21.3.09

Noche etíope



La noche de este viernes la podemos calificar de etíope. Hacia las seis de la tarde, me mandó un sms un amigo de Pamplona, M. Se iba 25 días a Etiopía, capital de irrecordable nombre, Addis Abeba (ya veréis, en un rato se os habrá olvidado). País del café, y de la hambruna, viven 75 millones de personas. En el sur, 30. En el sur no hay carreteras. Me acaba de llamar, desde la capital Addis Abeba, porque se ve que cobertura haberla hayla. El taxista le ha mostrado todos los putis de la ciudad, como trofeos turísticos que el hombre blanco no reusaría rechazar. En fin.

Todo comenzó por una consigna, y unos horarios. La de Atocha Renfe, que cierra a las 22.20h, se me quedó grabado el dato, por si alguna vez me veo en el brete. Él llegó como a las once, a por sus maletas, pero ya estaba todo cerrado. Que abrían a las 6.30. Y su vuelo salía a las 5.50h. Cagada. Ni siquiera había empezado el viaje y ya se veía en un marrón. Me recordó a la escapada o evasión que hace Patxi Irurzun de Manila en Atrapados en el paraíso, libro de viajes muy recomendable y que recomiendo ahora.
Problemas ya en la pudiente Europa no eran buen síntoma para uno de esos viajes a los que se va con bastante canguelos en la maleta.

Llevaba además, un cargamento solidario para una ONG, como no puede ser de otra manera. No era plan que se quedara en Tierra.

Así que me pidió que me plantara en Atocha como a las cinco y que suplicara al factor, gran nombre este, factor de la estación, que me dejara acceder a la consigna para coger las cosas. Para mi sorpresa, le llamé al móvil y me atendió amablemente. Un par de minutos después me acompañó al consignódromo, no sin antes hacerse un poco el duro, por no crear precedente y tal.

Fue una noche curiosa. Estar a las 4.45 en los bajos de Atocha, con esos cuantos clochards nada moribundos que esperaban a que a las cinco se abrieran las puertas para estar más calentitos. Me senté debajo de una farola enorme, con el libro de Agustín Fdez. Mallo recién comprado, Nocilla Experience, que era muy ad hoc para la ocasión. La noche, el no dormir, el silencio, agudiza también la receptividad. Nos vemos como personajes de película.

Conseguí las maletas, las solidarias y las necesarias, y pillé el primer taxi que pude. M estaba razonablemente tenso, tenía al avión esperando por él. Le dije al taxista que pisara fuerte, y vaya que sí piso, cómplice de esta pequeña aventura. En la tercera puerta de la T2 esperaba, ansioso, M, y fue vernos llegar y coger la mochila grande sin decir ni hola ni adiós, con la violencia de la prisa. Pagué al taxista, le felicité por la carrera, y me colé un colón para intentar colocar la maleta solidaria, antes que cerraran las bodegas. Coló.

No sé por qué, sabía que todo saldría bien. Bueno, ahora le quedan 25 días en la soledad etíope y espero que todo vaya también así.
Me pagué luego un desayuno, haciendo tiempo hasta que abrieran el metro y leyendo el libro de la Nocilla. Noche de no-lugares, sentí que todo acaba siendo un no-lugar, excepto nuestra propia mente, que es al final el único lugar más o menos estable en el que encontramos acomodo, y no siempre. Pensé, también, en lo bueno que es, de vez en cuando, hacerle un favor a un amigo, sacarle de un apuro. "Me habría quedado sin vacaciones", me ha dicho antes.

12 comentarios :

  1. Vaya aventurillas a horas arrealistas...

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  2. Fue una noche arrelista. De hecho, estuve pensando en ese movimiento definitivo (copyright del náuGrafo) en la estación de Atocha, mientras hacía piña con los indigentes.

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  3. Contenedor Amarillo21 de marzo de 2009, 23:37

    Sitios vacíos, que de normal están hasta los topes, en los que escuchas el eco de tus pisadas me angustian. Seré un ser rutinario al que la anormalidad le hace sospechar. Será.
    El caso es que el que en esas circunstancias es la nota discordante es un náugrafo que lee de madrugada en mitad de un viernes que ya es sábado, al que más de uno habría mirado preguntándose si no se habría pasado más de la cuenta con las copas o las drogas.

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  4. Resulta que yo estaba sobrio de necesidad, y los que se habían pasado de copas, drogas, u otros excesos de mis compañeros de reparto de esa función nocturna silenciosa y poética.

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  5. ¿Oye... qué fue de aquellas tarjetas de visita gratuitas que te hiciste? ¿Llegaron? Qué cosas más raras me vienen al bolo a estas horas.

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  6. Jajajjaja, el 31 de marzo me dijeron que llegaban. Las espero contando las horas. Y con el ojo muy crítico.

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  7. "el 31 de marzo me dijeron que llegaban".

    Creo que esa frase me ha salido muy navarrica. Esa alteración del orden de los elementos, primero el tiempo y luego el verbo.

    Fíjense en la diferencia con:
    "me dijeron que llegaban el 31 de marzo".
    Qué cosas.

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  8. Cosicas, cosicas.

    Seguiremos atentos pues, al desenlace del lance tarjetil.

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  9. Arrealista, qué término. Tiene magia, joder.

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  10. Bien ahí el náufrago resolviendo un brete entre lo precario del preparativo y el destino. Algún día debería hacer un viaje con usted

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  11. Algún día.... del libro. Si morimos, por fin tendremos algo en común con Cervantes y Shékspir.

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  12. Gran aventura, sí, tú también fuiste solidario.

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