Reflexiones húmedas

No, no, este blog no se va convertir en uno de esos bloguarrillos, aunque nunca digas deste cura no beberé ni este agua no es mi padre. O al revés. El post nuestro de cada día (dánosle hoy) ha surgido en la ducha. Sí, íntimo momento del que habría que hablar más bien lo justo, pero que parece que últimamente da sus frutos por este pago. (Hoy hubo correcto uso de los elementos de aseo, sí.)

Decía Arcadi Espada, esclavo (y pionero) en su día de la blogosfera (hoy no sé si tanto), que paría sus artículos en la ducha, mentalmente hablando. Si existieran libretas impermeables, más de uno las usaría. En ese cubículo que reproduce una lluvia caliente es donde encontraba la inspiración o lucidez para arrancar con el tema del día. Ahí mascaba toda la información acumulada la víspera y, sobre las siete de mañana, en pelotas (odio el correctismo de en pelota), encontraba la clarividencia necesaria. Creo que había otros nombres más o menos célebres que hacían lo mismo, pero no lo recuerdo y empiezo a temer que este post ya lo escribí hace tiempo. Eterno retorno bloguero, no sé qué opinará de esto Sir Alsen Bert o el nietzschiano y gayo Jordi S.

Dicen que los templos modernos, las nuevas catedrales, son los museos. Pues bueno, sí y no. Sí que es cierto que las iglesias cada vez son más recintos curiosos en los que organizar conciertos con instrumentos antiguos, pero no creo que la gente acuda a los museos con la actitud en que antaño se iba a los templos sacros. Los museos no dejan de entenderse como un jumelaje consumista de imágenes, de turisteo voraz de estímulos que se mascan y digieren en cuestión de segundos. Aunque hay quien acude con actitud reflexiva y esponjil, pero me temo que una minoría de los dos millones que pasan anualmente por El Prado.

Cuando las rémoras del pasado me obligan a ir a misa (un funeral, una boda, un bautizo), confieso que encuentro cierto placer (o algo parecido) tras la experiencia. Como cuando uno va a un concierto de un desconocido pianista y encuentra una insólita paz quasi mística. Tiene que ver con el encierro y con la escasez de estímulos, que propician que la mente escale posiciones, que se recomponga, que descanse, en suma. Como viajar en tren.

Son pocos, extinguida la tradición de la misa diaria o semanal, los momentos en que poder encontrar ese encierro místico. Quizá el metro, sí. Pero hay en el metro un componente de ansiedad, de sudor metálico, de gente fea, que nos impide relajarnos, destorsionar una mente que a veces recuerda una toalla escurriéndose.

Por eso la ducha se reivindica como un espacio único de reflexión en que las ideas, como el vapor, transitan al alza. Húmedas reflexiones que convendría apuntar, pero que casi siempre se quedan en ese estéril espacio en que el realizamos higienes de todo tipo.

Comentarios

  1. No suele ser el habitáculo que fomenta en mí la inspiración de ideas, salvo que el día no se haya levantado ya enhiesto en lucidez, y entonces sí que se recrea en la ducha como regadera de uno.

    Como anécdota, hay accesos de fluidez ocurrente en mi caso via messengeriana, en diálogo, así como en conversación real (en que a veces la gente me ve pensando en Moscú y ellos en calle Diputación).

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  2. A mí la ducha me ha solucionado un par de trabajos en el último año de universidad. Cuando una ya no da más de sí y necesita reorganizar ideas porque todo lo que lee, lo que busca, lo que oye y lo que piensa empieza a sonar igual una ducha parece devolver todo a su sitio. Esos cinco minutos bajo el agua hirviendo, alejada de todo ruido y toda gente, como un oasis de tranquilidad, han dado sus mejores frutos cuando he tenido que enfrentarme a una idea que no terminaba de cuajar. Espero que siga dándome tan buenos resultados en el futuro.

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  3. yo he visto libros para leer bajo el agua, en la casa del libro, ese sitio que es ahora el nuevo hogar de tus libros, pues ahí he visto libros de páginas finitas pero que no se estropean con el agua,

    cuando sea rico os regalaré uno a cada uno,

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  4. Gracias, asustao-asuster. ¿Por qué no firmas con tu nombre?

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  5. hola, por qué sabías que era yo, me estaba escondiendo,

    es que me había enfadao contigo,

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  6. Porque eres el único que acaba las frases con comas.

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  7. anda,

    pues lo tendré en cuenta la próxima vez que quiera esconderme, por si acaso,

    gracias,

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  8. ey, la persona que dijo lo de las comas hace un rato no era anónima, esto es un misterio,


    y una jugarreta también,

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  9. Cierto, Anónimo. Toquiteando me he cargao su comentario, asi que lo he vuelto a escribir malamente. Lo siento, amable lector, espero haber recogido la esencia del comentario.

    Por cierto, a qué viene ese enfado?

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  10. no me acuerdo ya, fue la semana pasada,

    sólo recuerdo el enfado,

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  11. pero ya me he desenfadao, ya te quiero otra vez,

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  12. Contenedor amarillo10 de febrero de 2009, 0:35

    ¿Os vais a casar? Bien, me alegro, por enviar flores, digo.

    (Llevo un tercio leído de Elegía y sólo se habla de hospitales. Joder, el mejor libro para un hipocondriaco como yo, y sigo leyendo angustiado porque me gusta como está escrito que si no...)

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  13. Un tercio? Vamos hombre, que el libro no llega a las 100 páginas... Bueno, sí, 150. Y sí, hay hospitales... Pero vida, entre medio. Y muerte... en fin..

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  14. Oye, Asustao, no me toques las bolas.

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