Arrealismo en Sol

El otro día mi hermano me dio un buen susto. Mientras le esperaba, junto a la catedral de Pamplona, me dediqué a observar el trabajo de unos obreros colocando adoquines a la entrada de la plazuela de San José. Lo hacían con celo pero con rutina y desapego; no eran conscientes de su importante labor, estaban creando una calle nada menos. Un escenario quizá de siglos, anti-efímero, más duradero que toda la obra de Rainer María Gómez-Pin, autor de la malograda serie de Edgardus de Avinagreta, el último romántico.

Me dio un buen susto, digo, Bro, al sacarme de mis reflexiones que ni siquiera tenían forma. "Qué haces", me preguntó. Y entonces di forma a mis rumias y le solté, lúcido: "Ver cómo esta gente crea realidad en la ciudad, desface arrealismos". No sé si le contesté en castellano antiguo, pero así lo pongo. Mi contemplación no era baladí, amigos. Hay algo de hechizo, de ver la trampa, el hueco del ascensor, las alcantarillas como puertas a la verdad, en toda obra, que es un escamoteo al arrealismo, un escamoteo, en otras palabras, a la verdad.

Y los viejos, que tienen algo de sabios y que van ya sólo a las esencias, se convierten en mirones de obra precisamente por eso. Recogen el testigo suelto que dejaron los revolucionarios de mayo del 68 en aquel París de bajo los adoquines la playa. Quizá alguien, algún día, recoja de veras ese testigo, dé la vuelta al mundo, no como Willy Fog sino como se le da la vuelta a un calcetín, y empiece a construir una sociedad nueva. Él solito: y sin creerse Jesucristo, además.

Hay en estos días, en Madrid, un escenario completamente arrealista, que va dejando de serlo, y que cobra realidad poco a poco. La nueva configuración de la Puerta del Sol, con su intercambiador y nuevos accesos y estructuras, conocida ya como 'el tragabolas'. Y ayer me pasé para fotografiarlo, un poco por todo lo anterior, y un poco por hacer de autocronista visual de la ciudad, para el archivo municipal propio.


Porque hubo un momento en que la torre Eiffel estaba a medias, el monumento a los Fueros del paseo Sarasate estaba a medias, el Guggenheim Bilbao estaba a medias, las torres Espacio estaban a medias y la torre de Pisa estaba erguida. Llegué tarde para fotografiar esas erecciones casi siempre, excepto en el Baluarte de Pamplona y en El Corte Anglicano de la misma ciudad, que retraté para siempre con mi cámara.

Porque las ciudades esconden la trampa del mundo y es nuestro deber desenmascararla.



Más documentos arrealistas, aquí.
Y aquí para ver
los brillos de los que se quejan los vecinos.
Pinchen en las fotos para ampliarlas. Ningún derecho está reservado.

Comentarios

  1. Eduardo,
    Gracias por volver a poner títulos a los post, en serio, creo que es importante, no sé porque razón mi subconsciente se aburrió de ver esas matrículas-títulos y no me permitía leerte de la misma manera, seguramente me he perdido grandes post, no lo dudo.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Gracias Mónica (¿Mònica?), pero no lo hago adrede, asi que no me dés las gracias. Tiene que ver con el rollo asociación-disociación, y con mi proyecto de Macropost vitalicio, que, horror, volverá en algún momento, ejjeje. Gracias por el comment.

    ResponderEliminar
  3. Mònica, pero mira, al escribir en castellano traduzco hasta mi nombre Eduard...
    abrazos

    ResponderEliminar
  4. Siempre me ha dado envidia la facilidad de los madrileños para poner nombre a plazas, calles y monumentos. El tragabolas es estupendo.

    Los brillos en las ventanas acabarán en lo contencioso.

    Saludos,

    ResponderEliminar
  5. El caso es que el nombre salió de un miniconcursillo que organizó elpais.com. Hoy, en las páginas de Madrid de ese diario, ya se referían a él como 'el tragabolas' en el subtítulo.
    Participé y propuse La Ballena, porque fue la primera impresión que me dio al verlo. Con más tiempo parece más una tortuga, pero bueno.

    El tiempo hará de jurado en esto de los nombres de pila. Pero hay que reconocer que 'el tragabolas' es fetén.

    ResponderEliminar
  6. ¿Y quien es responsable de esto, la comunidad o el ministerio de fomento? Lo de los espejitos con diferentes ángulos de ataque, pegando flashazos todo el santo día, es de traca. Supongo que el arquitecto pensó que eso de llamarse Sol es por cosas como las de los novios cursis.

    Qué peña,peñita, peña.

    ResponderEliminar
  7. Jajajajaja. Mola el arrealismo. Me inscribo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares