Je me souviens sanferminero (-)

Cuando llegan, cuando llegaban las fiestas de San Fermín, a mí me daba como unos nervios. Sensación parecida a la de estar tranquilo en tu casa y que de pronto llegue una fanfarria con trombones de varas y confetti. Cuando salí de Pamplona y hacía de persona que vuelve a su ciudad pero en calidad de semiforastero, también sentí un nervio parecido, quizá más acusado, porque era algo intencionado. Ir a San Fermín era buscarse problemas.

Porque hablan mucho del 'capotico' del santo patrono, pero luego pasan cosas. La de este viernes negro, sin ir más lejos, es una de ellas. He visto el encierro en directo, en la tele, y diré que antes sentía unos pálpitos extraños, de muerte. Porque San Fermín es vida, pero también es lo otro. Nos recuerda que estamos vivos, gracias a lo otro. Que no te pase a ti, claro. El caso es que sentía un presagio oscuro, quizá porque este fin de semana me sumerjo en la fiesta y Latinajo de Híspalis me dijo que quería correr el encierro. Visto lo que ha pasado hoy, ya no tendré que convencerle de que mejor otro día. Yo ya pasé mi peaje, año 2003, con una cobarde pero de facto inserción en el encierro, cerca de donde Mathew Peter Tassio, y ya cumplí.

Van dos jóvenes que pierden la vida en esta extraña carrera en la que no todos llegan. Quince se quedaron en el recorrido y sería de ley que el Monumento al Encierro, el de la avenida de Roncesvalles, recordara sus nombres con una discreta inscripción.

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Quería hablar de otras cosas, pero no se puede. Hay muertes imposibles, y quizá la de este viernes, la de Daniel Jimeno, sea una de ellas. Dicen que esto va en el contrato, que quien se mete lo sabe, que es una actividad de riesgo. Que te puede tocar la bola negra. Una entre un millón, tiene que ser demasiada mala suerte. Pero te toca y eres tú el que tiene el asta de un toro entre tus costillas astillándote la vida y no puede ser posible.

Leí una novela de un noruego sobre los Sanfermines, pero no recuerdo el título. Un amigo suyo moría en el encierro. Así era la fiesta, decía. Extraña fiesta ésta. Quizá atraiga tanto porque es una vida en reconcentrado, donde hay jarana pero también hay lo otro. Descanse en paz.

Comentarios

  1. ¿Y qué valor le damos a la vida en el primer mundo, no es quizás a veces excesivo? Hablo del cuidado en celo, de la especulación sobre lo único que tenemos, gran valor, pero tal vez nos damos demasiada importancia.
    Aquellos que conozco que cogen las curvas de la vida derrapando, suelen correlacionar bastante con un sentir cercano a la felicidad.
    Yo a veces parece que las cojo con taca taca.

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  2. No sé, yo pienso que en esta vida que llevamos y que cada uno vive de una forma, con unos valores, con deseos, con encontronazos... todo es un riesgo. Lleva esa carga en que un día puede ser el último y nunca y nada, ni nadie nos puede decir cuando y cómo va a ser. Nadie que va a una fiesta, sea del tipo que sea, va pensando en la muerte, simplemente nos está esperando y viene a nosotros vestida de toro, de coche, de avión, de cáncer, de sobredosis... Todos somos caminantes de puntillas, a veces volamos y a veces caemos y ya no podemos levantarnos.
    Estupenda su 'crónica'.
    Saludos

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  3. Opino como tú, Náugrafo. La grandeza o miseria de los sanfermines recae en ese torbellino vital al que le sobrevuela la tragedia por la mañana y por la tarde. La tragedia es algo tan humano como la felicidad o el aburrimiento o la angustia... y querer expulsarla sólo produce un mayor espanto cuando aparece, porque siempre aparece. Quien ha muerto es un mayor de edad que con su vida ha hecho lo que quería: correr un encierro. Equivocado o no es su decisión, libre, la que le ha hecho derrapar para siempre. Yo he corrido el encierro por no estarme quieto, y cuando descubrí, muy pronto, que lo único que se saca es miedo y azar, dejé de hacerlo porque no me gustaba eso. A otros es precisamente lo que les apasiona. La vida es muy extraña y espero que siga siendo así.

    El día que se acaben los encierros, que terminarán por echar el cierre, como todo, el ser humano será un poco menos humano y un poco más alienado.

    Por cierto, deambulando por unos cuantos foros y forillos me ha indignado que las mayores críticas al encierro vengan de cataluña, esa cataluña políticamente antitaurina, en la que obligan a subir a críos menores de edad a esas torres humanas entre llanto y pánico en la mirada. Eso sí que es cruel.

