Silencio de primera primavera

Es curioso, podría escribir sobre un acto denso políticamente al que he ido, sobre ese país caribeño regido por un tipo de barba larga, cuyo nombre omito porque me ha entrado la paranoia orwelliana de que me vigilan. Y no quiero que me fichen antes de mi próximo viaje a aquel país donde se fuman puros largos. No pondré tags comprometedores, por si acaso.
También podría escribir algunas líneas sobre ese curioso encuentro, casual, a pie de calle, en plan pamplonica, que he tenido con Leopoldo Abadía, el ninja, y su hijo y manager Gonzalo, con el que toqué, o tocuve, en un conjunto de rocks, y de eso hace ya más de diez años. Ver a su padre convertido en toda una celebritie y echarnos unas jajas en plena plaza de Callao próxima a ser remodelada (habrá post hipermadrileñista) ha tenido su aquel.

No, hoy los tiros van más por el tiempo y sus luces, ese refugio battiatiano en el que de vez en cuando nos gusta mecernos. Era l'inizio della primavera, canta en su último disco, Il Vuoto. Al salir de ese acto, calle Orfila, he sentido un abrumador silencio, extraño y pretormenta que no amenazaba. Quizá es que en el acto había demasiado ruido, un ruido quizá conceptual, mío, de autofricción en las ideas propias y porhacer, con pequeños seísmos internos que nos fatigan. Porque pensamos, aunque no nos demos cuenta de que lo estamos haciendo.

Y salir a esa calle silenciosa ha sido todo un místico placer. Mistic pleasure. He imaginado que, si fuera director de cine, le daría al mute total para ilustrar ese plano, eliminaría cualquier sonido externo, para realzar ese raro silencio de suar que invadía las calles. Como las invadía una luz algo rojiza, que manchaba esos edificios burgueses y hasta felices de los barrios de bien.

No es la primera vez que me asalta ese silencio de primavera; recuerdo uno, en Pamplona, mayo de 2001, creo recordar, completamente interesante. Venía de clase de inglés con mi novia de entonces. Todo está quieto, de pronto, y el mundo no parece ese lugar incómodo y correoso, sino que uno puede balancearse en él, sin angustias chiriquianas de ningún tipo.

Cuando alcanzamos a apreciar el silencio, no es porque esté ahí, supongo, sino porque algo se ha operando dentro de nosotros que nos hace percatarnos de su existencia. Porque silencio hay siempre, en los ascensores, en la cama antes de dormir y al levantarnos, en el váter, en la escritura de un post, tan sólo roto por el riquirraca de las teclas, que vuelve en cuanto dejas de colocar palabras.

Antes me gustaba más esa parte exultante de la primavera, gloriosos mayo y junio. Ahora disfruto sobre todo del primer marzo y abril, inizio della primavera, con ese silencio que hoy he descubierto de nuevo, y que nos invita a pensar que hay, hubo o habrá, un tiempo, lugar o velocidad, bañados de algo que podríamos llamar armonía. Es como si nos dieran pistas de que aquello, il y avait un jardin qu'on appelait la terre, estuviera en alguna parte y alguien tratara de guiarnos hacia él.

Quiero ver Man on Wire.

Comentarios

  1. Gran post, después vuelvo

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  2. (..........................................)


    Qué paz.

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  3. Creo que para poder disfrutar del silencio y permitir que éste nos atrape, antes tenemos que habernos silenciado por dentro... tan difícil.

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  4. "...con ese silencio que hoy he descubierto de nuevo, y que nos invita a pensar que hay, hubo o habrá, un tiempo, lugar o velocidad, bañados de algo que podríamos llamar armonía."
    Lo le toca estar de un sentimental... Pero precioso, realmente precioso. Tan preciado silencio, mucho más preciado cuando acontece en medio del caos.
    Y después de tantos años... aún me acuerdo del francés!!! Había un jardín (o paraíso) al que llamaban tierra... Un diez, a que sí?

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  5. Yo había puesto "hoy le toca estar de un sentimental"... este ordenador es una mierda o mi cerebro lee una cosa cuando he escrito otra.

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  6. Man on wire, man on wire... anda, déjate de tanto cine de arte y/o ensayo. Te recomiendo la película "The cable guy".

    ¡¡¡¡El del caaaaaableeee!!!

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  7. Jordi Santamaria3 de abril de 2009, 0:37

    Pues eso Edu, hoy Laporte salió con los ojos de adentro afilados, por las cosas y los tiempos, y supo enfocar y nombrar algo que nadie o poquísima gente ha hecho.
    -Eso es singularidad y lo especial.-

    Poder nombrar el advenimiento de la primavera, el asomarse de un verano, la invasión de los inviernos, y describirlo como aquella sensación de silencio en tu caso, es tener un instrumento dentro especial, capaz de identificar tantas sensaciones miscibles psicofísicas nuestras, y poder separarlas para nombrarlas en décimas de segundo en medio de la simultaniedad.
    Felicidades por esa singularidad y precisión ultraconvencional.
    Aparte, todo ello enroca con los ritmos circadianos y nuestro substrato cerebral relacionado con el tiempo, la luz, el clima... que ciertas personas tienen más desarrollado y algunas son dignas de psicometeorología.
    En fin, voy con prisas últimamente, un saludo y ya nos explayaremos en la vecina de La Española, agur!

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  8. Joé, gracias por vuestros comentarios, no esperaba tal acogida para ese personalísimo arrobo místico que pensé poco menos que inexportable.

    La peli 'The cable guy' es muy bueno. Ahi un momento en que Carrey se pone a cantar no sé qué canción que se me pusieron todos los vellos puntiagudos, en los extintos cines Príncipe de Viana do la vi. Buenas nuits.

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  9. "Somedody to love"

    http://www.youtube.com/watch?v=VhtIydTmOVU

    Momentazo.

    Por cierto, ya tengo ocurrimenta para el PPC pendiente. Sólo es una, pero maja y tierna:
    Una buena dictadura para atar bien a tanto gilipollas.

    Heil, Laportee!

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