Recupero la eñe, que la dejé olvidada sin querer. Dos nuevos colegas, y ya van unos doce, me confiesan su ignorancia: tampoco conocen a Jorge Herralde. Una de ellas tiene una revista cultural en internet, el otro, una productora. Me temo que estamos ante algo mucho más grave de lo que temía, peor que el informe Pisa para el pueblo andaluz; aprecio brotes pandémicos bastante más preocupantes que otras epidemias con las que nos quieren acogotar. Ésta es de tipo cultural y su alcance es fácilmente demostrable con una simple pregunta a cualquier interlocutor que se le presente, que tenga título universitario (aprox.) y sea de letras (o algo parecido):

¿Sabes quién es Jorge Herralde?


Si te responde con evasivas, un "me suena" o un sincero "mira, no", es que mal andamos. Si a un tipo que ha sacado adelante una de las mejores editoriales europeas (si no quedara hiperbólico diría que mundiales) y la ha mantenido a flote durante cuarenta años, no lo tenemos fichado, algo se nos rompe en el alma. Hay cosas que hay que tender a saber. Lagunas que deberíamos intentar no caer en.

Planteo la posibilidad de serigrafiar su imagen, cual marilyn warholiana, y pasearme con su camiseta por los pueblos de nuestra dura España. No sólo pueblos, qué digo, pasearme por todo ese gafipastismo vacuo de Malasaña y aledaños, por todas esas cafeterías universitarias adulteradas de tonteriítas mil, por todos los fumaderos de hachís y neuronas de la calle Argumosa, por todos los festivales de cortos de mentes y así. Me llamarán pedante y asqueroso, náuGrafo de mierda, y yo les plantaré en sus rostros mi serigrafía herraldiana, mi herráldica, como poético antídoto contra la apatía y pereza espirituales. Prioricemos, coño.

Les hablaré, y me tirarán tomates y nabos al pescuezo, de la literary fiction, un concepto que el propio Herralde, al que entrevisté por cierto este sábado mañana en el Wellington, me descubrió, y así lo comento. Como el de periodismo gonzo, que si algún día conocí no lo debí retener del todo. Y mientras mi perorata, me arrojarán al testuz biblias de barro, ángeles y demoños, catedrales submarinas, basura nórdica en trilogía variable, crepúsculos de todos los colores, perezrevertadas con mucho taco, cojones e hijos de puta, zafonismos a granel y potteradas mil, así como toda la obra de Laura Gallego, en la edición valenciana. Y yo pondré la otra mejilla.

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Aviso: este martes 16 se celebra en todo el mundo Bloomsday. Debido a tan magno evento (algún día habrá que leer el Ulises, del borrachín Joyce, o al menos intentarlo), este blog dedicará un post a la singular efeméride, tal y como sugirió con buen tino el de El lamento de Portnoy, en esta convocatoria. Desde aquí, animo también a jugar a esto del Bloomsday.

Comentarios

  1. Hombre, la idea no está mal. Lo que pasa que eso de "intentar narrativizar nuestra vida cotidiana" resulta más dificil de leer que el mismo Ulises.

    Me ha recordado el texto de presentación de PhotoEspaña que tiene este año como tema la cotidianidad.

    ¿Alguien va a dejar de hablar de lo cotidiano, de la cotidianidad, de la cotidianeidad?

    Voy a acabar decantándome por "el día de la toalla" en honor de "El Autoestopista Galáctico" de D. Adams.

    Saludos,

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  2. ¡Qué perra le ha entrado con Herralde, señor Laporte! Entienda que paa muchos ya es difícil leer un libro y acordarse de su autor, como para acordarse de la Editorial y a quien debe su existencia... Hombre, porfaplis... si las hay que situan la tibia y el peroné en el antebrazo y creen que el húmero es un filósofo griego, y eso que siempre han estado en el mismo sitio y se han llamado igual, Herralde suena a chino mandarino. ero la idea de la camiseta no está mal, coja después el AVE y se da también una vueltecita por Ciudad Real porque me temo que por aquí es tan conocido, "asín" sin que ni suene, como el Húmero griego (que digo yo que "le quería sonar" a Homero, ya que con Ulises estamos).

