Z

Lo que no me ha pasado en las 28 ó 29 letras que tiene el abecedario éste que hoy terminamos (en un sentido muy relativo lo de terminar; terminar a empezar, más bien), me ha pasado hoy, cuando acometía la zeta de Z. Se me fue Internet a la mierda, temporalmente, eso sí. Para cuando volvió en sí, mis tres o cuatro párrafos, agudos, inspirados, bajo los efectos del café con leche, habían pasado a mejor vida. Y qué extraño es rehacer lo andado, en cuanto a cosas literarias nos referimos. Porque normalmente escribo en la plantilla de Blogger, y luego voy guardando, volcando, en una nota del blocs de notas cutre pero práctica, tranquilizadora, pero ésta vez estuve lento, y la tecnología me pilló en bragas.

Hace poco me pasó lo mismo con el Word, o su versión wannabe de OpenOffice. Petó. Y yo sin guardar, Save As, y con estos pelos. Fueron unas dos mil palabras, que se dice pronto, y eran casi las doce y me jodió básicamente todo el día. Era como coger un día y tirarlo entero a la papelera de reciclaje. Y no sólo eso, sino saber lo que allí depositado se diluiría en las turbias aguas del pensamiento, de nuestro extraño depósito de cosas por contar. En vez de retirarme a cumplir con mis placenteros deberes conyugales, decidí recuperar esas dos mil palabras, una a una. Fue curioso, cómo si aún mantuviera su reflejo en alguna placa mental. Al ir escribiéndolas de nuevo, me sentí una especie de médium, de medio médium, que va hablando como mecánicamente, siendo mero transmisor de mensajes que le vienen dados. Aproveché que estaba fresca esa memoria reciente y fui clavando, párrafo a párrafo, las ideas o ideillas que había puesto por escrito antes de la pequeña catástrofe ofimática.

Tomo precauciones, amigos y amigas, ya con esos temas. Compadezco a JM de Prada, que perdió no sé qué manuscrito en un aeropuerto y a todos aquellos que sufrieron desgracias parecidas, no se me ocurre ahora ninguna. Una vez dejé una libreta gorda, diarística, en un cajón de una mesilla de noche que cedí a los Traperos de Emaús. Me desperté por la noche, con una cosa en mente que no me dejaba dormir y al ir a escribirla en esa moleskine de hule, me di cuenta, azorado, que ya no permanecía a mi lado, sino próxima a las fauces trituradoras de ese colectivo reciclador. Me sentí como si me hubieran secuestrado al hijo que no tengo, con mucha menos angustia, pero en parecido. Qué rabia. Me levanté a las siete y llamé a uno de los traperos, me contestaron, esperé dos horas en un sitio que finalmente no era, volví a llamar, me dijeron que fuera al polígono, fui, me recibió un tío, le lloré, y pocos segundos después vino con mi libretita azul. Le di cinco euros de propina. Y le habría dado cincuenta si los tuviera, aunque tampoco era el caso.

Desde entonces no me fío de los continentes reales, y me valgo de cuentas de correo de gran capacidad, como lo son todas, para ubicar mis archivos. El día que una de esas cuentas se venga al carajo, puedo darme por jodido. Pero da seguridad. No me veo escritor de los años cincuenta, con gabardina y pitillito blanco a lo Camus, con la incertidumbre de llevar tu gavilla de textos en un frágil maletín, sin otra réplica que la de tu propia memoria. Quizá tener un hijo sea eso, lanzar al Universo a una frágil criatura, con el agobio constante de que no hay dobles, réplicas, ni copias de seguridad. Tampoco antivirus, filtros antiSpam, carcasas protectoras ni garantía diez años. Y los niños mueren, aunque las estadísticas lo nieguen. Si algún día me nace un hijo, le colocaré automáticamente un casco en la cabeza. Los golpes que se los dé en las rodillas, en los brazos, en zonas no letales. Las caricias ya vendrán solas.

Decía en mi otro arranque, antes de que Internet y sus fisuras me la jugara, que lo primero era cobrarme mi particular y sana vendetta, sacarla de esa remota pero fresca área cerebral en la que guardamos las venganzas para servirlas en blog frío. Copio y pego, del comentario ubicado en la letra B, con fecha 11 de febrero de 2009, esto es, hace un mes:

Se han colado también briznas de lirismo en el post, me gusta. Me apuesto un mojito en el Floridita que no llega a la N. Prescindir de los títulos es como parir escritos calvos.

Me temo que me he ganado ese mojito en el Floridita, amigo con el que no me ensañaré, y me temo también que no sabes muy bien con quién te aventuras al viaje cubano, ese de compartir muchas horas de vuelo y de estancia caribeña en compañía más o menos obligada/deseada. Te diré, compañero, que me he quedado plenamente a gusto cobrándome lo que es mío.

