Andares (1/2)

Tengo alguna ideilla suelta sobre el fenómeno del ser humano erecto, que anda en principio por una serie de actos reflejos, mecánicos, como las escaleras mecánicas, pero no tanto. Es verdad que cuando uno activa la aplicación Walk.7.0 se olvida y todo es un dejarse llevar en movimiento. Incluso al subir las escaleras, visualicen, podríamos partirnos la crisma en cualquier momento, pero ni lo pensamos. Nuestros pies exploran la superficie, realizan un rapidísimo cálculo matemático que transmiten al cerebro, y subimos los escalones del metro como si nada, escuchando a Franco Battiato en el iPod no sin cierta mística cotidiana, lejos de esos detalles pedestres. Sirva esta obviedad como careta de entrada.

Pero no todo es piloto automático en los andares. Lo descubrí el otro día al entrar en un aeropuerto. Nada más cruzar esas puertas color castaña, parece como que el cuerpo se yergue, deja de ser el de un peatón vulgar para convertirse en viajero, ejecutivo, ciudadano del mundo, burgués, gentilhombre, tipo occidental. Es cierto que hoy viajar se ha democratizado, pero los aeropuertos siguen siendo el reducto de esa gente que algún lelo llamaría "normal". Quicir, no viajan en avión los clochards moribundos, ni los meditabundos, ni los alcohólicos que no pueden despegarse de barra, ni los gitanos, más proclives al transporte en fragoneta. Se nos llena un poco el pechito, sin darnos cuenta, al entrar en un aeropuerto. Como si fuéramos una suerte de triunfadores de algo, sin más méritos que haber comprado el billete más low de las líneas low cost.

Otro fenómeno relativo a los andares tiene que ver con la vestimenta. Las mujeres podrían decir mucho al respecto: faldas tubo, tacones de aguja en el Baluarte, minifaldas-cinturón, sandalias en el Chupinazo, y así. Los hombres, menos mutantes en el vestir, podemos experimentar cierto cambio en nuestros andares al enfundarnos un traje. Es el efecto del aeropuerto, pero agudizado. Basta con una americana para comprobarlo. Se hincha también la pechera, sacamos ese pavito real que llevamos dentro, las piernas se arquean ligeramente, miramos más al cielo y menos a los chicles del suelo, quizá demos incluso limosna al tipo de La Farola.

Seguiremos andando en otro rato..

Foto Harald S. (Flickr)

Comentarios

  1. La bipedestación surge a medida que se desarolla nuestro cerebro. Es el cerebelo el encargado de mantener el equilibrio, con el que colabora el oído interno. Eso es lo que nos permite andar sobre dos piernas, saltar sobre una sola, caminar de puntillas o talones,o sobre tacones de vértigo sin caernos... La gallardía del pecho inflado o los andares de jaca percherona que tanto detesta Pérez-Reverte dependen lo uno de la chulería, y lo otro de una mala pasada en la anatomía de los miembros inferiores, pero cierto es que aquellas interminables faldas de tubo de la maravillosa Doris Day (por ejemplo) convertían nuestros andares en un auténtico espectáculo de seducción.

    ResponderEliminar
  2. Jaja! Yo me apunto al grupo de los que se yerguen enfundados en traje o simple chaqueta. Por un lado es por simple estética. Si llevas chaqueta ceñida y vas encorvado, los pliegues que ésta describe ante tu pechera dan la sensación de hombre hueco. De tipo desaliñado. Pero que coño, también es porque me siento de puta madre.

    A mi los aeropuertos lo que me generan es estrés, y me espera una buena tanda de ellos...

    ResponderEliminar
  3. Eduardo, prometo que mañana pongo el título, es que me he vuelto a liar, cualquier día, como dijo aquella maravillosa socorrista fumada, "la lio parda".
    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Con qué buenos ojos ves al público de los aeropuertos.

    Hoy día, en nada se diferencian de los de una estación de ferrocarril o de autobuses. O todavía peor. Sentados por los suelos, durmiendo en los bancos y qué decir de los atuendos masculinos: chanclas con calcetines, pantalones cortos, sombreros de segador.

    ResponderEliminar
  5. Sí, pero con una cuenta corriente -lubricada por los papis- mullidita.

    ResponderEliminar
  6. A ElPatio.

    ¿Cómo explica la bipedestación en las aves con un cerebro del tamaño de un guisante y un cerebelo del tamaño de un grano de arroz?

    Y además vuelan, lo que supone un movimiento coordinado en tres dimensiones.

    ¿No se deberá la bipedestación a otras causas?

    ResponderEliminar
  7. ¡¡¡Como ha vuelto JULIO PASCUAL RIPA, mare de deuuuu!!!! ¡Qué Dios nos pille confesados!!

    *Tenía que decirlo

    ResponderEliminar
  8. De los que yo hablo, por su edad, pueden que sus padres ya hayan muerto.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario