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Concierto de Nacho Vegas en el Teatro Circo Price de Madrid, ayer. En casa no teníamos parabólica, y sentí la marginación de las conversaciones sobre las guarradas que echaban en la RTL, las batallitas del Chapulin Colorado (¡auxorro, soquilio!), las coñas de El chavo del ocho (¡chusma, chusma) y los deportes en serie de la Eurosport. Luego llegó la fiebre del fútbol, impulsada por el buen hacer de Robinson en El día después. Me obligué a aficionarme al fútbol televisado, por socializarme un poco, y algo logré.

Con la música, siempre sentí algo parecido, un ir a contracorriente cultural absoluto. Así que un día me propuse acercarme a "lo que se hace ahora", pero me fue más difícil que con el fútbol. Los músicos actuales, como los que proponen los pospoéticos liderados por Agustín Fdez. Mallo, siempre me parecieron inconsistentes y víctimas de un esteticismo ful de guayismo ególatra y timidoide. Esos Wilco, Franz Ferdinand, Artick Monkeys, Mando Diao, Killers, Planetas, Placebo, etc. Son buenos, y tal, pero a mí me suenan en parte a hueco.

Este desprecio mío puede tener cierta elegante soberbia, pero condena también a una soledad participativa que tampoco es plan. Y eso que los grandes del rock nunca mueren: y así pudimos ver a The Who (2007), Dire Straits (bueno, esto fue en el 92), Bob Dylan (2008) y Leonard Cohen (2008). A U2 los vi en el 97, pero no volvería ya a verlos. Así que le pedí a Josu Bidaguren asesoramiento musical, allá por el 2004, y me descubrió algunas perlas más o menos actuales: The Jayhawks, Ruper Ordorika y My morning jacket. Los primeros se diluyeron a finales de los noventa, y los terceros siguen en activo y hasta me compré su último disco. El verano pasado triunfaron en el FIB.

Un día apareció el nombre de Nacho Vegas, un amigo llamado Rubén, primavera de 2007, me insistió en que el tío molaba. A Violetera también le gustaba, por entonces. Así que intenté, como con el fútbol, que me gustara y hasta fui a verlo a la Galileo, al concierto que daba con su novia Christina Rosenvinge (cuyo disco, Tu labio superior, está muy bien) en enero de 2008. Me alegré; sin ser el mejor cantante del mundo, ni tener un carisma contagioso, las canciones eran buenillas. Y tenía clase el tío, un poco como Calamaro. Enhorabuena, por fin podía tener un músico "de mi época". El 4 de febrero y el 4 de junio de 2009 volví a verlo. Por fin había alguien que tocara esa banda sonora de la vida de cada uno, necesaria para dar consistencia espiritual a los recuerdos. Para sostener los acordes de una época, delimitarla, fijarla al tiempo concreto, el tiempo nuestro, el tiempo de aquella época que vivimos un día y no el de otra ninguna. Detener un poco el tiempo, vaya, que es lo que pretende hacer el arte desde que el mundo es mundo.

Comentarios

  1. En este momento me siento digna de estudio de esa ciencia llamada paleontología, soy fósil del pleistoceno. Me quedé en Vaya con Dios y su What´s a woman, y con la camaleónica Sinead Oconnor. No obstante, creo que son muchas las bandas sonoras que nos definen, aunque con el paso de los años (como me jode poner esto) se produce una hipoacusia leve, moderada o severa (dependiendo de cada quisque), que conlleva una pérdida de receptividad a innovaciones, o lo que es lo mismo, que ns permite detener el tiempo donde se nos antojó detenerlo. Reconozco que la mía es de tal severidad que ni con un sonotone, oiga.

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  2. Bufff... No puedo con este tío, y mira que lo intenté, que me grabó un colega todos sus discos en petreses para el coche.

    Tiene una voz chunguísima, que me recuerda a un Diego Vasallo en plan parodia, que ya es decir... como un bombero torero en el escenario vamos.

    Sí... eso, más que un artista me parece una parodia de muchos artistas. No me va.

    Que nadie me haga mucho caso porque a mi Radio Head me ponen de los nervios y los Smiths ni te cuento. Ah... y con Dylan me pasa algo parecido. Estoy enamorado de Hurricane, pero la mayoria de sus canciones me aburren (supongo que es mi falta de dominio del inglés, lo sé).

    Empiezo a comprender el concepto cristiano de la confesión... qué a gusto y qué de pesos te quitas de encima confesando lo inconfesable... y si es políticamente incorrecto ni te cuento.

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  3. También fracasé con Radiohead y con Muse, esa música como de thriller de los sentimientos, tampoco me ganó.

    Hipoacusia? Baja receptividad al sonido? Apunto término.

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  4. Yo lo que creo es que hay artistas que se tienen por muy elevados y sólo paren morralla. Luego siempre hay un puñado de público, los que buscan diferenciarse de la masa afirmando que disfrutan con lo que no disfruta la mayoría, que los encumbra.

    ¿A cuanta gente conocéis que haya dejado de escuchar un grupo cuando empieza a ser reconocido por una mayoría más amplia? Yo a unos cuantos.

    Todo esto quizás sólo sean mis prejuicios y mis generalizaciones, que seguro que también.


    Hay que ser honesto con uno mismo y si te gusta bisbal pues te gusta bisbal... nadie es perfecto. Se vive más tranquilo.

    Seguro que si nos ponemos, todos tenemos gustos que nos cuestan reconocer en público.

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  5. Vale, lo confieso (qué persuasión la de contener), me encantaban Los Pecos... bailé hasta la extenuación a Los hombres G... Aprendí a tocar la guitarra con Perales (joer, era el de acordes más fáciles: Do, sol, la, mi...)... Ah! y por supuestísimo que he bailado la Macarena, el aserejé, no rompas más mi pobre corazón y paquito el chocolatero en cuanta boda y verbena se preciara... Puffff, ahora me siento mucho mejor yo también.

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  6. A mí me gusta una canción de Los Caños que dice "niñaaa, dulce niñaaa, a veces en la vida se pasa malll". Creo que era esto a lo que te refieres... Si, sé que acabo de perder muchos puntos.., lo sé, jaja.

    http://www.youtube.com/watch?v=4WSFofLQiRE

    (Me he dado cuenta que pegué esto en el otro post, por error)

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  7. Yo he ido este año, en Vitoria, a un concierto de Miguel Bosé... No salió de mí, pero me lo pasé bien.

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