11.5.09

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"He vuelto, ves que bien, he vuelto, qué suerte tengo, y tienes tú también". Astrud. Uno podría hacer alguna que otra reflexión sobre el hecho de volver y, de hecho, la va a hacer. Desde esa óptica disociada en la que se encuentra éste que escribe, porque todo viaje es un abrirse de mentes, y disociar hasta extremos parapénticos. Poco a poco iremos bajando al parterre, y asociando poco a poco, si nos dejan.

De momento, decido volver a la fórmula del macropost, mal que les pese a algunos, pero es lo que tiene el estado semidisociado, aleja de la clarividencia necesaria para ordenar un post formal: hay muchas briznas de cosas y ninguna lo suficiente(mente) potente para ganarse la categoría de post.

De momento, acomodarse a la nueva realidad que es en el fondo la de siempre. En mi primer viaje transatlántico descubro que eso del jet lag no me achanta. O quizá sí. No sé. Quizá mi disociación no sea más que jet lag aún coleteando. O los copuces españoles del sábado night, recién llegado y casi sin duchar, que me dejaron bien redivivo, como las gentes amigas que me hicieron muy feliz esa rentrée a terra nostra, tras las dos semanas en La Habana.

De momento, el jet lag es de orden gastronómico y no somnorial (aún no conozco ningún desarreglo en cuanto al dormir), y noto una extraña ausencia de hambre. Quizá eso también haya que volver a recomponerlo, aunque me extraña porque nunca he sido tampoco riguroso en los horarios manduquiles. A lo mejor, para digerir dos semanas en La Habana necesite también no ingerir alimento ninguno más, para no hacer más complicada esa digestión cósmica en la que me hallo. Son las seis de la tarde y aún el hambre no me ha venido a visitar. Lo cual puede ser interesante para desinflar una pancita que amenazaba expandirse hasta lo indigno. No obstante, Violetera me dijo que estaba más delgado, misterios de la complexión.
También noto un descenso de fuerza en lo que a mi animalidad de tipo reproductora y lo que ello implica, como si me hubieran cortado varias matas de pelos a lo Sansón. Puede que todo tenga efectos retroactivos, como el bajón anímico tras la farra, que no llega el domingo sino más tarde, traicionero. Por no hablar de mi abulia bloguera, lectora sobre todo, tras dos semanas desenganchado del trasiego lee-comenta-recomenta, así que ya veremos si volvemos a ser el que éramos o nos convertimos en algo un poco distinto.

Y sobre lo retroactivo, el domingo me encontré con Juan Soto en la esquina en la que siempre me lo encuentro, cerca de la pza de San Ildephonso. Su amiga la psicóloga, con su particular jet lag mariguánico, me dijo que también estuvo en La Habana y que la diarrea le duró ocho meses. Me jacté de no haber tenido que ingerir ninguno de los fortasecs que traje conmigo por si acaso, y que acabaron en tripa de Jordi Santamaría, llena eres de gracias. Me jacto incluso de haber solicitado un vaso de agua turbia y calentorra, en taza de plástico malo, en el interior cubano de la provincia de Viñales. Ibamos en bici, hacía un calor matanegros y había mucha sed. El niño Gabriel, de unos ojos verdes y luminosos como un lago verde por el que se cuela el sol, me trajo el vaso pedido, como en una escena del Eclesiastés, 2, 15-35. Lo bebí pese al color turbillo, las briznas de cosas dentro y las recomendaciones mil de no beber agua no embotellada. Pero mire, si Gabrielito estaba vivito y coleando, no sé por qué no voy a poder beber del mismo agua que el chaval.

Horas después, la paranoia sobre disenterías y fiebres amarillas se apoderó de mí, y no puedo asegurar que lo haya superado. ¿A qué viene esta a-hambruna mía?

Llegar, volver, y ganas de ponerse al día en las cosas de Internet. Y descubrir que ya no hay línea en casa, pues Latinajo de Híspalis se mudó y claro, con él se fue la Red. De vuelta al ciberlocutorio, que tampoco es mal sitio para escribir posts. Uno acaba construyendo su propia soledad en compañía, porque todo se puede. Me voy. He quedado con Marco Aldany. Gracias.

5 comentarios :

  1. No entiendo esta nueva fórmula macropostiana. ¿Aa, Bb, Cc? ¿Aa, Ab, Ac? ¿Abba? ¿Abab? Los misterios de la métrica bloguera se escapan a mi entendimiento.

    En cualquier caso, y aunque Astrud me ponga muy nerviosita, bienvenido seas con alegría, Náugrafo. ¡Y apruebo solemnemente el corte de greñas!

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  2. Lo comenté en el primer post del macropost, allá por febrero. Es como las matriculas de los coches, acabado el abcd, se vuelve al Aa, ab, ac, acabado ese se toma la B, Ba, Bb, Bc... y así hasta que nos muramos (de aburrimiento, incluso). Gracias V!!

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  3. Queremos una historia cubana ya.

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  4. Matizo que mi disentería fue parapéntica también, pues pase del estado licuoso al estado cemento portland en unas 24 horas. Fui un extremista de la composición, y no conocí el término medio.

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  5. Y estás vivo... VIVOOOO!!!! Me alegro de tu vuelta.

    A mi el jetlag me desboca la angustia... manías de uno.

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