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  3. “...biblias de barro, ángeles y demoños, catedrales submarinas, basura nórdica en trilogía variable, crepúsculos de todos los colores, perezrevertadas con mucho taco, cojones e hijos de puta, zafonismos a granel y potteradas mil, así como toda la obra de Laura Gallego, en la edición valenciana.”
    Si estos no son los peligrosos, suelen ser bastante humildes además. Los realmente mamarrachos son los que la cultura gafipasti de películas imposibles y libros que en cuanto rascas resulta que no están ni escritos.

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  4. Oye, a Harry Potter ni tocarlo. Me he leído de cabo a rabo este finde las 'Opiniones mohicanas' y hoy, mientras editaba la entrevista, lo tenía cada vesz más claro: mi entrevista fue una auténtica mierda. Pero bueno, así aprendemos.

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  5. Mira: yo, sin embargo, estoy de acuerdo con el cogollo del post. Anagrama -en algún sitio lo dije- forma parte de nuestra educación. Aunque ahora que me doy cuenta, cuando digo "nuestra", la cosa debe sonar algo sectaria.

    Saludos,

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  6. Muy bien dicho, señor Contacto. Oiga, esos cuadros a los que remite su página, 'Un vistazo rápido', ¿son suyos? Me gustaría regalarle alguno a mi señora esposa, vaya que sí.

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  7. !Qué drástico Edu! ¿Qué vamos a leer los que buscamos evadirnos en la lectura?

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  8. Hay buenas novelas históricas, como las de Walter Scott o Alejandro Dumas. Y buenas novelas negras, como las de Simenon o gente que tiene buena pinta como Henning Mankell o John Irving. Hala!

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  9. Pero que cada uno lea lo que quiera, ojo!!!

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  10. Y Henry Miller.
    Que me han dicho que aprendió de David Trueba viéndolo a ratos en la cuna o en el horizonte
    Fp 2-4, vs. II

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  11. Pues a mi me gusta Jane Austen e Isabel Allende. ¿Qué opinas de John Grisham?

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  12. Decía el bueno de Lázaro Carreter, en su recopilación de los “dardos en la palabra” (sin duda libro de cabecera de D. Mario Moliner, comentarista ocasional de este sitio) que muchas de las reconvenciones y criticas que allí hacía, no debían entenderse como un exceso de purismo por su parte para que la generalidad de los hablantes se expresaran con una exquisita pulcritud, sino que, por el contrario, lo que a él más le dolía, no es que un mecánico, un médico o un subdelegado territorial emplearan de vez en cuando alguna expresión o palabra incorrecta, sino que tal cosa hicieran los columnistas, locutores o escritores, es decir: gentes cuyo quehacer diario utiliza casi como herramienta exclusiva, precisamente, la palabra y por tanto estaban “obligados” por oficio a tener una correcta expresión.

    De la misma manera, comprendo su reconcome cuando, interrogado por la existencia de Jorge Herralde, no ya un camarero de bar o un comercial de automoción, sino un responsable de revista cultural, un periodista o un productor, se tope con un “Herra… ¿qué?” . Supongo que le resultará tan deprimente como a mí cuando oigo en un telediario de máxima audiencia el enésimo “punto y final” del locutor estrella de turno. En fin…

    Un saludo


    P.S.: ¿Probó Vd. a preguntar a los interfectos por Carlos Barral o Esther Tusquets…? Igual caía la breva…

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  13. Jarl, qué hiperactividad bloguera. Me voy dos días y esto bulle, qué excitación la mía. Rosa, Grisham no me pone. Te diré que no aguanto un capítulo de C.S.I., asi que por ahí van mis no-gustos.

    Carlos, me alegro de tu capacidad de "penetrar" en mi pensamiento. Ahí residía mi indignación: productores, responsables de revistas culturales... y dos de ellos ¡catalanes! De Barral y Tusquets no me atrevería a preguntar, of cursi.

    abrazos

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