que tenía por cierto bastante cara de tonto y luego un culo más bien gordo, como comprobé cuando por fin se fueron. Porque por fin se fueron y cuando pasaron por mi lado, cerca de la entrada, le sostuve la mirada al culograsa. No retando, pero se la sostuve. Tampoco mucho rato, pero sí unos segundos.

Sé que seguirá habiendo mierda en el suelo tras los botellones, horteras en los parques y parejas de besos a excesivos decibelios. Son fenómenos imparables. Habrá que resignarse a eso, pero no a mostrar nuestro más descarado desprecio ante quienes los cultiven.

Comentarios

  1. jajjajajaaja... Me temo que el PPC pecaría de intolerante. Y ahora la pregunta: ¿Ser tolerante significa ser hipócrita? Y otra: ¿Un exceso de tolerancia conlleva a a pérdida de valores como el respeto a los demás, es decir, el que ejerce su derecho a besarse (o sorberse) en público está violando los derechos del resto, como pueda ser comer en paz sin que tenga uno que sorber su sopa al tiempo que otro está sorbiendo babas (que asquerosillo, coño, que se vayan a un hotel)?

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  2. Pues yo le aplaudo efusivamente el primer acto, tímidamente el tercero y el segundo... bueno, a mi no me molesta, así en general, y desconozco el entorno.

    Me ha gustado lo de la hipocresía y predicar con el ejemplo. Últimamente tengo dos cosas en la primera página de mi agenda mental. El ahorro energético y ponerme un poco en forma. Lo del ahorro energético lo practico en la medida de lo posible, y lo de ponerme en forma... ya me lo pensaré. Pero el gesto que hice ayer fue al menos, yo creo, coherente con este pensamiento. Estuve de recados y tuve que bajar y subir de mi casa dos veces (un 4º piso que en realidad es un 5º) y subí y bajé a otra casa otras dos veces (un 8º piso y cargado con bolsas). Todas ellas en ascensor. Por supuesto, los recados andando. Me gustaría ver a Al Gore haciendo esto...

    Pudiendo quemar grasa y ejercitar, aunque sea un poco, el corazón, para que quemar carbón.

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  3. El patio, en este caso yo diría que sirve aquello de 'mi libertad empieza donde termina la de los demás'. Tengo un vecino jevitorro que pone Iron Maiden a las 23 horas y empieza a cantar con voz afónica y como de peli de miedo mala. Se aguanta estoicamente y tal, pero hay un poco de imposición violenta en su acción.

    Y Molusco, no he entendido del todo tu comentario. ¿Ver a Al Gore subiendo en ascensor? Ejem..., dónde está el mérito de subir en ascensor. Melexplique!

    Y sobre lo del atleta exhibicionista. Tiene algo que ver sobre la tendencia expansionista de ir en bañador ya a todas partes. Hubo un reportaje en El Pais sobre esto bastante interesante. La ciudad como el salón de mi casa. Y mire ushhté, pues no.

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  4. Justo!!! empezaba a preocuparme mi falta de tolerancia hacia ciertos atuendos. Joer, no es que se confunda ya la calle con el salón de casa, se confunde con el WC. Y además, y para no pecar de hipócrita, hay que joderse lo mal que viste la gente últimamente, es que los hay con un sentido de la estética... que vestir bien no cuesta dinero (a la duquesa de Alba me remito, trapos de a millón pero desastrosamente combinados). Hace unos días fui al teatro, en Almagro, cuna del teatro clásico y cosmopolita durante el mes de julio, y la gente se pone cómoda para salir a la calle, se relaja en las formas, pero cuando se va al teatro, se va al teatro, joder... A la salida veo a un señor que mediría lo que un tapón de alberca, con un pantalón deportivo pirata (que eso estiliza a un tapón de alberca que no veas, coño!!!), con su barriguilla cervecera y sus piernas de alfiler (costitución berenjena de Almagro, ya que estamos), con deportivas y unas calcetas que llegarían hasta las rodillas (porque se perdían hacia arriba) y con su riñonera (o mariconera, decimos aquí) colgadita en su cintura de avispa... ¡Ole sus cojones!
    En fin... mire usted, pues claro que no.

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  5. Propongo el internamiento en prisión preventiva del tipo berenjenis almagriense que Vd. describe. ¡Hombre, ya!!

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  6. Coño! Donde dije 'ascensor', quería decir 'escaleras'.

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  7. Culograsa... Para varios amigos míos (y yo me incluyo) es un personaje totémico. Culograsa y también aquella frase (que conocerás sin duda) que dice así:
    -Dame cartas, mierdaseca.

    Un saludo.

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  8. Me viene a la cabeza la mítica de 'dos de mosqueo' o la de 'chopper, A POR LAS PELOTAS!!!'.

    Saludos,

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  9. Yo no soporto los tíos con sandalias, oreando al mundo sus pinreles deformes de dedos repletos de pelos, con uñas como mejillones.

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  10. Siempre que me enviaban a una coñazo-presentación de libro de la Fundación Ortega y Gasset, coincidía con Panorámix. A mí me recuerda más a un híbrido entre Gandalf y Valle-Inclán. Qué grande.

    Brt

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  11. Siempre suelen ser los gordos culograsas los que hacen ruidos al besar a sus novias culonas.

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  12. Bienvenidos al primer blog apolíneo. jajajaja...

    Hala, me voy de costillada, a comer con las manos y a beber mucho vino.

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