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Mente disociada por el presunto garrafón del Barco, en la calle del mismo nombre, calle de olor a meados por la mañana y de mucha sevesa, sevesa, sevesa, por la noche. Una de esas calles que quizá pintó Antonio López, aunque solo fuera en su mente. Y últimamente estoy reflexionando sobre el pueblo chino y no lo hago en términos del todo loables. Sevesa, sevesa.

Tarde de domingo de junio. Juniazo. El mejor mes de entre todos los meses. Hay un poema Jaime Gil de Biedma llamado Noches del mes de junio.

El agua sale caliente del grifo y un tufo potente de unos trapos macerados en mugre contaminan aún más el acto de beber, que buscaba calmar una sed y un algo más. La siesta no logró asociar neuronas y el tipo se puso a escribir un post, así, sin pensar, a ver si así lograba lo que el sueño no pudo. Asociar algo. Quizá no fue buena idea dormirse, junto al balcón, con Leonard Cohen, Live in London, despierto en los oídos. Sobredosis de notas en el tímpano.

El Alavés baja a segunda be y el locutor radiofónico se indigna con la afición alavesa. Sólo mil personas van al estadio de Mendizorroza el día en que se certifica su defunción deportiva. Pero aún había esperanzas. Sólo mil personas en un foro en el que caben 19.000. Vaya mierda de afición, pienso. Que había partido de baloncesto, el Tau, a la misma hora, por lo visto.

Un escritor me recrimina una mala crítica y le contestó vitriólico también. Mal sabor bucal. Mañana leeré muchos microrrelatos sobre San Fermín, corregiré mi nivola de nunca acabar y escucharé y copiaré lo que me contó Jorge Herralde durante una hora y será un lunes feliz. Nadie conoce a Jorge Herralde y me deprime constatarlo. Hoy se lo pregunté a otro colega periodista, Javier Ainzúa, y tampoco conocía a este señor ejemplar. Se lo pregunto a todos mis colegas periodistas, que no trabajan en cultura pero, coño, leen periódicos, y no lo conocen. Y yo creo que conozco a Herralde desde siempre, no sé, y no lo digo como mérito, claro que no, pero no sé, no sé.

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NOCHES DEL MES DE JUNIO

A Luis Cernuda


Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.


Jaime Gil de Biedma

Comentarios

  1. Me acabo de dar cuenta que me salté también la Ñ en mi listado alfabético macropóstico. Estoy analfabético total, macho

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  2. Quiero decirle al señor Gil de Biedma que se podía haber ahorrado ese yoísmo intrascendente. A veces la poesía me recuerda al macramé, el punto de cruz, y etc... en la estructura que adopta tanta gente que llega a viejo, parece un género tipo-hobby tipo-sudoku, palabra teatrilazada con microgramos de lírica (vamos, que en una línea de Paco, hay más lírica que en estas diluidas declamaciones al uso)

    Herralde no publica poesía. La poesía nunca está en los top ventas-mantas. Y por algo será. Eso sí, en los Juegos "Florales" nunca falta. Florales, manda óvalos.
    Y en la ciencia, en la ciencia no suele faltar

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  3. Don Jordi, si hay un género en que el yoísmo está permitido y, es más, es casi su razón de ser, es el poético, opino.

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  4. A medida que avanza mi ciclo vital una misma palabra conquista un nuevo sentido. El junio de mi infancia era la algarabía en los patios de un colegio a la una de la tarde, eternas tardes en una era hasta la caída del sol y la alegría de un eterno verano pr delante. El junio de mi adolescencia era la angustia de exámenes finales, la melancolía de las despedidas de los amigos de la ciudad, los del instituto y los del colegio menor, el retorno al pueblo, a las bicicletas y a los baños en las albercas. El Junio universitario era aún más melancólico; un piso de estudiantes vacío, en el que sólo quedábamos una o dos, mesas repletas de apuntes, tazas de té en una mesita frente a un televisor con la final femenina del Roland Garros, un recién terminado Giro que conquistaba Miguel Indurain y las ventanas abiertas durante la noche para paliar el sofocante calor... Todo llegaba a su fin, y tras el paréntesis estival, todo volvería a comenzar.
    Y nunca nada vuelve a ser lo mismo, ni el mes de Junio.

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  5. Con minúscula, señora, con minúscula, junio, junio, junio. ¿Tan difícil es aprenderse esta minúscula norma básica? Yo desespero, oiga.

