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Después de los despistes alfabéticos, retomamos el curso con la M. Y arriba la femoral, expandiendo el glande, y cajabox, cajabox. Gambas al ajillo, lo comía, judías con chorizo, ¡no lo comia!

Ayer aprendí mucho de Soria, gracias a una pareja que me dio el coñazo durante las tres horas que dura el trayecto desde esa ciudad castellana hasta Madrid. No se conocían pero fueron recordando sus respectivos árboles genealógicos, hasta atar todos los cabos posibles sobre sus universos comunes. Ella, señorona creo que de Ólvega, residente en la calle Princesa de Madrid, aficionada al teatro. Él, de Ágreda, unos veinte años, dedicado al sector del import-export con Cuba dentro del negocio familiar. Los tenía en mi cogote y no me quedó más remedio que tragarme enterita su conversación.

Imposible abstraerse con un libro, el sonido del iPod insuficiente, la fuerza de mis propios pensamientos, nada. Nada por acallar ese toniquete insufrible, con unos cuantos decibelios por encima de lo aguantable. Y no es que la vieja fuera sorda, el tipo se ve que se gustaba mucho o que tenía algún tipo de discapacidad. Se dijo hiperactivo, como toda su familia. Menos la madre, que "era normal". "Vaya aguante", decía la señora, "es sufridora", respondía el otro, repulsivo hasta decir basta, con esa cosa de agradaviejas que resultaba chirriante y anacrónico, de remake de peli de Garci versión soriana.

Me enteré de los censos de sus respectivas localidades, cómo Ágreda había ido decreciendo en habitantes, y cómo Ólvega se había mantenido en torno a los cuatro mil. En definitiva, ambas poblaciones eran similares en cabezas. "Qué tiempos aquellos en que había rivalidad entre los dos pueblos...". "Bah, por suerte ya no queda nada de eso", respondía la señora Mari. Así se llamaba, Mari. Su familia tuvo durante treinta años una panadería. Ahhhhhh, decía el chico, hijo de un tal Lamibio, o algo así. No les iba mal, no. El tío de éste le vendió a un amigo su fábrica de muelles para motores de coches: "Se lo dejó prácticamente regalado, por doscientos millones". "Coño", me dije. Ya que estaba condenado a tragarme esa plática perlada de topicazos y hechuras de charla de sala de espera de hospital, al menos conocería la realidad de la economía soriana.

Se habló de la energía eólica, y los "aerogeneradores", que había demanda pero también unos trescientos "cacharracos" abandonados de la mano de Dios en una nave industrial, pese a que habían sido encargados. Se habló de un señor de Ólvega que no paraba de traer empresas al pueblo, de accesorios, sobre todo. Que si cubiertas de aluminio para las farolas, y cosas así. El chico habló también de un cierto estatismo en Soria capital, y cómo ahí se notaba más el parón. "Ha habido muchos ERES", dijo, relamido hasta el extremo, con sus decibelios inmoderados. "Es una regulación de empleo", explicó a la doñita Mari. Ah, y un montón de pisos vacíos. "La gente compró para invertir, y ya ve usted, todos vacíos. Y luego para tú que si los gastos de comunidad, las basuras...".

De cuando en cuando callaban, y yo me daba por feliz, pero en nada volvía uno de los dos al tema, con alguna pregunta fatal. "¿Y te gusta vivir en Madrid?". Me enteré de que el chico vivía encima de la cafetería Hontanares, en la Avda. de América. "Así estás más cerca de Soria", dijo ella, y el otro respondió que era genial, porque mucha gente le visitaba antes de coger el autobús. "Ahora la gente va dos horas antes a coger el bus, y se pasan por mi casa". Pues mira que requetebién, pensé.

