Ak

Era la hora de la siesta y me encontraba tumbado en el sofá, aturdiéndome con un programa cualquiera de la tele, cuando sufrí un arrebato místico en cuyo transcurso los dioses (porque eran varios) me revelaron que el sentido de la vida del hombre era la producción de caca.

Tranquilos, no temáis, no he empezado a escribir igual que Juan José Millás. Ya me gustaría hacerlo y cobrar lo que él, hombre políGrafo dó los haya. He reproducido, sin entrecomillar, la primera frase de su columna deste viernes, titulada, genialmente:

La caca

Creo que ese título pide a gritos una novela. He pensado incluso, adoptarlo para la mía misma, aunque sería un poco con calzador. La peste, La náusea, La caca. Es posmoderno, es postpoético, es contundente. Recuerdo una idea nunca triunfosa de disfrazarme de chorongo, con su pimientico morrón incluso, en una de esas Nocheviejas carnavaleras de Pamplona. Todo yo me rociaría de bomba fétida y el gentío me dedicaría claros a mi paso. No ligaría, apenas mantendría ninguna charla de barra, pero a buen seguro lograría un hueco en las páginas locales. Porque la información en prensa no huele, otro argumento para los que aún creen en una objetividad periodística. Hasta que los periódicos, véase vía internet, por ejemplo, no incorporen información sensorial, ora olorosa ora tactil, de objetividad niente.

Antes de leer la columna de Millás, enmarcable, ciertamente, me he topado con una mariposa perseguida por un gorrión. He visto el lado más salvaje de la especie gorrionera, no sé qué opinará de esto Iñakiki Sagastume. Había tanta violencia en esas décimas de segundo, que me he tenido que quitar de en medio, cual nenaza, ante la perspectiva de que el gorrión engullera a la mariposa y luego fuera por mí. Dos pájaros de un tiro. Si existiera un fotógrafo de todos los frames vitales, un Google Street Viewer colosal, constante y omniespacial, habría pruebas flagrantes de la penosa estampa protagonizada en esa callejuela espejo de la salvaje naturaleza. La lucha por la vida, la voracidad, la eterna crisis del mundo animal y el miedo, el mío, a resultar malherido en el lance, se han puesto de manifiesto en un brevísimo espacio de tiempo.

En fin, no quería explayarme tanto pero ya véis. Me apetecía hablar de alpinismo, escribir otra palabra que tampoco desmerece una ulterior novela y que es esta:

Kangchenjunga

Otro día.

Comentarios

  1. Ese arrebato místio (las cacas) de Millás, sin ninguna duda, debe ser el resultado de dos cucharadas en ayunas de Duphalac, nada de una siesta en el sofá, más bien un retortijón en el cuarto de baño... Aun así, Premio Planeta, en fin, sobre "simpatías" no hay nada escrito. Yo titularía esa novela La Gran Cagada, al fin y al cabo,tanta caca junta forma una gran cagada.
    El terrible episodio gorrión-mariposa y esa lucha por la vida me ha hecho pensar en lo terrible de un orden alterado, es decir, qué terrible sería ver a un gorrión engullido por una mariposa, y a usted, señor Laporte, huyendo como damisela de una alada y frágil lepidóptera (¿qué diría Freud al respecto?). Sólo el ser humano ha osado alterar los principios fundamentales del ciclo de la vida con resultados mucho más crueles y aberrantes que el festín de un humilde gorrión, y no sólo no salimos huyendo los unos de los otros, sino que hemos aprendido a convivir con ello como si tal. Esas miserias que nos definen.
    Y yo que quería comentar sobre alpinismo... en fin.

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  2. Ak- 47...

    Caca y tercer pico más alto del planeta...

    ¿Gorrión como palomitón...?

    Millas, que no sé si tiene el cuello muy delgado y por eso parece un kiliki o tiene la cabeza enorme y por eso su cuello es como delgado, cada día (para mí cada siempre) está más elevadamente chungo/usco... y para no perder el mantra, que siempre suena a impostura, como las apariciones de Hitchcock en sus películas, tiene que citar al PP o revienta (no sabemos cuanta cantidad de residuos puede tener acumulados en sesenta años de vida, pero seguro tiene que pringarlo todo y si es estreñido... el verbo sería ametrallar). El caso es que como crezca su producción de abono orgánico (como olía hoy medio camino hasta San Sebastián, por cierto. Qué ascuz) al mismo ritmo que su ego, aviados estamos.

    (Voy a empezar a dividir el mundo entre los que pronuncian el apellido del cineasta acabado en k o en ch, por hacer algo hasta las once)

    ¿Y Sagastume que pinta en todo este pastel?

    Ah, y no tengo cojones de escuchar el partido de Osasuna por la radio... soy un cagao. Me siento como un ascensorista camino del KK2.

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  3. Desde la gorrionera apoyamos al citado gorrión y respaldamos su causa. Podría tratarse de varias conductas. Como la del gorrión palomino que defiende su zona de defecación, o la de los gorriones de barba negra, siempre amantes de las campanillas y los juegos amorosos. Podría tratarse también de un gorrión brasileño (“tico-tico”, como rezaba la vieja canción de Carmen Miranda)
    conocidos por sus actitudes un tanto salvajes y su gusto por ejercitarlas. También podría haber sido un gorrión molinero que, a cambio de unas semillas de cereal, mantenía limpio el granero de crisálidas y demás gusanos y orugas. Sea como fuere, ese gorrión sabía lo qué hacía. Y sabía cómo se las gastan las lepidópteras y sus larvas, que son máquinas de comer y por lo tanto también máquinas de producir sorongos. Caca volátil.

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