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  6. Por favor, Don Mario, no desespere... Sé que los meses del año se escriben con minúscula, el ponerlos con mayúscula es una licencia que me permito, si a usted y a la Real Academia de la Lengua no les importa, queda más bonito... A ver si van a estar pensandoen admitir "subidón" porque el tontaina de Jesusito Vázquez no para de decirlo y con ello todos los megachachissuperguais, y me va a recriminar a mí un Junio con mayúscula.
    Desde que usted anda al quite me afano por errar lo menos posible, y yo que se lo agradezco muchísimo. Ya me podía felicitar alguna vez por mis mejoras, que parece usted el Risto Mejide de la RALE.
    Muy buenos días.

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  7. Es que lo pone usted difícil. ¡El tratamiento "don" también es con minúscula, solo aplicable en casos concretos como el de reyes! No me eleve a tan altos estadíos, muy señora mía.

    En cuanto al resto, el contenido, comprenderá que no le pongo ninguna pega, pero lo primero es lo primero, estará usted conmigo.

    Muy buenos días,
    Mario

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  8. Don Mario, ¿se ha tomado ya la pastilla?

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  9. Los mejores días del año son los que van del quince de junio al 5 de julio. Luego llegan los sanfermines y se desparraman como un collar de cuentas cuando se descalabra. Para cuando te quieres dar cuenta y aterrizar ya casi ha llegado agosto, que no sé a qué deberá su fama de lujo y lujuria, con esos días que comienzan a ser paso de pigmeo o de chiquito de la calzada. Camelo de algún ministro de turismo (¿lo habrá inventado Fraga?) para seguir haciendo caja cling-cling. Septiembre (aquí se puede D. Mario) es la melancolía de los lugares cuando se van vaciando, hasta que se quedan muertos, con las sábanas por encima, ocultando el cadáver de chanquete hasta el próximo año, que seguro que algún desalmado le hará el boca a boca. Para meterse los dedos hasta el garganchón.

    Aunque la verdad, más que el verano, lo que detesto son los veraneantes. Esos cuerpos como limacos y cienpieses revestidos con calceto y chancla, con camisetas de tirantes llenas de postillas, al acecho siempre del camarero que pasa para levantar el brazo y plantarte el sobaco pringoso y avinagrado, no falla, en las narices. Espécimen que tienes que seguir sufriendo, a las ocho de la mañana (manda huevos apestar desde el punto de la mañana) en el metro de Madrid, cuando entra Octubre y habías hecho fiestorro pensando que todo había pasado ya.

    Noviembre es franquista y gris, diciembre es bobo, enero una mierda de subida de sueldo que no llega ni a amago, febrero una pulga en el ojete, marzo un vía crucis cuando no toca en abril, que también; y por fin mayo, el penúltimo suplicio con el último suspiro que desemboca en una boca de riego con aspersor que te salpica con agua negra, en cualquier parterre de Recoletos.

    Joooodeeeer...me vuelvo a la cama.

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  10. Por qué no creas un test en Facebook para lo de Herralde y compruebas de forma definitiva lo que ya sabes?

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  11. Yo creo que el año en términos pamplonautas va del 1 de enero al 14 de julio. Hay ahí un in crescendo acojonante que culmina con el Pobre de mí, oh infelice, que deja una resaca en las almas que dura hasta la navidad, aprox. Curiosos esos días tranquilones tras la cogorza existencial sanferminera, para mí de gran interés, verano pamplonica, con esos Festivales de Navarra y el teatro clásico de Olite, hay algo en el ambiente. También apuntes de melancolía, pero también de otras cosas. Me veo con quince años en las madrugadas de agosto, pintando sobre la mesa de mármol familiar, cuando me dio por ser pintalienzos y me apunté a clases y todo con un tal creo que Osés. Una mística calma chicha solo rota por el camión de la basura.

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  12. Pol, ya hice un experimento en FB. Que el gremio periodístico no conozca a Jorge Herralde me parece un indicador más cruento que el informe PISA para los andaluces. Pero no te creas, brode, eso ha dado un sentido a mi existencia. Una tendencia hacia la misión pedagógica de uno solo, vitalicia. ¿Sabes que son o fueron las "misiones pedagógicas"? Sí, puedes llamarme pedante. O no.

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  13. Aquí la gente se toma licencias como quien se toma un café. Oido en 'El Rincón de Agnes', La Hora Chanate.

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  14. Yoísmo en poesía es ovvio
    Intrascendencia es mierda pure coño
    Joder.

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  15. Jordi, no busques a Oliver Sachs entre los versos de Jaime Gil. Ligereza a veces es otro tipo de trascendencia, quizá más interesante que cualquier poemón.

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  16. Si no te gusta ese poema, apaga y vamonos.

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  17. Ni me gusta ese poema, ni los de vuestro amigo Ernesto Sevilla o como se llame.
    Ni existen los protones ligeros ni existe Dios ni la trascendencia ligera. Ya le gustaría ser sutil a este poema

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  18. Deberías culminar tu comentario con un 'a la mierda' fernangomeziano...

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