Los viajeros del nuestro bus, perdidos en la ancha es Castilla, comenzaban a desesperar. Yo emitía suspiros todo lo sonoros y elocuentes que podía, carraspeaba a niveles inauditos, y una chica de delante y otro señor calvo de más al fondo lanzaban miraban asesinas. El muy hiperactivo no callaba la boca, y la cacatúa de piel pastosa no paraba de preguntarle cosas. Contó que si trabajaban con Cuba, exportando productos para allá, que una hermana suya trabajaba en el teatro de la Zarzuela, en producción. "Su puesto es PRODUCCIÓN, o eso dice ella". "Estudió Filología Hispánica y luego se metió en los másters esos", decía el chico, que se había apropiado de ese habla un poco despistada y dejada de las señoras mayores. Era para expulsarlo del autobús por la ventana de emergencia, directamente.

Tendrá cara de atontado, me dije y me giré para verlo. Pues no, el chaval era lo que se dice guapo. "Te importa hablar un poco más bajo", era la frase que martilleaba mi cerebro, pero no me atrevía a hacerlo. Me daba pena imaginar su cara ante mi airada y agresiva reacción. Al fondo vi algún asiento libre, y pensé en mudarme, pero no lo hice. A mi lado, un tipo asiático, no sé si chino, coreano o vietnamita, también miraba al fondo, con ganas de huir. Al rato lo vi ejercitando los dedos y con la mirada perdida en el infinito; debía de ser músico y repasaba intrincadas partituras en su cabeza.

Me rendí y me resigné a esa realidad como un hecho inmutable. Aquel cabrón de buen corazón no callaría en todo el viaje, así que besé el suelo de Madrid cuando nos sumergimos en la avda de América y perdí de vista, y oídas, a ese charlatán hipercoñazo.

Comentarios

  1. Hace tanto tiempo que no viajo en transporte público que se me habían olvidado viajecitos similares, con el coñazo de atrás sin cerrar la boca todo el interminable trayecto, aunque fuese sólo de media hora. Recuerdo ese olor tan particular, mezcla de ambientador de pino verde y hedor a humanidad (colonias, desodorantes, sobaqueras sudadas, alguna que otra fuga sin Tena Lady y cuya fragancia subía cuando la señora se levantaba del asiento y justamente tú ibas detrás en la fila de salida...). Recuerdo los reposacabezas y ese halo de grasilla del cuero cabelludo de cientos y cientos de cabezas... En fin, creo que me he acomodado demasiado al asiento de mi coche y a silenciar el único ruido, el del motor, con Leonard Cohen (gracias por la recomendación en su día).

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  2. Gracias por el comentario. Sobre Cohen, quedé enganchado a 'Live in London', pese a haber escuchado mil veces las canciones qeu allí suenan. El otro día vi, en casa de unso amigos, la versión en DVD. En septiembre, 12, veré al amigo en el Palacio de los Deportes de Madrid, living total.

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  3. Dicen que existe la telepatía. Verá, estaba a punto de escribir un comentario con esto:
    "Estimado señor Laporte, permítame una crítica en cuanto a la publicación de los comentarios desde que son supervisado. Eso resta fluidez, dinamismo y espontaneidad a la página, y además, produce pereza a la hora de comentar y precisamente esas características eran una particularidad de su blog que lo hacía muy personal. Sus motivos tendrá..."
    Joer, y veo que paso sin tener que dejar el bolso en la cinta de detector de quéseyo.jajajjaa. Coincidencias y casualidades.

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  4. Me cahín, pues no, es que le he pillado en momento aprobación... Ea, pues seguiremos esperando aprobación...
    Por cierto, Leonard se presenta en dos CD, o en un pack con los dos CD más el DVD, pero eran chorrocientos euros más, o sea que con escuchar los aplausos del personal y la magnífica música, coros y demás, me conformo.

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  5. Sí, esto del rollo filtro es un poco coñazo y resta interactividad al asunto. Lo instalé durante mi viaje a Cuba, por si alguien le daba por sacar trapos sucios de mi existencia a colación, y yo no poder hacer nada. Sigo sin internet en casa, y prefiero dejarlo de momento así. Pero pronto la aprobación será casi instantánea, cuando vuelva a mi ciberadicción de antaño.

    Salut

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