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Despejemos la incógnita. Por cierto que pronto sé de alguien que tendrá que comerse con patatas paja sus malos augurios sobre la continuidad de este macropost abecedárico, él ya se da por aludido, jeje, veré si hago leña del árbol, bonsai mejor dicho, caído.

Tengo junto al teclado tres ejemplares de la hora de nico, con cuyo responsable, Asustao, coincidí el viernes pasado, tomando un licor de guindas. Sí, me lo encontré en el Teatro La Guindalera, que es un Teatro que me gusta mucho. No sé muy bien qué hacía allí, pasar miedo, supongo, pero suele merodear bastante por ahí. Quizá porque ofrecen licor de guindas después de cada función. Se crea un corrillo cálido entre espectadores y actores, tras cada obra. Los actores aparecen ahí, con su raya negra en los ojos, el pote color media ya restregado por la cara y esos modales tan de actor que tienen los actores cuando se quitan los personajes de encima. Me recuerdan a aquel 'hombre sin personalidad' que era Manel Fuentes cuando Crónicas marcianas era un programa cándido y para toda la familia, que nació para competir contra la telebasura. Para acabar convirtiéndose en el paradigma de ella. La mejor telebasura que se ha hecho nunca, también es verdad.

Actores, decía, como María Pastor, que se forjó en ese teatro, bajo la dirección de su padre, y que ahora ha dado el salto al CDN, y que estrena Platonov, de Chéjov. Hoy he visto su nombre en un cartel del metro, y me ha hecho gracia. Ejemplo de éxito en carrera interpretativa.

Vimos Peer Gynt, un delirio de Henrik Ibsen que para mí que escribió bajo los efectos de algún psicotrópico de la época, o en su defecto absenta. Quizá no sea la mejor obra que allí he visto, pero estuvo bien.

Hoy me he enfundado por primera vez en lo que va de año la cazadora de 'entretiempo'. Hurgando en los bolsillos, he encontrado dos entradas de teatro viejas. Ah, las entradas de cine y teatro, que se enroscan como lenguas de mariposa entre las profundidades de nuestros bolsillos. El juego de Yalta, 5 de octubre de 2008. Teatro La Guindalera. Iba andando por la calle Ruiz, después de leer a Patxi Irurzun en el café Ajenjo, que creo que es de los mejores cafés de Madrid para leer un libro un domingo por la tarde (pese a la luz tenue), cuando he descubierto esos tickets to the past. Fui a ver esa adaptación de Chéjov con V. Lo que más recuerdo es una nube de humo que se quedó estática en el escenario, a media altura, tras el pitillito del actor. Se creó lo que se dice una atmósfera, atmósfera levemente nebulosa, ahí es nada.

Pero sí, hay que dejar que los bolsillos hagan su trabajo y guardar las cosas para luego olvidarlas y, al tiempo, recordarlas.

Me acuerdo ahora que Asustao me entregó este viernes su revistita, la hora de nico, y mientras esperaba a Cotión Durruti, leí un texto sobre los pijos. Y leí cosas tan interesantes como ésta, sobre el pijomundi:

La generación de los niños pijos que te cagas que juegan al padel
Que todavía no sé qué coño es
(esto es muy de Asustao)
Que van a clase de tenis
El tenis es un deporte que se juega contra otro pijo o contra otro pijo y su amante pija
Y si te da la pelota en los huevos te duele porque eres un pijo de mierda que no aguantas ni un pelotazo en los huevos.
Me temo que soy un pijo, de pequeño jugaba al tenis y, lo que es peor, nunca me dieron con la pelota en los huevos, con lo que enseña eso en la vida. "Gracias por tus caricias y por tus golpes", le dice el alocado Peer Gynt a su madre recién muerta, en esa última y emotiva escena. Hilo ésto con unos comentarios que se vertieron después de esa obra, ya con Holzer y ARZ, sobre los niños estadounidense y el abuso de todo tipo de fármacos psicopsiquiátricos: el 25% los toma. Que el niño está triste: farmacón. Que el niño no se concentra y suspende porque es un poco hiperactivo: anfetaminas. Que sí. Datos comprobables y verídicos. Como que la Iglesia de la Cienciología tiene prohibídisimo que sus miembros (y miembras) tomen cualquier tipo de medicamento psicopsiquiátrico. De ahí la conocida expresión de "macho, tienes más peligro que un esquizofrénico de la Cienciología".

Los golpes enseñan a vivir, témome. Cuidado con vivir en permanente susto, Asustao. El exceso de golpes es excesivo. Diez caricias, un golpe, creo que es buena proporción. Y un golpe de estos en la rodilla, que se pasan a los dos minutos. Hay otros que duran más, y que pueden ser hasta crónicos, como ese cancerito que llevaba a cuestas el abuelete protagonista de La sonrisa etrusca, de Sampedro, que de vez en cuando se despertaba con saña para darle caña. "Me he acostumbrado a él", algo así decía, "en realidad me gusta su compañía, me recuerda que estoy aquí, que aún no estoy muerto".

Comentarios

  1. Existieron generaciones que crecieron con una frase tan en desuso hoy en día como el aumento (o uso) de los ansiolóticos y anfetiminas en los niños estadounidenses: "como vaya vas a llorar por algo"... oiga, esta frase tenía un efecto inmediato, sobre todo cuando no sólo lo decía, sino que a los dos minutos, si seguíamos con la boca escacharrada, aparecía con la zapatilla de goma flexible y te ponía las nalgas que estaban arrojando calor hasta la hora de irte a la cama. Era mano santo, y ninguno de aquellas generaciones tenemos ningún trauma, hemos salido más o menos derechitos, (como una vela, que decía mi madre)y a nuestros cuarenta nos da por jugar al padel, como los pijos, sin ningún miedo a que la pelota nos dé en los huevos, o en no sé qué parte se me ocurre en las féminas y que se asemeje a semejante dolor en el varón...
    Me quedo con la frase "gracias por tus caricias y por tus golpes", verdad como un templo, y sabiduría para aplicarla en su justa medida.

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  2. Sí, de acuerdo con El Patio, da temor imaginar a esos chiquillos con las riendas del mundo en el futuro, y reconozco que esta frase puede ser la versión carca actual de las cosas.

    Yo he bajado un tropel de música cubana para atmosferizar más, en entreno Nasa, y preparar ese alunizaje en isla de gravedad-cero. Se runrunea que la realidad sobrepasará a dos blogueros en chanclas.

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  3. Haces bien en descargar. Yo en cambio me he comprado un cd de Eddie Cochran, ese mito del rock.

    Resulta que luego esos niños yankies anfetaminizados, mimados por las drogas, se pican porque no les invitan a la fiesta de fin de curso. El resto ya lo sabéis: recortada y tragedia con sangre esparcida por la pizarra.

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  4. sólo diré... ¡¡Luego decimos de mi tipografía!!

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  5. Contenedor Amarillo10 de marzo de 2009, 16:01

    Mientras no sean de papel térmico, que con el tiempo no queda ni rastro de lo allí escrito, todo va bien. Las entradas (que con el tiempo serán calvicie), yo las dejo entre los libros, por si algún día los releo y me las encuentro.


    (¿Tipografía o pose? Bonitas piernas).

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  6. Srta Aurora, ¿qué pasa con mi tipografía?? Puse cursivas para diferenciar el texto de Nico_Guao del mío...

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