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  4. No sé si atreverme a confesarme anti festejos taurinos en un foro regentado por un navarro y visitado por decenas más. Lo mío es visceral, unilateral y personal, no ejerzo ni reivindico, y mucho menos entro en debates morales o sociocostumbrales. Solo me fascina el poder atractivo de la muerte, especialmente si es humana, si hay documento gráfico y explícito al respecto y si puede ser lanzada a horas de audiencia jugosa, con despliegue de "imágenes cedidas por" y "últimas horas sobre". Lo siento muchísimo por él y por su familia.

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  5. Pues qué queréis que os diga, pero es que lo de los toros... No soy ni de lejos activista antitaurino (acabáramos), pero si me preguntan digo tranquilamente que hombre, gustarme no me gustan y, de hecho, me parecen un poco salvajes y primitivos. Ya, ya sé, me dirán que es que no los entiendo, que la tauromaquia es un arte y hay que entenderla. Muy bien, yo no voy a encerrar a nadie en la cárcel y cada cual que piense lo que quiera (ya digo, activista no soy ni quiero serlo, que hay cosas más importantes en esta vida por las que perder energías).

    Simplemente pienso que, si algún día deja de haber encierros de San Fermín (que no sanfermines) el ser humano no "será un poco menos humano y más alienado", como dice Contenedor Amarillo. De hecho, creo que sería al revés. Y que sí, que al ponerse delante del toro, pues oye, un riesgo grande se corre, que un poco loco hay que estar pá hacer eso. Claro que todos sabemos que moriremos algún día, pero nunca pensamos que "algún día" podría ser hoy. Ni mañana. Ni al otro.

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  6. Los sanfermines sin toros serán lo que ya son pero multiplicados por mil: un botellón como el de Sevilla por abril... hasta que también prohíban el alcohol, porque destroza el hígado.

    A mi me gusta que exista la tragedia en estas fechas. ¿Por qué? No sé... quizás sea un recordatorio de lo que somos, de lo efímero de todo, de ese esclavo que iba al lado del triunfador romano recordándole su condición de mortal. Una poética del fatalismo.
    La asepsia social cada día me da más escalofríos, sobre todo desde que la leí en la novela Elegía, la de Roth.

    El chaval ha muerto hoy como dicen que mató Aquiles a Héctor, introduciendo su lanza por la clavícula, desde arriba, hacia el corazón. Quizás sea una buena excusa para volver a leer la Ilíada.

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  7. A ningún biennacido puede alegrar la muerte de este chaval. Sin embargo, es un toque de atención sobre lo que muchas veces se olvida: del encierro se puede salir con las piernas por delante. Más allá, o mejor, más acá de disgresiones sobre la esencia de este rito, lo cierto es que es increíble que no haya muertos a diario. Preparémonos de todos modos para el inicio de un intenso debate sobre las medidas de seguridad en el encierro, o sobre la conveniencia misma del encierro. Debate que, os adelanto, se producirá fuera de Pamplona, porque en Pamplona está totalmente asumida la fatalidad como parte implicada en la tradición festiva. Por eso la fiesta seguirá, lejos de interrumpirse, como homenaje mismo a Daniel. En Pamplona estos días Daniel va a estar omnipresente, en cada uno, en cada cuadrilla, en cada familia. El espectador ajeno, indignado, simplemente verá que sigue habiendo borrachos, música y alegría.

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  8. Abandono este foro hasta que el autor domestique a ese demagogo contenedor amarillo. Ya se denigró bastante la página con el mameluco de Ni idea, y a usted parece que le da igual tener hooligans bocazas en su blog. Hasta la vista

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  9. El que corre el encierro no tiene ni cabeza (algunos permanentemente, otros provisionalmente debido al alcohol) ni ilusiones ni nada, pero al menos es algo que uno hace, en principio, sin poner en riesgo la vida de otros, así que el que se quiera matar, que corra el encierro o haga lo que quiera. Eso sí, que sepa que es muy egoísta. Ahora la familia y amigos del chaval a llorar por su afición de zurriago.

    Y a estos que mueren en el encierro, de placas nada. ¿O acaso son héroes? Nada más lejos. Son los máximos aspirantes a los premios Darwin.

    De fiestas taurinas, si me quedan ganas, hablaré en otro rato.

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  10. En los comentarios de la noticia que ayer daba el New York Times alguien se hacía la misma pregunta, que como se traducía al español Darwin Awards; otros daban vivas al toro.