Y no sólo eso, porque hemos culminado la Z, este abecedario, este Macropost, Post in progress, Post en marcha, Salón de los posts perdidos, postalón del náufrago-náuGrafo digital, sin apenas despeinarnos, diré, oh, soberbio. Un mes, un mes y un día. Y ya. Misión cumplida, plas, plas. Pensé que esto sería más travesía en el desierto, aguas procelosas, Joseph Conrad en una embarcación hacia destinos con mucha humedad y mosquitos, callejón sin salida, inexorable blancura de la pantalla en blanco, y no.

Seguirá este Macropost, pero en la cadencia y ritmos que el náuGrafo decida, quizá vengan bien unas vacaciones, algún post vacío, invisible. Quizá se repliegue un tiempo, para volver, porque ya dijimos que éste era un proyecto vitalicio, perecedero como lo es toda vida. Qué emoción imaginarse en el lecho mortuorio, publicando el último y definitivo post, el post pre rigor mortis, darle al Send y estirar la pata.

Pensé en inaugurar una serie de transición, basada en La première gorgée de biere, et autres plaisirs minuscules, de Philippe Delerm, a riesgo de parecer una versión atrofiada y masculina de Amélie Poulain. O un Je me souviens perequiano también kilómétrico y tendiente al infinito, porque tender a menos es quedarse en casa en zapatillas.

He descargado toda esa metaliteratura metabloguera de la que he intentado huir a lo largo de esta serie, pero hoy he claudicado. Hablar de literatura, de proyectos literarios, de lo que uno ha escrito y quiere escribir también es literatura, de valor relativo, me temo, pero un tipo de literatura. Siempre que haya vibración, intensidad, algún tipo de salsa vital que impregne cada palabra, claro. Porque si no hay ese magma, ese esperma vitalista y vehicular, no se vive nada, no se escribe de nada, ni de yo, ni de tú, ni de él, nosotros, vosotros, ellos, ellas, ella. Hasta pronto.

Comentarios

  1. En cuanto a tu catástrofe ofimática te despliego una serie de términos/ideas que puede que te ayuden:

    -OpenOffice > AutoRecovery
    -Siempre "Save as" antes siquiera de empezar a escribir (paso obligatorio en algunos programas de ingeniería. Por algo será)
    -GSpace
    -Nunca escribir directamente en un navegador de Internet (cosa que estoy haciendo ahora mismo). Si lo haces, copiar el texto antes de hacer click en "enviar".

    Y creo que eso es todo. Sus días serán más tranquilos si sigue este decálogo de cuatro normas para cuadrúpedos de dos patas.

    Me ha gustado tu particular visión de la "extrema unción" bloggil. Esperamos que ese post llegue muy tarde.

    ResponderEliminar
  2. Contenedor Amarillo11 de marzo de 2009, 19:35

    Amén.


    (Frus-frus de ropas...toses y chasquidosde articulaciones) Oremos.

    ResponderEliminar
  3. Aplausos. Quien se atreviera a apostar que no terminarías es porque evidentemente, no te conoce. Enhorabuena.

    ResponderEliminar
  4. Gracias, Violetera.
    Gracias Container, me hago fan de lo de frus-frus de ropas.

    : )

    ResponderEliminar
  5. Plas, plas plas, aplauso por el reto conseguido, pero si me permites una petición me encantaría que les pusieses nombre a tus maravillosas criaturas y dejases de matricular a tus post como si fuesen coches, creo que un buen titulo es medio post...igualmente seguiré visitando tu isla...
    un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Gracias, Mò, pero el proyecto Macropost no comprende la inclusión de títulos. Así lo dicen los estatutos que yo mismo he redactado. Para la cosa de los títulos está 'el otro blog' y ulteriores postsss que irán saliendo. salu222

    ResponderEliminar
  7. zarita, une amíe de maríe12 de marzo de 2009, 2:23

    ZU TENAZIDAZ EZTA ZOBRADAMENTE DEMOZTRADA.
    ZIGA AZÍ.

    ResponderEliminar
  8. Ahora sólo falta hacer un macropost de la A a la Z que tenga una continuidad temática u orgánica, más allá de perpetrarse por la misma autoría, que esté hilado y sea un ente separado de los otros posts. No te felicito por esta arbitraria empresa, que nunca entendí, pero me alegro de tu fecundidad y tenacidad. Abrazo

    P.S: Travolta, travoltín, travoltita. Dijo ayer Joaquín Reyes en su programa. O no Molusco? (muchachadismo)

    ResponderEliminar
  9. La continuidad temática es la vida; tal cual. Así es el Macropost, me temo que la literatura no es arbitraria, sino necesaria, para quien la pare, al menos, pero bueno, encajo sus críticas, qué remedio.

    ResponderEliminar
  10. Coños! Ayer estuve viendo el video de Travolta en muchachada... ¿Es casualidad o el stat counter o similar están hablando demasiado? Yo desde que conozco esta herramienta que el náuGrafo me descubrió me siento observado. De big broda!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares