Los audiovisuales

Este domingo fui a La enana marrón, a sugerencia del amigo Antonóvich, que siempre está enteradillo de los últimos planes culturetiles. Había un ciclo de cine francés, documental, titulado Vive la marge! (Viva el margen) sobre tendencias audiovisuales algo orilladas pero interesantes. Todo ello medio pergeñado desde los servicios culturales de la Embajada francesa, algo serio. Curioso lugar éste, entre cine alternativo y familiar, al que volveré.

El tipo que se había encargado de organizar la selección de piezas habló antes y después de las proyecciones. Simpático, francés, trató de dar una pátina teórica a esa antología suya, que reconoció que tenía un orden y una razón de ser pero que quizá sólo entendía él. Tras el visionado, alguien del público le preguntó por esa lógica interna y el tipo respondió con unas enrolladas evasivas. Y bueno sí, el significado de esto son "cosas que están en el aire", que si el miedo, el temor al terrorismo, la estupidez de la televisión, y luego la confusión en la que nos movemos.

Ay, los audiovisuales. Como son. Proyectos de genios que se quedaron en la G, pero que no renunciaron a su vocación. Alguien debería advertir, quizá el Ministerio de Sanidad y Consumo, o algún ente de mayor calado, de rango europeo, de la cantidad de vacuidad pretenciosa teñida de estética molona que nos hacen tragar los audiovisuales con su habitual y callada soberbia cool. Ay, los videoartistas. Qué peligro tienen. Los videocreadores.

Que sí, que hubo algún video que estuvo decente, como Supermârché, aire de pique-nique o Undo, pero con la grosura metafórica acostumbrada. No sé que pasa con el género audiovisual, qué parece que congrega a todas aquellas gentes sin talento que quieren figurar en algún tipo de título de crédito. Y luego está el espectador para sufrirlo. Porque en el momento en que lo que pasa dentro de tu propia cabeza es más estimulante o enriquecedor que lo que te ofrece la pantalla es que algo falla. Es la evasión de la evasión, ponerte a pensar en tus cosas, en tus propias películas, para evadirte de un producto que quería reclamar tu atención y que sólo provoca escapismos mentales, y también siestas.

Es éste un post vago, de tres de la mañana de domingo/lunes, poco elaborado y espontáneo. Una crítica con pocos fundamentos, la verdad, algo cojonera, también, hacia ese hacer visual tan mediocrón y topicoide. Que habrá muchas joyas, sí, pero a mí sólo me llega la basurilla. Sonidos guayses e imágenes urbanas, montajes frenéticos y alienación del ser humano, todo más visto que el tebeo. Y todo ello adobado de un baño teórico tan genérico como vacuo, que si todo es caos y contrastes y crisol de culturas. La imagen es la adolescencia del conocimiento, toma ya.

Comentarios

  1. El Náufrago crítico-comentador cultural sin duda es uno de los que más me agradan, como que esculpiera y definiese los asuntos con una gracia más que destacable. Es "laportación".

    Quizás hay una raíz psicofísica en lo que dices, lo visual, con el audio adherido, es más sensacionalista para nuestra especie, que lo escrito o pictórico no audible. Es fácil que allí vaya a parar más gente, a ese corro más grande, más visible y voluble, y traten de exhibirse sea cacarruta lo que hacen o amenabarismos.
    Lo que fastidia es el disfraz, el ir de cools, ser nimios, vestirse de personajes... da asquito. Yo no soporto el Raval barcelonés, barrio más tenebroso de Barcelona centro, donde acude la mac people como si de selva artistoide se tratase en pleno festival de disfraces. El PPC tendría que implementar señales viales con un Mac asesino o similar, para advertir que se entra en zona progre peligrosa para la sensibilidad estética de uno.

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  2. Gracias, Jojordi. A mí se me antoja que lo audiovisual tiene cantidad de recursos y una fuerza expresiva acojonante. Por eso precisamente es fácil caer en el infrauso: cualquier cosa queda guay.

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  3. jajajajajjajaja

    “No sé que pasa con el género audiovisual, qué parece que congrega a todas aquellas gentes sin talento que quieren figurar en algún tipo de título de crédito”

    gran verdad y muy bien dicha.
    Pero no hay mal que por bien no venga. La sobreexposición a propuestas audiovisuales descabelladas me ha provocado lo mismo que la santa misa, estados de introspección extremos, alucinados en algunos casos, raramente alcanzables en otras situaciones mas o menos cotidianas.

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