    D. Jordi, me he leído dos veces los dos comentarios que he hecho anteriormente para intentar descifrar su calentón y no lo he encontrado.
    Lo que si he visto es una falta de clase muy grande al hacer responsable de su decisión al autor de este garito. Pero todo no van a ser discrepancias, estoy con usted en que algunos comentaristas eran unos auténticos júligans bocazas.

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  11. Hilarante, lo de los premios Darwin. Aunque, hombre, tampoco se trata de dar vivas al toro. Pero sí que hay que reconocer que si encierras a un animal y lo tienes a tu servicio por pura crueldad y diversión (que de eso sí se trata), pues al animal gracia no le va a hacer. Y se defenderá.

    En una plaza de toros lo que se ve no es el arte del capote ni leches de esas, me da a mí, sino dos animales que se encierran juntos a ver quién sale peor parado. Y no se puede esperar que le hagamos una plaquita al lumbreras que se mete con un torito. Y aún así, estatuas les hacen, que aquí en Madrid tenemos varias. Ahora sí, como los esnobs españoles van a las plazas de toros, lo de la 'tauromaquia' es arte, pero las peleas de gallos es salvaje y está prohibido. El mundo está lleno de hipocresía, que además nos la imponen los señoritos bien y Sabina, el mayor cronista taurino de la España actual. Qué rancio.

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  12. Gracias por vuestros comentarios. Tras el parón sanferminero, corridas de toros incluidas, tela de las peñas en la cara, y demás inmersiones radicales en la fiesta, asomo la nariz tímidamente.

    Por alusiones y por mediar un poco, le digo a Santamaría d. Jordi que yo también he leído los dos Comentarios de Container y no he apreciado eso que llama Vd. un tanto bruscamente demagogia. Es curioso como muchas veces los catalanes actúan como los españoles más españoles, en el peor sentido que se le puede dar a la palabra español (y por el matiz cainita/farfullero van mis tiros).

    El autor no piensa domesticar a Contenedor Amarillo porque ni falta que hace, obviously, ni porque tiene vocación de amansador de discursos que para mí que en su cauce están. Será una pena no contar con sus comentarios, Jordi, pero como bien dice Container, a nadie se le obliga a entrar aquí como nadie obligó a entrar a Daniel Jimeno allá.

    Y Molusco, no creo que sea egoísta asumir un riesgo. Quizá es a veces más egoísta poner trabas al riesgo. Eso excesos preocupanísticos familiares sin los que no existirían, por ej, Edurnes Pasabanes. ¿Temerarios? Es otra forma de vida, otros alicientes, no les llamaría yo zurriagos. Puede que alguien necesite un cuernaco rozándole la axila de vez en cuadno para valorar su paso por la vida, y que no sea este un vagar fulero por paseo Marítimo con helado almendrado, ya me entiende Vd. En todo caso, pues se respeta y ya está, opino yo, vamos, o sea, taltal.

    Bueno, seguiremos.
    abrazos

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  13. Puedo estar de acuerdo en respetar las decisiones individuales y en que cada palo aguante su vela. Vale.
    Lo que ya me cuesta más aceptar es que un Ayuntamiento se dedique a organizar este tipo de ¿festejos? ¿ritos? ¿salvajadas? Táchese lo que no proceda.
    Lo que me parece más triste es que en Pamplona no se produzca ese debate del que habla Sanferman, que todo el mundo tenga tan asumido que es normal que el Ayuntamiento cargue cada 7 de julio unas pistolas, y las reparta a voluntarios para que jueguen a la ruleta rusa. Y que morir en el intento tenga su mística y su épica. Eso sí, no preguntes a un corredor a ver si "jugaría" a la ruleta rusa, que te vendrá con un "vas a comparar", "eso es una estupidez".
    Y sí, es otra forma de vida, son otros alicientes...

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  14. Náugrafo... a la vejez, viruelas. Joder... a sol, eso sí que es valentía. Jajaja...

    La épica no puede estar asociada exclusivamente al azar, por eso la ruleta rusa, azar puro, nunca se podrá comparar a un encierro, en el que entran otros muchos factores.
    La ruleta rusa es una estupidez, efectivamente.

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  15. Hombre, Náugrafo, no me compares la épica de subir una montaña con la de correr delante de un toro. Vamos, no me hagas esto a la pobre Edurne. Eso sí es épico, lo del toro no. Además, hay un factor me parece a mí que importante: el animal. Yo no critico el riesgo en sí (la vida es riesgo), yo critico más bien el hecho de crear cierta ""épica"" (doble entrecomillado, que lo merece) de la crueldad con un animal.

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